Por Gabriela Caro
“Sí yo tengo que sacrificar mi libertad, por tú felicidad, eso se llama esclavitud”
Los budistas, manifiestan que la atención y la intención de nuestras acciones, definen el sentido de nuestra vida. Definitivamente, sí una persona dedica su atención a las actividades del hogar, que son múltiples, demandantes, recurrentes y permanentes, que incluyen la resolución de imprevistos, como la falta agua, la compra de víveres, el arreglo de algún electrodoméstico dañado, el cuidado de una mascota, niños y adultos mayores, en resumen el cuidado de una familia, sin olvidar la inventiva de mantener un menú variado, rico y nutritivo para la familia, en función de la administración efectiva de un presupuesto mensual o quincenal, todo ello en condiciones óptimas de higiene y seguridad, esta persona realmente tiene un trabajo y dicha persona terminaría sus días cansada y drenada como en cualquier otro trabajo demandante que se precie.
Y todas las actividades del hogar antes mencionadas, son cotidianas, dignas y sumamente importantes.
¿Quién puede y quiere salir a sus actividades laborales, empresariales o estudiantiles mal alimentado?
¿A quién le gustaría concentrarse en un ambiente sucio y desordenado?
¿ Quién podría dormir en la inmundicia por gusto propio?
Entonces, ¿Por qué no se valora a quien vela con atención y esfuerzo , porque todo ello no suceda?
Así lo planteaba ya en el siglo pasado, Virginia Woolf (1882 – 1941) novelista, ensayista, feminista y escritora reconocida … “Uno no puede pensar bien, amar bien, dormir bien, si no ha comido bien”.
Mejor descrito imposible.
Y si a ello, se le agrega que las tareas del hogar no cesan en días festivos, al contrario, se multiplican, ni sábados, ni domingos, y cuya asistencia no cuenta con suspensión médica, ni psiquiátrica u hospitalaria de clase alguna, la situación se intensifica.
Pero ésta empeora, cuando por género se determina y presupone quién debe realizar dichas labores pasivamente, placenteramente y por demás, gratuitamente, aún cuando los usuarios y beneficiarios, sean todos.
Las mujeres no estamos obligadas a asumir las tareas del hogar o el trabajo doméstico al completo, como dicen los norteamericanos, no es mandatory, no estamos condicionadas por la naturaleza, ni por Dios y ningún otro precepto a ello, porque aquí los ateos se vuelven creyentes y hasta citan versículos bíblicos para aludir al carácter secundario y servicial de una mujer al hombre.
Por eso repito, las mujeres no estamos condicionadas ni obligadas a dedicar nuestra atención, tiempo y esfuerzo en labores domésticas que no sólo nos benefician a nosotras, al contrario benefician a un grupo familiar completo, sin importar el género de sus miembros.
Resulta muy importante señalar, que las mujeres no tenemos que mendigar ayuda o colaboraciones, en el arte o arduo trabajo de mantener un hogar funcionando, para que todas las demás actividades que sus miembros ejercen, se lleven a cabo con la mayor facilidad y felicidad posible.
Los homógolos masculinos, tienen el deber de limpiar, todo aquello que ensucian, de reparar aquello que dañan, de cuidar con esmero mascotas, hijos y/o abuelos, porque sí pueden disfrutar de las comodidades del hogar familiar, en condiciones óptimas, deben involucrarse a partes iguales a su respectivo mantenimiento.
Los miembros masculinos no son ni más pesados, ni más gloriosos, que nuestros ovarios, para que le impidan a los hombres en general, lavar las pocetas que ensucian o limpiar los pisos por donde caminan.
El cuidado y mantenimiento de un hogar, no es un asunto menor. Lleva mucho de uno mismo y no es justo que una mujer, sólo por su género se sacrifique, por quienes toman con indiferencia tan digna y demandante labor de tiempo completo, los 7 días de la semana, con disposición las 24 horas del día, sin excepciones.
Todo ello lo respaldan, las encuestan de los distintos organismos que velan por la igualdad de género y labor en el mundo, por ejemplo, la más reciente Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), de México, arroja que:
- La desproporcionada carga del trabajo doméstico que recae sobre las mujeres, limita sus oportunidades, autonomía, desarrollo, e incluso, el acceso a derechos vinculados con la seguridad social. Por supuesto que los hombres sufren también la precariedad del empleo, pero las mujeres son más propensas a experimentarla y de formas más diversas.
- Para sacar a la luz el valor del trabajo doméstico y las consecuencias de su injusta repartición, desde hace décadas, académicas y feministas han insistido en que se deben desarrollar mecanismos para medirlo. Estas mediciones, a su vez, deben ser un insumo básico para el desarrollo de políticas públicas con perspectiva de género. Desde los años ochenta, estas propuestas han quedado plasmadas en declaraciones y documentos internacionales de Naciones Unidas que impulsan la igualdad de género y los derechos de las mujeres.
- Siguiendo las sugerencias de dichos instrumentos internacionales, desde inicios de la década del 2000 en México se han realizado esfuerzos estadísticos importantes, como la Encuesta Nacional de Uso de Tiempo (ENUT) y la Cuenta Satélite del trabajo no remunerado de los hogares. Los resultados han dejado ver las realidades del trabajo doméstico y su desigual distribución.
- Datos del 2014 indican que el valor económico del trabajo doméstico no remunerado equivale a más de 4 billones de pesos, lo que representa un 24.2 % del PIB nacional; el 80 % de esta cantidad es producida por mujeres, y si este monto fuera moneda corriente, estaría administrándose en sus manos.
- Sobre la distribución de las labores domésticas que no son pagadas, los hallazgos indican que en hogares de doble ingreso, las mujeres invierten en promedio casi 30 horas semanales en estas labores, mientras que los hombres 9. Es decir, ellas tienen casi un tiempo completo semanal, sólo de trabajo doméstico.
- Tomando en cuenta el tiempo total semanal del que disponen las y los mexicanos, se tiene que los hombres destinan el 73 % de su tiempo al trabajo remunerado y el 23 % al no remunerado. En el caso de las mujeres, las proporciones se invierten, dedicando el 65 % de su tiempo a labores no remuneradas y el 32 % a las remuneradas.
La proporción de la encuesta señalada en México, representa lo que sucede en el resto de los países lationamericanos, en cuanto al trabajo doméstico.
Así mismo el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE) de Colombia, presentó en Julio del año 2016, en su estudio anual que:
- 8 de cada 10 horas de trabajo doméstico y de cuidado no remunerado es realizado por mujeres y en el área rural las mujeres trabajan en promedio una hora más.
- El trabajo doméstico y de cuidado no remunerado representa el 20,5% del valor total de los bienes y servicios producidos en Colombia.
A su vez la Organización Internacional del Trabajo (OIT) de las Américas, indica que casi el 80% de las personas que se dedican al trabajo doméstico está en el informalidad y 99% de ellas son mujeres; en tal sentido la OIT, adoptó el Convenio 189, que es una buena iniciativa, pero es insuficiente y le falta contundencia, porque para su aplicación efectiva se requieren cambios en los sistemas de creencias, culturales, políticos, legislativos y laborales.
El 16 de junio de 2011, la Conferencia Internacional del Trabajo de la Organización Internacional del Trabajo adoptó el Convenio sobre las trabajadoras y los trabajadores domésticos, 2011 (núm. 189).
¿Qué es el Convenio 189?¿Qué es un Convenio de la OIT?
Es un tratado adoptado por la Conferencia Internacional del Trabajo, la cual está compuesta por delegados de gobiernos, trabajadores y empleadores de los 183 países miembros de la OIT.
¿De qué se trata el Convenio 189?
El Convenio 189 ofrece protección específica a las trabajadoras y los trabajadores domésticos. Establece los derechos y principios básicos, y exige a los Estados tomar una serie de medidas con el fin de lograr que el trabajo decente sea una realidad para trabajadoras y trabajadores domésticos.
¿Qué significa ratificar un Convenio?
Cuando un país ratifica un Convenio, su gobierno hace un compromiso formal de aplicar todas las obligaciones establecidas en el Convenio, y periódicamente informar a la OIT sobre las medidas adoptadas en este sentido.
Recomendación 201 ¿Cómo está relacionada con el Convenio?
La Recomendación 201 sobre trabajadoras y trabajadores domésticos, también adoptada por la Conferencia Internacional del Trabajo de 2011, complementa al Convenio 189. A diferencia de éste, la Recomendación 201 no se ratifica. Esta proporciona directrices prácticas sobre posibles medidas legales y de otro tipo, para poder hacer efectivos los derechos y principios enunciados en el Convenio.
¿Cómo se va a implementar el Convenio?
El Convenio podrá ser implementado mediante la ampliación o adaptación de las leyes existentes, reglamentos u otras medidas, o mediante el desarrollo de nuevas iniciativas específicas para trabajadoras y trabajadores domésticos. Algunas de las medidas necesarias según el Convenio pueden ser implementadas gradualmente.
Resumen del Convenio 189 de la PERSEO.
Legislativamente suena bien pero en práctica no se aplica y aunque decretaron el 22 de Julio como el día Internacional de la Trabajadora Doméstica, poca diferencia ha hecho, como decía mi mamá: «el día de la madre es todos los días, el día de la ama de casa es también todos los días y así debe apreciarse».
El trabajo doméstico es digno y cansa, como otro trabajo, si se quiere y desde mi óptica después de haber ejercido puestos de alta responsabilidad, de riesgo, con horarios extendidos y con supervisores bastante cuestionables, es el trabajo doméstico, por mucho el más duro, el que requiere mayor fortaleza, disciplina y atención, que no acepta bajas por enfermedad o depresión, cubre imprevistos ni tiene seguro, porque el trabajo tiene que hacerse y en la mayoría de los casos, sin reconocimiento ni agradecimiento.
Es imprescindible, visibilizar la labor doméstica y el merecimiento de las amas de casa, que además es vital para una familia, sino pregúntenle a quién ha perdido recientemente a su mamá, abuela, ama de casa, figura materna que cumplía la función adbnegada y amorosamente.
Según la OIT, las cifras generales se aproximan a estas:
- 80% de las trabajadoras domesticas son mujeres en el mundo.
- Representan cerca de 52,6 millones de trabajadoras domésticas a nivel mundial.
- Sólo el 10%, es decir 5,3 millones de trabajadoras esta protegidas laboralmente, como el resto de los trabajadores de cualquier gremio.
- Sin embargo, los beneficios de este 10% no son iguales en términos de vacaciones, horarios, salarios, protección sindical, seguridad y demás.
No en vano a un machista que se respeta, le encanta un hogar inmaculadamente limpio y en orden, para ensuciarlo sin arreglarlo, exige puntualidad en los horarios de comida y variedad en los platos, donde aprecia la creatividad e iniciativa de mejoramiento pero sólo hasta ahí; más allá no acepta ni le complacen las líderes con iniciativa y emprendedoras. El liderazgo que le gusta es el que le beneficia y mantiene sus privilegios patriarcales, evidenciando el doble estándar con el cuál lidiamos las mujeres a diario, por ello muchas mujeres que además de cuidar un hogar estudiamos, trabajamos, emprendemos y desarrollamos un arte cualquiera en nuestro tiempo libre, encontramos serias dificultades para equilibrar el tiempo y energía necesaria para sobrellevar el mantenimiento del hogar.
Desde mi perspectiva, para impulsar prácticas feministas, queda claro que el cambio de un sistema cultural empieza por la familia y el entorno inmediato, siendo necesario que cada miembro de un hogar asuma su responsabilidad y se inculque el valor del trabajo doméstico y se incentive el cumplimiento de las actividades fundamentales en un hogar en su justa medida, para comenzar y por otra propulsar los cambios sociales, que permitan ratificar e implementar las mejoras laborales prontas para el gremio de las trabajadoras domésticas en general, así como su percepción social.