La normalidad es machista

La normalidad es machista
marzo 18, 2020 Susana Reina

La normalidad es machista, porque machista es nuestra cultura general; machistas son las prácticas familiares generalizadas en los hogares más estereotipados y las prácticas educativas habituales en escuelas estereotipadoras. Las conductas sociales, religiosas, vecinales, laborales, político-partidistas y de cooperación altruista más comunes suelen ser machistas y muchas veces la modernización de sus esquemas no pasa de un “retoque” más estético que ético sobre dichas prácticas.

Creo que los cambios culturales son difíciles de valorar en medio de las coyunturas que buscan alterar el estatus quo. En ocasiones hablo con gente involucrada en reivindicaciones feministas y no siempre resulta fácil acordar qué alcances y qué tipo de objetivos resultan razonables promover, gestionar y acordar (otras veces pelear) con respecto a las tareas pendientes por la igualdad de género. Es un asunto muy difícil porque el feminismo no es un movimiento homogéneo.

En algunas redes de organizaciones feministas, repitiendo ciclos de foros, marchas, actos culturales y otros eventos vinculados con la actividad reivindicativa, se respira cierta complacencia, como si se hiciera todo lo que resulta posible hacer y dadas las limitaciones del entorno, más bien se celebrara cualquier logro. Otras veces, lejos de la complacencia, en estos espacios se respira cierta frustración, por no poder avanzar al ritmo que a algunas nos gustaría.

Por otro lado, un grupo significativo de gente descree abiertamente de la acción feminista y otro subgrupo de éste, la adversa abiertamente, ya sea a partir de una base argumentativa religiosa o desde perspectivas ideológicas conservadoras o simplemente desde clichés como “feminismo=progresismo=comunismo” o “feminismo=antihombres”.

Para completar, en una suerte de espejismo de transformación cultural, el sistema de defensa patriarcal se ciñe a costumbres en la que los retos feministas son asimilados desde la formalidad, desde el discurso, desde el falseamiento formal de la igualdad como concesión graciosa, como diciendo “total, las mujeres lo merecen”.

Hace falta ver las cosas en perspectiva, pero lejos de justificar una estrategia de paciente y saludable satisfacción ante los micro cambios o logros graduales, creo que urge afianzar la institucionalización de los cambios a través de la re-construcción de los idearios cotidianos de la normalidad.

¿Cuándo será normal la igualdad?

Lo hemos comentado en otros artículos de esta columna: la igualdad se logrará cuando la discriminación sea tan incoherente, que un acto claro y diáfano de discriminación por género no sea evidenciado como tal, porque resulta inconcebible que a alguien se le ocurra usar ese criterio, el género, para diferenciar funciones sociales.

Cuando no haga falta celebrar “el día internacional de la mujer”, porque a nadie se le ocurra necesario que las mujeres, por su condición de mujeres, requieran reunirse para llamar la atención del resto de la humanidad sobre las discriminaciones de una sociedad en la que ellas no pueden realizarse en igualdad. En fin, cuando no haga falta que las organizaciones feministas existan.

Normalizar, debe ser la tarea constante de lucha contra los patrones de comportamiento actual, pero no negándolos, como quien levanta un dedo contra el sol, sino reconociéndolos y trabajándolos, centímetro a centímetro, institución por institución, práctica social por práctica social, hasta que la nueva normalidad haga obsoleto, extraño y extraordinariamente minoritario, cualquier esfuerzo por destacar los problemas del machismo y el patriarcado.

No aspiramos a una sociedad sin diferencias de género, aspiramos a una sociedad en la que el género deje de ser un eje crítico para establecer esas diferencias.

Alteremos nuestra normalidad para re-normalizar otras más justas y potenciadoras del ser, más allá de las habituales limitaciones que nos imponen por nacer hombre o mujer.

Las opiniones expresadas de los columnistas en los artículos son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no necesariamente reflejan los puntos de vista de Feminismoinc o de la editora.

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