Con el reinicio de la actividad parlamentaria en España, el Ministerio de Igualdad prepara una Ley Abolicionista de la prostitución tras los múltiples escándalos vinculados con altos cargos del gobierno, pero la realidad es que no son sólo los políticos quienes pagan por sexo. España es el primer país de Europa en consumo de prostitución y un 39% de los hombres españoles admite haber sido “cliente”.
El vínculo entre la prostitución, la trata y explotación sexual de personas y la pornografía es indiscutible porque al enseñar a los varones que el sexo es una demostración más de poder y que el cuerpo de las mujeres tiene un precio, a éstas se les deja de ver como personas para percibirlas únicamente como mercancía desechable.
Sobre este tema hablamos con Idaira Alemán Alfonso, trabajadora social, especialista en educación sexual, activista contra la trata y fundadora del proyecto “Por-No Hablar”, el cual nació en 2021 como respuesta a que el gran educador sexual de la juventud hoy en día es la pornografía, pero que el trabajo de prevención no era solo con adolescentes sino también con las familias y profesionales educativos. El proyecto fue galardonado por el Consejo General de Trabajo Social de Canarias como uno de los más innovadores e inspiradores de 2025.
“Cuando comencé a trabajar con víctimas de explotación sexual viví un momento que me marcó profundamente. En ese entonces se puso de moda un video pornográfico en el que un hombre metía la cabeza de una mujer en un inodoro mientras la penetraba. Muy pronto, las mujeres que atendíamos empezaron a contarme que los demandantes les pedían reproducir exactamente lo que habían visto en ese video. Esa fue la primera conexión directa que identifiqué entre pornografía y prostitución. Lo que se normaliza en la pantalla acaba siendo demandado en los cuerpos de las mujeres en situación de prostitución. Ahí entendí que el objetivo de la pornografía no es mostrar sexo, sino enseñar a ver a las mujeres como objetos sexuales. Y este es el mismo pilar sobre el que se sostiene el sistema prostitucional”, explica.
Sin querer perder
Organizaciones y activistas feministas luchan desde hace años por la abolición total de la prostitución y la pornografía no solo en España sino en el mundo entero pues socava totalmente los derechos humanos de las mujeres. Sin embargo, muchos sectores hablan de la “libre elección” y lo que piden es una regulación.
En opinión de la activista, la abolición genera tanto rechazo porque señala directamente el gran tabú que es la demanda masculina y la posibilidad de perder privilegios que han tenido siempre.
“Nada de esto existiría sin hombres dispuestos a pagar por acceder al cuerpo de mujeres. Los datos son claros, la estadística indica que el 39% de los hombres en España ha demandado prostitución ¿Cómo pueden entender tantos hombres que penetrar a mujeres que no les desean es sexo? Esa es la pregunta incómoda que nos devuelve la necesidad urgente de una mirada abolicionista. A eso se suma un factor económico, estamos hablando de una de las industrias más lucrativas del mundo, que mueve millones a costa de la cosificación y la explotación de mujeres y niñas”.
Inmediatez en todo
La directora de Por-No Hablar también asegura que, en una sociedad hipersexualizada como la que existe hoy en día, el sexo “ha dejado de ser un espacio de conexión, placer y cuidado, para convertirse en una especie de fast food donde lo importante es consumir rápido y sin vínculos”.
“El sistema capitalista se ha encargado de recalcar que los cuerpos son una mercancía más, transmitiéndonos la idea de que cada cual “hace con su cuerpo lo que quiere”, como si el cuerpo fuera algo ajeno a nuestra propia identidad y experiencia vital. Pero todas las vivencias que tenemos a nivel sexual nos marcan profundamente como personas, y por eso deben ser cuidadas desde la responsabilidad, el respeto, el deseo, el consentimiento, el placer y poniendo en el centro la ternura”, detalla.
Nuevas formas de violencia
El veloz avance de las herramientas de inteligencia artificial ha sido útil para generar otro tipo de violencias, como la digital, a través de los deep fakes y compartir imágenes explícitas sin consentimiento y aunque a su vez existen iniciativas como la Ley Olimpia la cual busca castigar estas acciones, Alemán manifiesta que son los Estados quienes deberían protegernos.
“No podemos permitir que la tecnología vaya por delante de los derechos humanos. Las grandes plataformas y quienes controlan el mercado digital, como hemos visto incluso con personajes como Elon Musk y sus comentarios machistas y pornográficos, han demostrado que no van a priorizar la protección de las personas si eso supone frenar sus beneficios. Por eso los gobiernos tienen la obligación de regular, de exigir responsabilidades y de garantizar entornos digitales seguros”.
El silencio no protege
Ante el resurgimiento de movimientos políticos que intentan recortar derechos sexuales y reproductivos y minimizar la educación sexual, la especialista afirma que los padres deben entender que si ellos no hablan de sexualidad con sus hijos e hijas, el porno lo hará por ellos.
“La educación sexual no es adoctrinamiento, es una herramienta de protección y libertad. Educar en sexualidad no es hablar solo de genitales. Es hablar de respeto, consentimiento, emociones, igualdad, autoestima y cuidados. Es enseñar que el cuerpo propio merece cuidado y dignidad, y que el de los demás también. El enfoque debería ser cercano y honesto. En la práctica significa escuchar más de lo que se habla, mostrar interés genuino por lo que piensan y sienten, y no ridiculizar ni juzgar sus dudas. También implica generar espacios cotidianos de confianza: conversaciones en la mesa, en el auto o mientras se hace cualquier actividad, para que la sexualidad no sea un tema tabú reservado a una charla solemne, sino parte natural de la vida. Igualmente, es importante dar ejemplo con las propias actitudes, mostrar relaciones basadas en el respeto, el consentimiento y el cuidado enseña más que mil discursos”.
Asimismo, expone que los gobiernos deben garantizar que la educación sexual integral forme parte del currículo escolar porque es un derecho y una herramienta frente a las violencias.

De libre y elección, poco
Sobre su experiencia como activista contra la trata, indica que no hay un único perfil de sobreviviente, pero que el elemento común que atraviesa todas las historias es la vulnerabilidad.
“Hay circunstancias que se repiten como la pobreza, la violencia machista desde la infancia, migraciones forzadas, ausencia de oportunidades o redes de apoyo. Los tratantes saben detectarlas muy bien y se aprovechan. Sin embargo, cuando escucho a las mujeres, lo que más se repite no es solo el relato de la explotación, sino algo aún más desgarrador, la sensación de que no le importan a nadie. Muchas cuentan que, además del dolor de lo que les hacían proxenetas y prostituidores, lo más devastador era esa vivencia de abandono, de sentirse invisibles y sin valor. Y aquí es donde la sociedad también tiene una responsabilidad enorme.
Añade que “no solo miramos hacia otro lado, sino que muchas veces culpabilizamos a las mujeres que están en prostitución, en lugar de señalar a quienes las explotan y demandan sus cuerpos”. Destaca también la enorme resiliencia con la que, poco a poco, las sobrevivientes van reconstruyéndose.
A lo largo de estos años, la activista dice que el principal reto del proyecto ha sido romper el silencio en aulas, hogares y redes sociales pues la idea de no tocar ciertos temas aún prevalece.
“En redes sociales hemos sufrido bloqueos, en algunos centros educativos la entrada fue difícil al principio, y en las propias familias el miedo o la vergüenza eran una barrera. Pero poco a poco hemos demostrado que hablar del tema no destruye, sino que protege y libera. El mayor aprendizaje ha sido comprobar que la juventud quiere hablar de esto. También hemos aprendido que las familias y profesionales necesitan apoyo y herramientas, que no basta con señalar el problema, sino que hay que acompañar”.
Adicionalmente, afirma que lo aprendido mediante la pornografía se puede desactivar pues son muchos los y las adolescentes que reconocen que lo que ven son prácticas que les impone imposibles, que les presiona con cuerpos inalcanzables o prácticas que no disfrutan y que les impide sentir de verdad.
“Cuando trabajamos con ellos y ellas, se abre un espacio para construir nuevas formas de relacionarse basadas en el deseo mutuo, el consentimiento, el placer compartido y la ternura. Ha sido muy valioso comprobar que la transformación es real. La hemos visto suceder en un aula, en un taller con familias, en un encuentro comunitario. Lo que más me llevo es la certeza de que frente a un sistema que nos quiere aislados y consumiendo, la única respuesta posible es hacer comunidad. El sexo no tiene precio, tiene valor. Es una de las experiencias más bonitas que podemos vivir los seres humanos. Dejar que la pornografía y las nuevas formas de violencia digital sigan marcando la pauta es entregar esa parte tan valiosa de nuestras vidas a un sistema que solo persigue el dinero.”