Por: María Alejandra Mancebo
«No basta con querer justicia, hay que luchar por ella».
Ruth Bader Ginsburg
Desde que era una joven estudiante hace más de 30 años, la justicia y el Derecho han sido para mí un faro que guía cada paso. Siempre fui amante del buen derecho, del que se respira con pasión, del que lucha por los sueños y la equidad. La idea de transformar vidas y luchar por una sociedad más justa me llenaba de entusiasmo y determinación. Hoy, en la madurez de mi profesión, puedo decir que ese amor y esa pasión siguen intactas, alimentadas por las experiencias, los desafíos y las victorias logradas en el camino.
Mi historia, como la de muchas otras mujeres abogadas, se ha construido con esfuerzo, coherencia y amor por lo que hago. La lucha feminista ha sido siempre parte de esa historia, porque entender que la igualdad no es un privilegio, sino un derecho, es fundamental para ejercer un derecho que tenga alma y justicia social.
Mis inicios en la carrera de Derecho estuvieron marcados por el entusiasmo de defender lo que considero justo. Me gustaba imaginar que el derecho era como un quijote, que luchaba contra los molinos de injusticia y perseguía sus sueños con fervor. Esa pasión por los ideales me llevó a comprender que seguir los sueños requiere coraje y persistencia, y que la coherencia en la acción es vital para que esos sueños no se desvanezcan.
Como Cervantes dijo en El Quijote, “Los sueños, sueños son”, pero también son la fuerza que impulsa a los seres humanos a transformar la realidad (Cervantes, siglo XVII). Creo que, como el caballero de la Mancha, las mujeres luchamos contra molinos de viento en nuestra búsqueda de justicia y equidad.
Una cita que refleja muy bien mis sentimientos es la de Ruth Bader Ginsburg: “Las mujeres siempre hemos tenido que luchar para lograr la igualdad, pero no podemos rendirnos. Cada generación debe seguir luchando por la siguiente” (Ginsburg, 1993). Esa resistencia, esa pasión, es lo que me ha mantenido de pie y firme en los momentos difíciles.
Ser mujer en un ámbito todavía dominado por estereotipos y prejuicios ha sido, y sigue siendo, un ejercicio de resistencia. Desde las primeras etapas de mi ejercicio profesional, enfrenté obstáculos que parecían diseñados para impedirme avanzar, pero que en realidad fortalecieron mi compromiso.
La lucha por la igualdad de género en la profesión legal no es solo un tema de justicia, sino también una necesidad de coherencia con los valores éticos que todos los abogados deberíamos defender. Como afirmó Amalya Lyle Kearse, jueza de la Corte de Apelaciones de Estados Unidos, “La justicia no es un privilegio, sino un derecho que todos debemos luchar por obtener” (Kearse, 2000).
La historia de mujeres abogadas como Ruth Bader Ginsburg, Sandra Day O’Connor y muchas otras, nos muestran que, con pasión y coherencia, podemos abrir caminos—no solo para nosotras, sino para las que vendrán detrás. La lucha de estas pioneras nos inspira a seguir en la misma senda, a no ceder ante las adversidades ni caer en la desesperanza.
El Don Quijote está lleno de frases que nos motivan a seguir soñando y luchando:
- “En esto, creo, hay tanta diferencia entre un loco y un cuerdo, como entre la noche y el día.”
- “El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho.”
- “Los sueños, sueños son” (repetida a lo largo de la obra), que nos recuerda que los sueños, aunque parezcan imposibles, son el motor que nos anima a seguir adelante.
Estos pensamientos reflejan que, en la lucha por el derecho y la igualdad, soñar es esencial y que la perseverancia es la clave para transformar esos sueños en realidad.
El feminismo en el ámbito jurídico ha dado pasos importantes, pero todavía hay mucho por conquistar. El movimiento ha demostrado que la lucha colectiva, alimentada por pasión y coherencia, puede cambiar leyes y mentalidades.
El derecho debe ser un aliado en la eliminación de desigualdades, en la protección de derechos reproductivos, en la erradicación de la violencia y en la promoción de la igualdad salarial y laboral. La historia de muchas mujeres que, con determinación y pasión, lograron cambios emblemáticos nos motiva a seguir.
Una frase de Michelle Bachelet refleja este espíritu: “La igualdad de género no solo beneficia a las mujeres, sino que enriquece a toda la sociedad” (Bachelet, 2015). Como abogada feminista, creo firmemente en esa idea y lucho día con día para que esa realidad sea broader.
Al mirar hacia atrás, puedo decir que mi historia como abogada feminista y apasionada por el derecho ha sido, y sigue siendo, una historia de lucha y esperanza. Como en El Quijote, donde la perseverancia y la creencia en los sueños hacen posible lo imposible, nosotros, las que luchamos por justicia, debemos mantener viva esa llama interior.
Mi compromiso es seguir defendiendo los ideales en los que creo, inspirando a quienes me rodean y trabajando en un mundo donde la igualdad sea una realidad tangible. La pasión, la coherencia y el amor por los sueños son las herramientas que nunca deben faltar en nuestro armario de luchadoras.
Para concluir, quiero recordar las palabras de Frida Kahlo: “Pies, ¿para qué los quiero si tengo alas para volar?” (Kahlo, 1940). En el ámbito del derecho y el feminismo, esas alas son la pasión y la esperanza que nos impulsan a seguir, a no rendirnos, y a creer siempre en un futuro mejor.
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María Alejandra Mancebo
Feminista y cofundadora de Cata Jurídica con Tacones. Vicepresidenta del Capitulo Venezuela del Colegio Internacional de Estudios Jurídicos de Excelencia Ejecutiva / CIDEJ. Consultora y Voz Visionaria. Diplomada en Implementación de Sistemas Integrado de Gestión y auditoria Interna.
ORCID:https://orcid.org/0000-0002-0208-0134
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