El éxito que nos vendieron y la trampa detrás del aplauso

El éxito que nos vendieron y la trampa detrás del aplauso
junio 18, 2025 Veronica Arvelo
feminismo

Durante demasiado tiempo nos han bombardeado una y otra vez con lo que significa ser una mujer “exitosa”. Una mujer que lo logra todo: profesional brillante, madre devota, pareja comprensiva, amiga incondicional, siempre bella, siempre disponible, siempre sonriente. Una mujer que se levanta a las 5 a.m. para meditar, correr 10 km, preparar desayunos saludables, liderar una reunión, tener energía para atender las necesidades de todos menos las propias y aun así gritarle al mundo lo inmensamente feliz que es habitando este tipo de esclavitud llamada “éxito”.

Nos dijeron que podíamos con todo, pero lo que en realidad nos exigieron fue que lo hiciéramos todo. Sin quejarnos. Sin desbordarnos. Sin interrumpir el orden establecido. La narrativa del éxito femenino en la modernidad no rompió con el sistema patriarcal; lo adaptó. Nos colocó en la línea de producción del capitalismo con una sonrisa y una agenda repleta. Nos convirtió en cuerpos útiles, dispuestos, agotados. Nos ofreció “empoderamiento” a cambio de productividad, y nos pidió que agradeciéramos por haber llegado hasta aquí.

Porque el éxito que nos impusieron no era para nosotras. Era para ellos. Para que les sirviéramos mejor, para que no molestáramos, para que encajáramos. Un éxito diseñado desde la mirada masculina, pensado para que funcionemos en un sistema que nunca se detuvo a preguntarnos qué queríamos.

El problema no es que una mujer quiera tener una carrera, una familia o una vida estable —el problema es que el modelo de éxito nos exige que lo hagamos todo a la vez, sin fallar, sin parar, sin preguntarnos si eso es lo que realmente deseamos. Es una trampa disfrazada de logro. Una versión sofisticada de la sumisión: nos quieren ocupadas, impecables y rendidas. Porque una mujer exhausta no tiene tiempo de rebelarse. Una mujer que se exige la perfección no tiene espacio para el deseo propio. Una mujer que mide su valor según los estándares de éxito impuestos desde fuera, difícilmente podrá encontrarse a sí misma.

Desde una mirada feminista, urge desmontar ese ideal que no fue construido para liberarnos, sino para controlarnos. Y en su lugar, construir una idea de éxito que nazca desde el deseo propio, desde el autocuidado, desde la soberanía sobre nuestras decisiones. Una vida elegida, no obedecida. Una vida que se parezca a nosotras, no al molde que nos asignaron.

Tal vez el verdadero éxito para una mujer no sea alcanzar el ideal de perfección que nos vendieron, sino el poder habitar nuestra propia vida con libertad. El verdadero éxito podría ser, simplemente, vivir sin pedir permiso. Cuidarnos, desobedecer, descansar, decir que no. Elegirnos. Y eso —en un mundo que nos prefiere sumisas, complacientes y siempre disponibles— es un acto profundo de resistencia.

Las opiniones expresadas de los columnistas en los artículos son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no necesariamente reflejan los puntos de vista de Feminismoinc o de la editora.

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