Durante mi menopausia viví con el cuerpo a ciegas.

Durante mi menopausia viví con el cuerpo a ciegas.
marzo 19, 2026 Susana Reina

Hoy soy una mujer postmenopáusica. Lo digo así, sin rodeos, porque durante mucho tiempo esa palabra —menopausia— fue un susurro incómodo, algo que parecía mejor no nombrar. Yo atravesé la perimenopausia y la menopausia a ciegas, sin información clara, sin acompañamiento, sin médicos preparados para explicarme qué estaba pasando en mi cuerpo. Y, sobre todo, sin que nadie validara lo que yo sentía.

Recuerdo la confusión. El cansancio extremo, la gordura, los cambios de humor, el insomnio, la niebla mental, el cuerpo que ya no respondía como antes. Recuerdo también las consultas médicas en las que todo se reducía a frases como “es normal a tu edad”, “relájate” o “son cosas hormonales”.

Hoy entiendo que normalizar el malestar sin explicarlo es una forma de abandono. Y cuando ese abandono se repite de manera sistemática hacia las mujeres, deja de ser descuido para convertirse en violencia.

Porque la violencia no siempre grita. A veces se manifiesta como ignorancia médica, como falta de investigación, como silencios largos. El cuerpo de las mujeres, especialmente cuando deja de ser joven y reproductivo, ha sido históricamente desatendido. Nuestro dolor se minimiza, se psicologiza o se vuelve invisible.

Pero los procesos de perimenopausia y menopausia realmente transforman el cuerpo y ocurren en medio de una estructura social que no sabe, no quiere o no considera necesario acompañarnos en esa transición vital.

Viví ese proceso preguntándome si me estaba volviendo exagerada, o débil o inestable. Ahora sé que esa duda también es una forma de violencia interiorizada porque cuando no hay lenguaje para nombrar lo que pasa en el cuerpo, una aprende a desconfiar de sí misma. Y eso tiene consecuencias emocionales, laborales, relacionales profundas. El cuerpo vivido, ese que siente, envejece, duele, se cansa y cambia, queda fuera del relato oficial.

Pero algo está cambiando. Gracias a los movimientos de mujeres, al feminismo y a la lucha colectiva, la menopausia empieza a salir del clóset. Se investiga más, se habla más, se escribe más. Aparecen profesionales formadas, divulgadoras, redes de apoyo. Ya no estamos dispuestas a aceptar la ignorancia como destino ni el silencio como norma. Nombrar la menopausia es un acto político: es decir que nuestros cuerpos importan en todas las etapas de la vida.

Hoy, desde este lugar de postmenopausia, miro hacia atrás con rabia, sí, pero también con claridad. Lo que viví no fue un problema individual, fue una experiencia compartida por millones de mujeres. Y por eso merece ser contada.

Nuestros cuerpos no son un misterio natural sino territorios históricamente desatendidos. Hablar de perimenopausia y menopausia es hablar de dignidad, de derechos, de salud y de una vida vivida con información, acompañamiento y respeto.

Las opiniones expresadas de los columnistas en los artículos son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no necesariamente reflejan los puntos de vista de Feminismoinc o de la editora.

Comments (0)

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*