Beneficios asociados a posiciones convencionales vs. alternativas para las mujeres durante el parto

Beneficios asociados a posiciones convencionales vs. alternativas para las mujeres durante el parto
marzo 18, 2026 Jannet Rivas Faría

Este trabajo presentado por mis estudiantes Albanis Fuenmayor, Katherine Montero y Luisana Prieto, analiza ¿Cuáles son los beneficios asociados a las posiciones alternativas, versus las posiciones convencionales, para las mujeres durante la labor del parto? Para dar respuesta a esa inquietud de proponen como objetivos 1.Describir los beneficios asociados a las posiciones alternativas, versus las convencionales, para la mujer durante el trabajo de parto. 2. Comparar los datos en torno a las ventajas ofrecidas por las posiciones alternativas, a diferencia de las posiciones convencionales, a la hora de parir, para la mujer. 3. Priorizar el punto de vista, así como el bienestar y comodidad, de la mujer al momento del parto, a través de la divulgación de información médica de carácter científico, y actualizado. 4.Visibilizar que, la imposición de las posturas convencionales, a la mujer durante el parto, es una expresión de la violencia de género, sobre todo de la violencia de tipo obstétrica, producto de relaciones desiguales entre hombres y mujeres, donde lo femenino se desvaloriza y/o conceptualiza como ‘defectuoso,’ provocando, así, intervenciones médicas innecesarias y 5. Identificar los potenciales beneficios asociados a las posiciones alternativas, en comparación a los ofrecidos por las posiciones convencionales, para la mujer al momento del parto.

Este esfuerzo investigativo forma parte de la Cátedra Psicología de la Mujer y el Género de la Universidad Rafael Urdaneta, Maracaibo, Venezuela.

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En la actualidad, la posición predilecta, y que se incita a la mujer a adoptar, durante el trabajo de parto, es la posición supina, también conocida como ‘posición horizontal’ y/o ‘convencional’, haciendo referencia a que la futura madre se halla recostada de espaldas, boca arriba, sobre una superficie, como por ejemplo, una camilla médica. Las respectivas variaciones, de la posición convencional, incluyen el estar de espaldas, con las piernas abiertas; acostada de lado, y/o con las piernas levantadas y flexionadas, con el fin de facilitar, así, la observación y acceso, por parte del personal sanitario, al cuerpo de la mujer a lo largo del parto (Paniagua, 2016; Lugones y Ramírez, 2012; Satone y Tayade, 2023).

El uso global, de la postura convencional, supone, hoy en día, un contraste significativo con las prácticas obstétricas efectuadas en el pasado, cuando la posición vertical, que abarcaba desde la madre manteniéndose de pie, hasta ponerse de rodillas, cuclillas, y/o sentarse en una silla, especializada para la ocasión, era preferida por diversas civilizaciones, tales como los egipcios, griegos, y romanos (Paniagua, 2016). Estas variaciones, de la posición vertical, son denominadas, en el presente, como ‘posiciones alternativas’, al verse su uso disminuido en tiempos recientes (Satone y Tayade, 2023; Yadav et al., 2021). No obstante, conviene destacar que, a diferencia de la posición convencional, la posición vertical otorgaba mayor comodidad a las mujeres, priorizando, de esta manera, su bienestar antes que el de terceros (Paniagua, 2016; García, 2023).

Asimismo, no puede obviarse el detalle que, en aquellos tiempos, quienes acompañaban, a las futuras madres, eran otras mujeres: las comadronas. Personas con vasta experiencia, y capacidad, para actuar contra cualquier adversidad que se presentara (García, 2023). Sin embargo, esta tradición ancestral femenina, de parir verticalmente, llegaría a su fin con la incorporación del hombre al ámbito obstétrico en el siglo XVIII. Donde figuras, como el cirujano Julien Clement, impulsarían a sus pacientes a adoptar la posición supina, en pro de su comodidad para atenderlas (García, 2023). Fue así cómo las actitudes, en torno a la asistencia durante el parto, se alterarían para siempre. En palabras de García (2023), comenzó una “(…) masculinización del parto, de la paulatina sustitución de matrones por médicos, cambiándolo por completo en siglos posteriores.”

Es decir, los cambios, producidos por esta transición, han conducido a un presente donde, al favorecer el confort, así como el libre acceso del obstetra, y herramientas  como los fórceps, al cuerpo de la mujer, la posición supina se ha normalizado. Las estadísticas arrojan que, pese a que la Organización Mundial de la Salud (OMS), destaca el derecho de la mujer a elegir la posición que desee para parir, alrededor de un 68% de embarazadas terminan dando a luz en una postura convencional, incluso ante la existencia, dentro de la literatura médica, de un destacable consenso sobre las desventajas que dicha posición supone durante la labor del parto (Yadav et al., 2021; Satone y Tayade, 2023).

Por ejemplo, se ha demostrado, en estudios como los efectuados por Valiani et al. (2012), que la posición convencional interfiere con las contracciones uterinas, haciendo más dolorosa la expulsión del bebé. La conclusión, de esta investigación, ha sido apoyada por estudios como los de Londoño et al. (2018), y, en años recientes, por Satone y Tayade (2023). A estos hallazgos se le suman los realizados por Huang et al. (2019), en torno al aumento del riesgo de sufrir traumas perineales cuando se adoptaba la posición supina, así como un incremento, en procedimientos como las episiotomías, en dichos casos. Difiriendo, así, de lo observado cuando las embarazadas mantenían posiciones alternativas, notándose que se produjeron menos desgarros perineales, al igual que una marcada reducción de episiotomías.

Tomando esta información a consideración, resulta evidente que, en la actualidad, al buscar facilitar la intervención del parto, para los profesionales obstétricos, se ha perpetuado el descuido al bienestar de la mujer. Detalle que se observa con especial preocupación al recordar que las futuras madres, al estar atravesando un proceso de significativos cambios físicos y emocionales, se encuentran, de por sí, vulnerables a ser violentadas dentro de estos espacios médicos (Ramírez et al., 2021). Dichos actos son denominados, por algunos autores, como ‘violencia obstétrica’, ‘injusticia reproductiva’ y/o ‘deshumanización del parto’ (Katz et al., 2020; Van der Waal y Mayra, 2023), suponiendo, así, una extensión de la propia violencia de género, entendida por Ali y Rogers (2023), como todo aquel “(…) maltrato dirigido a un individuo, o comunidad, debido a su género.”

La violencia de género posee una dimensión física, verbal, y/o psicológica importante, manifestándose en múltiples contextos, sean estos de carácter privado y/o público, produciendo así relaciones desiguales, de poder, entre hombres y mujeres, donde las susodichas se hallan en significativa desventaja (Expósito, 2011; Ali y Rogers, 2023). Por lo tanto, es por medio de esta que se construyen y refuerzan prácticas, como lo es la imposición de la postura convencional, que limitan la autonomía universal que toda mujer posee como derecho humano fundamental. A su vez, son estos los sistemas que erigen, y fortalecen, concepciones patriarcales en torno al cuerpo femenino como ‘defectuoso,’ creando intervenciones obstétricas innecesarias que atentan contra la integridad de las parturientas (Katz et al., 2020).

Por ello, en respuesta a esta realidad, García (2023), señala que, desde el siglo XX, han surgido diversos movimientos sociales enfocados en la re-humanización del trabajo de parto. Entre los objetivos, de estas nuevas corrientes sociales, se encuentran el priorizar, de nuevo, el confort de las futuras madres, con énfasis en la importancia de que, la embarazada, posea la libertad de involucrarse en todas aquellas decisiones concernientes al nacimiento de hijo y/o hija (García, 2023). Esto ha traído, como consecuencia, que se vuelva a mirar al pasado, a los conocimientos ancestrales de las comadronas y sus implicaciones, tanto físicas como emocionales, en la experiencia del parto para las mujeres. Reevaluando, así, los potenciales beneficios asociados a las posiciones alternativas, versus las convencionales, en pro de que este proceso sea lo más agradable, y seguro, tanto para la mujer, como para su bebé.

MÉTODO.

 El tipo de investigación aplicada, en el presente trabajo, es de índole cualitativa, basándose, específicamente, en la investigación documental, centrándose en la revisión de los materiales seleccionados. Esto con el fin de, a través de la recopilación de diversas fuentes, como artículos científicos y/o trabajos de tesis, comprender a fondo el impacto que el adoptar una posición alternativa, versus una convencional, trae consigo para la experiencia del parto para las mujeres, apreciando así, de manera inmediata, esta realidad. Dicha información fue extraída, en su mayoría, de motores de búsqueda como Google Académico, Dialnet, así como repositorios universitarios, garantizando que, el material compilado, fuese de carácter científico y, por ende, confiable.

Además, como criterio principal, para la selección de estas fuentes, se escogieron aquellas que exploraban, a detalle, las consecuencias asociadas a las posiciones alternativas, versus las convencionales, a la hora del parto, destacando tanto efectos positivos, como adversos, publicadas en un periodo de tiempo comprendido entre el 2018 y el 2025, en pro de obtener un panorama completo que, tras ser construido, permitiese contrastar la información recopilada para, así, realizar un análisis profundo, minucioso, y justo, frente a cada caso en particular, con datos médicos actualizados.

Por lo tanto, tomando a consideración lo expuesto con anterioridad, se seleccionaron un total de 5 trabajos de investigación, titulados: Ventajas y Desventajas del Parto Vertical en Contraste con el Parto Horizontal: Una Revisión de la Literatura, publicado en el 2018, por Londoño y sus colegas; Una Revisión y Comparación de Posiciones Maternas Comunes Durante la Segunda Fase del Parto, por Huang y asociados en 2019; Influencia de las Diferentes Posiciones Maternas durante el Parto y los Resultados del Mismo, por Moreno, en 2022; Posiciones Alternativas Durante el Nacimiento en Comparación a las Posiciones Convencionales en la Segunda Fase del Parto: Una Revisión, por Satone y Tayade, en 2023; y Determinación de los Beneficios y Complicaciones del Parto en Libre Posición con respecto al Parto en Posición de Litotomía, por Álvarez y sus colegas, en 2025.

HALLAZGOS.

 

 

Autores, fecha, y país. Objetivo o propósito. Tipo de Investigación. Muestra o Participantes. Hallazgos Relevantes.
Londoño, V., Castiblanco, J., Acosta, M., & Astudillo, N. (2018). Colombia. Integrar los

hallazgos que informa la literatura sobre ventajas y desventajas del parto vertical en contraste con el parto horizontal.

Revisión integrativa. Basado en revisión documental que se apoyó en investigaciones experimentales. El parto en posiciones alternativas ofrecía varias ventajas a las mujeres, tales como un menor tiempo de duración en la fase de expulsión, disminución en la realización de episiotomías, así como desgarros, y percepción del dolor al reafirmar un sentido de control personal, provocando así altos sentimientos de felicidad entre estas madres. Sin embargo, dichas posiciones eran difíciles de mantener por largos periodos de tiempo, y se asociaron con mayor sangrado. No se encontró una diferencia significativa con respecto a la efectuación de cesáreas.
Huang, J., Zang, Y., Ren, L., Li, F., & Hong, L. (2019).

China.

Revisar y comparar los beneficios, y riesgos, de las posiciones maternas más comunes durante la segunda fase del parto, ofreciendo así evidencia a las comadronas sobre prácticas sustentadas en la ciencia. Revisión documental. Basado en revisión documental que se apoyó en investigaciones experimentales.

 

Durante la segunda fase del parto, se vincularon las posiciones alternativas con mayores beneficios, tales como un acortamiento en la duración de dicha etapa, menos episiotomías, y dolor. Sin embargo, se recomendó tener especial precaución con la posición en cuclillas y sentada, al estas asociarse con desgarros severos, así como hemorragias. En cuanto a las posiciones convencionales, los autores recomendaron evitarlas a toda costa, debido a sus efectos adversos, como aumento del dolor físico, anormalidad cardíaca en el bebé, y prolongación de la segunda fase del parto.
Moreno, A.

(2022). España.

Analizar la evidencia científica en torno a las diferentes posturas, que pueden adoptar las embarazadas, durante la segunda etapa del parto, y sus efectos en la salud del bebé. Investigación documental. Basado en revisión documental que se apoyó en investigaciones experimentales.

 

Las posiciones alternativas se vincularon con una menor duración del trabajo de parto, dolor materno, así como en el uso de instrumentos médicos, episiotomías, cesáreas, y desgarros, con excepción de la posición en cuclillas y sentada. Además, dichas posiciones también se asociaron con una percepción más positiva, de la experiencia, entre las parturientas. No se identificaron diferencias destacables entre la salud de los bebés nacidos en posturas alternativas, versus en convencionales, así como en la posibilidad de hemorragias.
Satone, P.  & Tayade, S. (2023). India. Revisar y comparar las ventajas, y riesgos, ofrecidos por las posiciones convencionales, y el conocimiento de las mujeres embarazadas sobre las posiciones alternativas. Investigación documental. Basado en revisión documental que se apoyó en investigaciones experimentales.

 

Las posiciones alternativas apuntaron ser más beneficiosas durante la segunda etapa del parto, como por ejemplo, reduciendo su duración, al valerse de la fuerza de gravedad; aliviar el dolor materno, disminución en la realización de cesáreas, episiotomías, y desgarros. Por otro lado, las posiciones convencionales se asociaron con mayor malestar físico, anormalidades cardíacas, trauma perineal, y alargamiento de dicha fase. Se recomendaron, como especialmente ventajosas, la postura en cuclillas, sentada, recostada de un lado, y en cuatro.
Álvarez, L., Joel, A., Naula, Y. & Edison, M. (2025). Ecuador. Describir la información científica existente acerca de los beneficios y

complicaciones del parto en libre posición con respecto al parto en posición de litotomía.

Revisión documental. Basado en revisión documental que se apoyó en investigaciones experimentales.

 

Permitirle a la mujer adoptar la posición alternativa, que esta desee, se vinculó con múltiples beneficios, tales como una reducción en la percepción del dolor, acortamiento de la segunda fase del parto, menos episiotomías, desgarros, sangrado, y cesáreas, haciendo, así, la experiencia más gratificante para la parturienta. Las posturas convencionales se asociaron con efectos adversos, como mayor sangrado, dolor físico, alargamiento de la segunda fase, y trauma perineal.

En el estudio realizado por Londoño et al. (2018), uno de los principales beneficios identificados, en torno a las posiciones alternativas, versus las convencionales, supuso el cómo dichas posturas reducían el tiempo de duración de la segunda fase del parto, conocida también como ‘fase de expulsión,’ al culminar con el nacimiento del bebé. Este hallazgo fue respaldado por investigaciones como las de Moreno (2022), quien, inclusive, señaló que esta diferencia de tiempo puede abarcar desde los 10 minutos, hasta los 30, en comparación con las mujeres que dan a luz horizontalmente. Y, en años más recientes, trabajos como los de Satone y Tayade (2023), se han sumado a esta observación, argumentando que el acortamiento se debía a cómo las posiciones alternativas usaban, a favor, la fuerza de gravedad.

Esto resulta, pues, una ventaja importante, ya que, como Huang et al. (2019), señalaron, un trabajo de parto extenso se asocia con mayores riesgos, tanto para la vida de la madre, como para la del bebé, tales como la asfixia neonatal. Continuando con esa misma línea de ideas, Álvarez et al. (2025), además de coincidir con estos hallazgos, destacaron que dicho acortamiento fue más significativo en la posición de cuclillas. Sin embargo, como aspecto negativo, la posición en cuclillas se asoció, a su vez, con mayor riesgo de sufrir lesiones obstétrico-anales, es decir, desgarros de tercer y cuarto grado (Londoño et al, 2018; Huang et al, 2019; Moreno, 2022; Satone y Tayade, 2023). Mientras que, la posición en rodillas, así como la lateral, fueron vinculadas a perineos intactos (Huang et al., 2019; Satone y Tayade, 2023).

Estadísticamente hablando, posiciones convencionales, como la supina y de litotomía, se relacionaron con desgarros severos, con Huang et al. (2019), recomendando evitar, a toda costa, emplear dichas posiciones en la segunda fase del parto. A su vez, el trauma perineal ha sido asociado con el uso de instrumentos, como los fórceps, durante el nacimiento. De acuerdo a los artículos revisados, una apreciación ampliamente compartida, por los autores, fue que, en aquellas mujeres, que dieron a luz en posiciones alternativas, ocurrió una disminución significativa en la aplicación de estas herramientas, contrario a lo observado en las parturientas que adquirieron posiciones convencionales (Londoño et al., 2018; Huang et al., 2019; Moreno, 2022; Satone y Tayade, 2023; Álvares et al., 2025).

Esta marcada diferencia se extendió, también, en la ejecución de episiotomías, con Álvares et al. (2025), destacando que, las posiciones verticales, actúan como factor protector ante dicha intervención. En el caso de las cesáreas, mientras que Londoño et al. (2018), no hallaron diferencias entre ambas posiciones, estudios recientes, como los realizados por Moreno (2022), Satone y Tayade (2023), y Álvarez et al. (2025), arrojaron que, la posibilidad de requerir una cesárea se redujo significativamente en las posiciones verticales, así como la intensidad del dolor experimentado por las parturientas, con algunos casos registrando, inclusive, disminución en el uso de analgésicos.

Se asociaron, en particular, las posiciones en cuclillas, en silla de parto, y de rodillas, con este pronóstico, debido a la falta de presión que ejercen sobre la pelvis, aliviando, así, gran parte del malestar físico (Huang et al., 2019; Satone y Tayade, 2023). Además, es por esto mismo que las contracciones, en las posiciones verticales, fluían con mayor naturalidad. Mientras que, en las posiciones convencionales, debido a la compresión ya mencionada, se interrumpía su secuencia, enlenteciendo, así, el trabajo de parto, que, en consecuencia, se tornaba más doloroso (Londoño et al., 2018; Huang et al., 2019; Satone y Tayade, 2023).

Y, si bien, es cierto que la incomodidad física y/o dolor, al momento del parto, no pueden desaparecer por completo, el alivio de dichos pesares contribuye a que las mujeres vivan, esta experiencia, con mayor satisfacción, atribuyéndole un significado positivo. Londoño et al. (2018), resaltaron que, aquellas mujeres que adoptaron posiciones alternativas, reportaron sentirse más felices, fortaleciendo tanto el vínculo de la madre, con su bebé, como hacia su pareja. Moreno (2022), refirió resultados similares, donde las participantes, de un estudio citado, expresaron sentimientos de empoderamiento y mayor control, observación que, en años recientes, fue compartida por Álvares et al. (2025).

Sobre el riesgo de hemorragias, en las posiciones alternativas versus las convencionales, la evidencia apuntó a conclusiones mixtas. Por ejemplo, Londoño et al. (2018), vincularon las posiciones alternativas con mayor riesgo de sufrir hemorragias, mientras que, Huang et al. (2019), señalaron que es, en particular, la posición estando sentada, lo que aumenta esta posibilidad. Satone y Tayade (2023), encontraron que, en las posiciones convencionales, la pérdida sanguínea es menor. En cambio, Moreno (2022), no halló diferencias significativas entre ambas posturas, e, inclusive, en la investigación de Álvares et al. (2025), las mujeres, que dieron a luz verticalmente, no experimentaron sangrados significativos, a diferencia de lo ocurrido en posiciones convencionales.

Por último, en cuanto a cómo estas diferentes posturas inciden en el bienestar del bebé, Moreno (2022), declaró que no hubo ventajas particulares asociadas con las posiciones alternativas. Pero, Londoño et al. (2018), así como Huang et al. (2019), Satone y Tayade (2023), y Álvares et al. (2025), destacaron que los bebés nacidos, a través de posturas alternativas, presentaron un ritmo cardíaco más estable, contrario a las anormalidades advertidas en los partos en posiciones convencionales. Esto podría, presumiblemente, asociarse una vez más al hecho, ya discutido, de que, al encontrarse la parturienta de espaldas, la compresión en su organismo reduce el flujo sanguíneo recibido por el bebé, provocando, así, estas irregularidades (Huang et al., 2019).

DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES.

Al comparar tanto las ventajas y desventajas, ofrecidas por las posiciones alternativas, versus las convencionales, durante el parto, las posturas alternativas otorgaron, en promedio, mayores beneficios a las futuras madres, tales como un acortamiento significativo de la fase de expulsión, al valerse estas del uso de la gravedad para facilitar el descenso fetal, favoreciendo el curso de las contracciones y aliviando, así, el dolor materno. También, las posiciones alternativas se asociaron con una disminución importante en intervenciones médicas, como aquellas referentes al uso de instrumentos, como los fórceps, para asistir el parto, así como episiotomías, traumas perineales, uso de la anestesia, y, de acuerdo a algunos autores, en años recientes, cesáreas.

Asimismo, las mujeres, que adoptaron posiciones alternativas, al momento del parto, han reportado sentirse no solo más empoderadas, satisfechas, y felices, con su experiencia, sino que, a su vez, percibieron un vínculo más cercano tanto con sus hijos, como con sus parejas. En cuanto a si hubo beneficios, en torno a la salud de los recién nacidos, con base en las posturas adoptadas, varios autores identificaron un menor número de ritmos cardíacos anormales en bebés nacidos a través de posturas alternativas. Sobre la posibilidad de hemorragias, los resultados fueron mixtos, con algunos estudios considerándolo un efecto adverso de las posiciones alternativas, mientras que otros, en la actualidad, no hallaron tal relación.

Con todo, es esencial observar que, en general, las posiciones alternativas suponen una vía importante para el cómodo transcurso del trabajo de parto, una opción real que debe ser planteada, y discutida, con las futuras madres, para que estas, desde su autonomía, elijan de acuerdo a sus preferencias, priorizando así sus voces. Las cuales, debido a los cambios históricos, políticos, y sociales, que han impactado en la atención obstétrica, a las parturientas, han sido relegadas a segundo plano. Dichos hechos, y los nuevos modos de pensar que produjeron, continúan impregnando, en el presente, los espacios de salud acudidos por las embarazadas, perpetuando la violencia de género a través de la imposición de las posturas convencionales, aún frente a la evidencia científica que arroja luz a las potenciales amenazas, que estas representan, para el bienestar de la mujer.

RECOMENDACIONES.

 1. Implementar programas de capacitación para el personal de salud, tales como obstetras, enfermeras y/o enfermeros, parteras y/o parteros, enfocados en la divulgación de información científica en torno a las ventajas ofrecidas, por las posiciones alternativas, para la mujer, durante el parto.

2. Informar a las mujeres embarazadas sobre los beneficios otorgados por las posiciones alternativas, en pro de que la voz, opiniones, y confort, de estas, sean tomadas en cuenta, convirtiéndolas en agentes activos dentro su propia experiencia de parto.

3. Reducir la medicalización presente en los espacios obstétricos, remodelando los mismos para que sean más agradables, y humanitarios, para las embarazadas.

4. Sensibilizar al personal de salud sobre la manera en que la violencia de género se refleja, hoy en día, en los espacios médicos, sobre todo a través de la violencia obstétrica, perjudicando, así, la salud de las parturientas, ideando planes y/o talleres de concientización con una perspectiva de género.

Referencias

Expósito, F. (2011). Violencia de Género. [Archivo PDF]. https://www.uv.mx/cendhiu/files/2013/08/Articulo-Violencia-de-genero.pdf

 García, N. (2023). Los Mil y Un Partos: Evolución del Parto y el Diseño de los Paritorios. En M. Castañedo & A. Molini (Eds.), Inconformistas de Género (pp. 73–90). Editorial de la Universidad Jaime I.

Huang, J., Zang, Y., Ren, L., Li, J., & Lu, H. (2019). A review and comparison of common maternal positions during the second-stage of labor. International Journal of Nursing Sciences. (4), 460–467. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC6839002/

Katz, L., Amorim, M., Giordano, J., Bastos, M., & Brilhante, A. (2020). Who is afraid of obstetric violence? Revista Brasileira de Saúde Materno Infantil, 20 (2), 623–626. https://www.scielo.br/j/rbsmi/a/RDwVm7ZV3DksbRBsKLBwXjw/?format=pdf&lang=en

Londoño, V., Castiblanco, J., Acosta, M., & Astudillo, N. (2018). Ventajas y desventajas del parto vertical en contraste con el parto horizontal: una revisión de la literatura. Investigación en Enfermería: Imagen y Desarrollo. 20 (1). https://doi.org/10.11144/Javeriana.ie20-1.vdpv

Lugones, M. & Ramírez, M. (2012). El parto en diferentes posiciones a través de la ciencia, historia, y la cultura. Revista Cubana de Ginecología y Obstetricia. 38 (1), 134–145. http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0138-600X2012000100015

Moreno, A. (2022). Influencia de las diferentes posiciones maternas durante el parto y los resultados del mismo. Revista NPunto. 5 (23), 4–22. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=8947863

Paniagua, A. (2016). Comparación de los beneficios de la posición vertical durante el parto frente a otras posiciones. [Tesis de Licenciatura, Universidad de Valladolid]. http://uvadoc.uva.es/handle/10324/17722

Ramírez, M., Hernández, M., & Ceballos, G. (2021). La violencia obstétrica en la vulneración de los derechos humanos de las mujeres. CONAMED. 26 (3), 149–155. https://www.medigraphic.com/cgi-bin/new/resumen.cgi?IDARTICULO=101680

Satone, P., & Tayade, S. (2023). Alternative Birthing Positions Compared to the Conventional Position in the Second Stage of Labor: A Review. Cureus. 15 (4). https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC10202683/#REF21

Valiani, M., Rezaie, M., & Shahshahan, Z. (2016). Comparative study on the influence of three delivery positions on pain intensity during the second stage of labor. Iranian Journal of Nursing and Midwifery Research. 21 (4), 372–378. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC4979260/

Van der Waal, R. & Mayra, K. (2023). Obstetric Violence. En Ali, P., & Rogers, M. (Eds.), Gender-based violence: A comprehensive guide. (pp. 413–425). Springer.

Yadav, A., Kamath, A., Mundle, S., Baghel, J., Sharma, C., & Prakash, A. (2021). Exploring the perspective of nursing staff or caregivers on birthing positions in Central India. Journal of Family Medicine and Primary Care. 10 (3), 1149–1154. https://journals.lww.com/jfmpc/fulltext/2021/10030/exploring_the_perspective_of_nursing_staff_or.11.aspx

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