El movimiento reaccionario contra el feminismo que ha ganado terreno en los últimos años basa la mayoría de sus argumentos en la manipulación y tergiversación del pensamiento clásico para justificar sus posiciones machistas. Esto, junto al retroceso en derechos y el desconocimiento de ciertos grupos feministas sobre cómo surgió el patriarcado fueron las razones que motivaron a Ana Bernal-Triviño, periodista, profesora e investigadora española a escribir su más reciente obra “La raíz del poder: Una historia de desigualdad”.
“Me interesaba reflexionar el motivo por el que todo empezó, todavía son necesarias algunas piezas del rompecabezas, por eso quise explicar que en la Prehistoria la biología no tenía nada que ver. En esa etapa del Paleolítico se demostró que no había jerarquía, que todo el grupo se tenía que cuidar entre sí y salir a cazar, independientemente que fueran hombres o mujeres. Sin embargo, a partir del Neolítico sí empiezan a verse una serie de diferencias y es el salto es más cualitativo, porque es cuando se crean los primeros códigos y tenemos las Leyes Asirias, que dejan por escrito que se permite la violencia hacia la mujer. A partir de ahí empieza a institucionalizarse y a quedar respaldada la historia de impunidad de los hombres que ejercían violencia, que la mujer podía ser deshumanizada, torturada y asesinada sólo por el bien del hombre”, detalla.
Bernal – Triviño añade que la raíz de la opresión de la mujer se debe a su capacidad sexual y reproductiva pues “las mujeres tenían que ser madres” para mantener esos Estados que apenas estaban creándose en medio de guerras y alta mortalidad infantil.
“Desde entonces, se crea el relato cultural que vimos extendido por el resto del mundo, independientemente de la cultura que sea, en el que se establece la visión de la buena y mala mujer. La buena mujer es la que obedecerá y la mala mujer es la que será rebelde y la que no será madre ni esposa. Ahí empezó el discurso que vemos todavía en los titulares de hoy. Esa es la raíz, la explotación de nuestra capacidad sexual y reproductiva”.
Anomalía histórica
En opinión de la periodista, el patriarcado es una construcción cultural que se convertiría, aunque muchos lo nieguen, en el primer sistema político organizado de la humanidad.
“Muchas veces hacemos un recorrido histórico sobre la historia del feminismo, pero el libro va mucho más allá. Lamentablemente sobre la antigua Grecia y Roma es de la época que tenemos más documentación. Sin embargo, el colonialismo, el periodo de conquistas y de guerras también fue una manera de exportar ese modelo al resto del mundo”.
Modelo que ha evolucionado y ahora también usa la tecnología como una forma más de violencia en contra de las mujeres, como sucedió hace un par de semanas en “X”, anteriormente Twitter, cuando su herramienta de inteligencia artificial, Grok, fue utilizada por hombres para crear imágenes íntimas no consentidas de mujeres.
“Podemos hacer ahora una ley específica contra cualquier inteligencia artificial, que sí necesitamos para marcar una línea roja, pero nunca vamos a la raíz del problema y es la educación machista. No queremos reconocer que el machismo es un problema social, educativo y cultural, que está instalado en la opinión pública y por lo tanto, hasta que no se ataje desde esa raíz seguirá habiendo todo tipo de redes sociales o espacios físicos donde seguirá encontrando impunidad para seguir ejerciendo violencia y deshumanización sobre las mujeres”, manifiesta.
Batalla cultural
Para la autora, nos encontramos en un momento histórico muy peligroso pues mucha gente está incluso llegando a cuestionar y negar el propio sistema de protección de las mujeres y recuerda cómo la manifestación del 8M de 2020 fue, a juicio de la sociedad, la causa principal de la pandemia de la COVID-19 en España.
“No se judicializó ni los partidos de fútbol, ni los conciertos, ni las fiestas culturales, solamente la manifestación del 8M, porque eso permitía poner en el punto de mira las reivindicaciones del movimiento feminista”.
Además, señala el aumento del número de mujeres negacionistas que ridiculizan a las feministas y que están contribuyendo también a un relato de impunidad del machismo mientras disfrutan la conquista de derechos civiles que ha hecho el feminismo a lo largo de la historia.
“Este negacionismo contra el movimiento feminista suele decir que las reivindicaciones como el voto y la igualdad salarial tenían sentido, pero que ahora se ha ido muy lejos. ¿Por qué? Porque justo las últimas leyes feministas han puesto la mirada en el cuerpo de la mujer. La ley del aborto, la ley de violencia de género o, por ejemplo, la ley de la libertad sexual aquí en España, son leyes que entran ya en lo privado, en lo más personal, en el concepto de pareja, lo que ocurre de una habitación y de la puerta de una casa hacia adentro. Y es ahí donde muchos de ellos se manifiestan”.
De la boca hacia afuera
Lo anterior no es igual al movimiento de las «tradwives«, el cual tiene como misión que la mujer vuelva al hogar y únicamente sea esposa y madre. Un nombre que sale a relucir cuando se habla de esto es el de la estadounidense Erika Kirk, viuda de Charlie Kirk, activista político que fue asesinado hace unos meses.
Bernal – Triviño reflexiona como ella, con los millones de dólares que maneja gracias a las donaciones de la fundación de su esposo y que ahora lidera, ha montado delegaciones en universidades norteamericanas donde le dice a las chicas que dejen de estudiar una carrera porque el título más importante es el de ama de casa.
“Lo dice ella que tiene un título universitario y que empezó trabajando en política con Donald Trump. Ojo con todas estas mujeres que amplifican un mensaje en el que dicen una cosa pero en su vida privada hacen otras. Este es un movimiento muy pensado para que las mujeres sean más dependientes, sumisas y vulnerables. Para que en una situación de violencia no tengan recursos, porque ya hablaba Virginia Woolf sobre lo necesario de la habitación propia, pero lo importante es el monedero propio”.
“La raíz del poder: Una historia de desigualdad” termina con una poderosa metáfora y es que todas las mujeres vivimos en un campo de minas, aunque muchas no lo vean y se defienden argumentando que ellas nunca han sido víctimas de violencia por el hecho de ser mujeres.
“Todas estamos expuestas y algunas nos tocará a lo mejor pasar de refilón, otras no pasarán nunca, otras se llevarán la peor parte muriendo en ese campo de minas, pero eso no niega la existencia de la estructura patriarcal. Creo que deberíamos ser mucho más solidarias las unas con las otras en lugar de atacarnos tanto porque la vida da muchas vueltas y si esos hechos del pasado no se batallan, ni se cuestionan y si se dejan estar, terminan por generar más violencia hacia las mujeres”.
