Por Johan Ramírez Véliz
Tradicionalmente la pesca ha sido una actividad económica y social predominantemente masculina, encasillando a las mujeres a roles secundarios invisibilizados y menos valorados económicamente y es justamente esta acentuada dinámica de normas y roles de género, lo que se traduce en: concentración de poder en sus distintos niveles, en los hombres, dependencia económica en las mujeres, desequilibrio en la participación y toma de decisiones, así como la normalización de conductas discriminatorias y transferencia generacional, esto sin duda, es violencia de género, la cual es un grave problema de vulneración de derechos humanos. En efecto, las desigualdades y discriminaciones impulsan las violencias en sus distintas formas. Así lo expresa Aponte (2010) “la violencia de género hunde sus raíces en la discriminación estructural del sexo femenino propia de la sociedad patriarcal y por eso sus víctimas son siempre mujeres” (p.123)
El fenómeno de la violencia basada en género es un flagelo que discrimina y afecta a las mujeres que realizan trabajos de pesca, la cual está rodeada de elementos masculinizados como la fuerza física, la frialdad y la agresividad, por ello, la mujer en la faena, culturalmente se ha justificado que esté situada en funciones de menos esfuerzos o de bajo impacto, por ejemplo, ayudar con parte de la descarga del pescado capturado, contar u organizar la producción, comercialización, o en otros casos, su labor es de procura y atención al hombre, entiéndase: alimentación y actos de servicios, es decir, hay una marcada división sexual del trabajo.
Cabe destacar, que la división sexual del trabajo, genera desigualdades y discriminaciones por razones de género, injusticia, exclusión y por ende la violencia, producto de la cultura patriarcal acompañado del sistema de mitos y creencias.
Es importante mencionar, que algunas mujeres para el desempeño en la actividad pesquera, asumen actitudes y comportamiento de firmeza, confrontación y rudeza, garantizando así tener espacios adicionales a los mencionados anteriormente, logrando el respeto de los hombres que no las asumen como frágiles o débiles.
Por otra parte, como lo señalan Álvarez, et al (2017), quienes, parafraseando a Gordon, E (1991) en su artículo “La historia de la pesca artesanal en Chile”, refieren que “la pesca ha sido concebida como actividad marcadamente masculina, donde la participación de las mujeres es abiertamente como un actor secundario, invisible” (p. 46).
Lo anterior es reiterado con palabras similares en el informe de la Organización para la Alimentación y la Agricultura de las Naciones Unidas FAO, (2017), denominado “Promover la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres en la pesca y la acuicultura”, donde se puede leer: “En la mayoría de las regiones, la pesca es una actividad predominantemente masculina… La relación entre hombres y mujeres varía grandemente y se basa en el estatus, las relaciones de poder y el acceso a los recursos productivos y servicios.”(p. 1).
La pesca artesanal para las mujeres ha sido un elemento de invisibilización por parte del hombre machista, su rol está enmarcado en el ámbito privado, arraigados por patrones socioculturales y estereotipos, otorgándoles invisibilidad a la productividad pesquera de las mujeres.
Álvarez, et al (2017) señalan que: “la división de trabajos experimentada históricamente desde la pesca artesanal, tiene su base en un sistema de división sexual del trabajo que sitúa a hombres en el espacio productivo y mujeres en el reproductivo, que marca una escala jerárquica” (p. 46)
Cabe señalar que, la FAO, en su informe Situación Mundial de la Pesca y la Acuicultura, publicado en (2016) “las mujeres representaron más del 19% de la población involucrada directamente en el sector primario de la pesca y la acuicultura”; (pp 5-6). Sin embargo, las mismas normas de género que existen en esta actividad las expone a situaciones de desigualdad y por ende de violencia de género.
En Venezuela, como lo expresa Briceño, L. (2021), en su artículo “El crecimiento del papel de la mujer en la pesca artesanal en el venezolano”, se llegó a considerar que: La mujer seguía apegada férreamente a la tradición ancestral al servicio de su marido, como era entendido su deber sagrado; inicialmente como su compañera sentimental, a veces participaba esporádicamente en las campañas de pesca (excluyendo las faenas de captura, porque se creía que éstas a bordo eran de mal agüero), o bien asumía permanecer en casa y hacerse cargo del hogar, mientras el hombre se ausentaba por prolongadas temporadas. (Briceño, L. 2021, p. 2)
De allí, que Venezuela debe diseñar, implementar políticas públicas con enfoque de género en su elaboración, ejecución y evaluación de los proyectos para la inclusión de las mujeres pescadoras en el ámbito productivo.
Es preciso mencionar que, en el estado Sucre, con la implementación de proyectos de Ayuda Humanitaria, ha diseñado un plan de fortalecimiento de medios de vida, efectuado con un abordaje técnico a pescadores del municipio Cruz Salmerón Acosta del estado Sucre, zona cuya actividad económica principal es la pesca. En este caso la población de Guamache es una comunidad de pescadores que se sitúa a 40 minutos de Araya, capital del municipio Cruz Salmerón Acosta. Es una zona vulnerable, sus habitantes afrontan las consecuencias de las fallas de servicios públicos: falta de agua durante más de tres años, interrupciones continuos y prolongados de energía eléctrica, escasez o retraso en la distribución de gas doméstico, inexistencia de recolección de desechos y fallas constantes de telecomunicaciones.
A pesar de haber pequeñas bodegas y abastos, los principales ingresos familiares provienen de la pesca, permitiendo la ingesta del pescado como proteína principal durante los meses de productividad, ya que, hay meses donde los resultados no son favorables debido al ciclo natural de migración de las especies y las condiciones climáticas.
Durante la interacción comunitaria en Guamache, se ha notado que, la participación de la mujer en la actividad pesquera sigue siendo baja debido a los marcados roles de género que no dan cabida a más espacios. De acuerdo con la consulta realizada en abril de 2025, al Consejo del Poder Popular de Pescadores y Pescadoras, Acuicultores y Acuicultoras (Conppa) de la zona, de 1200 pescadores y pescadoras registradas ante este ente, apenas 18 son mujeres. De acuerdo con esta cifra, la participación femenina en el sector pesquero en esta comunidad oriental es de apenas el 1.5%.
La organización Igualdad de Género en el Mar (2020) señaló que “el sector pesquero es comúnmente considerado como un dominio masculino. Gran parte del trabajo relacionado con la pesca que realizan las mujeres se considera tradicionalmente una extensión del trabajo doméstico y, por lo tanto, está infravalorado en el sentido económico”.
De acuerdo con datos publicados en 2018 por la Organización Internacional del Trabajo, “El índice actual de participación de las mujeres en la población activa en el mundo se aproxima al 49%. En cambio, el de los hombres es del 75%. Por lo tanto, existe una diferencia de casi 26 puntos porcentuales y, en algunas regiones, la disparidad supera los 50 puntos porcentuales”. En tanto, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (2025), apunta que “por cada 100 hombres que participan en el mercado laboral, solo lo hacen 67 mujeres”.
Aunado a lo anterior, en la dinámica pesquera, es explicito el uso de un lenguaje sexista no sólo en la relación hombre-mujer, sino en la relación hombre-hombre, con expresiones como: “eres una mujercita”, “hembrita”, “mami”, u otras. Un ejemplo del caso de la Sra. Angelina Pérez, es una de las pocas mujeres que participa en faenas, pero para eso tiene un lenguaje verbal y corporal violento, alza la voz constantemente y confronta a los hombres para demostrar tanto poder como ellos, es así como una mujer logra tener incidencia en grupos de pescadores. Esto se observó durante la implementación del proyecto humanitario denominado “Atención multisectorial para el fortalecimiento de la resiliencia de las comunidades de los municipios Sucre y Cruz Salmerón Acosta del estado Sucre”, ejecutado por el Grupo Social Cesap y su asociada Centro de Desarrollo Integral Sucre, en el periodo marzo 2024- marzo 2025.
Entendiendo que, tradicionalmente la pesca ha sido vista como una actividad inherentemente masculina, por estar ligada a la fuerza física, la resistencia y la valentía para enfrentar los peligros del mar, en el ámbito pesquero se ha considerado que las mujeres no tienen las habilidades o características necesarias físicas y aptitudinales para afrontar estas situaciones. Por ello, a menudo, las mujeres se enfrentan a la expectativa de no poseer las cualidades «masculinas» necesarias para tener éxito en roles de pesca activa o de liderazgo, y deciden “masculinizarse” para ser aceptadas o no parecer “débiles”.
Para tener éxito en un campo dominado por hombres, las mujeres sienten la necesidad de demostrar su “valía y capacidad”, y en un proceso de adaptación al entorno, deciden mostrar una actitud fuerte y decidida que puede ser interpretada como «masculina» dentro de los estereotipos de género, llegando incluso a asumir vestimenta y lenguaje verbal y no verbal de “hombres”.
De acuerdo a la psicóloga Yonehira Contreras, quien ha participado en proyectos humanitarios en el estado Sucre en el área psicosocial, y quien fue consultada para esta propuesta, asegura que “las mujeres en la pesca, toman conductas y comportamientos considerados masculinos para poder llevar comida a sus casas”.
La especialista añade que la mujer busca ser percibida como un igual (hombre), es decir, una persona de “respeto, carácter y utilidad”, aunque su integridad se coloque en peligro, pero, además, la mujer “se desdibuja”, porque cambia su esencia y permite ataques a su autoestima por “encajar”. “Estos cambios conductuales y físicos responden a las necesidades económicas de la zona y falta de oportunidades laborales, pero, además, para evitar ser acosadas y sexualizadas por sus compañeros pescadores, es una defensa para preservar su vida”, enfatiza Contreras.
Estos roles y estereotipos de género se han transmitido de generación en generación como una herencia cultural que ha permeado la actividad económica nativa de esta población, generando relaciones de poder desiguales que han dado paso a la discriminación y distintos tipos de violencia, principalmente en contra de mujeres.
Lo anteriormente descrito, son elementos que son parte de la dinámica socio-cultural de comunidad pesquera de “Guamache”, en el municipio Cruz Salmerón Acosta del estado Sucre. Como se explicó arriba, la observación directa y la implementación de proyectos humanitarios en la zona ha permitido constatar las desigualdades en las relaciones y oportunidades entre hombres y mujeres en la faena pesquera como actividad económica principal, lo que lleva implícito uso de micromachismos, lenguaje verbal y no verbal ofensivo, división sexual del trabajo, entre otros hechos que dan cabida a formas de violencias basadas en el género.
Ahora bien, son conductas heredadas y asumidas por una generación tras otras, en efecto, normalizadas, sumado a que se trata de una población ubicada en un municipio en un contexto de vulnerabilidad, con marcadas brechas de acceso a servicios de información y de apoyo.
En atención a los planteamientos señalados, se formulan las siguientes interrogantes: ¿Será posible diseñar una campaña de sensibilización para la promoción de relaciones igualitarias y libre de violencia en los pescadores y pescadoras de la población de Guamache, municipio Cruz Salmerón Acosta del estado Sucre, 2025? ¿Cuáles son las estrategias formativas para los pescadores y pescadoras de la comunidad de Guamache para eliminar las desigualdades de género?

II. Diseño de Proyecto
Objetivo General:
Implementar una campaña comunitaria de sensibilización para la promoción de relaciones igualitarias y libre de violencia en los pescadores y pescadoras de la población de Guamache, municipio Cruz Salmerón Acosta del estado Sucre, 2025.
Objetivos Específicos:
- Analizar los patrones de conducta que han determinado el comportamiento de pescadoras y pescadores de Guamache.
- Determinar los espacios formativos que se adapten culturalmente para la reflexión de las normas sociales y culturales que perpetúan la desigualdad de género y la violencia en las relaciones cotidianas de la comunidad pesquera de Guamache.
- Mejorar el nivel de conocimiento y comprensión sobre los conceptos de igualdad de género, estereotipos y las diferentes manifestaciones de violencia de género entre los pescadores y pescadoras de Guamache, a partir de espacios educativos y encuentros de grupos comunitarios.
- Establecer los medios comunitarios de comunicación e información para la transmisión de mensajes clave sobre relaciones igualitarias entre mujeres y hombres dentro de la pesca en Guamache.
- Establecer una red comunitaria que fomente la prevención y mitigación de violencia basada en género.
| PRINCIPALES VIOLENCIAS QUE SUFRE LA MUJER PESCADORA | |||
| Tipo de violencia | Acciones o manifestaciones | Consecuencias en las mujeres | Consecuencias comunitarias |
|
Violencia Física |
Golpes, empujones, contacto agresivo. |
Lesiones corporales, dolor, miedo constante, ansiedad, estrés, aislamiento, no seguir participando en la actividad pesquera. | Normalización de la violencia como forma de relacionamiento y de resolución de conflictos. Aumento de la desconfianza interpersonal. Ruptura del tejido social. Ciclos intergeneracionales de
violencia. |
|
Violencia Psicológica/Emocional |
Amenazas, intimidación, manipulación emocional, humillación pública o privada. Desvalorización, insultos, gritos. |
Baja autoestima, depresión, ansiedad, estrés crónico.
Aislamiento social, pérdida de redes de apoyo. Dificultad para tomar decisiones. Pensamientos suicidas. |
Ambiente de miedo e inseguridad. Impacto negativo en el desarrollo comunitario (anulación del liderazgo femenino). Generación de un ciclo de silencio y revictimización. |
| Violación y abuso
sexual. Acoso sexual |
Embarazos no
deseados. |
Estigmatización de las
sobrevivientes. |
|
|
Violencia Sexual |
verbal o físico.
Tocamientos no deseados. Comentarios sexistas. Solicitud de favores sexuales. |
Infecciones de Transmisión Sexual. Trastorno de estrés
postraumático. Depresión, ataques de pánico. Rechazo y estigmatización social. Aislamiento. |
Aumento de ITS, embarazos adolescentes.
Deterioro de la seguridad comunitaria. Fomento de la impunidad y la cultura de la violación. |
|
Violencia Económica/Patrimonial |
Exclusión de actividad productiva e ingresos. Control parcial/total de los ingresos de la mujer. Privación de recursos económicos básicos. |
Dependencia económica del agresor.
Inseguridad alimentaria y de salud para sí misma y sus hijos. Dificultad para salir de la relación violenta. |
Mecanismos generalizados de afrontamiento negativo.
Empobrecimiento general de las familias. Mayor dependencia de ayudas externas. Desincentivo al emprendimiento femenino. |
|
Violencia Simbólica |
Uso de refranes, chistes o dichos populares que denigran a la mujer. Apodos o diminutivos que infantilizan o sexualizan a las mujeres. Comentarios sobre el cuerpo o la apariencia de las mujeres sin su consentimiento.
Barreras informales para la participación plena de las mujeres en reuniones, |
Interiorización de la propia inferioridad o de la culpa. Miedo a expresar opiniones o a tomar decisiones. Baja autoestima.
Sentimientos de vergüenza o inadecuación por no cumplir con estereotipos. Normalización de la agresión verbal o el control. Menor autonomía y |
Perpetuación de estereotipos de género restrictivos. Creación de un ambiente donde la violencia de género se minimiza o justifica. Limitación de la participación de las mujeres en espacios públicos. Generación de microagresiones y micromachismos. |
| asociaciones y
cooperativas de pescadores u otras esferas de decisión. |
capacidad de decisión sobre sus propias vidas. Mayor riesgo de aislamiento y dependencia.
Limitación del liderazgo femenino en la comunidad. |
La violencia basada en género tiene un impacto devastador en las mujeres pescadoras, ya que, limita su capacidad de tomar decisiones sobre su vida, su trabajo y sus recursos; genera estrés, ansiedad, depresión y otros problemas de salud mental debido al constante hostigamiento o la desvalorización; las mantiene en ciclos de pobreza y precariedad; las mujeres pueden retirarse de ciertas actividades o espacios para evitar la violencia, lo que debilita el desarrollo de la comunidad. Todo lo anterior, al tiempo que se siguen perpetuando patrones de desigualdad.
Marco Metodológico
La campaña está compuesta por dos grandes secciones: i) espacios formativos y de sensibilización, ii) difusión de mensajes clave en espacios comunitarios estratégicos.

Las formaciones y sensibilizaciones para pescadores, dadas sus características de horarios y experiencias de vida, deben ser altamente participativas y dinámicas. El objetivo no es «enseñar» en un sentido tradicional o magistral, sino facilitar un espacio donde puedan compartir, reflexionar y construir conocimiento colectivo. Se contemplan acá: Talleres, sociodramas, representaciones, experiencias vivenciales.
La implementación de este proyecto representa una clara oportunidad de sensibilización local en pro de la transformación social, equidad y desarrollo comunitario. Es claro que la violencia basada género es un fenómeno que representa un obstáculo para el desarrollo y evolución del tejido social.
En comunidades pesqueras como Guamache y otras tantas del municipio Cruz Salmerón Acosta, donde existen patrones culturales arraigados o dinámicas de poder tradicionales, es crucial fomentar y promover la educación y la reflexión colectiva para romper, o al menos mitigar, la transmisión intergeneracional de estereotipos y roles de género.
Además, la campaña ofrece a las mujeres, a reconocer las diferentes formas de violencia, incluso aquellas que están normalizadas en la comunidad, empoderamiento femenino y con ello aumento de autoestima, sororidad, confianza y aumento de autoestima. Esto además, abonaría al reconocimiento de las capacidades e incidencia de la mujer en la faena pesquera, y no seguir siendo invisibilizadas o relegadas.
Asimismo, se impulsarían oportunidades ciertas para que las mujeres participen activamente en espacios de toma de decisiones.
En cuanto a los hombres, generará la oportunidad de reflexionar sobre una masculinidad más sana y positiva, al tiempo que habrá un reconocimiento y respeto a los derechos de las mujeres, promoviendo una vida libre de violencia.
A nivel general, este proyecto busca generar cambios en las normas sociales que toleran o perpetúan la violencia en esta comunidad, por tanto, incidir en actitudes y comportamientos para promover relaciones más sanas y equitativas.
Finalmente, la pertinencia del proyecto no se limita a Guamache; su diseño participativo y adaptable lo convierte en un modelo viable y replicable en cualquier comunidad similar, tanto en su primera fase propuesta, como en mayor magnitud programática.
Bibliografía
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Aponte, E. (2010). Claves epistemológicas de la Ley Orgánica Sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia. En Compilación La Academia en sintonía de género…Una discusión impostergable. Universidad de Carabobo. APUC. Valencia- Venezuela.
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Briceño, L. (2021). El crecimiento del papel de la mujer en la pesca artesanal en el nororiente venezolano.
https://issuu.com/fundatun/docs/2021_12_rev_cofa/s/14423510
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Organización Internacional del Trabajo (OIT). (2018). La brecha de género en el empleo:
¿qué frena el avance de la mujer?. Disponible en: https://webapps.ilo.org/infostories/es-ES/Stories/Employment/barriers-women#intro
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Este trabajo fue presentado como requisito de aprobación del Diplomado: Perspectiva de Género y Prevención de la Violencia en Razón de Género 2025, organizado por la Universidad Católica Andrés Bello a través de la Cátedra Estudios de la Mujer Teresa de la Parra y Gender and Democracy.
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Johan Ramírez Véliz
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