Liderar sin pedir perdón: por qué las mujeres debemos dejar de suavizar nuestro poder.

Liderar sin pedir perdón: por qué las mujeres debemos dejar de suavizar nuestro poder.
diciembre 12, 2025 Susana Reina

He visto con frecuencia una escena muy reveladora en reuniones de trabajo, tanto presenciales como virtuales. Una mujer toma la palabra para compartir una idea brillante, pero antes de empezar dice: “Perdón, esto quizá suene tonto, pero…” o “No estoy segura, pero tal vez podríamos…”. Este tipo de introducción no es inocente. Es un reflejo de cómo, incluso en roles de liderazgo, muchas mujeres siguen sintiendo la necesidad de suavizar su poder, como si tuvieran que disculparse por tener voz, opinión o autoridad.

Este fenómeno tiene nombre y está bien documentado. La socióloga Deborah Tannen lo definió como parte del “doble vínculo” del liderazgo femenino: si una mujer se muestra segura y directa, puede ser percibida como mandona o agresiva; si es suave y conciliadora, se la considera débil o poco apta para liderar. Ante esta disyuntiva, muchas optan —consciente o inconscientemente— por moderarse, pedir disculpas innecesarias o hablar en diminutivos. Y con eso, sin quererlo, diluyen su impacto.

En mis cursos de Atrevidas, usualmente recojo el testimonio de mujeres líderes que sienten que deben mostrar un estilo de liderazgo menos asertivo para ser aceptadas en su entorno laboral. Este “autocontrol discursivo” no solo limita la expresión auténtica, sino que también influye en cómo las demás personas perciben la capacidad de liderazgo. Las palabras importan, y cómo las usamos, más aún. El hábito de pedir disculpas por opinar o corregir con excesiva diplomacia muchas veces reduce la fuerza de los mensajes, incluso cuando el contenido es sólido.

El problema no es la cortesía ni la empatía —valores que muchas mujeres integran naturalmente en su liderazgo—, sino la autocensura. Es muy distinto ser una líder empática a ser una líder que se disculpa constantemente por ejercer autoridad. La primera construye confianza, la segunda refuerza estereotipos que asocian liderazgo con masculinidad y firmeza con arrogancia. El desafío es romper con esa lógica sin caer en el extremo opuesto.

Un liderazgo femenino auténtico no debería tener que pedir permiso ni perdón para ser escuchado. La investigadora y autora Amy Cuddy, en su charla TED sobre el lenguaje corporal y el poder, habla de cómo muchas mujeres reducen su presencia física y verbal para “encajar”. Su mensaje es claro: “Fingir que no tienes poder no es humildad. Es negarte a ti misma.” Reconocer nuestra autoridad no nos hace menos accesibles, nos hace más honestas.

También es clave revisar cómo educamos y lideramos entre mujeres. ¿Estamos reforzando entre nosotras la idea de que ser firmes es ser “difíciles”? ¿Estamos pidiendo disculpas por decisiones necesarias, por decir que no, por poner límites? Cada vez que una líder se expresa con claridad, sin adornos ni disculpas, está modelando un nuevo estándar para las que vienen detrás. El poder también se enseña.

Liderar sin pedir perdón no significa dejar de ser respetuosas ni perder sensibilidad. Significa ocupar el lugar que hemos construido con trabajo, talento y visión. Significa hablar desde la convicción, no desde la duda. Significa también confiar en que nuestra voz no necesita ser validada para tener valor. Esa es una transformación silenciosa, pero radical.

En esta tarea de rediseñar y construir un nuevo liderazgo, vale preguntarse: ¿cuánto más podríamos lograr si dejáramos de suavizar nuestro poder? Tal vez el siguiente gran paso no sea escalar un nuevo puesto, sino simplemente decir lo que pensamos con fuerza, para que nuestra voz sea escuchada.

 

Las opiniones expresadas de los columnistas en los artículos son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no necesariamente reflejan los puntos de vista de Feminismoinc o de la editora.

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