Noviembre: el mes de “acordarse” que la violencia machista existe y causa mucho daño.

Noviembre: el mes de “acordarse” que la violencia machista existe y causa mucho daño.
noviembre 30, 2025 Ana Mary Risso

Llegó noviembre y muchas empresas se pintan de morado (o naranja que es el color de la ONU para la violencia contra la mujer), el resto del año se pintan de otros colores no tanto porque apoyen realmente esas causas sino porque es “políticamente correcto”, es “cool” o conviene desde el punto de vista de mercado. Las mujeres siempre hemos estado muy solas en nuestras luchas, realmente solo nos hemos tenido a algunas de nosotras mismas para exponer públicamente la discriminación y opresión que históricamente han sufrido las mujeres, porque la lucha ha sido contra la hegemonía masculina y contra esa parte no concienciada de las mujeres (que no han sido pocas) que como decía Simone de Beauvoir han sido cómplices de los opresores. Suena a discurso medio ñángara pero realmente ha sido así, una lucha de poder por existir y tener derecho a los mismos derechos porque somos tan seres humanas como los hombres.

Lo triste es que a pesar de todos los esfuerzos la situación de las mujeres en la sociedad sigue siendo de desventaja porque la opresión y discriminación continúan pero presentadas e impuestas de formas diferentes con los mismos resultados: no somos realmente libres porque el ejercicio de la rebeldía y la libertad tienen consecuencias que no enfrentan los hombres. Aún así, seguimos levantando nuestras voces, advirtiendo, oponiéndonos al abuso y afrontando las consecuencias de ser renegadas no solo por nosotras sino por las mujeres y niñas que vienen detrás, es una causa de vida que vale la pena. Gracias a las rebeldes sufragistas que inventaron la huelga de hambre, aprendieron a tirar piedras para romper ventanas y se enfrentaron a una sociedad muy cerrada como la de la época victoriana, así como las jóvenes de los 60 que con minifaldas y anticonceptivos exigieron su derecho a amar libremente, es que nosotras hoy disfrutamos de más libertad de la que ellas tuvieron.

Estos avances en los derechos de las mujeres siempre han tenido reacciones en contra según cada época histórica durante los últimos 400 años. En la actual tenemos unos desafíos que si realmente las mujeres comunes los detectaran conscientemente se aterrorizarían porque van contra nosotras a través de nuestros hijos: la infancia ahora es un “nicho de mercado sexual” inescrupuloso pero de eso hablaremos en otro momento… En esta oportunidad el tema será la forma de silenciar a las mujeres que hablan (porque no todas lo hacen, en Venezuela según estadísticas de la Dra. Zuleta del TSJ solo 1 o 2 de cada 10 mujeres que sufren violencia machista la denuncian) desde hace un tiempo apareció en redes una palabra no inocente: “victimización” y aparece junto con el fenómeno de la cancelación woke para referirse a una suerte de actitud lupitaferreriana (una actriz venezolana de los años 60 que vivía llorando a lágrima viva en todos sus personajes y eso la convirtió en meme para los que ya pintamos canas) cuando las mujeres (porque ese término existe para ridiculizar las quejas de las mujeres) hablan abiertamente de las experiencias de opresión, discriminación sexista o de violencia machista que han sufrido.

¿Por qué razón últimamente se acusa de “victimismo” el hablar para sacar a la luz problemas sociales que afectan a la población más vulnerable? (¿A quién/es conviene el silencio?) Considero que esto es una forma no tan sutil de censura e intento de cancelación. Es un “cállate” para que lo dejes hasta ahí y obligarte a cambiar de tema dejando el problema escondido bajo la alfombra y ¡cada quien con su vida!

¡Pues no! Hablar de las diferentes formas de discriminación y violencia machista que aún sufren las mujeres no es victimismo! Porque sacando el tema lo exponemos precisamente para que se tome conciencia de él y se actúe para cambiarlo. Se está tratando de visibilizarlo para desnaturalizarlo y des normalizarlo, ¡Lo que no se nombra, no existe! Y por muchos siglos las mujeres han estado ocultas, invisibilizadas, sometidas por reglas y convenciones sociales impuestas incluso a sangre (aún se practican los crímenes de “honor” entre la población musulmana) creadas por quienes han dominado el poder y el dinero en las sociedades: los hombres.

Cuando se acusa a las feministas y al feminismo de “victimistas” se ignora que las desigualdades y discriminación sexistas son estructurales, que esa “matrix” donde vivimos cotidianamente se organiza y funciona con unas desventajas injustas que han jugado en contra de las mujeres. ¿Es acaso necesario recordar tantas situaciones superadas escasamente hace 100 años de los 8.000 y más que tiene la humanidad que han representado dolor, sufrimiento, pobreza e incluso muerte de las mujeres que las padecieron? Situaciones que incluso hoy algunas prevalecen en algunos lugares del planeta que siguen bajo regímenes teocráticos o no democráticos.

El derecho a la educación, al voto, a administrar libremente su dinero sin requerir tutela de padres o esposos, el derecho a casarse con quien quisieran, a divorciarse, a trabajar remuneradamente fuera del hogar, a controlar su fertilidad sin ser penalizada por ello, a tener o no tener hijos, a usar pantalones o minifaldas, a tener sexo sin estar casadas, a abortar (aún pendiente en muchos países) y muchas situaciones más que limitaban la autonomía e independencia de las mujeres que se lograron reconocer como derechos porque muchas de ellas hablaron públicamente sobre esos temas en periódicos, revistas y panfletos reclamando el cambio cultural necesario porque afectaban negativamente la vida de todas las mujeres (no solo las vidas de las que protestaban).

Que algunas no lo consideraran valioso o necesario no les quita a estas demandas feministas su importancia. El feminismo es universalista, no se lucha solo por el interés individual o el de un grupo o “colectivo”, sino por el bienestar y la libertad de todas las mujeres como mitad de la humanidad que son, independiente de su edad, clase social o etnia, orientación sexual o creencia religiosa. Así que la única forma de resolver un problema es reconociéndolo y actuando en consecuencia para resolverlo, sin excusas ni justificaciones. El problema para las mujeres es que la otra mitad de la humanidad (ellos) no está dispuesta a ceder privilegios ni dejar de utilizar las diferentes formas de violencia machista para someter y aplacar la disidencia de las mujeres. Por eso las puntas de lanza siempre llevarán la peor parte, serán ridiculizadas, perseguidas, agredidas y silenciadas porque al sistema no le conviene tener gente exponiendo y reclamando contra sus formas de discriminar y someter.

Las formas de silenciar a las mujeres que hablan son diversas, desde la cayapa virtual que como motorizados de autopista le hacen a la que ose publicar cosas que les molesten o descubran (como la hormonación y mutilación de adolescentes), buscar formas para que las cuentas de feministas sufran “shadowban” que es una restricción de la visibilidad de las publicaciones, es equivalente a dejarte hablando sola y muchas veces ni te enteras que eres víctima de eso porque sigues publicando pero cada vez disminuyen las interacciones, pierdes seguidores con lo cual se reduce el alcance, algo que plataformas como Facebook, Instagram y X cabronean porque ¡qué casualidad! son los temas que afectan a las mujeres y la infancia los que censuran o limitan pero a los pedófilos los dejan vivir tranquilos y felices con sus chat de 39.000 usuarios compartiendo material pornográfico!!

El mansplaining, ¡Sí! Esos “caballeros” que no saben de la O ni por lo redondo pero van a las cuentas de feministas en redes sociales o incluso lo hacen de forma presencial en foros/conferencias para “explicar” condescendientemente sobre temas donde ellas son las expertas!! El acoso digital abierto y el velado, ese tipo que se mantiene oculto como el meme de Juan Gabriel detrás de la mata de coco (el cantante mexicano) pillando cada cosa que publicas para retarte y descalificar todo lo que digas porque por supuesto, ¡eres mujer y no sabes de lo que hablas!

Los tipos que no soportan que una mujer hable y defienda los derechos de las mujeres a espacios segregados por sexo, a que expongan los problemas que afectan a las mujeres paradas en la esquina de una plaza, los que exigen ser incluidos en aplicaciones de citas de lesbianas porque ellos se sienten mujeres, las que pierden sus empleos o son amonestadas por simplemente defender el sentido común y la lógica: el sexo es binario e inmutable y muchas situaciones por el estilo donde las mujeres han sido perseguidas y sancionadas teniendo que defenderse incluso en tribunales (con el costo económico que eso implica). Por la razón que sea, las mujeres siempre son silenciadas por molestas, inoportunas, exageradas porque sus señalamientos, ese dedo que indica donde mirar para advertir la discriminación u opresión disfrazada de cotidianeidad y normalidad es la mosca en la pared, y ahora con esto de la “victimización” nos están diciendo “dramáticas”, ridículas, dejen el fastidio, no es para tanto, deja de quejarte y “actúa”!!

¿CÓÓÓÓMO? ¿Dejar de “quejarnos” y “actuar” de qué manera para “resolver”, si eso no depende de la voluntad o la agencia de las propias mujeres? Es como decirle a los esclavos que sean libres sin considerar que existe un sistema que les impone esa situación. ¿O acaso la brecha salarial la pueden eliminar las mujeres con su simple voluntad?, ¿Las mujeres pueden acabar con la negligencia de los sistemas de justicia que en muchos países no las protegen de las violencias machistas y los feminicidios?, ¿Cómo hacemos las mujeres para cambiar la cultura machista de no compartir responsabilidades parentales en la familia y con los hijos? O ¿Cómo hacemos las mujeres para que los hombres entiendan que ser padres es mucho más que aportar dinero a la casa o aparecerse cada 15 días esperando que el niñito esté bien vestido y comido para que él lo pasee un rato?

Quienes hablan de “victimización” de las mujeres poniendo cara de asco son personas que prefieren no ver la realidad (por la razón que sea), semejante a tener un tremendo barro en la punta de la nariz pero prefieren cerrar los ojos para no verlo fingiendo que no existe. Obviamente el silencio de las mujeres les conviene a quienes sacan provecho de él manteniendo el estatus quo, pero calladitas no nos vemos más bonitas y nuestros derechos vienen en franca involución en muchos países por culpa de unos señoros que defienden el desmontaje de los sistemas de protección y avances para las mujeres como las cuotas, los espacios segregados por sexo y las leyes que protegen a las mujeres de las violencias machistas.

Las feministas exigimos un cambio cultural que requiere voluntad política y apoyo económico de gobierno y empresas para que efectivamente ocurra. No es pintarse de morado y olvidarse de implementar políticas de paridad en sus organizaciones, no es pagar un refrigerio o el alquiler de una sala para “sponsorizar” un foro sobre el 25 de noviembre para decir que “apoyas” la causa y rechazas la violencia contra las mujeres. No es hacer leyes que luego no se implementan porque no se pensó en la estructura gubernamental y recursos que requiere su implementación.

Las feministas exigimos hechos y por eso siempre evidenciaremos los problemas de las mujeres y la hipocresía de muchas organizaciones públicas y privadas. Seguiremos siendo las “brujas” incómodas y continuaremos pisando callos machistas avanzando poco a poco con el genuino deseo de dejarles a las mujeres y niñas que vienen detrás un mundo donde puedan ser mujeres y no sufrir consecuencias negativas por serlo.

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Foto: https://continuemosestudiando.abc.gob.ar/

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