Por María Virginia Rodríguez Cubillán.
En el imaginario colectivo existe la creencia de que el amor es aquello que nos permite conectar de manera emotiva y personal. Le da estructura al tipo de relación entre las personas en la medida que se comparten creencias, valores y experiencias que son comunes y nos relaciona con nuestra manera de ser y estar en el mundo. Es un tema que nos atraviesa a todas y todos, puesto que en algún momento de nuestras vidas nos encuentra y se queda acompañándonos.
Si le atribuimos el protagonismo de orientar nuestros sentimientos, deseos y comportamientos el amor se transforma en la razón de ser, en identidad. Es así como en cierta medida la noción de no establecer vínculos puede provocar angustia y miedo como lo expresa Fromm (2000): “Estar separados signifique estar desvalido, ser incapaz de aferrar al mundo -las cosas y las personas- “ (Fromm, 2000, p.6)
En cada época histórica se ha construido un modelo de sistema para las relaciones íntimas en el cual el discurso amoroso ha jugado un papel fundamental en la comunicación interpersonal. En nuestra cultura occidental en el siglo XIX con la consolidación de la sociedad burguesa el amor se alimentó en un discurso asentado en el amor romántico que elogiaba las relaciones virtuosas entre los hombres y las mujeres a través del amor conyugal, por lo que el matrimonio constituyó el primer paso para fundamentar la familia y, es en esa relación amor-matrimonio que se funda la ilusión del amor romántico.
Elegir al compañero de la vida, el padre de los hijos e hijas era trascendente convirtiéndose en el centro de todas las actividades de la vida de las mujeres. Se reforzó el ideal femenino de la mujer como responsable del hogar, de practicar virtudes como la abnegación y la sumisión.
La maternidad era reivindicada como la función femenina por excelencia, pero dejando absolutamente claro que el acto reproductivo nada tenía que ver con el disfrute de la sexualidad. Así entonces, la importancia del amor le dio forma a la construcción de la identidad femenina.
En palabras de Lagarde (2005): El amor burgués inventó a las madresposas (…) mujeres especializadas en ser madres y ser esposas, mujer cuyo sentido central en la vida es encontrar un buen hombre o malo (…) para hacer la vida con él, y para tener hijos con él, y para hacer una familia con él. Son tres los mandatos de las madresposas: ligarte sexo-afectivamente con un hombre, realizar la maternidad y fundar una familia.
En la modernidad las madresposas ya hacen también otras cosas, pero esas otras cosas que hacen son de pegoste, no son lo vital para ellas. Lo vital para su identidad femenina son estos tres mandatos. (p. 401-402)
De esta manera, en nuestra cultura occidental el modelo amoroso se sustenta en un amor que se construye a partir de una socialización diferencial de los roles de lo femenino y lo masculino que se han ido definiendo, comenzando por las familias, continuando por el sistema educativo, los medios de comunicación, la religión y la sociedad en general. A partir de esa diferenciación para las mujeres el hecho de tener una pareja es una necesidad y, además idealizada porque representa un amor pleno, es decir lo romántico. Según Sampedro (2008), este ideal de relación amorosa posee estos elementos:
Algunos elementos son prototípicos: inicio súbito (amor a primera vista), sacrificio por el otro, pruebas de amor, fusión con el otro, olvido de la propia vida, expectativas mágicas, como la de encontrar un ser absolutamente complementario (la media naranja), vivir en una simbiosis que se establece cuando los individuos se comportan como si de verdad tuviesen necesidad uno del otro para respirar y moverse, formando así, entre ambos, un todo indisoluble. (p.4)
En este contexto que el amor está por encima de todo lo demás, la pareja es para siempre pase lo que pase así esta relación no sea respetuosa ni igualitaria. Muchas mujeres soportan en nombre del amor la humillación, sufrimiento, perdonar lo imperdonable, tener hijos o hijas que no sean planificados todo por no perder aquello en que fundamentó su vida.
Justificación
Ese ideal romántico que ha marcado la vida de las mujeres definido como una entrega total, renuncia personal, dependencia y subordinación a las necesidades de los otros y las otras es en la pareja donde atribuimos el poder de generarnos felicidad y es por esto que las mujeres son capaces de aceptar hasta relaciones violentas. Tal como lo plantea Pisano (2004): “Este mundo social está pensado y sostenido en lo parejil –marital-, por lo tanto, un ser solo, sin pareja establecida, empieza a ser un apartado. Así, el amor viene malnacido y en estas condiciones es el lugar de la violencia física, intelectual y psicológica.” (p.95).
Precisamente, esta internalización del ideal del amor romántico se convierte en un terreno fértil donde la violencia infligida por la pareja encuentra justificación. Tal como lo define la Organización Mundial de la Salud (OMS) como: “Cualquier comportamiento, dentro de una relación íntima, que cause o pueda causar daño físico, psíquico o sexual a los miembros de la relación.” (OMS, 2013, p.1). Dentro de este tipo de violencia se encuentran las agresiones físicas, violencia sexual, maltrato emocional y los comportamientos controladores y dominantes. En la mayoría de casos llega a ser una combinación de una o más formas de violencia.
Igualmente, en el año 2021 la Organización Mundial de la Salud (OMS) informa que cerca de 736 millones de mujeres, es decir, una de cada tres sufre violencia física o sexual infligida por su pareja o por terceros. Aseverando que esta es la forma de violencia más frecuente que sufren las mujeres. Obtenida desde: https://iris.who.int/bitstream/handle/10665/98816/WHO_RHR_12.36_spa.pdf?sequence=1.
En Venezuela citando datos de Utopix Organización No Gubernamental que lleva un observatorio de los femicidios en el país se contabiliza 1 feminicidio cada 73 horas y 1 feminicidio en grado de frustración cada 45 horas para el año 2025. Según datos de la misma investigación en el mes de febrero fueron registrados en medios digitales 12 feminicidios, de los cuales 4 fueron perpetuados por la pareja íntima.
En el marco del Objetivo de Desarrollo Sostenible número 5 específico para la igualdad de género tomando la alarmante cifra publicada en el portal las Naciones Unidas que sustenta la gravedad del problema: “El 35 % de las mujeres entre 15 y 49 años habían sido víctimas de violencia física o sexual por parte de su pareja o por una persona que no era su pareja.” Se pretende obtener visiones a la siguiente interrogante: ¿Qué tan internalizados y normalizados se encuentran los mitos del amor romántico en mujeres entre los 25 y 30 años que impide la identificación efectiva de comportamientos violentos en relaciones de pareja? Estudio a realizar en el municipio Sucre, parroquia Leoncio Martínez, de la ciudad de Caracas en diez mujeres entre los 25 y 30 años.
En consecuencia, con la información y datos obtenidos sobre la problemática se apunta a dar cuenta de cómo el amor romántico, con sus mitos y expectativas de fusión y sacrificio unilateral, puede actuar como un marco cultural que legitima la dominación masculina y la subordinación femenina.
Al analizar estos elementos, se busca comprender cómo este modelo, lejos de ser un ideal positivo, puede contribuir a perpetuar ciclos de desigualdad y violencia en las relaciones afectivas contemporáneas.
Objetivo general: Sensibilizar a mujeres en la identificación de comportamientos violentos normalizados bajo la idealización del «amor romántico” haciendo uso de un cuestionario como recurso pedagógico con el propósito de prevenir vínculos afectivos abusivos.
Objetivos específicos:
- Diseñar un cuestionario con preguntas reflexivas orientadas a identificar creencias, actitudes y comportamientos abusivos normalizados bajo el modelo del amor romántico.
- Aplicar el cuestionario a un grupo de mujeres de entre 25 y 30 años con el propósito de incentivar el análisis crítico sobre las formas de violencia presentes en sus propias experiencias e ideales afectivos.
- Socializar los resultados del cuestionario en un espacio de diálogo y reflexión colaborativo (grupo focal), que permita de manera participativa interpretar los resultados obtenidos y construir conclusiones sobre la relación existente entre los mitos del amor romántico y el papel que juega en la normalización de conductas violentas en relaciones de pareja.
- Desarrollar un taller de capacitación dirigido a líderesas y líderes comunitarios orientado a sensibilizar en temas en torno al amor romántico, sus mitos e importancia de la identificación temprana de comportamientos violentos haciendo uso del cuestionario como herramienta educativa para su réplica a diversos grupos de mujeres en la comunidad.
Marco teórico y conceptual
La construcción social del amor y el patriarcado.
Entendiendo las construcciones sociales a partir de la división sexual entre hombres y mujeres como principal característica se encuentra la estructura de relaciones de poder donde impera el dominio del sexo masculino. A lo largo del proceso de construcción y establecimiento de modelos culturales, las mujeres han carecido de posibilidades de dominar, pertenecer, tomar decisiones; mientras que el hombre se ha encargado de establecer las normas que regirían el comportamiento según esta división biológica donde su papel es protagónico en el ejercicio de la fuerza, dominación y espacio púbico.
La permanencia de esta asimetría de poderes encuentra sustento en la instauración del sistema patriarcal. Estructura material y simbólica para la cual esta desigualdad encuentra justificación en la “naturaleza humana” en base a que los patrones de comportamientos sociales parten del inicio de los tiempos donde el hombre se encargaba de las labores públicas y la mujer al sometimiento y reproducción.
Como deja saber Fonseca (2019) en su estudio sobre los mecanismos que contribuyen a la construcción del amor romántico evidencia que el amor romántico, tal como lo conocemos, opera dentro del sistema patriarcal, ofreciendo la ilusión de una elección libre. Aunque se nos permite escoger quien será nuestra pareja sin presiones aparentes, sin la pretensión de estatus o la necesidad de asegurar algún tipo de bien, en realidad esta elección en ocasiones nos encadena a través de ideales preconcebidos. Nos seduce con la promesa de un amor perfecto, dictando los parámetros de una pareja ideal y moldeando nuestras decisiones para que se ajusten a modelos ya establecidos y socialmente aceptados.
Dicha asimetría, por si fuera poco, se encuentra respaldada por elementos de índole religiosa, en tanto que, a la mujer se le ha otorgado por designio divino una función biológica distinta a la del hombre, teniendo como consecuencia, una legítima división sexual del trabajo, todos estos elementos resultan en la asignación de la labor de crianza y la maternidad en la mujer, justificando que son tareas indispensables para el desarrollo y se transforman en el objetivo de vida de las mujeres. (Fonseca, 2019).
La cultura occidental valiéndose de estos factores socializadores como la familia, medios de comunicación, religión, educación se ha encargado de reproducir masivamente un modelo de amor que se cree como experiencia individual, pero es moldeada por el sistema social donde se experimenta, por esto, no es lo mismo amar en Venezuela a amar en la China ya que la idea de amor está cargada de normas, tabúes y costumbres propias de cada cultura y así mismo codifica la estructura de las relaciones de pareja.
Por su parte, Herrera (2013) en su análisis sobre la construcción cultural del amor romántico constata como el amor romántico resulta ser esa idealización de la realización total, felicidad plena y a lo que se debe aspirar cargado de prácticas que empiezan desde muy temprano a estructurarnos en el cómo relacionarnos, volcarnos hacía una solo persona bajo la promesa de fidelidad total, a reprimir en el caso de las mujeres nuestra sexualidad estando esta a disposición única y exclusiva de la pareja. Es a través de esta ficción disfrazada de ilusión que reproducimos los patrones establecidos de masculinidad y feminidad que nos van insertando en lo socialmente aceptado y orillándonos a encontrar ese “amor perfecto”.
El mito del amor romántico.
El amor en Occidente ha tenido sus momentos históricos de evolución del concepto, así como su manera de vivirlo. Iniciando como esencia un amor erótico y sexual, pasando al amor cortés donde la mujer debía ser aquello de prestar devoción, estereotipada como débil que debía esperar pacientemente a ser conquistada y contemplada cual premio significando estatus político, económico y social.
El concepto de amor romántico, tal como lo conocemos hoy en día nace a partir del siglo XVIII es en este momento cuando el amor se le otorga la figura de un amor conyugal. Es en este siglo cuando el amor y matrimonio se fusionan de manera tal que parecen uno solo, una unión indisoluble. Basado en esta relación amor = matrimonio se pretendía mantener el “orden de las cosas” delimitando y reforzando los roles de género dentro de la pareja.
Ferrer (2025) lo describe como: El mandato de género femenino tradicional, que ha venido siendo impuesto a las mujeres, determina que el amor es espera, pasividad, subordinación, sumisión, cuidado y renuncia, y constituye el eje vertebrador central y prioritario en torno al cual se espera que las mujeres desarrollen su proyecto vital, desempeñando los roles de esposa/compañera/pareja y madre, en los que el amor y el amor romántico son clave. (p.3)
El rol de los hombres dentro de este modelo se ejerce desde el más claro nivel superior de poder. El hombre anula su relación con lo sentimental y el cuidado en la relación, mientras que el control, los celos, amenaza, abandono familiar, control físico y la violencia le corresponden.
Es en este contexto donde se reproducen acciones de dominio, control y violencia sin ser cuestionadas, más bien siendo normalizadas y justificadas como muestras de amor.
Según el Modelo Piramidal creado por Ferrer y Bosch (2018) como herramienta explicativa de la violencia contra las mujeres logran identificar cinco etapas que conducen a la violencia siendo el tercer escalón las expectativas de control.
Según las autoras en este escalón los hombres que internalizan y no cuestionan la ideología de género tradicional y los mandatos de género asociados a las masculinidades hegemónicas en sociedades patriarcales, a menudo desarrollan una percepción de derechos inherentes sobre las mujeres. Esta creencia se traduce en expectativas de control sobre sus vidas, cuerpos, sexualidad, relaciones y autonomía económica, esperando que las mujeres (y sus parejas en particular) se sometan a su voluntad.
Debido a la socialización que las mujeres han experimentado, donde se las ha inculcado la sumisión y obediencia, este tipo de comportamientos no se logran catalogar como algo negativo. Además, al tener asumidos ciertos comportamientos como la paciencia, la constancia y el sacrificio, pueden llegar a pensar que deben aguantar estas situaciones, no renunciar al amor, e incluso que esa idea de llegar a cambiar a su agresor.
(Torrico, 2022, citando a García et al., 2019) en su estudio en cómo el amor romántico significa un peligro para las mujeres:
Mientras se continúe reproduciendo estos mitos promovidos por la sociedad, las relaciones de pareja y los vínculos afectivos se mantendrán como hasta ahora y seguirán perpetuándose y conduciendo a la Violencia contra la Mujer, es por eso que existe la necesidad de comprenderlos, para así posteriormente poder transformarlos en pro de todas y todos.
Idealizado, anhelado, pero cargado de mitos y expectativas irreales es así como la instauración de este modelo de amor dificulta el identificar conductas abusivas por parte de la pareja.
Metodología
Para el diseño y aplicación del cuestionario se hará uso de herramientas digitales para facilitar la recolección de información de manera eficiente y de fácil acceso para las participantes.
Diseño y Elaboración del cuestionario
El cuestionario se creará utilizando la plataforma Google Forms. Este constará de un total de 20 afirmaciones de selección múltiple, con un tiempo estimado de 5 a 10 minutos para ser completado, aunque cada participante puede tomarse el tiempo que necesite.
La técnica de medición de las respuestas será bajo la escala de Likert: Totalmente de acuerdo, de acuerdo, ni de acuerdo ni desacuerdo, en desacuerdo y totalmente en desacuerdo.
El cuestionario asegura la anonimidad de la participante en todo momento al no solicitar datos personales que logren identificarla.
Aplicación y Recolección de Datos
Para la prueba piloto, fue creado un grupo de WhatsApp que comparte el mismo nombre que el cuestionario “Lo que creo del amor” con el fin de difundir y recolectar los cuestionarios. Este grupo lo conforman únicamente las diez mujeres seleccionadas para participar en el proyecto.
Previo a su incorporación en el grupo WhatsApp, se envió un mensaje individual a cada una de ellas solicitando su aceptación en participar del cuestionario, explicando la idea central del proyecto, pero sin dar mayor detalle evitando la predisposición al momento de responder.
La razón principal de la selección de WhatsApp como mecanismo para la difusión del cuestionario se debe a su accesibilidad y flexibilidad. Este medio permite a las participantes completar el cuestionario de forma remota, en el momento que les sea más conveniente y sin costos de movilidad.
Sesión de Grupo Focal para la Discusión de Resultados
Una vez completada la fase de recolección de datos, se procederá a un análisis inicial de los resultados obtenidos a partir de los cuestionarios, lo que permitirá tener una comprensión preliminar de las respuestas de las participantes. Posteriormente, se organizará un grupo focal donde, partiendo de este análisis inicial, todas las participantes podrán debatir, compartir sus experiencias y construir juntas sus propias conclusiones y reflexiones. Este espacio colaborativo es crucial para profundizar en los hallazgos y asegurar que la interpretación final refleje las distintas perspectivas de las mujeres.
Fue seleccionada la técnica de grupo focal por ser considerada como un espacio participativo y dinámico diseñado para fomentar el intercambio de ideas y experiencias, así como propiciar el debate constructivo en torno a las preguntas abordadas en el cuestionario. Se asegurará un ambiente de respeto y comprensión, facilitando que cada participante pueda expresar sus puntos de vista libremente.
Formación de lideresas y líderes comunitarios
La comunidad es, en esencia, el espacio donde se moldean nuestras normas, valores y comportamientos. Posee la facultad de transformar realidades o, por el contrario, perpetuar factores de riesgo. Especialmente en lo que respecta a la violencia basada en género, la comunidad es esencial entendiendo que las raíces del problema radican en los patrones que se reproducen por creencia y tradición según la cultura que se comparta.
Una manera de incidir con un alto nivel de impacto es la formación de líderes y lideresas comunitarias considerando estos actores por su influencia en sus contextos y realidades. Capacitarlas y capacitarlos en temas como los mitos del amor romántico, relaciones de pareja sanas, desigualdad de poder, violencia basada en género, los tipos de violencia, medios de vida y ruta de derivación en casos de VBG permite que se fomenten espacios seguros para el diálogo, acompañamiento y réplica de información de valor contribuyendo a la sensibilización de más mujeres.
Recursos necesarios
Recurso humano: fueron seleccionadas 10 mujeres entre los 25 y 30 años, residentes del municipio Sucre, parroquia Leoncio Martínez, allegadas a mi circulo personal con el fin de poder tener una visión más cercana a esta prueba piloto y evaluar los puntos a mejorar con una retroalimentación más directa.
Las participantes son profesionales universitarias en carrera como: derecho, contaduría, medicina, administración, odontología, entre otras, activas en el mercado laboral, practicantes y no practicantes de alguna religión.
Al trabajar con un grupo que comparte similitudes como las antes descritas, el estudio busca identificar si, a pesar de estas marcadas semejanzas, existen diferencias significativas en las perspectivas o experiencias relacionadas al amor romántico.
En el análisis inicial de la herramienta obtuvimos los primeros resultados que revelan patrones interesantes en la percepción de las participantes sobre los mitos del amor romántico.
En la dimensión relacionada con la idealización del amor (dimensión 1), las opiniones de las participantes mostraron una división notoria entre «desacuerdo» y «ni de acuerdo ni en desacuerdo». Esto nos lleva a inferir que la creencia en un «amor verdadero» podría persistir, pero sin llegar a la noción extrema de que «el amor todo lo puede» o justifica cualquier circunstancia. Este matiz podría ser una apertura a una comprensión más equilibrada de las relaciones.
Por otro lado, la dimensión sobre celos y control arrojó una clara tendencia hacia el «totalmente en desacuerdo». Este hallazgo es un indicador sólido de la conciencia de las participantes de que la idea posesiva de ser «sólo de una persona» y las conductas de control que de ella se derivan no son aceptables. Este rechazo frontal a los celos y el control como expresiones de amor es un paso fundamental hacia la desnormalización de la violencia en las relaciones.
Esta marcada tendencia al desacuerdo se mantuvo en la Dimensión 3, referente a los roles tradicionales asociados a la mujer en las relaciones de pareja. Observamos que la sumisión y la dedicación a procurar el bienestar de la pareja por encima del propio no son visualizados como un patrón a seguir. Esto subraya una desvinculación progresiva de roles de género restrictivos, fomentando dinámicas más equitativas.
Mientras que, la última dimensión presentó respuestas más variadas, a diferencia de las tendencias claras en las dimensiones anteriores. La creencia en el «poder del amor» aún resuena, sugiriendo que las mujeres podrían seguir construyendo planes de vida en torno al amor. Esto plantea la posibilidad de que, bajo esta concepción romántica, se perpetúen ciertas conductas que, aunque no se asocien directamente con la violencia o afectaciones a la autoestima femenina a primera vista, podrían promover relaciones desiguales o de riesgo.
La prueba piloto permitió identificar que sería ideal poder aplicar un pre-test a las participantes con la finalidad conocer qué tanto conocimiento se tienen de los conceptos básicos como el amor romántico y roles de género. Esto permitiría tener una idea sobre las creencias preconcebidas de la participante, principalmente si conoce la definición de “amor romántico” o si este, más bien, se confunde con un amor que tiene por muestras de cariño acciones y gestos considerados románticos, pudiendo evaluar así en contraste al post-test y grupo focal.
Bibliografía básica
- Ferrer, V. (2025): Amor Romántico y Violencia Contra las Mujeres en la Pareja: Mitos y Realidades.
- Lagarde, M. (2005). Claves feministas para mis socias de la vida. Horas y Horas
- Herrera, C (03 de julio 2013). La construcción cultural del amor romántico.
- Pisano, M. (2004). Julia, quiero que seas feliz.
- No lo incluí en mis bibliografías,pero es parte de mis referencias: Beauvoir, S (1949) : El segundo sexo.
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Este trabajo fue presentado como requisito de aprobación del Diplomado: Perspectiva de Género y Prevención de la Violencia en Razón de Género 2025, organizado por la Universidad Católica Andrés Bello a través de la Cátedra Estudios de la Mujer Teresa de la Parra y Gender and Democracy.
El proyecto tiene ya establecidos
- Marco teórico conceptual completo
- Indicadores de impacto
- Cronograma de ejecución
- Estrategias de sostenibilidad
- Estrategias de escalabilidad
- Estimación de costos
Si te interesa sumarte o copatrocinar su ejecución contacta a su autora MARIA VIRGINIA RODRÍGUEZ CUBILLÁN
