Hace pocos días se conoció en redes sociales sobre la relación amorosa entre el actor inglés Liam Nelson (73 años) y la norteamericana ex sexy simbol de un famoso programa (Bay Wacht) de finales de los 80 Pamela Anderson (58 años). Hago la precisión de sus nacionalidades porque las industrias del cine se rigen en ambos países por valores estéticos diferentes. Afortunadamente para el Reino Unido ser actriz/actor es un trabajo como cualquier otro y por eso vemos en las series de la BBC personajes naturales con dientes torcidos, arrugas, canas, barriga, etc. Es decir, vemos aún gente natural, a diferencia de Hollywood que desde hace mucho tiempo es pura silicona, botox y actores/actrices que parecen Barbie/Ken aún en la vejez…
Me encanta verlos felices disfrutando de estar enamorados, es lo que dicen artículos de la prensa “especializada” como People que afirma que es un amor real y no la publicidad de una película. En todo caso sirva éste ejemplo para tratar un tema que desde hace pocos años ha ganado mucha visibilidad ¿Se acuerdan de Gianluca Vacchi, el millonario italiano que salió bailando “La mordidita” de Ricky Martin en el 2016 en un yate junto con su jovencísima (y actual ex) novia? Es un tema viejo (la gran diferencia de edad entre la pareja) pero presentado y remasterizado glamorosamente como nuevo: los hombres que tienen como pareja a una mujer con la mitad de sus años.
La relación de pareja aún sigue siendo (en pleno siglo XXI) jerárquica por el machismo estructural, solo por ser hombre los hombres se consideran los “jefes de hogar” (y expertos sexuales, ¡No se nos olvide!), la idea de una relación paritaria proviene de las mujeres y bastante que ha costado que la consideren como lo correcto, sin embargo, como las cabras siempre tiran para el monte, esa paridad que debería ser deseada y practicada por hombres y mujeres, en la vida íntima y cotidiana de muchas parejas es una continua lucha de poder, por eso la gran diferencia etaria en una pareja siempre será desventaja para las mujeres porque serán pensadas como “jóvenes”, “inmaduras”, siempre “menores de edad” frente la sabiduría de los años que tienen los señores.
Para el ojo observador de investigadora, se aprecia tanto en las redes sociales como en la llamada “prensa rosa” un movimiento que promueve emparejamientos “desiguales”, la comunidad del abecedario infinito quiere despenalizar la pedofilia, la española Irene Montero habla abiertamente de relaciones sexuales entre adultos y niños (existen audios con sus declaraciones), no se rechaza contundentemente los matrimonios infantiles de algunos países y grupos religiosos con la justificación de las “diferencias culturales que hay que respetar” y se normaliza las relaciones de pareja donde la diferencia de edad incluso supera 30 años o más.
¿Qué busca un hombre supuestamente “maduro” en una mujer que por su edad puede ser su hija? No tienen un contexto vital compartido, las expectativas de vida de alguien veinteañero son muy diferentes a las de un hombre de 40 años y más por muy buena salud que tenga o “esté en forma” según los estándar actuales de “belleza” masculina (empulpados y con músculos como si les fueran a explotar); además, a quienes se les cae el “ánimo” es a ellos problema que no tienen las mujeres porque el clítoris como único órgano del cuerpo humano cuya exclusiva función es el placer sexual de su dueña funciona excelentemente hasta el último día de la vida sin medicamentos ni cosas raras (el problema es que usualmente ellos no saben cómo “tañerlo”, es un arte, como la música…), y aquí pensando ¿Todos los hombres independientemente de su aspecto físico (y la fortaleza de sus bolsillos) pueden aspirar a tener una pareja en su madurez con una joven de la mitad de sus años? ¿Qué es lo realmente atrayente de éste tipo de hombres? Me gustaría saberlo para entender algunas cosas…
Hace unos años (2 décadas, ¡ni pensaba titularme en derechos de la mujer!) empecé a “apreciar” en mi propio entorno familiar el fenómeno que denominé “papá viejos”, hombres con más de 50 años, con hijos adultos que se emparejaban con mujeres muy jóvenes y comenzaban a esa edad una nueva familia. Me resultaba curioso porque entendía la creación de una nueva relación de pareja cuando obviamente el amor por la primera ya había pasado a mejor vida, me parecía (y aún parece) absurdo e incluso una irresponsabilidad con esos “hijos de la vejez” traer al mundo bebés cuando ya por ley de vida no tienes las mismas fuerzas para cuidar (y mantener económicamente) porque es necesario admitir y desromantizar: la materno/paternidad si tienen edad. ¿Traer al mundo a un ser humano para criarlo durante tu senectud? No me parece… ¿Por sentirte “otra vez” joven?
Actualmente se está viendo (sin ningún tipo de pudor) hombres sexagenarios con parejas que escasamente llegan a 30 años de edad, se les ve como si mostraran un premio, las exhiben como un trofeo, como la evidencia de que aún tienen vigor sexual y pueden satisfacer a esa mujer que pudo elegir a uno más joven. Algo que aprecio en común entre ellos es que tienen dinero (o simulan tenerlo, conozco algunos “casos”) para un modo de vida “acomodado” cuando no son francamente ricos. Sin pretender entrar a juzgar algo fuera de la posibilidad de comprobación ¿ellos realmente creen que ellas están en esa relación por afecto (no hablo de amor)? ¿Ellos lo saben pero solo les interesa “disfrutar el momento” el tiempo que dure?
Obviamente ¡cada quien hace de su vida un sayo y se lo pone! Pero ¿acaso esas relaciones desiguales no afectan a terceros en este caso, posibles hijos de esa unión? Hasta en el tema del emparejamiento incide la socialización sexista que hace que mujeres y hombres procedan por motivaciones distintas. Salvo Briggitte Macron a quien considero una verdadera asalta cunas según lo que cuentan del caso, indigna de emular porque una adulta de 40 años no tiene NADA que buscar en un adolescente de 15 o 16 años (lo mismo pienso si fuera al contrario) las mujeres no acostumbran a establecer relaciones amorosas con semejante diferencia de edad.
Las mujeres suelen buscar compañeros de edad semejante o ligeramente diferente por arriba (para muchas tener de pareja un hombre varios años menor que ellas representa un conflicto emocional), por eso la pareja Nelson/Anderson a pesar de los 15 años de diferencia me parece encantadora. Dos personas maduras en su última etapa de vida, ambos sexagenarios, que se eligieron mutuamente más allá del atractivo físico que aún posean y que siendo ambos artistas de cine lo publiquen para evitar especulaciones que afecten negativamente su relación, sabia decisión porque han trascurrido unas pocas semanas y ya no son tema de discusión.
Ella fue famosa por su cuerpo curvilíneo y grandes prótesis mamarias cuando inició su carrera en Baywacht, hoy en día (ya sin prótesis) promueve la aceptación del cuerpo de las mujeres rechazando la cirugía plástica para “detener” el envejecimiento y las prótesis mamarias innecesarias. Pamela se ve como una mujer auténtica que luce de acuerdo a su edad, algo sumamente raro en Hollywood donde el botox, rellenos faciales y cirugías de aumento de mamas son la normalidad e incluso una “exigencia” para hacer carrera en el cine o televisión. Liam por su parte se aprecia como un tipo sencillo que ha envejecido con dignidad, sin “arreglos” estéticos para aparentar lo que no es y que se conozca, sin pareja o escándalos desde que enviudó de una actriz hace más de 10 años y aunque actualmente la gente dura hasta los 80 o 90 años no hay que negar la realidad: a los 73 años ya la gente casi tiene el boarding pass en la mano y cada amanecer es un regalo. ¡Que aprovechen!
Celebro que la gente se enamore a una edad donde se suele ser más cauto y poco proclives a la ilusión del enamoramiento. Que se atrevan a dejar la zona de confort y admitir en su vida a una persona extraña para compartir tiempo y espacio que requiere voluntad y esfuerzo. No es que sea una romántica impenitente pero me parece excelente cuando se tiene a alguien con quien compartir la vida y ser felices de verdad, no para evitar la soledad sino para compartir la compañía.
¡En la adolescencia y temprana juventud lo que nos guía en la elección de pareja es la sobredosis de hormonas, la atracción sexual y la más crasa ignorancia! Se tiende a ser superficial y quedarse en la apariencia, los ojos bonitos, la sonrisa, el carro de moda, cómo se viste, el cuerrrrpoooo… ¡Y si! Le echamos una “visteadita” a su carácter (no estoy hablando de personalidad, ojo), elegimos también a nuestro “trofeo”. Ya en la madurez (¡de los 40 y pico para allá!) es que la lista de cotejo busca otros atributos más relacionados con el “ser persona” sin limitarnos por el empaque que a esa edad ya empieza a presentar abolladuras, pero no nos importan… Ojalá lo hubiéramos sabido antes, que la calidad humana (y hubiésemos tenido criterio para detectarla) es lo que permite una sana convivencia de pareja, pero las estrellitas rosadas en los ojos nos enceguecían en la juventud.
Estas parejas que se forman como Nelson y Anderson en una etapa que se supone más calmada de la vida deben ser más auténticas en sus afectos, debe prevalecer más allá de la atracción física que obviamente debe existir el deseo de compartir momentos, de acompañarse mutuamente, aspectos que deberían estar presentes en toda relación amorosa independientemente de la edad, leí algunas críticas por la diferencia de edad entre ellos, ceo que en esa etapa de la vida las opciones son pocas y se escoge lo que hay además, las motivaciones no son las mismas que en parejas en situaciones similares de hombres menores de 50 o 60 años de edad.
Considero admirable que personas de edad madura que han logrado un nivel de bienestar y que han aprendido a convivir consigo mismas decidan apostar por emparejarse “en el ocaso de sus vidas” ¿compartir de nuevo el closet, el control de la Tv y el 100% de tu cama? Las películas románticas son muy bonitas por idealistas, a medida que vivimos años nos hacemos resabiadas, desconfiadas, y después del primer costoso traspiés nos ponemos peor… En todo caso celebro el amor, estar borrachas de enamoramiento es divino, sonreír como bobas porque tenemos una ilusión amorosa, alguien que nos piensa y se preocupa de nosotras es agradable, es una decisión de grandes ligas eso de iniciar una relación amorosa cuando ya eres incluso abuela.
Pero ¡Porsia las moscas! ¡Cada quien en su casa y Dios en la de todos! ¡Que el señor siga lavando sus interiores para mantener las buenas relaciones!!
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Foto AP.