Por: Florángel Quintana.
Impartí un taller a mujeres que no vi.
Y no es una metáfora. Solo tres cámaras encendidas entre más de ocho cuadritos grises. Leía sus nombres, imaginaba sus rostros, pero no podía saber cómo se sentían. Yo hablaba, compartía, guiaba ejercicios, pero era como lanzar semillas en un terreno cubierto por una lona sin saber si algo germinaba debajo.
Me fui con una sensación incómoda: me dolió no verlas. Me dolió sentirme sola mientras hacía lo que amo. Y sí, por un momento pensé: ¿por qué cuesta tanto sostener la presencia y encender la cámara? Después, respiré hondo y empecé a hacerme las preguntas que yo misma les propongo cuando escribimos. ¿Será miedo a ser vistas o será miedo a verse? Entonces investigué.
Escopofobia: miedo a ser observada con insistencia. Eisoptrofobia: miedo a mirarse en el espejo. Y entonces algo se movió dentro de mí, entendí que, tal vez, muchas de esas mujeres apagaron la cámara porque encenderla es un acto que las enfrenta consigo mismas, con sus gestos, sus dudas, su propia historia llena de hoyos.
Quizá escribir para ellas ya era bastante. Porque sí, escribir también es un espejo, uno que no miente donde no hay filtro ni avatar gracioso. Uno que a veces muestra justo lo que evitamos ver, y se necesita valor para sostener la propia mirada.
Por eso, cuando hablo de escritura, no hablo de técnica sino de coraje, de la valentía de mirarse a sí misma sin maquillaje, con el cabello alborotado y el corazón abierto. Así que no juzgo esa sala en off. Hoy agradezco haber estado allí porque reafirmé lo que ya sé, que estoy donde debo estar.
Me reconforté con ese pensamiento. Me recordé que estoy aquí con una misión potente: acompañar y ofrecer espacios donde no se obligue a nadie a encender la cámara, pero sí a prender una pregunta interior a través de una palabra, una emoción que se transforme en frase, en largos párrafos y luego en un texto completo que dé un abrazo escrito a una mujer que se entregó en el papel.
Ese día confirmé que este camino mío tiene sentido, que seguir hablando del poder de la escritura para transformarse es una herramienta de autoconocimiento, y no es solo un lema bonito, es una urgencia, una necesidad de repararnos desde adentro, un acto político, aunque nadie encienda la cámara para validar a otra mujer.
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Florángel Quintana. Mentora de escritura transformadora
Florángel Quintana es escritora y licenciada en Letras (UCAB) con más de 25 años de experiencia compilada entre docencia, inteligencia competitiva y escritura con propósito.
Dirige FQ Writing & Editing Services donde ayuda a profesionales y emprendedoras hispanas a potenciar su comunicación escrita y desarrollar libros de ficción y no ficción.
Es autora de tres libros, columnista en The Wynwood Times, creadora del Newsletter «Escribir sin miedo» e imparte programas sobre Copywriting, Storytelling y Escritura Transformadora.
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