Escribir un libro rara vez comienza con una página en blanco. En muchas oportunidades empieza con algo que hemos vivido o experimentado. En el caso de Agy Coelho (Venezuela, 1986) fueron las pérdidas, así, en plural pues al duelo migratorio experimentado tras su llegada a Panamá en 2018 se le sumó un divorcio, el fallecimiento de su padre y la enfermedad de su madre.
Seis años después, todo ese dolor y la transformación del mismo, tomó forma y el resultado es “La belleza de rompernos”, obra inspirada en la metáfora de Kintsugi, el cual es un arte japonés que repara piezas de cerámica partidas pegándolas con oro y resaltando las grietas. Así, mezclando experiencias personales con herramientas para transitar los duelos demuestra cómo, en medio de las fracturas, también puede surgir belleza.
“El proceso de escribir un libro es un viaje y yo inicié de manera no formal en el 2018 cuando después de un ciclo de pérdidas muy intensas y condensadas en un corto tiempo dije ‘Esto lo tengo que poner en algún lugar. En algún momento voy a escribirlo’ y para que eso llegara a un proceso formal pasaron seis años. Incluido el año y medio que me tomó vaciar y organizar todas las historias, Además, para los que no han escrito un libro y se quieren animar, a mí me hubiese ayudado mucho saber que un libro también es como un ente vivo en el sentido que, inicialmente, partí con la idea de que iba a estar orientado a las estrategias y acciones que podemos hacer para gestionar un duelo, pero fue cambiando a una combinación entre historias personales y herramientas. Y así, hasta mayo de 2025 que vio la luz”, detalla Coelho.

El que no termina
Uno de los duelos transversales en la historia es el duelo migratorio el cual, asegura, es un proceso que no termina del todo por lo que no se debe opacar.
“Me tocó dialogar con él como a todos los que hemos salido de Venezuela y creo que no es nada más de quienes se van, obviamente también es un duelo de quienes se quedan. Una de mis grandes pérdidas fue perder a mi país, lo conocido, mi calle, mis amigas del colegio y la reinvención que todo eso implica porque nunca termina. De hecho, yo decía que mi duelo ya estaba bastante trabajado, pero con todo el tema político el año pasado volví casi al punto cero porque comencé a romantizar la idea de volver, de la posibilidad de recuperar nuestro país. Cuando salí de Venezuela fue cuando más que nunca entendí a mis padres, inmigrantes portugueses, los cuales siempre hablaban de la familia, los sabores y los sitios que dejaron”.
La primera vez
A muchas personas no les tocó vivir un duelo intenso o una pérdida significativa si no hasta la pandemia por el COVID-19 pues fue un escenario en el que todo el mundo perdió algo, empezando por lo que nos era cotidiano. En opinión de su autora, la publicación es un espejo de ese proceso.
Coelho asegura que lo que más se preguntaba era cómo mostrar lo que realmente sentía porque no quería romantizar nada de un proceso tan duro en el que “uno siente que se rompe”, pero que también quería expresar que en esa ruptura puede haber algo mucho más maravilloso.
“Entonces encontré al arte Kintsugi y dije ‘¡eso fue lo que me pasó!’, después de creerme rota, inservible y de que mis pérdidas eran el final de la historia, no lo fueron. El kintsugi celebra las grietas y las resalta como parte de la historia del objeto. Yo gané mucha perspectiva y sin esas pérdidas no sería la persona que soy hoy, la que tiene más herramientas, habilidades y cualidades para afrontar la vida. La belleza de rompernos es un libro que habla muy crudamente del dolor y eso era algo que yo quería hacer, porque en estos momentos donde sentía que ese dolor me paralizaba tanto, decía ‘Esto hay que llamarlo por su nombre. Yo no quiero escuchar que todo está bien, que todo pasa, que esto es porque va a venir algo mejor’. Quería darle forma, identidad con palabras y con sensaciones a ese dolor, ponerlo ahí y eso fue muy sanador. Lo que me funcionó a mí fue abrazar, enfrentar y darle la cara al dolor porque las pérdidas nunca van a parar, pero lo que sí no perdemos nunca es la posibilidad de construir el después y lo que viene luego de ellas”, manifiesta.