A ver, hablemos claro de algo que suele generar preguntas: ¿Dónde encajan los hombres en todo esto del feminismo? Uno piensa en el movimiento y, lógicamente, las protagonistas han sido las mujeres luchando por la igualdad de género en un mundo que, seamos honestos, fue construido en buena parte por y para hombres.
Pero la realidad es que cada vez somos más los hombres que nos sumamos a esta causa identificándonos como aliados feministas. La cuestión es ¿Qué significa realmente ser un hombre que apoya el feminismo? ¿Qué nos mueve a hacerlo y, más importante aún, cómo podemos ayudar de verdad sin meter la pata?
Mire, ser un hombre aliado feminista va más allá de un simple «estoy de acuerdo» con la igualdad. Implica un compromiso de verdad, de los que desarman el patriarcado y sus estructuras opresivas. Y esto no es solo para afuera, en la sociedad, sino también hacia adentro, en nuestra propia vida. No es una etiqueta que nos ponemos y ya, es un trabajo constante de aprender, de escuchar y sobre todo, de actuar.
¿Por qué nos metemos los hombres en esto del feminismo?
Las razones son tan variadas como cada uno de nosotros, pero hay algunas que se repiten bastante.
Lo vemos en casa: Cuando uno es testigo de cómo el sexismo afecta a su mamá, a su hermana, a su pareja, a sus amigas o a sus hijas, eso te sacude. Te hace darte cuenta de una realidad que quizás antes no veías con tanta claridad.
Nos cae la ficha: Empiezas a entender que las desigualdades no son casos aislados, sino parte de un sistema. Y cuando comprendes eso, te dan ganas de vivir en un mundo más justo para todos, sin excepciones.
También nos beneficia: Aunque no lo parezca, el patriarcado también nos limita a nosotros, los hombres. Nos impone roles rígidos, nos empuja a una «masculinidad tóxica». Cuando las mujeres se liberan de esas ataduras, la sociedad entera, incluidos nosotros, se beneficia.
Aprendiendo y pensando: Leer, escuchar, meternos en conversaciones. Todo eso nos lleva a cuestionar nuestras propias ideas preconcebidas y los privilegios que quizás tenemos sin darnos cuenta.
Lo que sí debemos hacer como hombres aliados feministas.
Aquí la clave es que la apología aliada no se trata de hablar en nombre de las mujeres. Se trata de darles más voz, de amplificar lo que dicen ellas y de usar nuestra posición para derrumbar los obstáculos. Tome nota de estas pautas que le pueden ser muy útiles:
Escuche, escuche de verdad: Esto es lo más importante. Dedique tiempo a oír las experiencias de las mujeres y de otras personas que han sido marginadas. Lea libros, vaya a charlas, siga a líderes feministas en redes sociales. Entienda que su perspectiva es limitada y que tiene mucho, muchísimo que aprender.
Reconozca sus propios privilegios: Entienda cómo el sistema patriarcal lo ha beneficiado a usted, simplemente por ser hombre. Póngase a pensar en sus propios prejuicios inconscientes y en esos comportamientos que, sin querer, siguen alimentando la desigualdad.
Converse con otros hombres: Use su voz para decir «hasta aquí» cuando vea sexismo, misoginia o chistes machistas entre sus amigos, familiares o compañeros de trabajo. No se quede callado. Explique por qué ciertas actitudes o comentarios hacen daño.
Dé espacio a las voces de las mujeres: En el trabajo o en reuniones sociales, asegúrese de que las mujeres sean escuchadas y que se les reconozca el crédito por sus ideas. Evite interrumpirlas o acaparar la conversación.
Comparta las responsabilidades: En la casa, en el trabajo y en la vida en general, asuma una parte justa de las tareas, especialmente aquellas que históricamente se han cargado sobre los hombros de las mujeres (el cuidado de la casa, de los niños, etc.).
Sea un ejemplo: Demuestre con sus acciones un compromiso real con la igualdad. Esto se ve en cómo se relaciona con las mujeres, en cómo educa a sus hijos y en cómo se comporta en el día a día.
Sea humilde y acepte las críticas: Se va a equivocar, es parte del proceso. Cuando pase, escuche lo que le digan, pida disculpas de verdad, aprenda de ese error y trate de hacerlo mejor la próxima vez. No se ponga a la defensiva.
Lo que NO debemos hacer como hombres aliados feministas.
Para que su apoyo sea efectivo, es crucial evitar caer en ciertas trampas que pueden echar a perder sus buenas intenciones:
No espere premios ni aplausos: El feminismo no necesita que usted sea un héroe ni que le den una medalla. Está haciendo lo correcto porque es lo correcto, no para que lo reconozcan.
No se convierta en el «macho que explica» o «el que interrumpe»: No asuma que sabe más que las mujeres sobre sus propias experiencias. Evite explicarles el feminismo o cortarlas para imponer su punto de vista.
No acapare los espacios: En las conversaciones o eventos feministas, su papel principal es apoyar y aprender, no ser el centro de atención. Ceda la palabra a las mujeres y a las personas que han sido marginadas.
No intente «salvar» a las mujeres: El feminismo no necesita que los hombres vengan a «rescatar» a las mujeres. Ellas son las protagonistas de su propio cambio. Su rol es quitar los obstáculos del camino.
No se rinda por la culpa o la incomodidad: Es normal sentirse incómodo al confrontar privilegios y prejuicios. Use esa incomodidad como una señal para crecer, no para echarse para atrás.
No use su «aliadismo» para ligar: Ser un aliado es un compromiso con la justicia, no una estrategia para conseguir algo con las mujeres.
No silencie a otras mujeres: Jamás use su posición como aliado para desautorizar o descalificar a otra mujer, ni siquiera si cree que está defendiendo a otra.
Ser un hombre aliado feminista es un camino que nunca termina, lleno de aprendizaje y compromiso. No se trata de ser perfecto, sino de tener la voluntad constante de mejorar y de contribuir a construir un mundo más justo y equitativo para todas y todos.