Machismo progre: el enemigo que se disfraza de aliado

Machismo progre: el enemigo que se disfraza de aliado
julio 14, 2025 Veronica Arvelo

Repite frases feministas como si de un conjuro se tratase, pero no tiene idea de lo que significan. A veces habla de “deconstrucción” mientras interrumpe a las mujeres en una asamblea o conferencia y otras veces se toma selfies en las marchas feministas, pero jamás se queda a recoger los escombros que deja el patriarcado. Y no, no estoy hablando del típico machito de manual. Hablo del machito  progre, esa versión moderna y bienintencionada del mismo patriarcado de siempre, solo que con un poco más de glitter ideológico y más palabras rebuscadas.

Siempre hablamos —y con toda razón— del machismo radical de la extrema derecha, de la manósfera llena de incels furiosos que fantasean con vernos calladas, sumisas y despojadas de derechos. Son peligrosísimos y hay que seguir denunciándolos con toda la fuerza, porque no descansan en su empeño de hacernos retroceder décadas de luchas feministas. Pero no basta con mirar a ese monstruo. Porque el patriarcado tiene más de un brazo. Y mientras todas las miradas están puestas en el ogro conservador, se nos cuela por la puerta trasera el otro brazo del sistema: el machito progre.

Este tipo de machismo es más difícil de identificar, porque se disfraza de aliado. Y claro, su discurso suena bien bonito: “yo apoyo la lucha feminista”, “las escucho”, “cuenten conmigo”. Pero en la práctica, muchas veces terminan reproduciendo las mismas dinámicas de poder de siempre: se apropian del discurso, centran la atención en sí mismos y, lo más peligroso, invalidan nuestras denuncias bajo la excusa de “no todos los hombres”.

Y antes de que me malinterpreten, no estoy diciendo para nada que los hombres no pueden ser aliados. Claro que pueden. De hecho, hay muchos que lo son: compañeros reales, conscientes, incómodos consigo mismos, comprometidos con la transformación. El problema no es creer en la posibilidad de un aliado, el problema es fingir que lo eres mientras todo te resulta cómodo, mientras tus privilegios no se tocan, mientras sigues ocupando espacio pero disfrazado “del que no quiere la cosa”.

Porque una cosa es que un hombre diga que es feminista y otra muy distinta es que se haga cargo de su lugar en la estructura de poder. A muchos les encanta el título de “aliado”, pero se les olvida que es una práctica constante de revisión y transformación. Ser aliado no es decirlo, es callar cuando hay que escuchar, es incomodarse, es renunciar al protagonismo.

Es importante comenzar a  señalar cómo el patriarcado se reinventa, incluso en los espacios que se autodenominan seguros, progres, alternativos. No basta con declararse “deconstruido” si en tu pareja, en tu trabajo o en tus círculos sigues queriendo controlar, callar o brillar más que las mujeres.

El machismo progre es peligroso porque viene con sonrisa, con discurso aprendido, y con aura de “hombre bueno”. Pero como ya aprendimos las feministas: no basta con parecer bueno, hay que serlo. Y serlo significa actuar desde el compromiso, no desde la conveniencia.

No se a ustedes pero yo realmente estoy harta de aliados de cartón. Me gustaría ver más hombres que se incomoden, que se confronten, que se quiten del centro y se sumen sin robarse el micrófono. Porque mientras más se tarde en reconocer el machismo disfrazado de progresismo, más se perpetúa el sistema que decimos querer desmontar.

Las opiniones expresadas de los columnistas en los artículos son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no necesariamente reflejan los puntos de vista de Feminismoinc o de la editora.

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