La rabia ante la normalización de la violencia, la invisibilización de sus aportes e ideas y la exclusión sistemática en la toma de decisiones en los partidos políticos fue el motor que impulsó en 2020 la creación de la organización feminista mexicana “Las Paritaristas” la cual, según explica su directora, Nancy Castañeda, busca ser un lugar seguro para todas las mujeres que buscan hacer política sin importar su ideología.
“Queríamos construir un espacio con voz propia, donde las mujeres pudiéramos encontrarnos, acuerparnos y organizarnos más allá de los colores partidistas, porque los derechos de las mujeres no se negocian. «Las Paritaristas» nace como una necesidad histórica y urgente por defender la paridad en Guadalajara, México que nos ha llevado a defender asuntos nacionales también. Somos mujeres de distintos partidos, territorios e ideologías que coincidimos en algo fundamental: el feminismo es nuestra trinchera común”.
Castañeda asegura que la experiencia de una alianza de mujeres que pertenecen a múltiples espectros políticos ha sido muy poderosa, pero a la vez un reto.
“Hemos visto que cuando las mujeres nos aliamos desde el respeto, el cuidado y la agenda común, somos una fuerza imparable. También ha sido desafiante porque hemos tenido que desaprender muchas formas de competencia patriarcal que nos sembraron desde nuestras formaciones políticas. Justo ahí reside el valor de Las Paritaristas, en tejer alianzas improbables y necesarias, en poner al centro la causa feminista, no la carrera política”, detalla.
El más reciente informe de ONU Mujeres señala que, al ritmo actual, la igualdad de género en las más altas esferas de decisión no se logrará por otros 130 años y que además, las carteras más ocupadas por ministras son “Mujer e Igualdad de género”, “Familia e Infancia”, “Inclusión social y Desarrollo”, “Protección y Seguridad social”, y “Cultura”, es decir, cargos estereotipados.

En opinión de la directora de Las Paritaristas, vivimos una paradoja pues sí hay más mujeres en puestos de poder y que buscan llegar a él, pero que la reacción patriarcal a ello es cada vez más violenta porque los hombres no quieren compartir los espacios de toma de decisiones.
“Hoy, muchas mujeres que se atreven a ejercer el poder enfrentan acoso, campañas de desprestigio, violencia digital y hasta física. La violencia política contra las mujeres es el precio que el patriarcado nos quiere cobrar por atrevernos a participar. Y nosotras no vamos a retroceder. Estamos viviendo el sueño de las sufragistas, ver mujeres en el poder con poder, hablamos ya de las primeras, en plural, en México, primera presidenta de la República, primera rectora de la Universidad de Guadalajara, primera alcaldesa de Guadalajara, todas son inspiración para otras. Y también estamos viviendo una época donde públicamente se asumen feministas sin miedo”.
Además de denunciar la violencia política hacia las mujeres, la organización busca incidir a través de múltiples campañas comunicacionales y de calle como “Ningún agresor al poder”, “Patriarcado clausurado” y “Se dice magistradA / presidentA, juezA, ministrA”. Castañeda señala que no son consignas vacías sino exigencias éticas y legales.
“Hemos documentado casos, denunciado públicamente y empujado reformas. Pero el sistema sigue protegiendo a los violentadores. Lo más doloroso es cuando las instituciones se vuelven cómplices, cuando las propias estructuras partidistas encubren. Nosotras decimos con claridad que quien agrede no puede representar a la ciudadanía. El poder debe ser un espacio seguro para todas. No vamos a normalizar que nuestros agresores legislen sobre nuestras vidas”.
Reconocerse y acompañarse
Como un gesto de apoyo y cercanía, desde Las Paristas crearon la PariPlaca, la cual es un reconocimiento que otorgan a organizaciones aliadas y que consideran destacadas en su labor en pro de los derechos de las mujeres. Ellas la definen como una herramienta de memoria y visibilidad.
“Es una especie de registro de las feminista en el poder con poder, una placa simbólica que reconoce, honra y también interpela. Porque la memoria es un acto de justicia y no vamos a permitir que nos borren o que nos cuenten a medias”.
Una de las frases de la placa señala que practican el «affidamento«, un concepto poco conocido y que en líneas generales engloba la fe, la confianza y la fidelidad para con otras mujeres, pero que en sí mismo es distinto a la sororidad.
“Affidamento es un concepto que tomamos porque nos parece profundamente hermoso. Habla de la relación de confianza, entrega y referencia política entre mujeres. No se trata solo de acompañarnos emocionalmente, como en la sororidad, sino de reconocernos autoridad unas a otras, de confiar el poder, la palabra, el liderazgo en manos de otras mujeres. Nosotras llegamos a él porque sentimos que había que profundizar esa idea de red, de tejido vivo, donde una mujer puede decir: “ella es mi referente, confío en su mirada”. Es un acto político de lealtad feminista, pero a la vez es un compromiso de que si no te cae bien la otra no seas tu quien le meta el pie pues ya viene todo un sistema patriarcal por nosotras”, explica.
Finalmente, para la activista uno de los mayores aprendizajes en todos estos años de trabajo y lucha ha sido que “no hay feminismo sin comunidad” y que todos los derechos que tenemos hoy fueron conquistados por mujeres que pensaron no solo en ellas.
“Aprendimos que el poder se puede habitar de forma distinta, desde el cuidado, la escucha, la congruencia. Y sobre todo, que las colectivas salvan la vida. En los momentos más duros, lo que sostiene no es el cargo, es la red. El avance de nuestros derechos sólo será defendido por nosotras mismas, por las mujeres”.
