La violencia vicaria es una forma de violencia contra las mujeres acuñada por la psicóloga Sonia Vaccaro en 2012 y explica como, a través de terceros (hijos, familiares, animales de compañía), el agresor causa dolor a las mujeres.

El caso más reciente de este tipo de violencia fue en Brasil a inicios de este año donde un hombre asesinó a sus hijos tras la separación con la madre de los niños. En Colombia,  Paola, asesinada por su padre en 2025 y en España, Anna y Olivia a quienes su padre secuestró y asesinó en 2021 tras amenazar a su ex pareja que no volvería a verlas.

Estos son casos que llegaron a ser titulares de prensa, pero hay miles de ellos que no son conocidos o que están sucediendo sin que las autoridades den respuesta pues en la mayoría de los países no existe una legislación contra este tipo de violencia.

Desde 2021 en México, el colectivo feminista Voces de la Violencia Vicaria busca cambiar esto. Su fundadora, quien ha pedido el anonimato por razones de seguridad, señala que tras un divorcio conflictivo comenzó a investigar sobre las situaciones a las que se enfrentan las mujeres sobreviviendo múltiples violencias dentro de sus hogares y en su caso, añadiendo una capa más de dificultad, siendo una mujer migrante y todo lo que ello implicaba (no tener red de apoyo, dinero para abogados y desconocer las leyes mexicanas).

“A través de redes sociales muchas mujeres se pusieron en contacto conmigo para contarme sus historias. Poco a poco, a partir de 2022, en alianza con otras organizaciones fuimos uniendo esfuerzos para llevar a cabo una propuesta de ley sobre la violencia vicaria que fue incluida y publicada en 2024 en el Diario Oficial de la Federación, así como en la Ley de acceso de las mujeres a una vida libre de violencias en los códigos penales y civiles mexicanos”, explica.

La activista señala que este tipo de violencia siempre ha existido, solo que ahora hay un nombre y esto es importante para prevenirla y sancionarla porque no son casos aislados sino un patrón en el cual el agresor busca tener un control de la mujer para siempre.

“Los casos que llegan a la prensa son catalizadores sociales en dos aspectos, el primero es que visibiliza cómo muchas mujeres creen que están atravesando «crisis de pareja o problemas familiares» cuando en realidad están sobreviviendo junto a sus hijos y el segundo es cómo la violencia hacia las mujeres e infancias está tan normalizada dentro del hogar que, ante juzgados y tribunales, se asume que la mujer «escoge, atrae o provoca» la violencia de su agresor porque no es un desconocido, es su pareja y el padre de sus hijos. Se saca de la ecuación la responsabilidad directa del hombre para culpar a la mujer. La impunidad es tal que hay jueces que tienen conocimiento de denuncias por violencia previas al divoricio y aún así conceden permisos de visitas o convivencia sin supervisión o incluso la custodia”, detalla.

Trabajo por hacer

En México la Suprema Corte ya ha reconocido la violencia vicaria como una forma de violencia machista, sin embargo la fundadora de este colectivo opina que aún hace falta más compromisos en materia legislativa.

“No hay voluntad política. La muerte es el punto más alto de esta forma de violencia pero todas las semanas vemos casos de sustracciones de menores, de incumplimiento de la pensión alimenticia y de madres que se ven obligadas, manipuladas y controladas por voluntad de jueces y juzgados a llevar y entregar a sus hijos a centros de convivencias para evitar procesos penales en su contra, pero con el temor de no volver a ver a sus hijos. La impunidad institucional garantiza las injusticias y la vulneración sistemática de los derechos de las infancias que están siendo utilizadas como monedas de cambio”.

Trabajar y estar en contacto con supervivientes de violencia vicaria, manifiesta, es anímicamente agotador porque sienten una desprotección total porque el desconocimiento social de la violencia vicaria es abrumador y se sigue llegando tarde.

“Estamos agradecidas con el trabajo y estudios realizados por Sonia Vaccaro y Barbara Porter. Sin ellas, esto no tendría nombre. Seguiría llamándose “problemas de pareja” o “violencia familiar” cuando la realidad es otra. Debemos estar alertas a la violencia emocional en las relaciones y atajar las demostraciones de narcisismo y psicopatía. Hay mujeres que, por desconocimiento, regresan con el agresor, que bajo el efecto del ciclo de abuso emocional creen que están mal por extrañar al agresor, mujeres que por ejemplo no pueden establecer contacto cero, olvidan su lista de horrores y cuando ven al agresor recaen en las creencias de «¿cómo puede mostrar amor por sus hijos y a mí me odia?» sin ser capaces de reconocer la disociación.

Las opiniones expresadas de los columnistas en los artículos son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no necesariamente reflejan los puntos de vista de Feminismoinc o de la editora.
Alejandra Watts

Autor/a Alejandra Watts

Periodista | Generadora y editora de contenidos | Productora | Comunicadora estratégica

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