Durante mucho tiempo, la menopausia ha estado invisibilizada como consecuencia del machismo y el edadismo. Sin embargo, en los últimos años se ha producido un giro evidente. Cada vez más voces, especialmente de mujeres que transitan esta etapa desde espacios de comunicación han comenzado a disputar ese silencio transformándolo en relato, contenido y también en acción política y cultural.
Una de esas voces es Viviana González, comunicadora chilena, fundadora de la agencia Conversas y coautora del libro “Meno es más” junto a Nicoletta Pranzini y Paula Olmedo.
La idea del libro, explica, nació tras el podcast homónimo en Spotify y que llamó la atención de la editorial Planeta, ahí empezó el proceso de trabajar con ellos, decidir qué temas poner y luego su publicación en 2024.
“En ese momento había menos información de menopausia de la que hay ahora. La experiencia del podcast fue muy enriquecedora, lo hacíamos paralelo a nuestros trabajos entonces nos juntábamos los domingos. Tuvimos varias entrevistadas de España porque en ese momento allá estaba bastante avanzada la conversación sobre la menopausia. Me queda la satisfacción de haber llevado a la vanguardia un tema que ahora está mucho más presente en múltiples formatos”.
Al preguntarle por qué considera que hay un auge sobre el tema, asegura que se debe a que ahora hay varias generaciones de mujeres que han decidido romper con la herencia del silencio y el tabú.
“Las mujeres que llegamos a la menopausia, que ojo, estoy generalizando cuando digo menopausia porque el término correcto es climaterio. Menopausia en sí es sólo un día en la vida de la mujer, el día que no te llegó más la menstruación después de un año. Las mujeres que estamos llegando ahora a este periodo estamos más informadas, somos muchas las que trabajamos en comunicación, hay más preocupación porque estamos más situadas en el ámbito público y si bien es un proceso que vivieron nuestras madres y abuelas, no tuvimos conocimiento porque es una información que no se heredó. Este proceso afecta a todo nuestro cuerpo, pero se sigue vinculando a la genitalidad y con el envejecimiento entonces hay una doble razón para no hablarlo”, detalla.
González formó parte del sector público chileno trabajando en el Ministerio de Defensa como asesora hace dos años y en el Ministerio de Educación como directora de comunicaciones hace ocho años. Menciona que el área militar sigue siendo igualmente patriarcal, pero la administración del presidente Gabriel Boric dio la instrucción de tener encargadas de género en todos los ministerios. Por lo tanto, en el Ministerio de Defensa había una encargada de género y en cada una de las ramas de la estructura también.
“Yo no trabajé en la unidad de género porque tenía otro rol, pero uno de los logros más importantes de la encargada de género, que es un esfuerzo colectivo ciertamente, fue la aplicación del principio de equidad de género. Todas las Escuelas Matrices cuentan con escalas diferenciadas para las pruebas de suficiencia física en los procesos de selección de las carreras y especialidades, adaptando normativa e infraestructura para entregar condiciones de desempeño adecuadas al personal en las fuerzas armadas en Chile. En el Ministerio de Educación, los tres años que estuve, había una encargada en género, pero al ser una cartera que tenía una ministra y dos subsecretarías, había un servicio que abordaba el tema de género en las escuelas en todos los ámbitos. Y ahí hay otra parte importante que es la unidad curricular, que también estaba a cargo de una profesional, la cual estaba enfocada en evitar los sesgos de género y promover la igualdad”, indica.
Un elemento transversal en la vida profesional de González ha sido su defensa y promoción de los derechos de las mujeres, una convicción que no surge únicamente desde lo teórico o lo institucional, sino desde una experiencia vital profundamente marcada por las condiciones en las que creció y se formó.
“Tuve un padre que nunca hizo distinciones conmigo por ser hija única y niña, en términos de oportunidades mi padre era un hombre que siempre pensó que yo podía mover el mundo, que confió en mí siempre y una madre que me amó infinitamente. Cuando estaba en el colegio, solo de niñas, era la época de la dictadura. Una vez egresada de la universidad, entré a trabajar en televisión donde dábamos espacio a algunos temas que en ese momento eran tabú, estaba recién comenzando la democracia. Ahí conocí a grandes feministas. Un día, me acuerdo perfecto, estaba esperando a mi única hija, tenía 27 años y le dije a mi marido: «yo quiero ser feminista, eso es lo que yo quiero ser«. Era muy joven, pero sentí que era lo que tenía que hacer en mi vida, hacer cualquier cosa que el mundo laboral me ofreciera o yo buscara pero incorporando mi mirada en favor de las mujeres”, recuerda.
Finalmente, la comunicadora audiovisual invita a estar alertas sobre el menowashing, esto no es más que la estrategia de organizaciones que fingen interés en temas para favorecer a las mujeres a nivel corporativo, como una etiqueta o tendencia, para subir puntos en indicadores empresariales cuando en el día a día falta mucho por hacer y no tienen políticas sobre el tema. “Hay muy pocas empresas que tienen medidas concretas para las mujeres en el climaterio”.

Viviana González

