Por: Esther Alfonzo.
“La trata se traduce en la esclavitud moderna de la humanidad.”
Laura Borbolla, Subprocuradora de procesos de la Fiscalia de la CDMX. Entrevista en El Portal: La historia oculta de Zona Divas (Netflix, 2024)
Estas líneas proponen una lectura feminista crítica del documental “El Portal: La historia oculta de Zona Divas”, en ocasión del Día Mundial contra la Trata de Personas el 30 de julio, cuyo lema fue “La trata de personas es crimen organizado: acabemos con la explotación”. A través de un breve análisis del caso Zona Divas y sus implicaciones mediáticas, es necesario reflexionar sobre el poder de la pantalla como espacio de resistencia narrativa y denuncia política, y problematizar la intersección entre género, migración, impunidad institucional y violencia estructural.
“Zona Divas” era la fachada del lujo y una herramienta para la trata de mujeres; ya que esta página web llamada “Zona Divas” operaba como un sitio digital donde se publicitaban mujeres en poses sensuales y escasa vestimenta; sin embargo, bajo esa máscara digital se escondía una red de trata transnacional que captaba a mujeres jóvenes, principalmente de Venezuela, Colombia y Argentina, con promesas laborales engañosas; y una vez que estas mujeres llegaban a México, eran despojadas de sus pasaportes, alojadas en hoteles, controladas por intermediarios y obligadas a trabajar bajo amenaza, de acuerdo a las testimoniales de sobrevivientes que se pueden ver en este documental.
Pero no sólo visibilizan la trata de mujeres, dado que entre 2017 y 2018, al menos cinco mujeres que se vinculadas a la plataforma fueron asesinadas: Karen Ailén Grodzinski, de nacionalidad argentina, fue hallada muerta en el Hotel Pasadena de Ciudad de México; Génesis Gibson Jaimes, venezolana, apareció sin vida en el Hotel Platino; Wendy Vaneska De Lima, también venezolana, encontrada muerta en el Hotel Príncipe; Andreína Escalona, venezolana, hallada sin vida en Nuevo León; Kenni Finol, también venezolana, fue encontrada muerta en Ecatepec, Estado de México, su cuerpo mostraba signos de tortura.
Muchos de esos casos han quedado sin ser procesados, lo que deja en evidencia el nivel extremo de impunidad que ampara estas redes, donde el crimen organizado opera sobre los cuerpos de mujeres como recurso económico. A pesar de diversos testimonios claves como el del periodista Juan Manuel Blas, quien aparece en el documental desempeñando un papel fundamental en la investigación que hace del caso, y en la denuncia pública de las redes de trata vinculadas a la plataforma Zona Divas. Él aparece como un testigo comprometido, ya que investigó los femicidios de algunas mujeres migrantes sudamericanas en México, especialmente el caso de Karen Ailen Grodzniski. Desde una perspectiva feminista, el rol de Juan Manuel Blas, se alinea con lo que realiza Lydia Cacho, quien denomina a esa práctica como periodismo con enfoque de derechos humanos, que no solo informa, sino que desmantela estructuras de poder que sostienen la violencia.
¿Víctimas del patriarcado?
Sylvia Walby (1990) quien hace referencia al patriarcado institucional, lo define como un sistema de estructuras interrelacionadas que reproducen la dominación masculina. En este caso, el patriarcado opera desde el Estado, los medios, el sistema judicial y las plataformas digitales. Sylvia señala que el patriarcado no sólo opera en lo doméstico, sino en lo legal, judicial y mediático, por lo que las omisiones de los Estados revelan cómo la violencia se institucionaliza y que refleja “un sistema estructural que atraviesa instituciones públicas y privadas reproduciendo desigualdades de género”.
Abordar estos temas desde el feminismo es necesario porque la trata de mujeres es una expresión radical del patriarcado, instrumentaliza los cuerpos femeninos como mercancía dentro de un sistema de desigualdad. También porque el feminismo nombra lo innombrable, mientras otros enfoques tienden a invisibilizar la violencia, el feminismo insiste en hacerlo visible, nombrar por su nombre las cosas, denunciar la complicidad institucional y visibilizar a las víctimas como sujetas políticas. Lo que se observa en este documental “El Portal”, son las mujeres migrantes asesinadas, mujeres que fueron ignoradas por el sistema judicial y algunos medios y contar estas historias desde el feminismo es también crear archivos vivos, es una forma de hacer justicia contra el olvido, contra la revictimización, contra la violencia institucional.

Esta docu-serie “El Portal: la historia oculta de Zona Divas” se encuentra disponible en la plataforma de streaming Netflix y en ella se puede apreciar como las víctimas directas e indirectas narran para resistir. Está dirigido por Astrid Rondero y Fernanda Valadez. Reconstruye los hechos que rehumaniza a las víctimas, le dan nombre y voz, pero evitando el sensacionalismo y transformando la pantalla en espacio de duelo, memoria y exigencia política, porque en lugar de representar a las mujeres como cuerpos comercializados, el documental las reivindica como sujetos históricos, ya que no se centra solamente en los tratantes, sino en las víctimas, sus familias, activistas y periodistas de investigación que enfrentan la indiferencia ante la violencia institucional y la trata de personas.
En este documental reflejan cómo las palabras en la pantalla son utilizadas como trampa, utilizando por ejemplo el término “escort”, pretendiendo la normalización de la trata, porque uno de los elementos más inquietantes en el caso Zona Divas y que El Portal logra visibilizar con sutileza, es cómo el lenguaje opera como máscara de la realidad y es que llamarlas escort en las plataformas de explotación digital no solo omite la violencia, sino que “glamouriza” la relación coercitiva entre tratantes, consumidores y víctimas. Desde el discurso neoliberal, la figura de la escort aparece vinculada al lujo, la elección y el empoderamiento, cuando en realidad muchas de estas mujeres fueron forzadas a ejercer bajo condiciones de trata transnacional.
Por ello, la crítica feminista ha denunciado esta estrategia de eufemización, donde se utilizan términos como “modelo de compañía”, “dama de lujo” o “servicios premium” para ocultar dinámicas de explotación sexual. Butler (1997) afirma que el lenguaje no solo describe la realidad, sino que la constituye. En ese sentido, nombrar a una víctima de trata como “escort” implica una operación simbólica que reorganiza la violencia como consentimiento. En plataformas como Zona Divas, las mujeres eran presentadas como “libres, elegantes, deseables”, negando las condiciones coercitivas bajo las que vivían. El término “escort” ha sido instrumentalizado por redes de trata para disfrazar el sometimiento como lujo, reforzando estereotipos de consumo masculino y el derecho del cliente a poseer cuerpos. Zona Divas no fue una agencia de modelos, fue una fachada digital de trata de mujeres y los términos importan, porque nombrar correctamente es el primer paso para visibilizar y denunciar.
La serie ofrece múltiples capas de análisis desde perspectivas feministas que permiten repensar el fenómeno de la trata más allá de lo legal o criminal y permite ir tejiendo desde las teorías feministas cómo se van incorporando categorías de género, migración y violencia estructural, así como también entender la trata como sistema patriarcal. El caso de Zona Divas permite aplicar una gama de enfoques feministas interrelacionados que revelan la complejidad transnacional de la trata de mujeres. Al obervar esta docu-serie, se deja en evidencia la interseccionalidad formulada por Kimberlé Crenshaw (1989) quien destaca cómo “las formas de subordinación se intersecan de manera simultánea”, en este caso, también se destaca a estas víctimas de trata que viven múltiples formas de exclusión, sea por ser mujeres, migrantes, racializadas y precarizadas. En El Portal, este enfoque de interseccionalidad cobra sentido cuando se muestran las condiciones de vulnerabilidad que rodean a las mujeres, jóvenes y migrantes captadas por esta red internacional.
Lastimosa o necesariamente en este documental demuestran un realidad mundial. Los hechos en él narrados por sus protagonistas, por los familiares como víctimas indirectas, hacen recordar a Gayle Rubin (1975) en su crítica al sistema sexo/género, donde advierte que las mujeres son colocadas como “moneda de cambio dentro de estructuras de parentesco, economía y poder”. Las mujeres son tratadas como recursos intercambiables en un sistema que perpetúa su subordinación, control y mercantilización; y es que Zona Divas encarna esta lógica, porque deja constancia de cómo el cuerpo femenino es utilizado como recurso que circula entre tratantes, consumidores y cómplices institucionales.
Por otro lado, Saskia Sassen (2014) explora cómo la globalización financiera genera “expulsiones sistemáticas de cuerpos no rentables”, lo cual se traduce en migraciones forzadas y vulnerabilidades extremas. Lo que se puede observar con respecto a las mujeres que aparecen en El Portal, es que en su mayoría se van de sus países por crisis estructurales y captadas como capital erótico en un mercado digital, transnacional y criminal como lo que se visibiliza en esta serie.
Referirse a estos hechos es también recordar a una gran periodista e investigadora como Lydia Cacho, en “Los demonios del Edén” y “Esclavas del poder” ella muestra cómo los cuerpos de mujeres son objeto de transacciones entre empresarios, políticos y delincuentes y que por ende la existencia de redes criminales operan con complicidad empresarial, política y judicial. La misma interpretación se deduce en el caso de Zona Divas, donde la plataforma operó por años sin ser regulada y los feminicidios asociados siguen sin resolverse. Como ella afirma: “la trata no subsiste sin el silencio y la protección de quienes están en el poder”. Su trabajo es clave para entender cómo los sistemas de protección encubren la trata. “La trata de personas no es solo una violación de derechos, es el reflejo más brutal del patriarcado criminal” . Lydia Cacho, Esclavas del poder (2010).
Ahora bien para este año 2025, Naciones Unidas propone el lema “La trata de personas es crimen organizado: acabemos con la explotación”, y con esto enfatiza la necesidad de desmantelar las estructuras complejas que permiten la trata de personas con fines de prostitución forzada, esclavitud sexual, explotación laboral o las diversas modalidades de esclavitud moderna; y este enfoque coincide con lo representado en la serie documental que estamos analizando, donde la explotación no ocurre de forma aislada, sino articulada con plataformas digitales, redes logísticas, violencias y omisiones judiciales e institucionales y desinformación mediática; en fin, esta producción documental se convierte así en un acto contrahegemónico que a su vez es una forma de ejercer justicia simbólica desde la narrativa que nombra a las víctimas y reivindica sus memorias como forma de justicia.

Es evidente que este año, Naciones Unidas puso el foco en el crimen organizado como motor de la trata de personas. Con ese lema llama a reforzar la justicia penal, a desmantelar redes transnacionales y garantizar un enfoque centrado en las víctimas; y sumado a ello, esta campaña 2025, insta a los Estados a utilizar tecnología, la cooperación internacional y la justicia restaurativa en la lucha contra la trata. Pero la realidad visibilizada en El Portal muestra cómo la impunidad y la indiferencia permiten que el crimen organizado prospere y con ello, la comercialización y cosificación de mujeres.
Aunque ciertamente, cada 30 de julio, el mundo conmemora el Día Internacional contra la Trata de Personas, una fecha que busca visibilizar una de las formas más extremas de violencia de género, por lo que en este contexto, el documental El Portal: La historia oculta de Zona Divas emerge como una pieza clave para reflexionar sobre cómo los medios audiovisuales pueden contribuir a la denuncia, la memoria y la transformación social. La conmemoración del Día Mundial contra la Trata de Personas no puede limitarse a cifras y campañas, debe incluir narrativas que interpelen, que incomoden, que denuncien, y este documental cumple esa función, porque convierte la pantalla en espacio de memoria y exige justicia para mujeres que fueron silenciadas por un sistema que las consideró prescindibles.
La trata de personas con fines de explotación sexual es una de las violaciones más graves a los derechos humanos y afecta de manera desproporcionada a mujeres y niñas. Según datos de UNODC (2024), más del 70% de las víctimas detectadas a nivel mundial son mujeres, la mayoría migrantes, muchas menores de edad. Además, destaca la UNODC, que en América Latina, la trata está estrechamente ligada a fenómenos estructurales como: feminización de la pobreza, crisis migratorias, corrupción y violencia institucional, impunidad judicial y policial.
“El Portal: La historia oculta de Zona Divas” es una narrativa feminista que denuncia, transforma y propone¸ que expone la trata como fenómeno patriarcal, legalmente impune y estructuralmente sostenido. Su aparición en Netflix no solo denuncia, sino que educa, sensibiliza y transforma. En un 30 de julio marcado por el llamado a acabar con la explotación, esta serie articula memorias de mujeres migrantes que fueron convertidas en mercancía, recuperando sus historias como parte de un archivo transnacional de resistencia. Es urgente que los medios, las instituciones y la sociedad vean en estas narrativas no solo un dolor que conmueve, sino una verdad que interroga, que exige y que dignifica. Porque mientras haya mujeres desaparecidas, silenciadas, cosificadas y deshumanizadas, el feminismo seguirá escribiendo, narrando y exigiendo.
“Nos parecía que había muchas historias que no se habían contado.
Queríamos recordar a estas mujeres como seres humanos que tenían sueños, problemas, que eran hermanas, madres, amigas.”
Laura Woldenberg, Productora ejecutiva de El Portal, entrevista en Reporte Índigo (2024)

Referencias Bibliográficas
Butler, Judith. (1990). “El género en disputa: feminismo y la subversión de la identidad
Cacho, Lydia. (2010). Esclavas del poder: Un viaje al corazón de la trata sexual de mujeres y niñas en el mundo. Grijalbo.
Crenshaw, Kimberle. (1989). “Desmarginalizando la intersección de raza y sexo”. University of Chicago Legal Forum, 139–167.
Fukushima, Annie Isabel. (2020). Cruces de migrantes: Testigos de la trata de personas en EE. UU. Stanford University Press.
Rubin, G. (1975). “El tráfico de mujeres: Notas sobre la ‘economía política’ del sexo”. Monthly Review Press.
Sassen, Saskia. (2014). Expulsions: Brutality and Complexity in the Global Economy. Harvard University Press.
Walby, Sylvia. (1990). “Teorizando el Patriarcado”. Basil Blackwell.
Rondero, A., & Valadez, F. (Dirs.). (2024). “El Portal: La historia oculta de Zona Divas”. Documental. Netflix.
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ESTHER ALFONZO: Abogada (Universidad de Margarita). MSc. Criminalística (Instituto Universitario de Policía Científica). MSc. Derecho Penal y Criminología (Universidad Bicentenaria de Aragua). Doctorando en Ciencias Penales y Criminalísticas (Universidad Católica Santa Rosa- Universidad de Margarita). Abogada Litigante. Docente Universitaria. Co-fundadora de Cata Jurídica con Tacones. Email: estheralfonzor.abg@gmail.com Instagram: @estheralfonzor.abg