Este artículo analiza la transversalización del feminismo en las universidades venezolanas, abordando sus avances, desafíos y oportunidades para construir una educación superior con perspectiva de género y, por tanto, una educación superior más abierta y justa. Se exploran algunos conceptos centrales que sustentan la incorporación de este enfoque en la Academia, las estrategias implementadas en instituciones de educación superior del país en la actualidad y los principales obstáculos estructurales y coyunturales que dificultan su implementación. El análisis se centra en experiencias nacionales recientes y evidencia cómo la incorporación de acciones feministas puede fortalecer la igualdad de oportunidades y contribuir a la formulación de políticas públicas educativas inclusivas.
Palabras clave: género, educación, igualdad, equidad, feminismo, políticas públicas.
- A modo de introducción y antecedentes
La incorporación de la perspectiva de género en la educación superior ha emergido como un componente crucial para promover la equidad y la justicia en nuestras sociedades. Durante años, los sistemas educativos han hablado de “equidad” como un principio rector para promover que todas las personas tengan las mismas oportunidades de aprender en similares condiciones. Sin embargo, históricamente, el sistema educativo ha reproducido desigualdades de género que se expresan tanto en los contenidos curriculares como en las interacciones cotidianas dentro y fuera de las aulas.
Asuntos como quién accede a cuáles cargos y con cuáles criterios, cómo se formulan los planes y proyectos en las casas de estudio, cómo se constituyen los liderazgos y se integran los equipos de trabajo, cómo se construyen las narrativas y se articulan las políticas, entre otros, conforman un entorno potencial para múltiples intervenciones necesarias. Incorporar la perspectiva de género en la educación implica revisar los valores, discursos y prácticas que perpetúan dichas desigualdades.
Como señalan Inguanzo, Guzman y do Nascimento (2025), el concepto de equidad, aunque necesario, resulta insuficiente si se limita a compensar desigualdades sin cuestionar las estructuras que las producen. El Instituto de la UNESCO para la Educación Superior en América Latina y El Caribe (IESLAC) publicó a inicios de 2025 un dossier temático (IESLAC, 2025) en el que se intenta anticipar el alcance de las limitaciones que generan las desigualdades políticas en el ámbito universitario. La equidad busca dar más a quienes tienen menos, pero no necesariamente transforma las condiciones que perpetúan esas brechas. De ahí la necesidad de avanzar hacia la igualdad sustantiva, entendida como la presencia activa de condiciones que permitan a todas las personas —especialmente las históricamente excluidas— ejercer plenamente sus derechos y desarrollar su potencial bajo condiciones equiparables.
En el ámbito educativo esta transición implica un cambio profundo en las prácticas pedagógicas, en los contenidos curriculares y en la cultura institucional. La igualdad sustantiva demanda reconocer que no todas las personas parten del mismo punto y que las diferencias —de género, origen social, discapacidades, identidad cultural o sexual, entre otras— deben ser visibilizadas y atendidas desde una perspectiva transformadora. No se trata solo de adaptar metodologías, sino de revisar críticamente los mensajes que transmiten los libros de texto, los discursos y los roles asignados en el aula, en los ejercicios de investigación y extensión, así como las expectativas sobre quién puede destacar o liderar en todos estos ámbitos. Formar en igualdad sustantiva exige educar para la libertad, el pensamiento crítico y el reconocimiento de la diversidad como valor.
Adoptar este enfoque supone también el compromiso ético e institucional de pasar de políticas compensatorias a políticas que ataquen las causas de los problemas y construyan marcos de ejecución y proyectos educativos en términos de justicia y equidad. Las universidades y centros educativos pueden ser agentes de cambio si promueven entornos seguros, democráticos e inclusivos donde el mérito no esté condicionado por el género, el origen social o la raza. En última instancia, avanzar de la equidad a la igualdad sustantiva es reconocer que la educación no debe conformarse con repartir oportunidades, sino transformar realidades.
Rebollo y Arias (2021) coordinaron una publicación con 25 estudios en los que se destacan múltiples aspectos en torno a una docencia universitaria sensible al género: desde la formación misma del profesorado, pasando por los planes de estudio y el contenido curricular, la actitud de los profesores y profesoras actuales ante los cambios, el rol de las creencias previas en torno a los asuntos críticos de esta transformación, entre otros aspectos. En el mismo texto se destacan múltiples iniciativas y proyectos educativos en los que se ponen en práctica cambios de los que cabe aprender.
López-Pérez (2025) hace énfasis en la masculinización del entorno universitario y de los retos del profesorado formado por mujeres. Estos y otros estudios señalan que la educación superior juega un papel estratégico en la formación de ciudadanía crítica y en la promoción de la igualdad de género. La incorporación de enfoques feministas puede transformar la estructura y cultura institucional, permitiendo que las políticas, programas y prácticas académicas sean sensibles a las necesidades y derechos de las mujeres.
Naciones Unidas ha destacado desde diferentes organizaciones e instancias su compromiso con la igualdad de género y la importancia del ambiente universitario para su impulso y desarrollo. Recientemente abordó una actualización del desempeño universitario en este ámbito (ONU, 2025) en el que destaca:
Pueden garantizar que las estudiantes tengan las mismas oportunidades en cuanto a solicitudes, admisiones y tasas de finalización de estudios. Pueden impartir planes de estudio que promuevan la igualdad y la equidad de género, así como la representación paritaria. Mediante su investigación, pueden sacar a la luz desigualdades como la discriminación de las mujeres, y garantizar que sus conjuntos de datos incluyan el punto de vista de las mujeres. Además, las universidades y colegios universitarios pueden abordar la desigualdad de género en la sociedad en general, mediante la colaboración con proyectos de divulgación que apoyen a las mujeres
También desde espacios como la UNESCO, Naciones Unidas ha puesto en el centro de sus agendas la igualdad de género y en su estrategia 2019-2025, titulado “Del Acceso al Empoderamiento…En y a través de la Educación” plantea superar el objetivo de que niñas y mujeres accedan a la educación, añadiendo que sean empoderadas por ella mediante mejores datos, marcos normativos más sólidos y prácticas de enseñanza-aprendizaje transformadoras (UNESCO, 2019). En el contexto de la educación superior, el IESALC sostiene que las universidades tienen un papel clave para hacer avanzar en el ODS 5, sobre igualdad de género (UNESCO, IESALC, 2025).
ONU Mujeres lleva años impulsando iniciativas con las universidades como aliadas estratégicas en la construcción de igualdad de género. Por ejemplo, el informe de su campaña “HeForShe IMPACT 10×10×10” para universidades recoge compromisos de casas de estudio globales (Georgetown, Oxford, Sao Paulo, Hong Kong, Nagoya…) para cerrar brechas de género en liderazgo, docencia e investigación (ONU Mujeres, 2016). Este tipo de iniciativas internacionalizan la responsabilidad de las instituciones de educación superior hacia la igualdad de género y muestran que la universidad debe dejar de ser solo un receptor de políticas, para ser agente activo en su diseño e implementación con perspectiva de género en todas las latitudes y culturas.
La Ley de Universidades de Venezuela (Ley de Universidades, 1970) con casi 60 años de antigüedad, no tiene disposiciones específicas sobre igualdad de género y mantiene su enfoque en la educación, la ciencia y la cultura sin referencia al contexto de desigualdad por perspectiva de género. Sin embargo, el derecho a la igualdad de género en la educación universitaria se garantiza a través de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV) y otras leyes, como la Ley Orgánica de Educación y la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia. La CRBV, por ejemplo, establece, en el Artículo 8, que el Estado garantiza la igualdad de condiciones y oportunidades para mujeres y hombres en la educación (CRBV, 1999).
En Venezuela, las universidades enfrentan el reto de transversalizar el feminismo, no solo en programas de estudio, sino también en la cultura institucional, la investigación y la participación estudiantil. La transversalización del feminismo implica ir más allá de cursos aislados o asignaturas optativas, buscando integrar principios de igualdad y derechos de las mujeres en todas las áreas, desde la administración universitaria, pasando por la docencia, la investigación y la extensión, incluyendo esta última su influencia sobre otros actores que promuevan avances similares para toda la sociedad.
El sistema universitario venezolano, históricamente concebido como espacio de pensamiento crítico y transformación social, tiene ante sí la tarea urgente de revisar sus estructuras desde una perspectiva feminista para cerrar las múltiples brechas entre las mujeres y hombres que pueblan los campus universitarios y sus áreas de impacto.
Es cierto que las mujeres representan una mayoría creciente en la matrícula universitaria[2]. A esta evolución se ha referido el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD, 2020), señalando que la progresiva feminización de la matrícula estudiantil en la educación universitaria en Venezuela a lo largo de las últimas tres décadas ha alcanzado en 2018 un 65 %. Estas cifras refieren a un estudio encargado a Marcano (2020), que amplía el panorama de esta participación. Este estudio refleja, por ejemplo, la baja participación de mujeres en cargos de rectoría en las universidades públicas venezolana, destacando que, de 74 universidades, solo 18 (24,3%) han logrado que alguna mujer ocupe el cargo de rectora. En otro dato del mismo estudio, en las cinco universidades más antiguas del país, de los 227 rectores que ha habido solo 6 (2,6 %) han sido mujeres. Sobre este contraste, señala Moreno (2025:14) en la editorial del Estudio ESS del IESLAC:
No obstante, esta mayor participación en el acceso no siempre se traduce en igualdad sustantiva. Persisten brechas de género en áreas estratégicas, como ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM), donde las mujeres representan menos del 35% de la matrícula global y apenas el 27% en investigación científica (…). De igual forma, la llamada “tubería rota” (leaky pipeline) refleja cómo, a medida que se avanza en la carrera académica, las mujeres tienden a estar subrepresentadas: menos (…) rectorías universitarias (…) y las brechas salariales entre docentes hombres y mujeres en la región rondan el 17% (…) A ello se suman fenómenos de discriminación menos visibles, como la asignación desigual de tareas administrativas y de cuidado en las universidades, que recae de manera desproporcionada en las académicas, lo que limita su tiempo para la investigación y afecta sus posibilidades de promoción.
Son muchas las áreas a considerar y no hay modo de establecer una única línea homogénea de diferenciación para lo que se ha hecho, lo que se está haciendo y lo que aún queda por hacer. Por todo esto, el presente artículo se propone hacer un resumen de los avances, desafíos y resistencias que enfrentan las instituciones universitarias venezolanas para impulsar la necesaria transversalización de la igualdad entre hombres y mujeres, como un aporte propositivo para la educación superior venezolana.
- Bases conceptuales de la transversalización en la educación superior
El feminismo y su impacto en instituciones con siglos de tradición cultural y burocrática pasa por reconocer algunos conceptos claves en su potencial aplicación a sus organizaciones y procesos. A continuación, se anticipan algunas de estas categorías.
La perspectiva de género implica reconocer que las desigualdades entre mujeres y hombres no son naturales, sino construcciones sociales, culturales y políticas que pueden y deben ser transformadas. Según Scott (1999) el género es “una categoría social que organiza relaciones de poder, expectativas culturales y prácticas cotidianas, afectando de manera diferencial a mujeres y hombres”. Aplicada al ámbito universitario, la perspectiva de género permite, entre otras cosas, identificar sesgos en los planes de estudio, prácticas docentes y dinámicas institucionales que perpetúan desigualdades.
El feminismo, entendido como un movimiento, teoría y práctica que busca la igualdad de derechos y oportunidades entre mujeres y hombres, aporta un marco conceptual para analizar y cuestionar las estructuras de poder en la educación superior y un espacio de movilización técnica y política para superar barreras y cerrar brechas. El feminismo crítico enfatiza la necesidad de transformar no solo la percepción social de las mujeres, sino también las instituciones que reproducen desigualdades. En el contexto universitario, esto se traduce en cuestionar la organización jerárquica de la academia, los contenidos de los programas, las metodologías de trabajo y sus herramientas de diagnóstico y proposición, la capacidad de integrar opiniones y participaciones de manera más inclusiva y paritaria, el acceso al financiamiento, facilidades y becas, la representación de las mujeres en puestos de liderazgo académico y la proyección misma del liderazgo universitario en todos los espacios sociales y político-institucionales.
Transversalizar el género en la educación superior significa integrar esta perspectiva de manera sistemática y permanente en todos los procesos académicos, administrativos, de investigación y extensión. La UNESCO (2017) sostiene que la transversalización de género no puede limitarse a cursos específicos, sino que implica que la educación, los proyectos de investigación y la gestión institucional reflejen principios de equidad y promoción de la igualdad. Esto incluye desde la elaboración de currículos inclusivos, pasando por la selección y adecuación de los materiales de estudio con sus fuentes y datos, el entrenamiento continuo del personal, el análisis crítico sobre la accesibilidad, participación, liderazgo y regulación; las iniciativas para cerrar brechas; políticas de igualdad en la contratación docente y el acceso de estudiantes, docentes, investigadores y comunidad en general a recursos educativos en torno a estas iniciativas.
Otro concepto clave vinculado a estos procesos es la interseccionalidad, acuñado por Kimberlé Crenshaw (1999) y abordado como eje central por Naciones Unidas (ONU Mujeres, 2025) que analiza cómo diferentes categorías de desigualdad —género, raza, edad, clase social, procedencia geográfica, orientación sexual, discapacidad, entre las más comunes— se entrelazan y producen experiencias complejas de discriminación. En Venezuela, la interseccionalidad es relevante para comprender cómo las mujeres indígenas, afrodescendientes, inmigrantes o en situación de vulnerabilidad económica enfrentan barreras adicionales en la educación superior. Incorporar este enfoque permite diseñar políticas educativas más sensibles a múltiples formas de desigualdad.
Desde la articulación conceptual y como resumen de lo anterior, la educación superior con enfoque feminista contribuye a reconfigurar los espacios académicos de profesionalización, investigación y extensión para formar ciudadanas y ciudadanos críticos, capaces de cuestionar estructuras de poder y participar en la transformación social. Según Freire (1970) la educación debe ser un proceso de concientización que permita a los sujetos comprender y transformar su realidad. La transversalización del feminismo en la educación, entonces, se vincula con la formación de profesionales y líderes comprometidos con la igualdad, como aspiración legítima y como proceso continuo, capaces de incidir en políticas públicas y prácticas sociales más justas.
La docencia con enfoque feminista supone reconocer los patrones de comportamiento patriarcal y machista que subyacen en los objetos de análisis y entrenamiento típicos de la formación universitaria y, también, en sus métodos de abordaje, la autoría mayoritaria de sus analistas/autores y los procesos mismos de participación y construcción socioeducativa que desembocan en el aula y sus dinámicas.
Esto incluye la deconstrucción del rol docente, sensibilizado y entrenado más allá de la especialidad y la libertad académica de su cátedra[3]. Incluye, también, la orientación proactiva para facilitar el acceso a mujeres limitadas por condiciones socio económicas, por la desigual distribución de los cuidados en sus hogares, así como por múltiples aspectos de la interacción social ampliada y el juego de roles distintivo entre profesores y profesoras, alumnos y alumnas, sus estructuras jerárquicas y los mecanismos institucionales de apoyo para la homogeneización de condiciones entre estos grupos, liberando las potencialidades de un ambiente áulico más igualitario y menos violento. Incluye, por último, las condiciones y metodologías vinculadas a las prácticas y pasantías que complementan procesos docentes, incidiendo directamente en la capacidad de las universidades para promover prácticas instructivas y laborales sin discriminación.
La investigación con enfoque feminista permite cuestionar los sesgos existentes en metodologías tradicionales y ampliar la mirada académica hacia dimensiones históricas, sociales y culturales que afectan a mujeres y diversidades sexuales. Por ejemplo, CEPAL (2024) avanza con un grupo de trabajo en la transformación de las ocho áreas que describen el proceso de captura y procesamiento de datos estadísticos, con sus implicaciones sobre todos los procesos de investigación científica. Otros aspectos de las implicaciones de una investigación orientada a la perspectiva de género incluyen el posicionamiento de mujeres investigadoras, el acceso a fondos de los proyectos que pretenden indagar, reconocer y combatir desigualdades entre hombres y mujeres o el impulso a las mujeres en laboratorios y espacios de gestión de la innovación en Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas[4] (STEM por su equivalente en lengua inglesa).
La extensión universitaria con enfoque feminista supone priorizar los proyectos e intervenciones que faciliten el cierre de brechas sociales, económicas, políticas e institucionales en torno a la igualdad entre hombres y mujeres en todos los espacios y contextos de la interacción universitaria, especialmente fuera de las aulas. Esta labor incluye todos los esfuerzos de discusión y promoción de la participación en torno a estos asuntos, por lo que abarca también los elementos contextuales que facilitan el acceso a organizaciones de la sociedad civil defensoras de derechos humanos, organismos internacionales y diferentes figuras de gobernanza institucional nacional y subnacional en los propósitos e iniciativas vinculados con los procesos de transversalización de la igualdad de género, el rediseño de políticas públicas y la asesoría desde instituciones universitarias a otras organizaciones. También las interacciones propias de esta misma promoción y discusión en espacios universitarios, como el surgimiento de redes de intercambio, por ejemplo: la Plataforma Universitaria de Estudios Feministas y de Género[5], la Red Feminista de las Ciencias Sociales[6], la Red Interuniversitaria por la Igualdad de Género[7], la Red Feminismos Cultura y Poder[8] o la Red Iberoamericana de Investigación en Comunicación y Feminismo[9].
Estos conceptos orientan tanto la interpretación de los avances como la identificación de desafíos, resistencias y oportunidades en el contexto de las transformaciones esperadas en la educación superior venezolana.
- La transversalización feminista de la educación superior venezolana
En Venezuela, el marco jurídico en el que se desenvuelve la necesaria transversalización del feminismo en la educación universitaria incluye la Constitución de 1999, la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y planes de igualdad de género que, en teoría, deberían impulsar la equidad en el ámbito universitario. Sin embargo, los datos muestran que la integración de la perspectiva de género en las universidades no ha logrado penetrar de forma estructural.
A pesar de ello, el diseño y ejecución de programas y políticas de género en las universidades venezolanas ha registrado avances significativos en la última década. Instituciones públicas como la Universidad Central de Venezuela (UCV), la Universidad Simón Bolívar (USB), la Universidad de los Andes (ULA), la Universidad del Zulia (LUZ), la Universidad de Carabobo (UC), han desarrollado programas de formación y talleres de sensibilización en género, mientras que otras universidades en el ámbito privado, como la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) han incorporado materias optativas sobre feminismo y estudios de la mujer y realizado numerosos foros y jornadas en torno a los derechos humanos de las mujeres. En conjunto se han logrado progresos en la incorporación de la perspectiva de género y del feminismo, evidenciando que, aunque de manera irregular, está en marcha un proceso de transformación académica y cultural. A continuación, un resumen de los principales logros, desafíos y oportunidades vinculados a este proceso.
3.1. Logros del proceso de transversalización en la universidad venezolana.
Entre los logros más relevantes que cabría destacar se encuentran los siguientes:
Creación y consolidación de espacios institucionales para la defensa de la perspectiva de género. Varias universidades han establecido unidades, oficinas o comisiones de género, que funcionan como núcleos para la elaboración de políticas, protocolos y actividades de sensibilización. Estas instancias permiten visibilizar las desigualdades de género al interior de las instituciones y funcionan como “puertas de entrada” para la transversalización.
Como ejemplo, en la Universidad de Los Andes (ULA) se creó la Comisión “ULA Mujer” contra la violencia de género en enero de 2020, como una iniciativa de visibilización, denuncia y educación sobre violencia basada en género.
En otro ejemplo, la UCAB a través de su Biblioteca y Centro de Cultura, creó la Colección Estudios de la Mujer “Evangelina García Prince” con más de 100 ejemplares de la colección privada de la que fuera ministra y Senadora de la República de Venezuela. Posteriormente, en el núcleo de Ciudad Guayana, se abrió otro repositorio similar con el nombre de Lucila Palacios[10].
Incorporación de la perspectiva de género en el currículo y actividades formativas. Se observa un aumento en la oferta de asignaturas optativas, talleres, diplomados, jornadas, foros y seminarios que abordan la igualdad de género, estudios de las mujeres. Estas iniciativas permiten al estudiantado y al cuerpo docente adquirir herramientas críticas de análisis de género. Paralelamente algunas facultades han comenzado procesos de revisión curricular para integrar contenidos de género en asignaturas obligatorias, promoviendo una mirada más contextualizada y crítica del conocimiento académico.
Cátedras libres como la de Estudios de la Mujer “Teresa de la Parra” de la UCAB, la de la Universidad del Zulia (LUZ) y de la ULA, han servido como plataformas de formación, reflexión y producción de conocimiento feminista dentro de las casas de estudio, promoviendo la participación de docentes, investigadoras y estudiantes en una construcción más crítica en torno a estos temas.
Es de hacer notar que el Centro de Estudios de la Mujer (CEM UCV) ofrece una Maestría en Estudios de la Mujer que “surge como una necesidad de visibilizar, promover y desarrollar los estudios sobre las mujeres desde un enfoque de género en el ámbito académico. Entendiendo el enfoque de género como un producto histórico derivado de las teorías feministas y su función ideológica de develar las relaciones de poder entre los sexos y sus consecuencias en la producción del conocimiento y las formas de concebir, interpretar y transformar la realidad social”.
Producción académica y participación de mujeres en investigación.
En el ámbito investigativo, se observa un aumento de publicaciones académicas y trabajos de grado que abordan temas de feminismo, derechos de las mujeres y políticas públicas con perspectiva de género, evidenciando un interés creciente por la transversalización del enfoque feminista en la academia venezolana.
El CEM UCV ha sido pionero en el desarrollo de investigaciones científicas con basamento feminista. Fue creado en1992, como un centro de investigación y docencia dedicado a derechos humanos de las mujeres con la misión de “Realizar, promover y fomentar la investigación, docencia y extensión sobre la problemática de las mujeres con enfoque de género, así como presentar alternativas de soluciones viables a las demandas que la Universidad Central de Venezuela o la sociedad requieran en su área, con el mayor rigor científico”[11].
Por otro lado, ha crecido la visibilidad de mujeres investigadoras y de estudios vinculados al género y la educación superior en Venezuela. Esta producción académica permite no solo documentar desigualdades sino generar propuestas de intervención y transformación institucional, al tiempo que se fortalece el conocimiento feminista en contextos nacionales e internacionales.
Sensibilización y formación docente. Se han implementado actividades de capacitación, talleres de sensibilización y encuentros sobre equidad de género dirigidos a docentes, investigadores, personal administrativo, obreros y estudiantes. También se ha promovido el desarrollo de protocolos institucionales contra la violencia de género en el ámbito universitario (UCAB; ULA), aunque con distintos niveles de implementación.
Articulación con políticas públicas y normativas nacionales. Si bien la implementación es desigual, se han logrado avances en el marco normativo nacional que respaldan la igualdad de género, lo cual abre una vía para que las universidades asuman el enfoque de género como parte de su responsabilidad institucional. Esto incluye instrumentos que obligan a la igualdad de género en políticas educativas y universitarias, lo que crea un entorno más propicio para la transversalización. Por ejemplo, la UCAB cuenta con un Decreto Rectoral sobre una política de igualdad de género: En este documento se establece “un compromiso especial (…) para consolidar una cultura de igualdad de género como principio básico compartido en todos los procesos de la organización: docencia, investigación, extensión y gestión”.
En el evento “Universidades territorios libres de violencia contra las mujeres” realizado el 27/11/25, se reportó que solo 2 de las 51 universidades privadas que existen en el país cuentan con un protocolo, reglamento o mecanismo específico de acción ante casos de violencia basada en género (2% UCAB y UNIMET) y de las autónomas, 2 de las 5 cuentan con ello (40% UCV y ULA). Ninguna de las 58 universidades experimentales o institutos politécnicos tienen estos instrumentos.
El de la UCAB se aprobó y difundió en 2020. En la UCV fue aprobado “El Protocolo de Actuación en Casos de Discriminación y Violencia en la UCV” como resolución 341 del Consejo Universitario en julio de 2024. En su texto establece “los procedimientos institucionales para la prevención, orientación, identificación, investigación, resolución y erradicación de conductas de discriminación y violencia. El protocolo es aplicable a toda la comunidad universitaria (docentes, estudiantes, personal administrativo y obrero (…) y terceros vinculados”
Redes, alianzas y visibilidad internacional. Las universidades venezolanas participan en redes nacionales e internacionales de género, lo que facilita el intercambio de buenas prácticas, experiencias y conocimiento crítico. Esta visibilidad internacional refuerza la legitimidad del enfoque de género en la academia venezolana y fomenta aprendizajes colectivos sobre transversalización, investigación feminista y políticas institucionales.
Estos avances, aunque heterogéneos y con retos importantes por delante, muestran que existe una base de trabajo inicial para fortalecer la transversalización del feminismo en la educación superior venezolana. El Observatorio Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (ONCTI, 2024:41) señala que, en 2023, de 9.402 personas dedicadas al I+D en el país, el 51,2% son mujeres[12]. También señala que, a pesar de su creciente presencia, están infrarrepresentadas en puestos de decisorios, lo que limita su influencia y poder (ONCTI, 2024:42).
A pesar de que en las últimas décadas se han creado cátedras libres, programas y comisiones orientadas a la equidad, estos esfuerzos han sido, en gran medida, fragmentados e insuficientes, lo que Reina (Reina, 2024) llama parches, acciones aisladas que, aunque bien intencionadas, no logran transformar el tejido institucional. Según Esquirol (Esquirol, 2022), pensar la transversalidad de género en la universidad implica cambios en gobernanza, currículo, cultura institucional y políticas, no sólo la creación de unidades segregadas. La transversalización se vincula con la reorganización institucional general de la universidad.
Desafíos y resistencias a transversalizar en la universidad venezolana
A pesar de los avances, la transversalización del feminismo en las universidades en Venezuela enfrenta desafíos complejos y resistencias estructurales que condicionan su evolución. Entre los más relevantes se podrían mencionar:
- Resistencias culturales. La persistencia de estereotipos de género en la sociedad venezolana se refleja en las universidades, donde prácticas discriminatorias y prejuicios afectan la participación de mujeres en espacios académicos y de liderazgo. Las normas sociales tradicionales limitan la visibilización de las desigualdades y dificultan la aceptación de enfoques feministas como parte de la formación académica. Se observa con frecuencia manifestación de sexismo académico y masculinización del liderazgo. Este tipo de resistencias culturales reta a toda la sociedad venezolana y a los movimientos feministas dentro y fuera de la universidad.
- Limitaciones estructurales. Las universidades venezolanas enfrentan problemas de infraestructura, recursos financieros limitados y falta de personal especializado en estudios de género, lo que restringe la ejecución de programas integrales. La carencia de materiales pedagógicos adaptados y la insuficiente formación docente en perspectiva de género son barreras recurrentes que desafían las actividades actuales orientadas a la transversalización.
- Contexto político y económico. La crisis económica, la fuga de talento, las limitaciones materiales y la inestabilidad política del país desafían directamente la capacidad de las universidades para desarrollar programas de transversalización de género. La migración de docentes y estudiantes reduce la continuidad de los proyectos y limita la consolidación de políticas institucionales sostenibles.
- Resistencias político-institucionales. Algunas estructuras académicas mantienen enfoques jerárquicos rígidos que dificultan la integración de perspectivas críticas. La ausencia de compromisos explícitos con la igualdad de género en los planes estratégicos de muchas universidades genera ambigüedad en la implementación de políticas de transversalización. Además, faltan datos confiables y seguimiento sistemático de políticas de género en la universidad, lo que dificulta el seguimiento interno y externo de las políticas y los proyectos.
Estos obstáculos incrementan el riesgo de que las acciones de género se limiten a unidades simbólicas, sin transformación estructural, en ocasiones sin suficiente consistencia, apoyo en forma de recursos financieros, materiales y humanos, por lo que se requieren estrategias combinadas que incluyan formación docente continua, fortalecimiento de políticas institucionales y creación de espacios de diálogo interuniversitario que promuevan la cultura de igualdad de género.
Oportunidades y estrategias vinculadas a la transversalización de género en la educación superior venezolana.
Frente a los desafíos, existen oportunidades para fortalecer la transversalización del feminismo en Venezuela:
- Programas de formación docente en género: Capacitar al personal académico para integrar la perspectiva de género en sus metodologías y contenidos de manera sistemática. Revisión de sesgos y estereotipos de género en la enseñanza. Entrenar a los equipos de recursos humanos y administración de las universidades en métodos no sexistas de selección, promoción, evaluación de desempeño y desincorporación de personal, para que apliquen medidas no discriminatorias en sus procesos
- Creación de cátedras y grupos de investigación: Ampliar espacios para fomentar la investigación interdisciplinaria y la visibilización de temas de género. Inclusión de autoras y metodologías feministas como referentes. Incorporar más autoras de artículos científicos en las revistas y journals de investigación. Abrir líneas de trabajo enmarcados en el área de género. Estimular la producción de trabajos de grado que aborden temas feministas. Hacer visible los logros de investigadoras dentro y fuera del campus para que las y los estudiantes tengan referencias femeninas que puedan citar.
- Incorporar en todas las cátedras de todas las carreras perspectiva de género. Que en todos los contenidos y curricula queden claros los impactos diferenciados que cada área de conocimiento tiene sobre mujeres y hombres.
- Políticas institucionales inclusivas: Incorporar la perspectiva de género en planes estratégicos, reglamentos y normativas universitarias. Contar con protocolos de atención y abordaje del acoso y hostigamiento sexual en el campus universitario, difundirlo y hacerlo cumplir, así como hacer campañas preventivas en toda la comunidad universitaria. Promover medidas de equidad o acción afirmativa como las cuotas o paridad en la composición del equipo rectoral y elecciones estudiantiles.
- Redes interuniversitarias: Establecer colaboraciones nacionales e internacionales que permitan compartir experiencias, buenas prácticas y recursos académicos. Es necesaria la articulación entre universidades públicas y privadas, Estado y movimiento feminista para fortalecer las alianzas institucionales que lleven a diseñar planes de igualdad universitarios con objetivos claros, indicadores cuantitativos y cualitativos, recursos y mecanismos de evaluación participativos.
- Cultura institucional: emplear lenguaje inclusivo no sexista, asegurar participación de mujeres en cargos directivos, crear mecanismos de rendición de cuentas e indicadores claros de igualdad. Incentivar a más mujeres a cursar carreras de ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM) ofreciendo facilidades a las jóvenes para sumarse con cursos propedéuticos o beneficios en la matrícula. Asegurarse de que en los paneles de congresos, jornadas o seminarios haya igualdad de representación de hombres y mujeres para que todas las voces sean escuchadas. Organizar ferias de empleos con empresas de la zona que incluyan explícitamente la demanda de mujeres en los cargos ofertados.
- Alianzas con la sociedad civil. Exigir públicamente garantía de derechos apoyando causas feministas y hacerse eco de la importancia de la igualdad en la sociedad. Apoyar y fortalecer organizaciones no gubernamentales de mujeres, dándoles cursos y programas formativos a bajo costo. Diseñar programas de especialización que provean de herramientas a grupos organizados en la defensa de derechos de las mujeres y crear materias electivas, así como prácticas específicas, en la agenda feminista.
El objetivo final de este conjunto de medidas, entre otras, es transformar la cultura patriarcal actual, tanto dentro como fuera del claustro universitario, a una más inclusiva, de manera que permita generar las condiciones para que emerjan más liderazgos de mujeres y que en paridad con los hombres, contribuyan a fortalecer un ambiente universitario que aproveche todo el talento, sin recurrir al manido “agregar componentes femeninos” que no cambian los hechos y cifras que dan cuenta de la inequidad.
Seguramente existirán muchas iniciativas más, desde la extensión universitaria, el deporte, la cultura, los medios de comunicación, las bibliotecas y todos los entresijos donde el estudiantado, profesorado, proveedores y autoridades conviven.
Estas estrategias además de fortalecer la educación con perspectiva de género contribuyen a la formación de profesionales comprometidos con la equidad y la justicia social. Asimismo, la transversalización del feminismo se vincula con la construcción de ciudadanía crítica, la promoción de liderazgo femenino y la participación política en el ámbito académico. La inclusión de estas perspectivas en la educación superior contribuye a desarrollar estudiantes y profesionales conscientes de la equidad y los derechos humanos.
A modo de conclusiones y recomendaciones
La transversalización del feminismo en las universidades venezolanas es un proceso complejo que requiere voluntad política, recursos y procesos sostenidos y consecuentes para inducir una gran transformación cultural. Los avances existentes, aunque significativos, coexisten con resistencias estructurales y sociales que dificultan la consolidación de políticas inclusivas y sostenibles.
Incorporar la perspectiva de género en la educación superior es una herramienta clave para la construcción de igualdad real y la formación de ciudadanos críticos, capaces de influir en políticas públicas y prácticas profesionales más justas. La experiencia venezolana evidencia que la articulación entre cátedras libres, programas de investigación y políticas institucionales es fundamental, pero no suficiente.
La experiencia venezolana demuestra que la transversalización del feminismo es un camino viable y necesario para la educación superior, cuya consolidación depende de un compromiso institucional sostenido. La experiencia iberoamericana y mundial da cuenta de avances de los que no siempre es fácil extraer aprendizajes lineales. En este sentido, las limitaciones estructurales presentes en el caso venezolano, considerando déficits institucionales para el ejercicio crítico de la ciudadanía y sus actores sociales, considerando, además, un aparato productivo golpeado por años de inflación y desincentivos para la inversión, construyen un marco que reta las capacidades de toda la sociedad venezolana para promover transversalización de la igualdad.
Sea lo que sea que se construya como alternativa para el futuro de las instituciones y, especialmente, lo que surja como renovación de las instituciones de educación superior, considerar cambios más rápidos y profundos en el liderazgo de las iniciativas y procesos dentro de la academia, así como promover con todas sus herramientas la sensibilización y el cierre de brechas en todos los ámbitos y procesos (transversalización) pareciera ser parte de una vía renovadora útil y sostenible.
Bibliografía consultada y referida
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[2] De acuerdo a un boletín en 2024 del Ministerio del Poder Popular para la Educación Universitaria (MPPEU, 2024 del total de bachilleres asignados al sistema de ingreso universitario, en su primera fase de 2024, 55,33 % eran mujeres y 44,67 % hombres.
[3] Para una revisión del tema de la libertad de cátedra con perspectiva iberoamericana puede verse en el dossier de IESLAC el artículo de Leticia Borrayo, “Libertad Académica en la universidad pública mexicana” Revista ESS, 37 (1) 481-505.
[4] Sobre este aspecto se sugiere revisar el informe de la Secretaría General Iberoamericana: Mujeres en ciencia, tecnología, innovación y digitalización en Iberoamérica. 2025.
[5] https://plataformauniversitariafemgen.wordpress.com/
[6] https://redfeministaccss.com/
[7] https://www.facebook.com/reduniversitariagenero/?locale=es_LA
[8] https://feminismosculturaypoder.net/
[9] https://www.iberfemcom.uma.es/
[10] Lucila Palacios fue la primera constituyentista venezolana. Todos los libros están indexados y a disposición en su página web: https://elucabista.com/2023/05/25/la-biblioteca-ucab-presento-coleccion-en-honor-a-la-feminista-evangelina-garcia-prince-antesala-del-centro-de-estudios-de-la-mujer/
[11] Centro de Estudios de la Mujer UCV. Misión. En http://www.ucv.ve/organizacion/vrac/institutos-y-centros-de-investigacion-ucv/centro-de-estudios-de-la-mujer-cem.html
[12] Según el Informe “El Estado de la Ciencia: Principales Indicadores de Ciencia y Tecnología 2025” de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI, 2025:20) este indicador venezolano es el segundo más alto del hemisferio, solo por detrás del de Argentina.

