La directora de Feminismo INC presenta su más reciente libro “FEminismo: creer y luchar” donde invita no solo a creer que otra forma de vivir es posible sino también a luchar por ello

Hace unos años la conversación sobre los derechos de las mujeres estaba enfocada en el derecho al aborto, al fin de los feminicidios y al reconocimiento de la violencia psicológica como una forma de violencia de género. Hoy, parece que hemos vuelto cien años al pasado y toca, una vez más, defender el derecho al voto de las mujeres.

Ante este panorama es muy fácil perder los ánimos, llenarse de ira ante la injusticia o dejar de creer en lo que alguna vez se pensó posible.

Susana Reina, directora de Feminismo INC nos invita, en su nuevo libro “FEminismo: creer y luchar”, a hacer todo lo contrario: sostener la esperanza incluso en contextos adversos, a dejar de adaptarse y empezar a transformar. Explica además que la publicación se dio en este momento específico justo por la cantidad de retrocesos, incertidumbre y cansancio que existe.

“Después de décadas en las que muchas mujeres conquistaron derechos, ampliaron su participación pública y transformaron conversaciones que antes parecían imposibles, descubrimos que nada estaba definitivamente asegurado. En distintos lugares de nuestra región, los derechos de las mujeres vuelven a ser cuestionados y el feminismo enfrenta una reacción organizada que intenta desacreditar sus luchas y recuperar viejas formas de control. En este contexto, necesitamos volver a preguntarnos qué nos sostiene cuando luchar parece difícil. Este libro nace de esa pregunta. De la necesidad de conversar sobre la fe, la esperanza y la lucha en un tiempo en el que no basta con haber tenido razón en el pasado ni con confiar en que el progreso continuará por sí solo”.

Cuando hablamos de fe inmediatamente lo asociamos a la religión, pero el enfoque de este libro va más hacia la espiritualidad, esa que, manifiesta la autora, propone un encuentro entre una espiritualidad que busca sentido, comunidad y dignidad humana y un feminismo que ha luchado para que las mujeres vivan con libertad, autonomía y derechos.

“La relación entre la fe, la esperanza y la lucha puede entenderse como una relación profundamente activa. La esperanza no aparece como una espera pasiva de que las cosas mejoren, ni la fe como una forma de resignación ante el sufrimiento. Ambas pueden convertirse en fuerzas que sostienen la acción cuando la realidad parece especialmente difícil de transformar. La esperanza permite imaginar que el mundo puede ser distinto incluso cuando todavía no existen todas las evidencias de que vaya a cambiar. Para una lucha feminista, esto resulta fundamental. Muchas de las transformaciones que hoy parecen naturales comenzaron cuando alguien se atrevió a esperar algo que, en su momento, parecía improbable: el derecho a estudiar, votar, trabajar, decidir sobre la propia vida o denunciar la violencia. La fe, por su parte, aporta una dimensión más profunda que es la convicción de que la dignidad humana tiene un valor que merece ser defendido y de que cada persona puede tener una responsabilidad frente a la injusticia”

La activista argumenta a través de los siete capítulos del libro que la fe y el feminismo pueden dialogar porque impulsan la búsqueda de razones para transformar el mundo, así como la creación de comunidad por un objetivo común.

“La lucha necesita esperanza porque nadie sostiene durante mucho tiempo una causa si cree que todo esfuerzo es inútil. Pero la esperanza también necesita acción, porque esperar sin actuar puede convertirse en inmovilidad. Por eso, FEminismo propone un movimiento entre ambas dimensiones: creer y luchar; confiar y actuar; sostener una convicción interior y llevarla al espacio público”.

¿Batallas perdidas?

Leyendo las noticias sobre el retroceso de los derechos de las mujeres en todas partes del mundo es fácil llegar a pensar que la lucha feminista está fracasando, pero Reina opina todo lo contrario.

“Demuestra, en buena medida, que fue válida y que produjo cambios suficientemente importantes como para generar una reacción. Cuando una lucha no altera nada, nadie siente la necesidad de combatirla. Pero cuando transforma leyes, costumbres, relaciones de poder e imaginarios, inevitablemente afecta intereses y provoca resistencias. Hoy estamos viendo una especie de factura o reacción frente a los avances logrados. No es casual que, después de décadas de crecimiento del movimiento feminista y de ampliación de derechos, hayan surgido discursos que intentan devolver a las mujeres a posiciones más tradicionales, cuestionar sus derechos reproductivos, deslegitimar al feminismo o incluso presentar la igualdad como una amenaza”, afirma.

La autora de “FEminismo: creer y luchar” recuerda a la filósofa y escritora francesa Simone de Beauvoir advirtiendo en 1974 que ningún derecho está garantizado para siempre.

“Pensamos que la historia avanzaba en una sola dirección y que los derechos conquistados quedaban definitivamente incorporados a la vida democrática. La realidad nos está demostrando que pueden retroceder. Por eso, el retroceso no debería llevarnos a concluir que la lucha anterior fue inútil. Al contrario: nos recuerda que los derechos se conquistan, se defienden y se vuelven a defender. Cada generación recibe una herencia de luchas anteriores, pero también enfrenta sus propias batallas”.

Sobre el rol de las creencias en la lucha de los derechos de las mujeres y el feminismo explica que la fe puede ser sostén en medio de la incertidumbre y la esperanza permite imaginar que algo distinto es posible, pero cuando creemos que un cambio puede ocurrir y esperamos que ocurra, la acción y la lucha suelen ser la manera de participar en su construcción.

“Es posible tener fe y esperanza sin acción, pero ambas corren el riesgo de quedarse en una experiencia íntima, en un deseo o en una expectativa. No basta con tener fe en la dignidad humana ni con esperar una sociedad más justa, necesitamos actuar para acercarla a la realidad. La acción tampoco siempre significa hacer algo grande, visible o heroico. A veces es cuidar, acompañar, resistir, educar, denunciar, votar, organizarse, sostener a otra persona o simplemente negarse a colaborar con aquello que consideramos injusto. La fe sin acción puede convertirse en espera. La esperanza sin acción puede quedarse en deseo. Pero la acción sin fe y sin esperanza también puede agotarnos. Por eso, quizá las tres se necesitan mutuamente”, finaliza.

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Alejandra Watts

Autor/a Alejandra Watts

Periodista | Generadora y editora de contenidos | Productora | Comunicadora estratégica

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