Escribir estas líneas no es fácil. Aunque físicamente me encuentro bien, emocionalmente ha sido todo un desafío. Observar lugares que antes recorría admirando sus paisajes y la calidez de su gente, las familias disfrutando de su cotidianidad, y ver cómo en un minuto con cincuenta y seis segundos (1:56) todo cambió, es devastador. Lo que antes eran hogares y espacios seguros de mujeres, hombres, niños, niñas, adolescentes, hoy son zonas de desastre e infraestructuras colapsadas.

La realidad es que nadie está preparado/a para perderlo todo, incluso la vida, en un segundo. Tendemos a pensar que siempre habrá tiempo, que después podremos hablar con esa amiga/o, abrazar a quienes queremos o manifestar nuestros sentimientos. Nos dejamos arrastrar por la rutina, hasta que la tragedia nos demuestra que el mañana no está asegurado y que lo que creíamos firme puede desvanecerse en un instante. Nos enseña, a la fuerza, a valorar el presente y a las personas que nos rodean.

Sinceramente no puedo dimensionar el impacto que sufren las personas supervivientes. A más de diecinueve días de la catástrofe, siguen buscando, sacando escombros con las manos hasta quedarse sin uñas, sin herramientas y bajo una presión contrarreloj implacable. Permanecen en las estructuras colapsadas con la dolorosa esperanza de hallarles con vida o, al menos, recuperar sus cuerpos.

Siguen esperando una “ayuda” que no llega. El deber ser dictaba una respuesta inmediata de las autoridades competentes desde el primer minuto; sin embargo, la realidad ha sido el descuido y abandono. A muchos lugares ni siquiera ha llegado la maquinaria pesada. Basta con revisar cualquier red social para evidenciar los gritos desesperados de auxilio de las familias. Duele profundamente, pero es imperativo reflexionar: ¿Cuántas personas murieron por la tardanza en las operaciones de rescate? Eso nunca lo sabremos, pero esa interrogante está presente en nuestras mentes y corazones.

Las primeras 48 horas son cruciales para salvar vidas. Aunque vecinas, vecinos, las comunidades y familias fueron las primeras en reaccionar, tratando de ayudar, usando sus propias manos para salvar a otras personas, sin contar con implementos mínimos como guantes, picos, palas, este esfuerzo sobrehumano demuestra la nobleza de nuestro pueblo, pero también retrata una dolorosa verdad que un compatriota resumía con crudeza: “estamos huérfanos de Estado”.

Precisamente en momentos como este, nuestro rol como feministas es amplificar las voces de las mujeres supervivientes. Sus historias, exigencias y denuncias no deben quedar sepultadas bajo el olvido ni la censura oficial.

Miriam Quintero desde el primer momento ha buscado incansablemente a su madre, Olga Hernández, en la OP26. Sin el auxilio de equipos de rescate profesionales durante las horas críticas, han sido sus propias manos y el mismo tobo de agua de su madre, las únicas herramientas que ha tenido para remover escombros.

También Damelis Díaz con una dignidad inquebrantable y afirmando que “no tiene nada que perder” (Bravo, 2026), alzó la voz para reclamarle directamente a Nicolás Maduro Guerra “yo no perdí una cocina, perdí una hija”, denunció, señalando que las autoridades sabían perfectamente que el Urbanismo Hugo Rafael Chávez Frías presentaba graves fallas estructurales desde su origen, a pesar de haber sido comercializado como una obra antisísmica con “tecnología de punta”. En los registros audiovisuales se evidencia cómo intentan callarla y contenerla mientras reclamaba por la muerte de su hija, una niña de 6 años de edad, quien falleció tras pasar días atrapada bajo los escombros. Damelis responsabiliza directamente al Gobierno por la inacción: “No hubo ningún ente gubernamental que se acercará aquí” (NTN24, 2026).

Les invito a hacer un ejercicio de empatía: imaginen tener a su hija o hijo atrapado bajo las ruinas, no poder sacarle, pedir auxilio desesperadamente y no obtener respuesta alguna del Estado. Verle morir lentamente ante sus ojos, con el paso de los días, sin poder hacer nada. ¿Cómo se sentirían? ¿Qué queda de una sociedad donde las madres y padres deben ver morir a sus hijos e hijas bajo el peso de la negligencia institucional?

Aunque los terremotos son fenómenos de la naturaleza, la magnitud de su destrucción y su impacto humano son políticos. El nivel de desastre se multiplica cuando:

  • Se autorizan construcciones en terrenos no aptos o de alto riesgo.
  • Se emplean materiales de construcción de baja calidad y sin fiscalización,
  • Existe una ausencia sistemática de políticas públicas efectivas en materia de protección civil.
  • Se mantiene una nula dotación de recursos humanos y materiales de acuerdo a los estándares internacionales.
  • Se carece de una educación sísmica real y preventiva para evitar tantas muertes por colapsos de infraestructuras.

Siempre llega un punto de quiebre en el que se pierde todo, incluso el miedo a alzar nuestras voces, a escribir, y a sistematizar estas historias cuando el poder intenta invisibilizarlas. Como feministas, nuestra labor es amplificar las voces de las mujeres supervivientes para que retumben. Es urgente reflexionar, pero sobre todo, exigir responsabilidades y accionar para que esta tragedia no se repita. Nos corresponde a todas y todos garantizar que el futuro de Venezuela no esté construido sobre el silencio y los errores del presente.

Fuente:

NTN24 (2026). https://www.ntn24.com/noticias-actualidad/no-hubo-ningun-ente-gubernamental-que-se-acercara-aqui-mujer-que-encaro-a-nicolasito-por-perder-a-su-hija-tras-los-terremotos-632565

 

Las opiniones expresadas de los columnistas en los artículos son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no necesariamente reflejan los puntos de vista de Feminismoinc o de la editora.
Reina Alejandra Baiz Villafranca

Autor/a Reina Alejandra Baiz Villafranca

Abogada egresada de la Universidad Santa María, Núcleo Anzoátegui (2001), Especialista en Ciencias Penales y Criminológicas de la Universidad Católica Andrés Bello (2007), Master Internacional en Criminología, Victimología y Feminicidio, Master Internacional en Derechos Humanos de la Mujer y el niño Violencia Intrafamiliar y Violencia de Género, autora de artículos de investigación y libros sobre Feminicidio en Venezuela, Violencia Intrafamiliar, Violencia de Género contra las mujeres, Violencia Sexual.

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