Por NiyireƩ Baptista.
ĀæCuĆ”ntas veces te has sentido discriminada por ser mujer? Si saco la cuenta, los dedos de mis manos y mis pies no alcanzarĆan: ālas mujeres no hacen estoā, ālas mujeres no puedenā, ātĆŗ, por ser mujer, no sabesā. HacĆa mucho que no me pasaba algo asĆ. Bastó que la figura del poder, representada en color verde oliva, me mandara a orillarme a la izquierda, me pidiera los papeles de la moto y, en un abrir y cerrar de ojos, me soltara lapidariamente: āAcĆ” no pasa, seƱorita. Nueva orden, mujeres manejando moto no estĆ”n permitidasā. ĀæQuĆ© me estĆ”s diciendo?, Āæde dónde se sacan esas incoherencias?, Āæen quĆ© siglo estamos, en el XIX, en donde mujeres y personas afro no tenemos alma, ni humanidad?
Y asĆ, por arte de magia, me volaron mĆ”s de un siglo de conquistas de las mujeres Ā porque segĆŗn la ānueva ordenā del lugar, las mujeres manejando moto no pueden ingresar. Mientras tanto, a nuestro costado no dejaban de pasar hombres motorizados a toda velocidad, sin ser detenidos ni recibir siquiera una mirada de alto. Obviamente, el problema no eran ellos, era yo, una mujer que se atreve a hacer algo que āescapa de su rolā: manejar y querer entrar a un lugar de autoridad masculina. āQue agradezcan que ya no les peganā, me dijo un noble ācatedrĆ”ticoā de la UCV en unas Jornadas de investigación; āustedes no sirven para esoā, dijo papĆ” muchas veces.
De inmediato, la rabia contenida empezó a quemarme por dentro. Pensaba en lo jodido que ha de haber sido para las mujeres antes que yo que te prohibieran ir a la escuela, divorciarte, votar o siquiera pensar por ti misma. En ese instante me volvĆ efĆmera, gris, invisible. El peso de la historia, de mi historia y de la de las nuestras cayó frente a mĆ ojos con toda su dureza. Al pensar en ello aĆŗn siento ganas de llorar.
Justo hoy, al despertar, escuchaba un nuevo pódcast sobre escritoras mujeres. El capĆtulo trataba sobre la actualización de las luchas feministas en medio de las avanzadas antiderechos. En el caso de las luchas de las mujeres, ningĆŗn derecho ha sido regalado; todos se han conquistado a pulso contra el poder patriarcal.
En pleno 2025, aĆŗn debemos seguir siempre a la defensiva para que las órdenes, las leyes y las costumbres no nos arrebaten lo que se ha conseguido, entre discursos que violentan, discriminan, son misóginos y segregan hasta hacerte regurgitar de arrechera. QuĆ© fĆ”cil es que otros te asignen un lugar, te impongan condiciones, te dicten un āordenā, simplemente porque eres mujer, o pobre, o madre, o negra, o de la comunidad LGBTIQ+, o migrante, o todas a la vez.
La discriminación es un mecanismo que busca recordarnos que nuestro acceso al espacio público es condicional, que siempre puede ser retirado si no encajamos en el molde que nos imponen y la misoginia es el odio o rechazo a las mujeres por el simple hecho de serlo. La prohibición de entrar por manejar una moto siendo mujer es un mensaje misógino que rechaza y desprecia a las mujeres y se ve asà en actitudes, palabras o acciones que nos colocan en desventaja frente a los hombres. Se nos recuerda que el poder de decidir dónde podemos estar y cómo nos podemos mover no nos pertenece.
Hoy es que no podemos manejar moto, ayer fue no poder ir a la escuela, no votar, no trabajar, no poder tener ingresos, no dejarte decidir cuÔntos hijos tener o si simplemente la imposición de parir. Y mañana puede ser cualquier otro derecho, como no hablar en público o no pensar por ti misma.
La historia de las mujeres estĆ” hecha de puertas que intentaron cerrarnos. āRecuerda que las mujeres y los negros somos los primeros jodidosā, le gritĆ© a aquel hombre que ni culpa tenĆa de tamaƱa estupidez. Inmediatamente, di la vuelta y acelerĆ© a Manuela como en ningĆŗn momento lo habĆa hecho hasta ese dĆa. Estaba molesta y mi molestia se acrecentaba en la velocidad. UrgĆa en mĆ la necesidad de demostrar y demostrarme que manejo siendo mujer, que el miedo a la autopista no me detiene y que, ante la indignación, la resistencia termina siendo el no ceder los lugares.
SeguĆ cabizbaja por todo el camino. Caracas y su sol resplandeciente me herĆan. Me detuve en una de mis librerĆas favoritas, cercana a los SĆmbolos. EstacionĆ© a Manu, guardĆ© de mala gana mi mochila en un viejo casillero y me dispuse a ubicar el libro mĆ”s feminista que encontrara. El dolor de ser un cuerpo al control de otros me perforaba; necesitaba ahogar en palabras de otras mis sentimientos. Recordaba aquella frase del pódcast matutino en donde decĆan que la literatura sigue siendo ese espacio simbólico importante para las construcciones culturales y la reivindicación de las luchas actuales, incluidas las de las mujeres.
ā ĀæTienes los cuentos completos de Virginia Woolf? ā y ese de Tamara Tenenbaum, āUn millón de cuartos propiosā?
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NiyireĆ© Baptista (Caracas, 1990) es historiadora, escritora e investigadora feminista, magĆster en literatura latinoamericana. Su trabajo combina lo literario y lo acadĆ©mico para explorar el cuerpo, la experiencia de las mujeres y las violencias patriarcales como espacios polĆticos. Autora de Mujer cadĆ”ver (2021) y colaboradora en la Revista Cuerpo y Territorio, tambiĆ©n publica su columna Soltera en la ciudad de la furia en AnalĆtica Web. Su voz conecta lo cotidiano con los feminismos latinoamericanos, invitĆ”ndonos a mirarnos con crĆtica, sinceridad y resistencia.
@niyiree_baptista