El deporte es un poderoso vehĂculo de transformaciĂłn social. En el marco de unas olimpĂadas mundiales la repercusiĂłn que tienen las actuaciones por parte de los y las atletas es enorme. Vivimos en carne propia las emociones generadas con solo mirar a quienes participan de estas gestas y celebramos o lloramos con intensidad cada competencia, cada resultado, cada hazaĂąa o derrota. Los acontecimientos que allĂ se suscitan, amplificados e intensificados por el poder de las redes sociales, pueden cambiar nuestra comprensiĂłn del mundo y de la forma como vivimos en ĂŠl.
Particularmente en estas olimpĂadas pandĂŠmicas Tokio 2020-2021, en solo la primera semana desde su inauguraciĂłn, han ocurrido situaciones que retan nuestra tradicional manera de entender las desigualdades entre mujeres y hombres, que bien valen la pena revisar porque son seĂąaladoras de los muchos cambios sociales que, gracias al feminismo, se vienen registrando en ĂŠste y todos los ĂĄmbitos de convivencia humana.
Veamos algunos de estos hitos
Las noruegas cambian el uniforme de un bikini incĂłmodo a un short parecido al que usan los hombres en la misma especialidad de balonmano de playa. Son multadas por alterar las reglas y obligadas a usar la prenda autorizada. La cantante norteamericana Pink asume pagar el monto de la deuda y aboga por el derecho de las mujeres a poder elegir. La delegaciĂłn alemana, en la disciplina de gimnasia, cambia las mallas de corte alto por pantalones de licra, para dejar claro que lo importante de la ejecuciĂłn deportiva es el talento mĂĄs que la estĂŠtica corporal.
Las feministas sabemos que la historia de la vestimenta de las mujeres es, en gran parte, la historia del control del cuerpo para disfrute de los hombres. Por ello cualquier manifestaciĂłn que defienda el derecho a que cada mujer elija lo que quiere para sĂ en sus propios tĂŠrminos, constituye un acto revolucionario y nada banal en esta lucha contra la desigualdad.
No por casualidad, un nĂşmero creciente de atletas de ĂŠlite, incluidas Simone Biles y ex deportistas olĂmpicas, han optado por cerrar nuevos tipos de contratos con empresas mĂĄs pequeĂąas (cuyas dueĂąas son mujeres) en lugar de patrocinadores tradicionales como Nike o Adidas. Varias corredoras jĂłvenes dicen que estas nuevas marcas de ropa deportiva estĂĄn dispuestas a trabajar con ellas de diferentes maneras, como por ejemplo incorporarlas como empleadas, darles equidad o brindarles mĂĄs atenciĂłn a sus historias personales. En pocas palabras, tratarlas como gente.
Es bueno recordar la denuncia por discriminaciĂłn que hizo la atleta Allyson FĂŠlix hace unos meses debido a las polĂticas salariales de Nike para las deportistas embarazadas, que equiparaban la maternidad con una lesiĂłn. Las grandes marcas estĂĄn siendo llevadas a escrutinio y a replantearse sus polĂticas, servicios y productos de manera que tomen en cuenta las expectativas y necesidades de las jugadoras en un sector histĂłricamente hiper masculinizado.
Otro ejemplo de cĂłmo opera este intento de control sobre la imagen de las mujeres fue la situaciĂłn vivida por An San, surcoreana y ganadora de tres medallas en estas mismas olimpĂadas por Tiro con Arco. Una oleada de comentarios machistas de sus connacionales sobre su pelo corto inundĂł las redes, pidiendo que devolviera las medallas por tener âgestos feministasâ. Miles de mujeres con cabello corto postearon sus fotos en apoyo a An logrando hacerse viral el machismo absurdo de un paĂs que es potencia econĂłmica, pero subdesarrollado en defensa de los derechos humanos de sus mujeres.
MĂĄs diferencias
AdemĂĄs del acostumbrado trato negativo al gĂŠnero que lleva a muchos medios tradicionales a publicar titulares que destacan de forma sexista y estereotipada los desempeĂąos deportivos de mujeres vs hombres con un abordaje abiertamente diferenciado y que darĂa tela como para un solo artĂculo, identifico mĂĄs casos de trato desigual en el medio olĂmpico:
Las gimnastas femeninas deben realizar sus rutinas de piso con mĂşsica, los hombres no lo tienen permitido. Leo en CNN que esto se explica porque al incorporarse las mujeres a esta disciplina (30 aĂąos despuĂŠs que los hombres) se esperaba que la gimnasia femenina destacara la gracia y la feminidad, y que las rutinas de gimnasia masculina resaltaran la fuerza. El caso es que esta regla sigue intacta y el ComitĂŠ OlĂmpico Internacional como que lo quiere seguir reforzando: âLos jueces otorgan puntos a las gimnastas por su arte, musicalidad y coreografĂa, mientras que a los hombres se les califica principalmente por sus habilidades acrobĂĄticasâ. QuĂŠ parecido esto a la forma como se evalĂşa desempeĂąo en las empresasâŚy quĂŠ importante ponerles perspectiva feminista a cosas que antes nos parecĂan naturales o que sencillamente ni notĂĄbamos.
Y para cerrar esta nota, no puedo dejar pasar por alto la decisiĂłn de la gimnasta Simone Biles de retirarse de la competencia olĂmpica al poner de prioridad su salud mental, tal y como hizo Naomi Osaka en dĂas pasados en Francia. En reacciĂłn, el tenista serbio Djokovic la critica haciendo alarde de la forma como ĂŠl sĂ sabe lidiar con la presiĂłn. Horas despuĂŠs, frustrado por perder, en pleno juego revienta su raqueta contra la red y lanza otra a las gradas (sin ser penalizado por el juez de lĂneaâŚ). Finalmente declara: âNo me gusta hacer esas cosas, lo siento por enviar ese tipo de mensajes. Pero al fin y al cabo somos seres humanos y a veces es difĂcil controlarseâ. QuĂŠ bueno que admite que no es de acero y que las emociones nos constituyen. Buen valor feminista que espero mĂĄs hombres abracen y practiquen.
Saltos a lo Yulimar.
En estas olimpĂadas y con estos pocos ejemplos, es notable el cambio en la manera como se estĂĄ redefiniendo el ĂŠxito y los tĂŠrminos en los cuales hemos aceptado las normas establecidas bajo la consigna de la presiĂłn extrema y el uso de tĂĄcticas agresivas, que describen muy bien el estilo masculino prescrito, copado por reglas de dominaciĂłn y poder.
El impacto que estos hechos puede tener en las nuevas generaciones, extrapolando mundo deportivo a mundo personal, familiar, organizacional, podrĂa equivaler a varios de los saltos que nuestra admirable atleta venezolana Yulimar Rojas consiguiĂł para el mundo.
Rompamos rĂŠcords de prevenciĂłn de machismo olĂmpico seĂąalando, denunciando, moviendo conciencias y haciendo evidentes prĂĄcticas que son reflejo de un desigual trato entre hombres y mujeres. Pasa en el deporte y pasa en la vida.



