Hace unos dĆas, una amiga me escribió un correo muy escandalizada por las declaraciones de J.K Rowling, en las que puntualizaba su opinión acerca del sexo biológico. Mi amiga me hablaba sobre la gran decepción que sentĆa por una mujer que consideraba una figura esencial de su infancia y en especial, por la forma en que abordaba un tema de semejante importancia en la actualidad. No respondĆ. En realidad, por un rato estuve tentada de hacerlo, pero por Ćŗltimo, decidĆ que no querĆa hacerlo. Una sensación inexplicable que pocas veces me permito analizar en toda su dimensión.
TambiĆ©n he leĆdo los sucesivos tweets de Rowling sobre un tema Ć”lgido en la discusión actual sobre el gĆ©nero, la identidad y la orientación sexual. AnalicĆ© con atención la polĆ©mica a su alrededor, las respuestas airadas y el apoyo. Al final, me hice una pregunta que puede parecer genĆ©rica, pero que en realidad, consuela de alguna forma, la profunda sensación de desconcierto que me produce la presión contemporĆ”nea por tener una opinión. ĀæDebo tenerla? ĀæQuiero tenerla? Escribo ambas frases en una hoja suelta, las leo juntas. La sensación es de apremio. La necesidad de responder la cuestión de fondo, tambiĆ©n. Me contengo, tomo una bocanada de aire. ĀæEs necesario que lo haga?
Descubro que no, porque para comenzar, la mayorĆa de las cosas que deseo decir o que podrĆa articular como respuesta a las declaraciones de Rowling, el malestar a su alrededor o el hecho de la transfobia, son meras elucubraciones. No tengo conocimientos sobre el tema, es una dimensión del feminismo por completo nueva para mĆ. Pienso que esa ignorancia, es de hecho irrespetuosa con las mujeres trans, con el hecho mismo debatir una circunstancia que les ataƱe sin tener una postura sólida. Releo de nuevo las frases en la hoja. ĀæQuĆ© deseo decir? En realidad, el punto mĆ”s importante de todo esto, es la idea general que necesitamos aprender mĆ”s sobre la identidad sexual moderna, cualquiera que esa sea.
La mayorĆa de nosotros creció en un mundo sencillo. Uno en el que nadie se cuestionaba el sexo binario, biológico o mucho menos, la forma como la cultura nos inculca como debe ser un hombre o una mujer. QuĆ© ocurre cuando no calzamos en las rĆgidas percepciones de una cultura conservadora. QuĆ© pasa cuando nos hacemos preguntas que van mĆ”s allĆ” de los genitales, la ropa que llevamos, la atracción sexual, la capacidad reproductiva. La sociedad de hace treinta o cuarenta aƱos, incluso en Ć©poca mĆ”s reciente, se limitó a mirar a otra parte para ignorar por completo las graduaciones de enorme importancia que sustentan al ser humano en toda su complejidad. En todas las formas en que puede expresarse. De modo que las nuevas batallas dialĆ©cticas, estĆ”n salpicadas de miedo, de una profunda sensación de confusión sobre lo que debeāāāo puedeāāāser correcto, justo o solamente natural. La nueva versión de lo que somos, este mundo de dimensiones infinitas, resulta tan asombroso como inabarcable por la mera percepción individual de lo que ocurre mĆ”s allĆ” de nuestro limitado criterio.
Por ese motivo, irrita y enfurece tanto, el debate. La dialĆ©ctica diaria de cuestionarlo todo, de hacerse preguntas, de lograr que cada persona de nuestra cultura tenga el lugar que merece, que busca, que le define mejor. ĀæCómo se llega a eso? No es sencillo. Tampoco es algo que ocurrirĆ” de inmediato y a veces, el pensamiento me frustra. Soy activista y desearĆa que todos los cambios y transformaciones ocurrieran al ritmo de lo necesario, de lo que deseo. De lo que necesita cada uno de los individuos de un mundo que pasó demasiado tiempo aferrado a códigos morales basados en una sensibilidad petrificada en lo moral. ĀæQuĆ© tan malo es eso? Es una pregunta que responderĆ”s segĆŗn la edad que tengas, la circunstancia que te rodea, el contexto al que perteneces.
ĀæTe has preguntado alguna vez, desde la normalidad corriente en que cada uno de nosotros fue educado, como es sentir que tu cuerpo no te pertenece? ĀæCómo es despertar cada dĆa preguntĆ”ndote de manera insistente quĆ© ocurre que no encajas en ningĆŗn lugar, en ningĆŗn espacio, entre ningĆŗn grupo? Antes que intentes responder, sólo imaginalo. Trata de por un momento de enlazar tu vida como la conoces desde un Ć”ngulo nuevo, uno que jamĆ”s esperaste descubrir. Uno que te arroja al otro lado de todos los lugares mentales y emocionales que consideras reales y posibles. ĀæQuĆ© ocurrirĆa si un dĆa comprendes que todo en lo que has creĆdo, en lo que sostienes tu capacidad para entenderte quien eres y hacia dónde te diriges, no es lo suficientemente firme para sostenerte?
Imagina ademĆ”s, la forma en que el mundo te mirarĆ”, te juzgarĆ”, te considerarĆ” obsceno e incluso, fuera de los restringuidos margenes de la normalidad. De lo obvio, de lo que te hace aceptable, de lo que te sostiene como una forma de coherencia entre el mundo tal y como lo conoces y lo que ocurre en tu mente. ĀæPiensas que podrĆas sobrevivir a algo asĆ? ĀæCómo lo harĆas? ĀæA quiĆ©n recurrirĆas para encontrar consuelo? ĀæCómo lograrĆas comprender el largo proceso de aceptación que nadie te dijo, antes o despuĆ©s, que existĆa y que ademĆ”s, debĆas sobrepasar?
Me lleva esfuerzos imaginarlo. Me lleva tanto esfuerzo que mientras escribo estas lineas, descubro que jamĆ”s lo he hecho en toda su extensión. Que jamĆ”s he reflexionado lo que en realidad significa no pertenecer, no estar, no encontrar un espacio, un nombre, un lugar, una versión del mundo que le sea reconocible. Me detengo, las manos sobre el teclado. Los dedos me tiemblan. SĆ© tan poco sobre el tema. ĀæCómo puedo debatir sobre eso? ĀæCómo puedo ayudar a quienes lo necesitan? ĀæCómo puedo insistir en un mundo como el que creo que es justo si no tengo la mĆnima empatia con los que sufren los problemas que me obsesionan?
Es una posición fĆ”cil, encontrarme al otro lado de la lĆnea de esa necesidad cotidiana de normalidad y lanzar acusaciones. O seƱalar, hablar, repetir lo que escucho. Leer un artĆculo de periódico de seis o siete pĆ”rrafos y sentir que puedo decir algo valioso para alguien que sufrió buena parte de su vida lo que para mĆ es impensable. Me hice feminista porque creo que no deben existir ciudadanos de segunda categorĆa. Que nadie debe ser discriminado por el color de su piel, lugar de nacimiento, gĆ©nero, identidad u orientación sexual. Que la igualdad es algo mĆ”s que una palabra incómoda, sujeta a ideologĆa. Me hice activista porque creo que puedo ayudar, porque estoy convencida hay quien necesita mi mano extendida, mi comprensión, mi simple silencio atento, mi respeto. ĀæTolerancia? La mera palabra me provoca malestar. ĀæQuiĆ©n soy para tolerar a nadie? ĀæQuiĆ©n soy para asumir que la vida, tal y como la vivo, es una certeza?
Puede parecer abstracto todo lo que digo antes y sin duda, lo es para mucha gente. Estamos acostumbrados a opinar, a lanzar juicios, a llenar de adjetivos todo lo que se rebela contra nuestra noción sobre la realidad. Cada generación tiene sus heridas, sus brechas, sus dolores, sus miedos. Cada uno de nosotros lleva a cuestas siglos de historias que se contaron y nos pertenecen antes de nacer. Para comprender el mundo en la actualidad, el que nos pertenece, el que dejaremos a nuestro paso, lo necesario es empezar a transitar una idea mÔs clara y honesta. Sabemos muy poco mÔs allÔ de nuestros prejuicios. Discriminamos por miedo. Apuntamos porque no sabemos hacer otra cosa.
āāPero Rowling es una grosera.
āāNo quiero hablar sobre eso.
āāĀæAhora la apoyas?
āāĀæDije algo asĆ?
āāNadie puede simplemente no opinar y lo sabes.
Mi amiga terminó por hacerme una llamada telefónica, escandalizada porque no he dicho palabra en medio de un escĆ”ndalo en el que en teorĆa, deberĆa interesarme o al menos, en el que deberĆa tener unas cuantas ideas quĆ© decir. Se enfurece por lo que llama mi silencio cobarde, me acusa de āodioā encubierto. Sigo sin responder.
āāĀæOdias a las personas trans?
āāJamĆ”s odiarĆa a nadie por ser quien esāāāpuntualizo.
āāEntonces, tienes que odiar a Rowling.
Pienso en una conversación parecida que sostuve en Twitter hace unos dĆas. Un buen amigo preguntaba si āhabĆamos canceladoā a la escritora, en ese tĆ©rmino que parece erradicar toda posibilidad de redención luego de un error pĆŗblico. La idea me sobresaltó. PensĆ© en la Rowling con la que habĆa crecido, la mujer encantadora que habĆa poblado mi infancia de magos, brujos y batallas a partir de ideales. La misma, por cierto, que insistĆa en reflexionar en voz alta con toda la libertad que imagino, siente le confiere su estatura como mujer icono, como sĆmbolo de toda una generación de lectores, de soƱadores. Una vez leĆ un artĆculo muy inocente que insistĆa que los fanĆ”ticos de la obra de la escritora solĆan ser āmejores, mĆ”s sensibles y empĆ”ticosā con las causas justas.
āāY entonces tĆŗ le quieres perdonar esto.
āāNo entiendo por quĆ© insistes en el tema.

J K Rowling
Pienso que Rowling se ha convertido en otro tipo de sĆmbolo. El de todas las personas que analizan tĆ©rminos que ataƱen a la libertad, la sexualidad y la identidad de cientos de rostros anónimos alrededor del mundo, desde la opinión. Desde la posibilidad de decir lo que pueden desde sus escasos conocimientos. Rowling insistió incluso que habĆa sido vĆctima de violencia domĆ©stica y agresión, como para dejar claro, que entendĆa la exclusión, que hablaba desde ese lugar doloroso de los sobrevivientes.
Pero en realidad ĀæDe verdad entendemos en toda su dimensión lo que ocurre en nuestra Ć©poca? ĀæEn medio de esta generación a la que se la acusa de āfrĆ”gil y ofendidaā? ĀæValoramos en toda su extensión el privilegio del que disfrutamos de poder finalmente visibilizar problemas, dolores, heridas, traumas que antes debĆan pasar desapercibidos? ĀæCómo afrontamos la idea que la gran discusión virtual acoge todos nuestros espacios luminosos y oscuros? ĀæDedicamos el tiempo y la paciencia necesaria a investigar, profundizar, entender realmente a quĆ© nos referimos al momento de seƱalar al otro? ĀæDe acusarlo de blando, de sensible?
āāRowling no tenĆa derecho a decir algo asĆāāāinsiste mi amigaāāāĀæcómo lo hace? Āæpor quĆ© lo hace?
āāMira, la verdad ninguno de nosotros se toma el tiempo de hacer otra cosa que batallar por cosas que comprende a la mitad.
HarĆ” una semana, se viralizó en redes sociales un artĆculo en que se analizaba la incapacidad de nuestra Ć©poca para admitir la propia ignorancia. El autor, insistĆa en que la mayorĆa de todas las voces en redes sociales y fuera de ella, sienten el impulso de dar su punto de vista, opinión, de dejar claro que tienen algo que decir sobre cualquier debate, incluso el que los sobrepasa. La mayorĆa de las veces ocurre por miedo, por desazón, por rencor, por ignorancia. Casi siempre por la infantil arrogancia de un mundo hipercomunicado que asume su reflejo virtual como infalible.
Cuando eres activista, sabes que la postura moral e intelectual, debe profundizarse. Que debes tener la humildad para asumir que necesitas reflexionar sobre lo que dirĆ”s, harĆ”s o de la forma en que te comportarĆ”s. O al menos a mĆ me ocurre, desde la adolescente que fui, comprendĆ que ser mujer en un paĆs machista era una frontera sofocante. Porque a medida que crecĆ, me tropecĆ© con todo tipo de pequeƱos lĆmites que imponĆa sobre mi vida, esa mirada insistente de la cultura donde nacĆ. No se trataba de que yo fuera especialmente rebelde o transgresoraāāāno lo fui, de hechoāāāsino que en mi paĆs, la sociedad parece obsesionada con el comportamiento femenino, con la diferencia, con quienes tienen el atrevimiento de asumir su identidad con valentĆa.
Y comencĆ© a transgredir ese lĆmite, siempre que podĆa, de todas las manera que conocĆa. A hablar cuando no se suponĆa que debiera, a preguntar cuando debĆa estar callada. A leer lo que no debĆa, a interesarme por temas que una mujer de mi edad no tenĆa por quĆ© discutir. A hacer cosas que se suponĆa, una mujer no debĆan interesarle.
Gradualmente, descubrĆ que conservar mi identidad implicaba enfrentarme a una serie de opiniones y criterios sobre mi vida insoportables y que dibujaban un tipo de mujer imaginaria que jamĆ”s serĆa ni me interesaba ser. Preocupada y desconcertada por la idea, durante aƱos me preguntĆ© donde encajaba yo en el paisaje de lo femenino en mi paĆs, cual era mi lugar en esa serie de estereotipos y tópicos que parecĆan excluirme y aplastarme. Nunca lo supe o mejor dicho, nunca encontrĆ© esa pieza que podĆa definirme, ese espacio que podĆa considerar propio en medio de tantos trozos vacĆos de identidad e información.
De modo que ahora, una adulta en mitad de una Ć©poca de opiniones, intento detenerme y reflexionar. La palabra transgĆ©nero no es sólo un tĆ©rmino: abarca vidas enteras. Abarca la concepción del mundo de millones de personas alrededor del mundo. No es sólo una forma de puntualizar la identidad sexual de nadie. En algo mĆ”s grande, mĆ”s importante. Lo mismo que transfobia, maltrato, agresión. Lo mismo que las discusiones repletas de acusaciones que siguen sin entender que entre todos los debates hay situaciones de inimaginable gravedad y dolor. Que en cada palabra que usamos con tanta irresponsabilidad, hay extensiones inabarcables de experiencias, terribles, duras, traumĆ”ticas, esperanzas. ĀæLa opinión a medias, sin sentido ni asidero puede abarcar algo semejante? ĀæLa suya, la mĆa? ĀæLa de cualquiera de nosotros?
No lo creo. En realidad, tener una opiniónāāāmucho menos, tener la razónāāādejó de importarme. Trabajo cada dĆa de mi vida por aprender un poco mĆ”s de cada una de las personas a las que quiero ayudar. A quienes antes no tuvieron nombre y ahora deben defender sus espacios, a las que tratan de avanzar en medio del desconcierto de una nueva percepción sobre la cultura. ĀæEs una visión demasiado blanda? ĀæConfusa? Imagina que lo que opines no sea importante, no tenga otro valor del que le otorgas. Que no importa tu posición ideológica, sólo son palabras. Que lo realmente valioso, son cada una de las personas en el mundo que necesitan ser incluidas, asumidas como parte de un todo, respetadas en toda su diversidad.
Si la discusión en redes entre Rowling, quienes la apoyan y las que no, permite que sientas un poco mĆ”s de empatĆa por algo que no entiendes ni comprenderĆ”s, comienzas a analizar el mundo mĆ”s allĆ” de los lĆmites y privilegios en los que naciste. Si tomaste un minuto de tu tiempo para comprender la condición que define la vida de alguien mĆ”s, que se sostiene sobre lo que somos y lo que deseamos, entonces algo comienza a evolucionar. Si recordamos que por cada prejuicio hay alguien que necesita ser comprendido, defendido, consolado, hay algo de real valor en medio de los interminable debate indisoluble en las redes sociales.
Y eso en el mundo actual, quizƔs es a lo mƔs valioso que se puede aspirar.
Comments (2)
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Gracias por este artĆculo. Me siento identificada al 100%. Y me da respuestas. Un abrazo.
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Gracias a tĆ por leernos!
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