En una de las clases del voluntariado de la Universidad de Sevilla, tuve la oportunidad de escuchar la explicación sobre la “putificación” de las niñas, como consecuencia de la cosificación sexual de sus cuerpos, considerándolas como cosas, objetos sexuales, degenerándose en su hiper sexualización, llegando a imponerse el uso de vestidos, ropas sexualizadas, con las que muestran sus cuerpos, con la “autorización” de padres, madres y representantes.
Un ejemplo se encuentra en los carnavales, en los que se acostumbran a desfilar carrozas con niñas disfrazadas, utilizando trajes en los que muestran sus cuerpos mientras bailan o caminan en las carrozas.
Lo cierto es que cada vez más las niñas dejan de vestirse como niñas de acuerdo a su edad para vestirse como mujeres, bajo la mirada cómplice de sus propios representantes; también acostumbran a utilizar los zapatos con tacones.
Desde una perspectiva feminista, el fenómeno de la putificación de las niñas es una forma de violencia simbólica que limita su libertad y desarrollo integral, es una manifestación alarmante de la sexualización temprana y la mercantilización del cuerpo femenino, incluso desde la infancia borrando las fronteras entre la niñez y la adultez, imponiendo a las niñas roles y expectativas sexualizadas que son perjudiciales para su desarrollo como personas.
El término “putificación” se refiere a la forma en que las niñas son empujadas a través de la moda, los medios de comunicación social, las redes sociales, música y juguetes, a adoptar una imagen y un comportamiento que las reduce a objetos sexuales disponibles, reduciendo su valor a su apariencia y a su potencial para ser deseadas por otras personas, teniendo consecuencias devastadoras para su bienestar psicológico, emocional y social (APA Task Force on the Sexualization of Girls, 2007).
Ahora bien, ¿cómo se manifiesta? el problema no se limita a un solo aspecto, sino que se infiltra en diferentes áreas de la vida de las niñas:
- Vestuario y estética: La proliferación de ropa infantil que imita la moda adulta sexualizada, como minifaldas, tops escotados o maquillaje para niñas, fomenta una auto-cosificación temprana, interviniendo la industria de la moda que en su afán por obtener ganancias, ha normalizado que las niñas vistan de forma provocativa, priorizando la “sensualidad” sobre la comodidad y la adecuación a su edad. Se les incentiva desde muy temprano el uso productos de cuidado personal para ser más bellas.
- Medios de comunicación y redes sociales: La exposición constante a imágenes de mujeres sexualizadas, la presión por la perfección estética en plataformas como Instagram y la proliferación de retos virales que implican poses o bailes sugestivos, contribuyen a que las niñas internalicen estos modelos, así como la cultura “influencer” a menudo exacerba esta tendencia, convirtiendo el cuerpo en una herramienta para la popularidad y el beneficio económico (Lemon, 2011).
- Juguetes y productos de consumo: Juguetes como muñecas con proporciones corporales hipersexualizadas, personajes de dibujos animados con vestimentas y actitudes adultas, y juegos que simulan citas o roles asociados a la seducción, envían mensajes confusos sobre lo que significa ser mujer.
Desde los feminismos, nos invitan a analizar estas prácticas como estrategias patriarcales que buscan:
- Limitar la autonomía de las niñas: Al centrar su valor en el atractivo sexual y físico, se desvía la atención de sus capacidades intelectuales, creativas y de liderazgo, enseñando que su poder reside en su apariencia para los demás, no en su ser interior, ni en sus conocimientos (Lemon, 2011).
- Perpetuar la objetificación femenina: Este proceso normaliza la idea de que los cuerpos de las mujeres son principalmente para el consumo visual, sentando las bases para futuras experiencias de cosificación, violencia de género, violencias sexuales (APA Task Force on the Sexualization of Girls, 2007).
- Reforzar estereotipos de género, como la belleza, la pasividad.
- Generar problemas de salud mental: La presión por cumplir con estándares de belleza inalcanzables y la obsesión por la imagen corporal pueden conducir a trastornos alimenticios, baja autoestima y depresión en edades muy tempranas por tratar de cumplir modelos impuestos patriarcalmente.
Combatir la putificación de las niñas requiere un esfuerzo de toda la sociedad en su conjunto, incentivando:
- Educación con perspectiva de género en todos los niveles del sistema educativo, desde el maternal.
- Una visión crítica de los medios de comunicación social, las redes sociales, música, dibujos animados.
- Valorar a las niñas por sus talentos e inteligencia, no por su apariencia física ni belleza.
- Reconocer la importancia de la infancia, respetando la niñez como un espacio de juego y aprendizaje, no un campo de batalla para la sexualidad adulta.
- Fomentar en las niñas su amor propio, autoestima.
- Consumo responsable, al adquirir y comprar productos que se ajusten a su edad, en el caso de los juguetes que promuevan la reflexión y juego libre.
- Crear espacios seguros y empoderantes, en los que las niñas se sientan seguras para expresar su creatividad, desarrollando integralmente su personalidad.
Desde los feminismos, nuestra tarea es desmantelar las estructuras y narrativas que perpetúan esta sexualización temprana, garantizando que las niñas puedan crecer sanas, libres y con una autoestima basada en su valía como personas, en su dignidad como humanas.
Referencias
APA Task Force on the Sexualization of Girls. (2007). Report of the APA Task Force on the Sexualization of Girls. American Psychological Association.
Lemon, J. (2011). Pink Brain, Blue Brain: How Small Differences Grow Into Troublesome Gaps–and What We Can Do About It. Penguin Group.