ĀæCuĆ”ntas veces un macho le ha puesto la rodilla en el cuello hasta asfixiar, literal y simbólicamente a una mujer, sin que pase nada? ĀæCuĆ”ntas mujeres mĆ”s tendrĆ”n que morir a manos de un hombre (su marido, ex novio, un policĆa) para que las calles ardan y se pronuncie toda la colectividad con la misma rabia e indignación que hemos visto por el asesinato de George Floyd? ĀæPor quĆ© pareciera haber mĆ”s conciencia sobre los derechos raciales y no tanto sobre los derechos de las mujeres, siendo que nosotras no somos una minorĆa sino la mitad de la población?
Una seguidora de Feminismoinc me escribió en dĆas pasados: ācreo que en esta cuenta me entenderĆ”n. Estoy totalmente de acuerdo con estas luchas. Tanto el racismo como el machismo son construcciones sociales que no tienen ni pie ni cabeza, pero su entendimiento es distinto. A veces hablo de feminismo en mi perfil y recibo crĆticas. Estos dĆas he hablado de racismo y no solo no me he sentido criticada, sino que he tenido apoyo. Me alegra, por una parte, pero me entristece por otra. Como suelo decir, mira si las mujeres estamos mal consideradas que un hombre negro llegó primero a la Casa Blanca que una mujerā. No puedo estar mĆ”s de acuerdo con ella.
Quienes critican el feminismo como movimiento o teorĆa de liberación, pero se solidarizan con las manifestaciones antirracistas, desconocen que, en su raĆz, ambos son parte de un mismo reclamo y de forma consciente o inconsciente entran en contradicción consigo mismos.
El feminismo es la lucha contra toda forma de opresión, dominación o discriminación.
Estar oprimidas, como dice la escritora bel hooks, es no tener oportunidades por tu gĆ©nero, tu raza o tu clase. Cuando estas categorĆas sociales se cruzan, se viven discriminaciones mĆŗltiples. Es lo que desde el feminismo se llama interseccionalidad, tĆ©rmino acuƱado por KimberlĆ© Crenshaw en 1989 para examinar la interacción de los distintos sistemas de opresión y sus consecuencias para los derechos humanos de las mujeres.
Desde el feminismo pensamos que la interseccionalidad es una categorĆa de anĆ”lisis fundamental para entender la manera multidimensional, estructural y sistemĆ”tica como operan las injusticias y seƱalar la coexistencia de factores infravalorados por los grupos dominantes en el poder.
Machismo, sexismo, clasismo, xenofobia y racismo estĆ”n conectados entre sĆ, por lo que luchar contra uno exige luchar contra todos. Porque entre otras cosas, a las mujeres que peor les va son a las lesbianas, las negras, las migrantes y las pobres. A una fuente de discriminación se le superpone la otra.
No hay una desigualdad mĆ”s importante que otra, ni creo que haya que jerarquizar los movimientos en algĆŗn tipo de escala. En palabras de la afrofeminista Audre Lorde, āno puede haber jerarquĆas de opresiónā porque desafiar solo un aspecto de la estructura opresora de por sĆ es ineficaz. Pero me llama la atención cómo se logra invisibilizar la terrible realidad que vive la inmensa mayorĆa de mujeres, como si fueran vivencias al margen, comparadas con las manifestaciones de inconformidad y disidencia de otros grupos, incluso minoritarios.
Los datos hablan
Si nos circunscribimos a los Estados Unidos, sitio donde ocurrió el lamentable asesinato de George Floyd a manos de un policĆa y que generó la airada y violenta reacción por varios dĆas, asĆ como manifestaciones pĆŗblicas y virtuales en todo el mundo en protesta por los asesinatos de negros (#BlackLivesMatter), algunas cifras pueden dar cuenta de la disparidad con la que se presta atención a un problema sobre otro.
El diario ‘The Washington Post’ divulgó que, por cada millón de habitantes de ese paĆs, 30 afroamericanos mueren por disparos de la policĆa, incluyendo hombres y mujeres. Proporción bastante menor a la que se registra por homicidios cometidos contra mujeres a manos de hombres.
Curiosamente en EEUU, las estadĆsticas oficiales no usan el indicador “femicidioā por lo que obviamente hay sub registro de casos y dificultad para hacer evidente el problema si no hay desagregación por gĆ©nero. Sin embargo, el Violence Policy Center publica anualmente reportes sobre vĆctimas mujeres de homicidios, que elabora a partir de datos del FBI.
SegĆŗn el Ćŗltimo informe disponible āWhen Men Murder Womenā, de septiembre de 2019 y con datos de 2017, 1.948 mujeres fueron asesinadas por hombres. Desde que alcanzó su mĆnimo de 1,08 por 100.000 mujeres en 2014, la tasa ha aumentado en cada uno de los Ćŗltimos tres aƱos, con una tasa de 1.29 por 100.000 mujeres en 2017, lo que representa un 19% mĆ”s que en 2014.
El mismo informe indica que las mujeres negras se ven desproporcionadamente afectadas por la violencia machista. En 2017, las mujeres negras fueron asesinadas por hombres a una tasa de 2.55 por 100.000, mƔs del doble de la tasa para las mujeres blancas asesinadas por hombres.
QuizĆ”s por estas razones, entre muchas otras, en 2019, la Fundación Thomson Reuters, incluyó a USA entre los diez paĆses mĆ”s peligrosos para las mujeres: 1. India, 2. AfganistĆ”n, 3. Siria, 4. Somalia, 5. Arabia Saudita, 6. PakistĆ”n, 7. RepĆŗblica DemocrĆ”tica del Congo, 8. Yemen, 9. Nigeria, 10. Estados Unidos. Sorprendente Āæverdad? Las alarmas parece que no se estĆ”n prendiendo donde realmente van.
Respirar queremos
¿Por qué estas cifras pasan por debajo de la mesa y los hechos emblemÔticos de otros grupos oprimidos tienen mÔs notoriedad que las narrativas que dan cuenta de la opresión que sufren las mujeres? ¿Qué harÔ falta para reaccionar con la fuerza que amerita el defendernos de tanta exclusión?
Silenciar, asfixiar, acallar, invisibilizar a las mujeres parece ser la consigna y mientras situaciones asà pasan, mÔs tenemos que abrir los ojos y todos los sentidos, porque esa rodilla en nuestro cuello es la prueba de que el feminismo es mucho mÔs amenazante para los privilegios económicos y sociales que cualquier otro movimiento de lucha. Tomemos nota y sigamos.



