Carrie (Sarah Jessica Parker) explica a Miranda (Cynthia Nixon) acerca del aborto que se practicó con 18 aƱos de edad. Lo hace con tristeza, pero sin hacer del relatoāāādoloroso e incómodoāāāun asunto moral. De hecho, el guion de Sex and the City, exploró el punto desde la compasión y el hecho de que se trata de una circunstancia que una mujer puede vivir. Se trató de un paso sutil, pero contundente, para explorar del tema en la cultura popular, pero no a travĆ©s del juicio y mucho menos la mirada masculina acerca de una experiencia netamente femenina. Tal vez, la primera de ellas en la televisión por cable de la dĆ©cada de los noventa.
En realidad, la producción de HBO, fue la primera en muchas cosas. La primera en tener cuatro protagonistas mujeres que hablaban de su vida sexual sin tapujos. La primera, tambiĆ©n, en la que una mujer se hacĆa preguntas sobre orgasmos, dolores menstruales, la posibilidadāāāo noāāāde tener hijos, lo erótico e incluso el cĆ”ncer de mama, sin que la historia arrastrara un juicio acerca de su comportamiento. Solo se trataba de cuatro solterasāāācon una irreal solvencia económica en una ciudad deslumbranteāāāque, tambiĆ©n, tenĆan la capacidad de simbolizar cierta idea de la libertad femenina. Carrie, Miranda, Charlotte (Kristin Davis) y especialmente Samantha (Kim Cattrall), no obedecĆan a ninguna norma.
Tampoco se parecĆan a ningĆŗn personaje de la ficción de la televisión ni habĆa parĆ”metros para compararlas con alguna otra. No eran madresāāāy en el caso de un par de las chicas, no querĆan serloāāāy aunque estaban obsesionadas con el amor, tambiĆ©n lo estaban con su vida, la idea esencial y directa de encontrar la realización privada. āTengo una larga historia de amor conmigo mismaā repitió Samantha, en varios de los capĆtulos emblemĆ”ticos de la producción.
Por supuesto, en su Ć©poca, la serie causó revuelo. Se le llamó desvergonzada, el personaje de Carrie se convirtió en Ćcono de la moda y hubo rĆos de tinta, de su postura acerca de la sexualidad y la necesidad del amor en nuestra Ć©poca. En la actualidad, hay debates cĆnicos de su trascendencia y una reevaluación de su frivolidad, ademĆ”s de los estereotipos en los que se centró. Pero continĆŗa siendo esencial para comprender a la mujer de la cultura pop en todo su poder.
DespuĆ©s de todo, Sex and the City, era una serie de mujeres para mujeres. Una, que en su Ćŗltimo episodio dejó un mensaje de considerable poder. āUstedes son los amores de su vidaā dijo Big (Chris North), al trĆo de amigas, con respecto al lugar espiritual que representan para Carrie. āCon suerte, cualquiera que llegue despuĆ©s, solo puede aspirar a ser otro mĆ”sā. Sororidad, en una Ć©poca en la que palabra todavĆa no formaba parte del lĆ©xico de las grandes producciones ni mucho menos, eran importantes en argumentos de series de renombre.
Ćrase una vez, cuatroĀ mujeresā¦
Lo relevante de Sex and the City es su reivindicación a los personajes femeninos como centros de sus propios relatos. Ninguna de las protagonistas eran solitarias, rotas, defraudadas, temerosas. Todas eran inteligentes, con vidas profesionales plenas y la aspiración romÔntica de un amor profundo. Lo cual, no evitaba que disfrutaran de su vida de soltera a plenitud. Por si eso no fuera suficiente, fue uno de los primeros programas de la televisión, en mostrar a la familia adquirida, la que llega con la adultez y la que, poco o nada, tiene relación con la biológica. Un cambio sustancial que brindó una nueva perspectiva a la forma del guion de narrar la belleza, la necesidad del deseo e incluso, la emancipación espiritual.
Pero la trama hizo algo, que ahora mismo puede parecer insignificante, pero que a mitad de los noventa, tuvo una importancia total. Transformó la percepción de las mujeres como entes individuales, poderosos y con su propio mundo. A pesar del eterno desfile de novios, amantes y aventuras de una noche, las protagonistas tenĆan sus propios escenarios de desarrollo, con poco o nada tenĆan que ver con su sufrimiento o pasión romĆ”ntica.
La bĆŗsqueda del amor estaba ahĆāāāy era de trascendental interĆ©sāāāpero mucho mĆ”s, lo era la emancipación de la idea general sobre lo que se supone que una mujer en los treinta sin planes de matrimonio podĆa ser. Mucho mĆ”s, a medida que el tiempo trascurrió y los personajes evolucionaron en consonancia. Para su quinta temporada, Samantha hablaba sobre su edad, el uso de anteojos y las canas en el pubis, mientras que en la sexta, Carrie debatĆa sobre la posibilidad de tener hijos. Todo, casi dos dĆ©cadas antes de la generación NoMo (No Mothers) o las preguntas sobre la fertilidad y la obligación de la maternidad.
La madurez llegó en belleza yĀ plenitudĀ
Para su Ćŗltima temporada, transmitida en 2004, Carrie abandonó su amada columna y viajó a ParĆs. Miranda se mudó a Brooklyn y cuidó a la madre de su esposo y Charlotte adoptó un bebĆ©. MĆ”s doloroso aĆŗn, Samantha sufrióāāāy se recuperóāāāde cĆ”ncer de mamas y arrojó la peluca a una multitud de mujeres traumatizadas con tratamientos invasivos. Ese fue el aƱo en que las colegiaturas femeninas de periodismo en Columbia aumentaron casi el 60%, que hubo un alza en la compra de propiedades en Brookyln y que la mamografĆa dejó de ser un procedimiento vergonzoso. TambiĆ©n, el aƱo en que TIME dedicó un artĆculo al fenómeno de Sex and the City.
Pero el show hizo mĆ”s que volverse icónico y un suceso de masas a gran escala. TambiĆ©n, reconfiguró la idea que cuestionó por mucho tiempo que una historia basada en mujeres podĆa ser exitosa o no. Autosuficientes, independientes, capaces de hablar de intimidad emocional y tambiĆ©n, del costo de zapatos lujosos, la serie se encuentra en un extraƱo lugar entre la superficialidad y un sutil mensaje sobre el poder de la amistad femenina, el amor y la esperanza.
Algo que el argumento recuerda en su Ćŗltimo episodio. En Ć©l, Carrie corre para celebrar su libro, luego de intentar abandonar todo por amor y comprender su error. Al otro lado del mundo, Miranda corre para buscar a su suegra, perdida en la ciudad en medio de un cuadro de demencia senil. En su lujoso Penthouse de la Quinta Avenida, Charlotte llora de felicidad, ante la foto del bebĆ© que adoptarĆ” y Samantha, recibe un ramo de flores que le recuerdan que su espĆrituāāāy cuerpoāāāestĆ” en primavera. El poder de los sĆmbolos en una historia en apariencia simple y banal, que demostró que el mundo femenino era mucho mĆ”s fuerteāāāy con aspiracionesāāāde lo que podrĆa suponerse. El gran triunfo de la serie, incluso en la actualidad.