Por Kika Martorell .

Las feministas en Venezuela venimos denunciando que la crisis recae en peor medida sobre las mujeres, pues son las mujeres las que sostienen la vida. Esta crisis multidimensional es inédita y ocurre en un momento histórico donde también es inédita la represión estatal, lo que ha conllevado a una inédita resistencia.

No solo en Venezuela estamos viviendo una situación crítica, confusa y que incrementa la incertidumbre -o más bien- que genera incertidumbres nuevas. Nos encontramos en un marco internacional nada alentador, guerrerista, imponente en el que, cabe destacar, no son las mujeres quienes comandan la guerra. Y como ya es sabido, en las guerras así como en las crisis, la pagan muy caro las mujeres.

Es imprescindible que al hablar de las mujeres haga referencia a las madres de las y los presos políticos. Sería irreal, inhumano y nada feminista hablar de mujeres sin nombrar a las tantas hermanas, tías, esposas, hijas, abuelas… que han estado y aún se encuentren fuera de los centros de detención y tortura. Ellas han sido arrastradas a condiciones extremas de violencia y desidia, condiciones para las que no hay justificación alguna. Definitivamente no tienen y tendrían que estar pasando por esto.

Es menester recordar, que los procesos de judicialización y las detenciones arbitrarias afectan diferencialmente a mujeres y hombres. Son las mujeres las que encabezan estos procesos, así como realizan la visitas y en este momento son las que encabezan las denuncias y las vigilias, y si no fuera poco son las principales víctimas de violencia sexual, humillaciones, entre otras, cuando van a visitar a sus familiares privados de libertad, sobre todo cuando se les permite porque en muchos casos se les niega este derecho.

Es poca la diferencia entre las mujeres presas políticas que están dentro de una celda o quienes están afuera de los barrotes pidiendo fe de vida de sus familiares y clamando por justicia y un debido proceso. Aunque la mayoría de los presos políticos son hombres, son las mujeres (madres, esposas y hermanas) quienes asumen el coste económico y psicológico de los cuidados y la búsqueda de justicia. Pierden sus empleos. Las mujeres trabajadoras tienen que dejar de trabajar para apoyar a sus familiares privados de libertad, por ende, el coste económico y psicológico de los cuidados del detenido es asumido, en su mayoría, por las mujeres.

Así nos lo muestra la periodista María José Dugarte en su reportaje colgado en la web de la organización de periodistas venezolanas Redsonadoras quienes vienen acompañando la lucha por la liberación de presos y presas políticas. Dugarte expone que en este proceso de búsqueda de justicia estas mujeres han perdido sus empleos, se ha incrementado la carga de cuidados, han sido víctimas de un sistema que no solo vulnera los derechos de sus seres queridos, sino también los individuales.

Más de 100 días durmiendo afuera de las cárceles exigiendo justicia en condiciones de precariedad para su aseo personal, gestión menstrual y atención a las diferentes condiciones de salud. ¿Se puede todavía ejercer más violencia? ¿Se puede aún ser más violento? ¿Cuánto será suficiente? ¿Habrá un suficiente? Por esto y mucho más, es imprescindible visibilizar y honrar a estas mujeres que sostienen la vida dentro y fuera de los penales y centros de tortura. Es importante honrar también a las madres que han fallecido esperando justicia, en medio de un contexto de violencia ejecutada por el Estado.

Carmen Navas: Prohibido olvidar.

Uno de los casos recientes más terroríficos que nos ha tocado el alma es el caso de Carmen Navas, mujer de 85 años que pasó más de un año buscando a su hijo Victor Hugo Quero Navas, privado de libertad arbitrariamente de su libertad en enero de 2025. Carmen pasó de cárcel en cárcel buscando información sobre su hijo y el Estado se burló de ella, la revictimizó de manera consecutiva, le mintió, le dijo que su hijo no estaba preso, la torturó psicológicamente, hasta que después de tanta agonía y búsqueda angustiosa En ninguno lugar le dieron información oficial. Hasta que el pasado 7 de mayo la citaron en la Defensoría y le notificaron que Víctor Quero Navas murió en julio de 2025 y fue enterrado poco después. Le dijeron dónde estaba su tumba, una tumba improvisada cuyo nombre Victor Hugo Quero Navas yacía en un papel pegado a una cuasi lápida.

¿Quién puede soportar este dolor? ¿Quién puede continuar…?   Carmen Navas falleció el 17 de mayo, se fue apagando poco a poco ante la ignominia del Estado.

Así como ellas, cinco mujeres más han fallecido sin ver a sus hijos en libertad: Yenny Barrios Paciente oncológica que murió el 5 de noviembre de 2025, madre de Diego Sierralta quien fue liberado siete días después; Carmen Teresa Dávila de Yéspica (90 años) quien murió el 22 de enero de 2026, dos días después de la liberación de su hijo, el Dr. Jorge Yespica Dávila; Yarelis Salas (39 años) murió de un infarto el 21 de enero de 2026 tras exigir la libertad de su hijo Kevin Orozco, quien fue liberado días después. Omaira Navas falleció en medio de la espera por la libertad de su hijo, Ramón Centeno.

Universidades y precariedad laboral.

Además, nos encontramos en condiciones de precariedad laboral. Los derechos laborales en Venezuela fueron amputados, mutilados a través de mecanismos de control como el Memorándum 2792 y el instructivo de la ONAPRE, que trajo consigo la pulverización del salario, lo que conlleva a la erosión de la capacidad de ahorro y la pauperización del poder adquisitivo, y que a su vez, derivó en la disminución del nivel de calidad de vida. Estamos viviendo un empobrecimiento de la población de manera acelerada. Esto ha traído como consecuencia un impacto en todas las áreas de la vida, incluyendo, en la salud mental.

Al día de hoy el salario son 130 bolívares al mes, equivalente a 0,30 dólares de acuerdo con la tasa oficial del Banco Central de Venezuela (BCV). Según la Asociación de profesores de la Universidad Central de Venezuela (APUCV) van 1529 días sin aumento de salarios ni prestaciones, ni jubilaciones. Una violencia salarial que afecta considerablemente la vida de las personas e impacta de forma diferencial en las mujeres.

Este paupérrimo salario impacta de manera considerable en los gastos que son propios de las mujeres como: artículos para la gestión menstrual, métodos anticonceptivos, atención ginecológica, por citar algunos. Aunado a que las cargas de cuidado recaen sobre ellas. Así lo afirma Deyanira Romero secretaria general del Sindicato de trabajadores de la UCV (Sinatraucv): la gran mayoría del pueblo venezolano somos madres solas, madres solteras somos las que sacamos la familia adelante, con nuestros salarios tenemos que cubrir educación alimentación viviendas vestido transporte, diversión, formación y entonces, porque nosotras tenemos aún más demandas que los hombres, además de la carga de cuidados, la gestión menstrual y más. El trabajo mal pagado no permite tener una buena condición de vida.

Una muestra de la realidad en cifras.

La Encuesta Nacional de Condiciones de Vida 2025 (ENCOVI), muestra que continúa existiendo una feminización de la jefatura de los hogares desde el año 2019 (tasas entre 54% y 60%). Estos hogares son los más empobrecidos por las brechas de género. Ya en los datos del estudio pasado (ENCOVI, 2024), mostraron que las mujeres dedican más del doble de tiempo que los hombres a las tareas del hogar y en los estratos más bajos el 51% de las mujeres reporta pasar más de 6 horas al día en actividades de cuidado y actividades domésticas.

Según esta encuesta, la participación de la población venezolana en la actividad económica se ha mantenido en niveles bajos, donde la cifra más baja fue en el año 2021 por el contexto de la pandemia y la crisis de movilidad. El nivel de actividad es inferior al promedio de América Latina. Debido a la contracción del mercado laboral y la caída de las remuneraciones, la mujeres se refugian en la inactividad, sólo 39% de las mujeres están incorporadas al mercado laboral en comparación al 72% de los hombres. Para ellas los costos de reinserción en el mercado laboral son más altos. Y las personas empobrecidas y pobres extremas son las que menos oportunidades tienen quedando altamente marginadas.

La Encovi 2024 mostró que el 75% de las mujeres percibe en el mejor de los casos ingresos inferiores a 200 USD mensuales, solo un 3% logra cubrir el costo de la canasta básica y únicamente el 6% de las mujeres tiene capacidad de ahorro, lo que las hace altamente dependientes de remesas y bonos gubernamentales. Actualmente, el promedio de los bonos recibidos por los hogares bajó a 37,6$ respecto a 43,1$ en 2024.

Los cuidados, una sobrecarga para las mujeres.

Otro dato importante es que un 8.9% de las mujeres en edad productiva manifestó el deseo de trabajar, pero esto se ve impedido por no tener con quién dejar a las infancias o adultos mayores que tienen a su cargo. Es decir, los cuidados se han convertido en una barrera para acceder al mercado laboral y al estudio. Una barrera sobre todo para las mujeres.

En el 92% de los casos, la persona principal que cuida a un enfermo o niño/a en el hogar venezolano es una mujer. Esta feminización del cuidado evidencia la ausencia de una distribución justa de los cuidados, las ausentes políticas para distribuir la carga, y también muestra que los cuidados son tareas que realizan las mujeres aunado a las otras actividades como trabajar en el sistema público, empresa privada o freelancer, educarse, etc. Son las mujeres las que cuidan, y son más las mujeres que retornan al hogar por los cuidados. Los cuidados se han convertido en una carga para las mujeres.

Esta sobrecarga muestra una crisis de los cuidados, tal y como lo plantea Alba Carosio, profesora e investigadora de la UCV, quien explica que la crisis de los cuidados en contextos de conflicto no es solo falta de recursos, sino una injusticia política. El sistema sobreexplota la capacidad de entrega de las mujeres para tapar los huecos de un Estado ausente, convirtiendo la sostenibilidad de la vida en una carga heroica pero agotadora que las excluye del espacio público.

Aunado a la crisis de los cuidados se suma la crisis de los servicios públicos, lo cual genera un colapso general. ¡Qué difícil cuidar, trabajar, vivir con servicios públicos ineficaces, insuficientes! Por ejemplo, el servicio de energía eléctrica se suspende Diariamente varias horas en el 39% de los hogares encuestados y alguna vez por semana varias horas en un 35% frente a un 10% que respondió que nunca se suspende. En relación al servicio de agua, el 78% de los hogares venezolanos recibe agua a través de tuberías (acueducto), lo que representa una disminución en comparación con el año anterior y solo el 19% de los hogares recibe un servicio de agua diario y continuo.

Sin embargo, en los estratos socioeconómicos bajos puede ser peor. Así lo explica Mitzy Flores, profesora e investigadora de la Universidad de Carabobo, quien refiere que en los sectores más favorecidos económicamente, los servicios básicos están garantizados lo que les permite a las mujeres disponer de más tiempo para el trabajo, estudio o el autocuidado. Aunado a ello, es menester resaltar que el acceso a electrodomésticos y otros recursos favorece el ahorro de tiempo. De modo que, tener garantizada la infraestructura que soporta los servicios básicos de calidad reduce claramente la demanda de trabajo de cuidados.

En Venezuela, el cuidado no es una opción, sino una carga de supervivencia. Se ha pasado de un modelo de «protección social» a uno de «gestión familiar de la crisis», donde la mujer es el principal soporte estructural ante la ausencia del Estado. Para las mujeres del sector socioeconómico alto y medio otro elemento clave es el contar con servicios prestados por personas fuera de la familia, es decir otras mujeres, las trabajadoras domésticas remuneradas.

En otro orden de ideas, las trabajadoras del sector público se encuentran en una situación de desamparo. Continúa exponiendo Deyanira Romero que en sector público, específicamente las y los trabajadores del el sector universitario, desaparecieron los derechos tales como la seguridad social, el servicio de salud es cada vez más ineficiente, los contratos colectivos, vacaciones y bono para disfrutar de un merecido descanso. Y aunado a un salario indigno, las mujeres son empujadas a tener 3 y 4 trabajos el número de trabajos, no tiene tiempo de prepararse  y ahora el prepararse tampoco tiene su valoración, gana lo mismo una persona preparada formada académicamente que una que no lo esté.

Lo anterior concuerda con las Observaciones que le hiciera la Comisión por la Erradicación de los Derechos de la mujer (CEDAW) al Estado venezolano en su informe 9 en relación al área laboral, y expresa lo siguiente:

El Comité toma nota de la Ley para el Fomento y Desarrollo de Nuevos Emprendimientos. Sin embargo, observa con preocupación: a) Las elevadas tasas de desempleo y de empleo autónomo entre las mujeres y la concentración de estas en la economía informal. b) Las oportunidades de empleo limitadas en el país para las mujeres rurales, las mujeres con discapacidad, las mujeres indígenas, afrodescendientes y migrantes, especialmente en las zonas costeras, así como para las mujeres de la comunidad LGBTQI.

Por otra parte, en relación al empleo remoto, a pesar de que el 80% de los jóvenes y profesionales buscan empleo remoto por la flexibilidad que ofrece, pero para las mujeres esto ha resultado en una trampa de tiempo. Según el estudio de PsicoData 2025, las mujeres que trabajan en remoto reportan mayores niveles de fatiga cognitiva que sus pares masculinos, el 44% manifiesta problemas para concentrarse debido a que el espacio de trabajo coincide con el de las tareas de cuidado (hijos/as, adultos mayores y gestión del hogar). Esto representa un verdadero dilema entre la «flexibilidad» y la doble y triple jornada.

Al no existir un marco legal claro para el teletrabajo en la Ley Orgánica del Trabajo, los Trabajadores y las Trabajadoras (LOTTT), más allá de analogías con el trabajo a domicilio, las jornadas suelen extenderse más allá de 8 horas, invadiendo el tiempo de descanso personal, estamo viendo manifestaciones de deterioro por aislamiento, la falta de contacto social presencial, sumada a la desconfianza generalizada del entorno (89%), esto ha aumentado los niveles de ansiedad, así como el denominado síndrome del impostor, según las investigaciones del IESA sugieren que las mujeres trabajadoras en remoto sienten una presión extra por «demostrar que están trabajando», lo que deriva en perfeccionismo extremo y agotamiento (burnout).

Además, estas trabajadoras no tienen seguridad social ni estabilidad laboral a medio y largo plazo. Aunque el nivel de salario es mayor que el empleo formal, la gran preocupación se basa en la «sostenibilidad humana», es decir, la capacidad de mantener un empleo productivo sin que colapse su salud mental o su estructura familiar por la falta de servicios de cuidado externos.

Asimismo, es importante considerar la existencia de una brecha digital: existe un retroceso en el acceso a tecnología de punta para mujeres de estratos bajos, lo que limita su acceso a empleos remotos de alta remuneración y a saber de tecnología, programación y ciberseguridad.

La ausencia de Estado es notoria. Las dificultades económicas y el salario llevado cada vez a lo más mínimo y el colapso de las instituciones también tiene repercusiones sobre la salud de la población. La situación de salud de las mujeres en Venezuela es crítica y se caracteriza por una brecha profunda entre la necesidad de atención y la capacidad de respuesta del sistema público.

Los datos de 2025 y 2026 de organizaciones como la UCAB, la Sociedad Anticancerosa y agencias internacionales (ONU) muestran tres frentes de emergencia:

  • La salud materna presenta un riesgo elevado, Venezuela tiene una de las tasas de mortalidad materna más altas de la región. Mortalidad Materna: Estimaciones recientes ubican la razón de mortalidad materna en torno a 125 muertes por cada 100.000 nacidos vivos, con picos históricos mucho mayores en zonas vulnerables.
  • Existe una privatización del parto de facto: Organizaciones de la sociedad civil reportan que «parir se ha convertido en un privilegio». Las mujeres deben costear desde guantes y jeringas hasta medicamentos básicos, lo que excluye a quienes no tienen recursos.
  • Crisis Oncológica (Mama y Cuello Uterino) El cáncer es una de las principales causas de muerte femenina en el país debido a la falta de diagnóstico precoz y fallas en el tratamiento. Cáncer de Mama: ha incrementado el número de mujeres diagnosticadas cada día. Se estima una pérdida promedio de 15 años de vida por muerte prematura debido a esta enfermedad. El cáncer de cuello uterino es la segunda causa de muerte oncológica femenina. A pesar de ser prevenible, la vacuna contra el VPH no está incluida en el esquema público de vacunación gratuito, y equipos de radioterapia en hospitales públicos suelen estar inoperativos.
  • Tiempos de espera: las cirugías electivas para cáncer de mama pueden tardar más de 6 meses, superando el límite médico recomendado de 8 semanas.
  • Con respecto a la salud sexual y salud reproductiva, la escasez y los altos costos en métodos anticonceptivos unido a la ausencia de información certera, baja educación integral sexual se han mantenido altas las tasas de embarazo adolescente Venezuela registra una tasa de 97.7 embarazos por cada 1,000 niñas y adolescentes (entre 15 y 19 años), cifra que duplica el promedio regional.
  • Incremento en ITS, incluido el VIH, ni siquiera existen campañas gubernamentales para la prevención y la inexistencia del acceso a preservativos gratuitos.
  • Falta de accesos a servicios de salud especializados, especialmente en comunidades indígenas y campesinas. y personas con discapacidad.

En relación a la atención humanitaria, la Encovi muestra que para agosto de 2025, la respuesta humanitaria alcanzó a 1.6 millones de personas, de las cuales el 57% fueron mujeres y niñas, evidenciando que ellas son el grupo con mayor necesidad de asistencia externa.

Otro aspecto a tomar en cuenta es la salud mental y el impacto debido a las condiciones de precariedad salud mental y estado emocional de las mujere, según Psicodata, los hallazgos reflejan:

  • Vulnerabilidad psicológica: las mujeres presentan niveles de deterioro emocional y ansiedad superiores a los hombres.
  • Impacto cognitivo: el estrés crónico está afectando sus funciones básicas; el 40% reporta dificultades para concentrarse y el 38% para recordar información. Los investigadores atribuyen esto a que sus recursos mentales de planificación y ejecución tienen un coste cognitivo por la preocupación constante por los elevados precios y la falta de ingresos.
  • Sentimiento de miedo: el 54% de la población femenina reporta sentimientos constantes de miedo y ansiedad relacionados con el entorno social y político.
  • Aunque existe un optimismo aparente que refleja el «hay que seguir adelante», los datos muestran un desgaste real, donde las mujeres presentan niveles de ansiedad y síntomas depresivos superiores a los hombres, derivados de su rol como gestoras de la escasez en el hogar.
  • Ansiedad y depresión: un 20% de la población sufre niveles moderados o altos. Este síntoma es más frecuente en mujeres (23%) y en habitantes del Zulia y la región de Oriente.
  • Economía (47%): sigue siendo la causa principal de estrés, especialmente en los sectores más pobres (donde sube al 68%) y las mujeres tienen mayor preocupación: las amas de casa, las más dependientes.
  • Salud (23%): la preocupación por enfermarse y no poder costear el tratamiento.
  • Duelo migratorio: gran parte de la población vive un proceso de duelo activo, no solo por fallecimientos, sino por la migración de seres queridos.

Frente a estos datos poco alentadores también es importante visibilizar las resistencias emprendidas por las mujeres en medio de la adversidad. Por ejemplo, las mujeres vienen tejiendo redes de apoyo, redes de cuidados, tal y como lo hemos visto en las madres y mujeres de las y los privados de libertad, redes que se tejen desde lo mixto y la incorporación de medios de comunicación, movimiento estudiantil etc, es decir la sociedad que acompaña y dice no están solas.

Nos encontramos entonces frente a un perfil psicológico de las mujeres que constituyen retos para su abordaje y que reclaman políticas públicas con perspectiva de género orientadas a minimizar la vulnerabilidad de las mujeres, lograr la equidad de derechos, impulsar la justicia y reparación y reivindicar los DDSSRR.

La situación económica ha convertido la salud mental de la mujer venezolana en un recurso de resistencia. En un permanente diálogo interno de no perder la esperanza, reinventarse, seguir luchando y en la búsqueda para visibilizar las exigencias legítimas de las trabajadoras, retomar las calles como espacio público de protesta, de contención, de cuidado y alianza de mujeres.

Para finalizar, una de las formas de resistencia que nos enseña Deyanira es enfrentar el miedo, el miedo sigue ahí, pero el miedo debe movilizarte, si pierdes el miedo pierdes la perspectiva, el miedo te hace pensar en las que vienen delante de ti y así como lo afirman Las Comadres Púrpuras organización feminista autónoma venezolana: la ternura siempre debe tener cabida en la calle y en nuestra vida cotidiana.

 

Fuentes consultadas:

https://redsonadoras.com/la-lucha-por-la-libertad-de-los-presos-politicos-tambien-la-sostienen-las-mujeres/

https://www.instagram.com/p/DYkhHJkD-g4/

https://efectococuyo.com/salud/25-mujeres-cada-dia-son-diagnosticadas-con-cancer-de-mama-alerta-la-sociedad-anticancerosa/#:~:text=SAV%20hace%20un%20llamado%20a%20realizarse%20los,%7C%20@efectococuyo%2014%20octubre%2C%202025%2010:42%20am.

https://www.cancervenezuela.org/descargas/Boletin-rosa-2024.pdf#:~:text=C%C3%81NCER%20EN%20VENEZUELA.%20Se%20espera%20que%20para,de%20vida%20debido%20al%20c%C3%A1ncer%20de%20mama

https://psicodatavzla.ucab.edu.ve/

https://www.proyectoencovi.com/encovi-2024

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Kika Martorell es psicóloga feminista, docente universitaria e investigadora psicosocial. Egresada de la Universidad Central de Venezuela (UCV), cuenta con el grado de Magister Scientiarum en Estudios de la Mujer y un diplomado en Neuropsicología. Durante más de 15 años, ha enfocado su labor clínica en la atención integral a mujeres sobrevivientes de violencia basada en género y a víctimas de abuso sexual infanto-juvenil. Es una activa defensora de los derechos sexuales y reproductivos, así como de los derechos de las personas LGBTQI+. En el ámbito de la incidencia política y el ciberactivismo, es integrante de la organización feminista autónoma Las Comadres Púrpuras y ha sido una pieza clave en la coordinación de campañas digitales como Madre Si Yo Decido y Alianza Salud para Todas.

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Foto: El Foro Penal.

 

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