Cuando hablamos de mujeres que han sufrido violencia machista el foco suele estar principalmente en la ayuda jurídica o psicológica cuando el área emocional (volver a relacionarse, reconstruir vínculos y dejar de sentirse solas) es igual de importante. Así lo explica Montse Casasempere, vicepresidenta de la organización española Generando Igualdad la cual tiene como objetivo provocar cambios reales en la vida de las mujeres y en la sociedad que las rodea a través del acompañamiento y la formación.
La comunicadora y especialista en igualdad detalla que la organización nació hace 26 años con otro nombre, “Asociación de mujeres de Fuencarral en el siglo XXI» y que en 2012 se dio el cambio. Ella llegó al proyecto en 2008 como voluntaria, rol que sigue vigente.
“Sostener durante más de 25 años un recurso asistencial prácticamente sin financiación estable ha sido todo un reto. Hemos sobrevivido con ayuda público-privada, pero principalmente autofinanciándonos, estirando cada euro, poniendo voluntariamente nuestro tiempo y energía al servicio del proyecto. Hoy vivimos uno de los momentos más críticos pues hemos tenido que frenar la atención psicológica por no poder afrontarla económicamente, con todo el riesgo que eso supone para mujeres que necesitan iniciar un proceso de recuperación. Actualmente somos cinco personas voluntarias, dos abogadas, dos psicólogas y una técnica de igualdad. Todas profundamente comprometidas. Trabajamos en toda España, aunque nuestra sede está en Madrid capital. El camino ha sido y sigue siendo difícil, pero seguimos porque sabemos que cada recurso que cierra deja a mujeres desprotegidas, y eso no debería ser nunca una opción”.
Asimismo, recuerda que el sentir que necesitaba hacer algo por ayudar y posicionarse contra la violencia machista fue lo que la llevó a Generando Igualdad.
“El año 2007 fue terrible, hubo 74 víctimas de feminicidio y el 30% de ellas había presentado alguna denuncia. Quería entender qué estaba pasando. No podía asumirlo como un dato más. Empecé a estudiar, a formarme y a comprender el ciclo de la violencia, las dinámicas de poder y control, los distintos tipos de violencia y, sobre todo, los porqués. Cuando empecé a entenderlo, ya no pude mirar hacia otro lado”.
Ayudarlas, a todas
Desde Generando Igualdad indican que sus servicios de atención jurídica y psicológica están disponibles para todas las mujeres que lo necesiten, sin importar su origen o situación administrativa en España.
“Poner condiciones para acceder a la ayuda deja fuera a muchas mujeres, especialmente a las migrantes, que a menudo llegan con miedo, desinformación o situaciones administrativas que las paralizan. Nuestro primer paso siempre es escuchar, sin juicios y sin requisitos, porque muchas veces esa primera escucha es lo único que tienen y cuando no tenemos capacidad para atenderlas, no miramos hacia otro lado, ahí activamos la red del tejido social y derivamos de forma acompañada a otros recursos, para que ninguna mujer se quede desatendida”, añade.
Con respecto a este tema, cabe destacar que muchas organizaciones se refieren a las víctimas de violencia de género como supervivientes, Casasempere manifiesta que no se trata de elegir entre algún término sino de “no convertir ninguna de las dos palabras en una etiqueta que encierre a las mujeres”.
“Todas han vivido situaciones extremas a nivel emocional, de violencia, miedo y pérdida de control sobre su propia vida. En nuestra experiencia, son muchas veces ellas mismas las que, a medida que avanzan en su proceso de recuperación, rechazan sentirse llamadas “víctimas”, porque sienten que esa palabra las deja ancladas al daño que les hicieron y al pasado. Cuando empiezan a reconstruirse y a mirarse con dignidad, prefieren reconocerse como supervivientes. De ahí nace recuperARTE, nuestro programa de recuperación a través de la música, escritura o fotografía. De ese proceso han nacido proyectos como nuestro disco “Vive”, con canciones interpretadas por artistas comprometidos y “Tinta y luz”, una antología solidaria compuesta por textos escritos por las propias mujeres. Para nosotras, el paso de víctima a superviviente no lo marca una palabra, sino el momento en que recuperan su voz y su derecho a contar su historia en sus propios términos”, asevera.

Educación como prioridad
En opinión de la vicepresidenta de la organización, estamos viviendo un contexto muy complejo pues los contenidos a los que están expuestos los y las jóvenes a través de internet y redes sociales es cada vez más violento y sexualizado.
“Por eso es tan importante hablar de prevención y educación, y no solo de intervención cuando el daño ya está hecho. En este sentido, el debate que se ha generado en torno a la propuesta del Gobierno de España para limitar el acceso de menores de 16 años a las redes sociales pone sobre la mesa una cuestión clave, no basta con prohibir, es necesario educar. Educar a niños, niñas y adolescentes, pero también a las personas adultas, para que sepamos acompañar, poner límites y generar pensamiento crítico frente a lo que se consume. Si no abordamos esta realidad desde la educación, la corresponsabilidad y el cuidado, seguiremos llegando tarde.”
Precisamente una de las áreas de trabajo de Generando Igualdad es llevar a cabo seminarios de sensibilización y prevención de la violencia. Sobre cómo explicar a los niños y niñas este tema tan complejo, Casasempere expone que hablar de estereotipos y roles de género no implica hablar de violencia sino enseñarles valores como el respeto, la igualdad y la libertad.
“La infancia es el momento en el que se construyen los primeros referentes y donde empiezan, muchas veces sin darnos cuenta, los primeros procesos de sexualización y de exclusión. Con los más pequeños, la prevención empieza por romper ideas muy básicas, que una niña puede correr, saltar, trepar a un árbol o jugar al fútbol igual que un niño; y que, si a un niño le apetece hacer ballet, jugar con muñecas o pintarse las uñas de colores, nadie tiene derecho a burlarse ni a señalarlo. Con adolescentes, el enfoque debe ser más directo. Ahí conectamos a través de testimonios reales de mujeres que acompañamos en la organización, mujeres que cuentan en primera persona experiencias de control, celos o manipulación que comenzaron en relaciones adolescentes y que en su momento no supieron identificar como violencia. Escuchar estas historias genera un impacto profundo. Permite cuestionar conductas normalizadas y entender que la violencia no empieza con un golpe, empieza con el control”, cuenta.
Finalmente, la especialista en igualdad hace un llamado a no abandonar estos proyectos y buscar vías de financiación estables para que las mujeres que lo necesitan sean atendidas y reciban el acompañamiento que necesitan.


