En La hija única Guadalupe Nettel (México, 1973) entra en un territorio donde la maternidad deja de ser una idea uniforme y comienza a desplegarse como experiencia múltiple, íntima y profundamente humana.

A lo largo de la novela, la autora se acerca a distintas formas de ser y de no ser madre, dibujando con una sensibilidad muy fina los matices que atraviesan los vínculos, las decisiones y las incertidumbres que acompañan ese proceso.

Como mamá, hay algo en esa exploración que siento especialmente cercano y son los miedos, las expectativas que se construyen incluso antes de que un hijo llegue al mundo y las tensiones entre lo que se desea y lo que ocurre. Leerlo me conectó con esa experiencia cotidiana de estar siempre aprendiendo a ser mamá sin certezas absolutas. Por momentos me reconocí en esa fragilidad, en esa mezcla de amor inmenso y dudas silenciosas que rara vez se nombran en voz alta.

En la novela, la narradora observa a unas palomas que insisten en hacer nido en su casa y ese gesto aparentemente cotidiano se convierte en un espejo incómodo y revelador. Mientras las aves encarnan una forma casi instintiva de reproducción y cuidado, ella sostiene su propia negativa a ser madre, como una decisión consciente que también requiere valentía y convicción.

Ese símil atraviesa toda la historia con una sutileza poderosa. Las palomas regresan, persisten, ocupan el espacio, como lo hacen también los mandatos sociales sobre la maternidad. Y, sin embargo, la protagonista no se deja arrastrar por esa inercia. Hay en su postura una afirmación de autonomía que dialoga con muchas de las luchas feministas contemporáneas, esa idea de que la maternidad debe ser una elección y no un destino inevitable. La novela deja ver cómo esa decisión no se toma en el vacío, sino en medio de presiones, afectos y vínculos que complejizan cualquier postura.

Nettel construye personajes que habitan la maternidad desde lugares distintos (la que nunca quiso tenerlos, la que tuvo y se deprimió, la que quiso y esperaba que muriera por un diagnóstico fatal pero le sobrevivió) y en ese contraste aparece una verdad que resulta profundamente liberadora porque cada historia es válida en su singularidad.

Esa mirada invita a soltar la idea de una única forma correcta de ser madre y a reconciliarse con las propias decisiones, incluso cuando estas se sienten incómodas o incompletas. Leerla es también una forma de mirarse con más honestidad y menos juicio, de reconocer que la maternidad, más que un destino fijo, es un proceso en constante transformación, atravesado por el amor, la ambivalencia y una búsqueda personal que nunca termina de cerrarse.

 

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Susana Reina

Autor/a Susana Reina

Psicóloga. Magister en Gerencia de Empresas. Coach Ontológico Empresarial. Especialista en Políticas Públicas con enfoque de Género (UIM-ONU Mujeres) Vicepresidenta de Desarrollo Corporativo Grupo Multinacional de Seguros. Columnista de Efecto Cocuyo. Directora Fundadora de FeminismoINC. Venezolana. Feminista

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