En los últimos meses hemos visto tanto en internet como fuera de él cada vez más hombres hablando de una “epidemia de soledad”, de cómo “el feminismo ha llegado demasiado lejos” y que ahora ellos son las “verdaderas víctimas de persecución”. Eso los tiene enojados y aunque puedan parecer ideas sueltas que coinciden, la realidad es que es un ataque organizado contra los derechos humanos de las mujeres.

Esto lo analiza y explica María Martín Barranco en su libro «¿Por qué algunos hombres están tan enfadados? Y por qué el feminismo no los desenfadará» cuyo proceso de escritura, indica fue muy duro a nivel mental por la cantidad de contenido misógino que tuvo que ver, escuchar, leer y procesar.

“No podemos ser ingenuas, lo que vemos hoy no es un arrebato espontáneo de cuatro señores que se han levantado con el pie izquierdo. Es un modelo de negocio industrializado y una estrategia electoral que funciona porque reparte culpas rápidas con explicaciones de parvulario. Si dejamos que los hombres definan qué es «igualdad» o «libertad», ya hemos perdido la partida antes de empezar. El encono que vemos en las redes es un producto manufacturado para capturar la frustración y la atención, convertirlas en datos y, finalmente, en papeletas electorales. Alguien en Silicon Valley y en las sedes de ciertos partidos se está haciendo de oro gracias al enfado de tu cuñado o del troll que te acosa”, señala.

La escritora española también alerta que no podemos pensar que estos discursos sólo están en la machosfera de internet puesto que cada vez se diluye más la frontera entre los espacios en línea y la vida real porque “la violencia digital es el campo de entrenamiento para la agresión física y el hostigamiento en la calle”.

“La ciencia ya nos advierte de que la misoginia es un portal estrecho pero directo hacia el extremismo de derecha; hay más jóvenes misóginos que llegan a la ultraderecha que ultraderechistas que se vuelven misóginos sin serlo. Un estudio de 2025 demostraba que la exposición al contenido sexista predice un aumento en el contacto con contenido de extrema derecha a lo largo del tiempo. Es el cebo de bajo umbral para captar a ese 32% de jóvenes desorientados y convertirlos en soldados de una guerra cultural contra las mujeres que solo beneficia a otros hombres a las élites económicas en general y a los partidos que las representan. Pero ese estudio daba otra información más preocupante y es una hipótesis con la que trabajo desde hace tiempo: la exposición al sexismo predice la voluntad de usar la violencia para defender los derechos de su grupo, un radicalismo intencional, incluso más que la exposición directa a contenido de extrema derecha. Pero esa violencia no ha preocupado mientras solo afectaba a las mujeres, como ahora afecta a la democracia sí preocupa”, detalla.

La licenciada en Derecho y especialista en comunicación no sexista ha hecho énfasis en el lenguaje en todas sus obras anteriores (Ni por favor ni por favora, La desfachatez machista, Punto en boca o Mujer tenías que ser) y éste sigue esa línea de trabajo.

“Cada libro ha dado la mano al siguiente para profundizar en un aspecto de él. Desde la explicación más sencilla de por qué es necesario, y posible, usar lenguaje no sexista, pasando a cómo nos configura como mujeres a través del lenguaje popular, cómo evitar discriminaciones lingüísticas en cualquier ámbito profesional o cómo la misoginia se atrinchera en el lenguaje para mantenernos “en nuestro sitio”, desde la alta y sosegada “cultura tradicional” a la velocidad y presencia constante de internet, en este último. Lo que señalo es cómo nos imponen el relato y la creación de un diccionario de la deshumanización con términos como femoid o Charo para que dejemos de ser personas y pasemos a ser no ya objetos sino objetivos”.

La autora reitera que lo que estamos viendo no es una anomalía sino un patrón del cual las mujeres están exhaustas, pero que al mismo tiempo se debe a que el feminismo ha triunfado.

“Navegar en este mar de testosterona herida nos drena la energía al exigirnos disculpas y pagar caro cada derecho conquistado. Este backlash es la respuesta de quien, como digo en el libro, “siente que le han quitado el mando a distancia de la historia”. Se ha formado una multinacional del resentimiento que conecta a gurús de la red pill en México con partidos ultra en España y foros nihilistas en Corea. Han entendido que el odio a las mujeres es el pegamento más fuerte para unir a grupos que no tienen nada más en común. No es algo que se vaya a pasar con la edad, es un clima viciado que busca que las mujeres nos retiremos por puro agotamiento para que ellos vuelvan a gestionar el mundo solos”.

Las opiniones expresadas de los columnistas en los artículos son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no necesariamente reflejan los puntos de vista de Feminismoinc o de la editora.
Alejandra Watts

Autor/a Alejandra Watts

Periodista | Generadora y editora de contenidos | Productora | Comunicadora estratégica

Más artículos por Alejandra Watts

Deja tu respuesta

Share