Las campaƱas sociales funcionan
Por Susana Reina
Viajaba con mi marido en un vuelo comercial en estos dĆas, cuando de pronto vemos unos ceniceros en cada asiento del avión, Āælos recuerdan? AdemĆ”s de persignarnos por volar en un aparato obviamente super anticuado por la presencia del adminĆculo mencionado, recordamos los dĆas donde fumar en un espacio cerrado como ese, era la cosa mĆ”s normal del mundo. Igual fumĆ”bamos en el salón de clases de la Universidad, en autobuses, en el cuarto donde dormĆamos, frente a niƱos, en todas partes.
Recuerdo que, como gran avance en la lucha contra el tabaquismo, se demarcaron espacios para fumadores (las Ćŗltimas filas del avión, por ejemplo) pero luego llegó el tema del fumador pasivo y sus derechos y se prohibió hacerlo incluso en los aeropuertos, con no pocas resistencias de buena parte de la población. Pero funcionó, aun en contra del enorme lobby ante los polĆticos que hicieron las poderosas tabacaleras a nivel mundial. Ya es impensable que una cosa asĆ pudiera haber sucedido alguna vez: gente fumando en un avión, incluso en vuelos de 9 horas o mĆ”s.
Esta historia me da esperanzas. Sobre todo, porque es la evidencia fÔctica de que el marketing social funciona. Si dejamos de fumar como chimeneas en todas partes gracias a la presión que surgió como producto de las campañas de educación pública llevadas a cabo, creo que igual se pueden aplicar esas estrategias para que el machismo, como la brutal pandemia que es, desaparezca de la faz de la tierra en menos de una generación.
¿Qué factores fueron claves para el éxito de aquellas campañas anti tabÔquicas que pudiésemos tomar como lecciones aprendidas y aplicarlas en nuestra lucha feminista anti machista? Aquà algunas:
- EnvĆo de un mensaje claro y contundente sobre los efectos nocivos de la conducta a eliminar, respaldado por data estadĆstica, cientĆfica y comprobable.
- Logro del apoyo del mƔs alto nivel de gobierno y de los legisladores para regular e intervenir con sanciones que se cumplan de verdad, a quien infringe las normas.
- Educación desde los niveles mĆ”s bĆ”sicos de enseƱanza para que la conducta anómala se entienda como indeseable y que no sea vista como algo natural o como parte del paisaje social. Identificar y seƱalar las causas, sĆntomas, manifestaciones y al mismo tiempo, dar opciones de conducta mĆ”s adaptadas a una vida sana donde se respeten los derechos de todas y todos.
- Concurso creativo de muchos entes para diseƱar mensajes de alto impacto que cambien creencias y actitudes, e instalen en la mente conductas alternativas contrarias a la que se quiere desplazar.
- Campañas masivas de información permanentes y continuas transmitidas por todos los medios de comunicación posibles para que el mensaje llegue con intensidad y amplia cobertura. Que nadie se quede sin saber: televisión, radio, prensa, Internet, cine, carteles publicitarios, folletos, afiches, vallas, material publicitario y los nuevos medios electrónicos y redes sociales.
- Participación y compromiso por parte de las organizaciones de la comunidad, como escuelas, instituciones religiosas, cientĆficas, acadĆ©micas, polĆticas y civiles. Un gran acuerdo y pacto global que promueva el cambio deseado.

El objetivo es crear conciencia pĆŗblica sobre los riesgos que significan para la salud y la vida de todos, mujeres y hombres, seguir viviendo como si la violencia machista y la idea de que los privilegios masculinos son incuestionables, fuera algo normal. Me da esperanza por ello ver actualmente a tantas personas y medios de comunicación social cada vez mĆ”s sensibilizados sobre la discriminación por gĆ©nero e incidiendo en los decisores y formuladores de polĆticas pĆŗblicas para que esta realidad cambie radicalmente.
Si bien es cierto que aún hay gente que fuma, la verdad es que se tienen que apartar para hacerlo, reciben enorme presión de sus familiares o seres queridos para que abandonen el hÔbito y muchos recurren a cursos o especialistas para tratar adicciones porque entienden que tienen un problema. Igual podemos lograrlo con las y los defensores del machismo. Que les quede claro a ellos y a todos, que ese no es el modelo de vida que queremos para nadie.
QuizĆ”s a alguien le parezca que comparar los daƱos del tabaquismo con los del machismo no sea razonable, pero probablemente quien asĆ piense no estĆ” considerando todas las dimensiones de este flagelo, que no solo espera a que seamos adolescentes para afectarnos, sino que desde la mĆ”s temprana infancia ya causa vĆctimas, pĆ©rdidas, daƱos.
āSe ha comprobado que el machismo es daƱino para la sociedad. Resolución 2018ā. OjalĆ” quedase ese mensaje instalado en la conciencia de todo el mundo y que la próxima generación se asombre de que la misoginia y el patriarcado existieron alguna vez, como nos asombramos hoy al recordar que no hace ni 20 aƱos fumar en un avión lleno de gente fuese posible.


