En el año 2015 un juez condenĂł a seis meses de cárcel al exalumno de Oxford Brock Allen Turner al encontrarlo culpable de violar por veinte minutos a una mujer inconsciente detrás de un contenedor de basura. El caso se convirtiĂł en un debate en redes sobre los extremos de la cultura de la violaciĂłn y la defensa de los derechos de la vĂctima, cuando el juez no sĂłlo mostrĂł una insĂłlita indulgencia al condenar a Turner — a pesar de los tres cargos de abuso sexual en su contra — sino que, además, aceptĂł una carta del padre del agresor como parte de la defensa.
En el texto, el padre de Turner ignora por completo los cargos que se le imputan a su hijo y además, insiste en minimizar lo ocurrido de todas las maneras a su alcance. En algunas partes de la carta, se lamenta que su hijo — a quien describe como un chico “formidable” — ya no esté interesado en la “parrilla y los filetes de cerdo” que tanto le gustaban “a pesar de ser un gran cocinero”, y que su “tristeza” es un alto precio a pagar por “veinte minutos de acción”.
“Veinte minutos de acciĂłn”. El hipotĂ©tico lector puede hacer un sencillo y escalofriante cálculo: tome su reloj y mida ese lapso de tiempo. Ahora piense en lo siguiente: durante todo ese tiempo una mujer perdiĂł por completo el control de su cuerpo. Durante esos veinte interminables minutos, fue vejada, usada, violentada, agredida a lĂmites oprobiosos. Veinte minutos en los que no pudo resistirse a lo que sea que Brock Turner hizo con su cuerpo. Veinte minutos en que se convirtiĂł en un objeto sexual. Veinte minutos en que no pudo luchar ni tampoco evitar ser violada. Una idea repulsiva y desconcertante sobre la manera en la que se percibe la agresiĂłn sexual y sobre todo, las implicaciones que puede tener.
La vĂctima, “la mujer inconsciente”, por entonces no era otra cosa que un elemento dentro de un crimen sĂłrdido. El anonimato intentĂł proteger a la vĂctima. O al menos, esa fue la primera intenciĂłn de buena parte de los medios de comunicaciĂłn estadounidenses que ocultaron su identidad. Hasta hace poco menos de dos meses nadie conocĂa el nombre de Chanel Miller, pero sĂ la espantosa historia a la que habĂa sobrevivido. No sĂłlo fue la vĂctima de Turner, sino tambiĂ©n de la opiniĂłn pĂşblica que la señalĂł, la estigmatizĂł y cuestionĂł. Por entonces, el seudĂłnimo Emily Doe intentĂł brindar a Chanel la oportunidad de contar su historia sin tener que sufrir la inevitable revictimizaciĂłn que cualquier vĂctima de agresiĂłn sufre de una forma u otra una vez que admite la tragedia que viviĂł. Emily Doe se convirtiĂł en una voz que reflejĂł a una nueva dimensiĂłn el dolor de las mujeres violadas y silenciadas por un sistema que acentĂşa la violencia casi de manera sistemática.
Pero mucho más que eso, la historia de Emily Doe debĂa ser contada en toda su crudeza: publicada originalmente por la página Buzzfeed la carta en la que contaba no sĂłlo la agresiĂłn, sino todo que ocurriĂł despuĂ©s, fue compartida al menos 15 millones de veces, leĂda en el Congreso estadounidense y, finalmente, el detonante de una revoluciĂłn casi invisible que permitiĂł un cambio de legislaciĂłn en el Estado de California, que se asegura de proteger a la vĂctima en lugar de violentarla de nuevo a travĂ©s de toda una estructura legal carente de empatĂa, compasiĂłn y respeto hacia las heridas psicolĂłgicas que la vĂctima soporta y, sobre todo, a la carga emocional que deberá lidiar luego de sufrir una agresiĂłn como una violaciĂłn.
Fue Emily Doe quien puso en palabras el miedo, el terror, la impotencia, la absoluta tristeza y rabia de haber sido violentada y herida en formas inimaginables, sĂłlo para que despuĂ©s su atacante fuera considerado un “muchacho prometedor” y condenado a una pena mĂnima. La decepciĂłn y dolor de Emily Doe fue la de todas las mujeres y hombres en situaciones parecidas, las de todas las vĂctimas de agresiones que han sido golpeadas y posteriormente estigmatizadas por el sistema legal. Un sĂmbolo en mitad de un tipo de brutalidad y la violencia de las que pocas veces se habla.
Un policĂa del campus le explicĂł en voz baja cĂłmo le habĂan encontrado — inconsciente y semi desnuda — y lo que probablemente habĂa sufrido.
Transcurridos casi cinco años luego de la tragedia que le tocĂł enfrentar, la historia de Emily Doe alcanzĂł algo parecido a la justicia, en un sistema que con frecuencia evita que las vĂctimas la obtengan del todo. Y quizás por ese motivo, la mujer oculta detrás del seudĂłnimo decidiĂł que era el momento preciso no sĂłlo para revelar su nombre — toda una declaraciĂłn de intenciones — sino, además, crear la posibilidad certera de mostrar los horrores y dolores detrás de agresiones semejantes a la suya desde una Ăłptica humanizada y sin duda, personal. De modo que Emily Doe dio pasĂł a Chanel Miller, autora del libro autobiográfico Know my Name, en el que no sĂłlo recorre la durĂsima experiencia que debiĂł soportar sino tambiĂ©n, reivindica la posibilidad que la vĂctima pueda recuperar su voz tras atravesar la peor de las experiencias.
Por supuesto Know my Name es un alegato pĂşblico y directo sobre la justicia: Chanel Miller tuvo que enfrentar la misma burocracia que tantas otras vĂctimas alrededor del mundo, sĂłlo que en su caso la onda expansiva fue mucho más allá del mero análisis de la agresiĂłn desde la concepciĂłn de lo anĂłnimo. Chanel atravesĂł las largas horas de interrogatorios, invasivos exámenes mĂ©dicos, la concepciĂłn de la violaciĂłn como un delito en que se pone en tela de juicio la moralidad de la vĂctima. Para la autora, lo más inquietante fue comprobar que la agresiĂłn tenĂa además una dimensiĂłn oscura y perniciosa, relacionada de manera directa con la manera en que la sociedad comprende una agresiĂłn sexual. Como tantas otras vĂctimas, Chanel soportĂł preguntas sobre la ropa que llevaba, la relaciĂłn que tenĂa con su novio y al final, sobre su comportamiento la noche del ataque. “Revivir el miedo a travĂ©s de la desconfianza ajena”, explica Chanel, que despertĂł sin saber quĂ© le habĂa ocurrido en un hospital del campus universitario.
La atenciĂłn mediática que Chanel Miller recibiĂł tras contar al mundo la agresiĂłn que padeciĂł no hizo las cosas más sencillas. Quizás, todo lo contrario: Know my Name no sĂłlo reconstruye los dĂas aterradores en que tuvo que ocultarse detrás de un seudĂłnimo y, a la vez, batallar por ser escuchada, una combinaciĂłn que llegĂł a aplastarle en medio de un sufrimiento inaudito, sino que además los contextualiza en un mundo hiper comunicado. La combinaciĂłn entre ambas cosas, transforma al testimonio de la escritora en una curiosa mezcla entre dolor y humanidad, entre esperanza y un temor subyacente que hace de la narraciĂłn un vĂvido reflejo de una circunstancia casi imposible de narrar de cualquier otra manera. Chanel fue violada pero tambiĂ©n tuvo que exponer los detalles de la tragedia para lograr que el mundo pudiera comprender los alcances de una percepciĂłn semejante, de una comuniĂłn entre las heridas del trauma y la posibilidad de sobrellevarlo hasta el final. Es toda una mirada durĂsima sobre la identidad rota de quiĂ©n sufre violencia.
Porque más allá de cualquier elemento tangencial, Know my Name es una denuncia contra todas las formas de violencia que una mujer o un hombre que sufren una agresiĂłn sexual deben soportar. El libro — que recorre con un estilo ameno e inteligente los temas más duros — es además una mirada consciente y bien construida sobre el hecho que la estructura legal vigente en buena parte de los paĂses del mundo, no apunta a socorrer o a consolar a la vĂctima, sino a cuestionarla, algo que Chanel sufriĂł en más de una ocasiĂłn.
La atenciĂłn mediática que recibiĂł luego de publicar su historia en la página web Buzzfeed se convirtiĂł rápidamente en un recorrido por lo peor de la resistencia cultural al considerar la violaciĂłn como un delito sin atenuantes. A pesar de la enorme solidaridad y apoyo que recibiĂł, Chanel debiĂł lidiar con las crĂticas, con el cuestionamiento sobre su conducta e, incluso, la concepciĂłn de la mirada pĂşblica sobre su historia. “Tener que demostrar que fui violada y que además no “lo merecĂa” fue uno de los dolores que debĂ soportar inmediatamente despuĂ©s de despertar inconsciente”, cuenta con una sencilla crudeza que deja entrever el sufrimiento a cuestas.
La vĂctima debe afrontar el hecho que se le deshumaniza, pierde la identidad, se convierte en un objeto del dominio pĂşblico.
Lo más duro de Know my Name es la mirada de la autora sobre sĂ misma y el hecho real que narra, difundido y convertido en un hecho viral desde el primer dĂa en que la carta fue publicada. “No me conoces, pero has estado dentro de mĂ, y es por eso que estamos aquĂ hoy”, comienza la carta de Chanel, entonces Emily Doe y con esa Ăşnica lĂnea, la autora resume no sĂłlo el horror de la violaciĂłn, sino que profundiza el horror que encaja y enlaza la percepciĂłn del miedo con algo más duro y angustioso. Hay una reflexiĂłn consecuente sobre la crueldad de la agresiĂłn sexual y de como, la vĂctima debe afrontar el hecho que se le deshumaniza, pierde la identidad, se convierte en un objeto del dominio pĂşblico. Más allá del miedo, Chanel afrontĂł la crueldad de una agresiĂłn anĂłnima que sufriĂł de forma casi aleatoria, pero que le demostrĂł que el origen de toda violencia cultural contra la mujer tiene un ingrediente inevitable de normalizaciĂłn del estereotipo de la mujer tradicional.
Chanel Miller despertĂł en un centro mĂ©dico del Valle de Santa Clara en enero de 2015 sin tener idea del motivo por quĂ© se encontraba allĂ o quĂ© habĂa pasado durante las cinco horas previas. TenĂa una herida en la cabeza, el cuerpo lleno de moretones y la vaga sensaciĂłn de horror de que habĂa sufrido algo lo suficientemente grave pero que no podĂa recordar. En Know my name, cuenta que un policĂa del campus le explicĂł en voz baja cĂłmo le habĂan encontrado — inconsciente y semi desnuda — y lo que probablemente habĂa sufrido. Un decano de Stanford le aclarĂł que el hecho de violencia habĂa ocurrido en la universidad.
A partir de allĂ, pierde el control sobre su vida. Se convierte en paciente, en la mujer que debe denunciar y tambiĂ©n en sospechosa. En la mujer que debe explicar por quĂ© acompañó a su hermana al campus, por quĂ© bebiĂł, quĂ© pudo hacer para provocar la violencia sexual que sufriĂł. De pronto, Chanel descubre que aunque su agresor ya fue identificado y tambiĂ©n está bajo custodia, es ella quien debe responder las preguntas. Es ella la que debe analizar y profundizar sobre las imágenes a fragmentos que logra recordar. Y es ella la que debe enfrentar la pesada maquinaria de la justicia. En suma, es Chanel la que asume el costo de la denuncia y los rigores de la agresiĂłn.
Por otro lado, Brock Turner es descrito como “esperanza olĂmpica”, “una promesa”, “un hombre joven que cometiĂł un error”. Una percepciĂłn sobre el crimen que deja a Chanel incluso más rota y herida de lo que pudo suponer. “DescubrĂ que para la mayorĂa de quienes conocĂan el caso lo que vivĂ se resumĂa en la imagen de una mujer inconsciente y desnuda”, cuenta con terrorĂfica sencillez, “por lo que supe que debĂa contar la historia, personalizarla, hacerla real, concluir que detrás de cada vĂctima hay un rostro y una historia esperando ser escuchada”.
El principal valor del libro es lograr que la violencia sexual sea interpretada como un delito y no como un debate moral que evade una mirada directa.
Know my Name es el intento de Chanel Miller de poner de manifiesto el valor de la comprensiĂłn del horror de la violencia sexual y sus consecuencias para las vĂctimas. Y lo logra a travĂ©s de un cuidadoso trayecto hacia la redenciĂłn. Al final, el principal valor del libro es lograr que la violencia sexual sea interpretada como un delito y no como un debate moral que evade una mirada directa.
“Durante años, el delito de agresiĂłn sexual dependiĂł de nuestro silencio. El miedo a saber quĂ© pasarĂa si habláramos. La sociedad nos dio mil razones; no hable si le falta evidencia, si sucediĂł hace mucho tiempo, si estaba borracho, si el hombre es poderoso, si enfrentará un retroceso, si amenaza su seguridad”, escribe Miller en uno de los Ăşltimos párrafos del libro, quizás lo más importantes y los más poderosos de todos. “Las barricadas que nos detuvieron ya no funcionarán. Y cuando el silencio y la vergĂĽenza se hayan ido, no habrá nada que nos detenga. La violencia puede ser destruida a travĂ©s del poder de nuestra voz y tambiĂ©n, de la capacidad de nuestra voz colectiva para lograr un cambio”.
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