En el Foro Mundial de Educación celebrado en 2019, la UNESCO confirmaba con datos regionales y mundiales de 144 paĆses, la gravedad del problema de la violencia escolar o bullying a travĆ©s del reporte titulado āDetrĆ”s de los nĆŗmeros: Poner fin a la violencia y el acoso escolaresā. Ā SegĆŗn este informe ācasi uno de cada tres estudiantes habĆa sido intimidado por sus compaƱeros en la escuela al menos una vez en el Ćŗltimo mes y una proporción similar se vio afectada por la violencia fĆsicaā. Estos datos han sido corroborados por otras agencias de cooperación internacional dando cifras que les permiten concluir que en la mayorĆa de los paĆses los estudiantes sufren violencia, acoso escolar y discriminación. Una cifra desgarradora: Ā 246 millones de niƱos sufren cada aƱo violencia de gĆ©nero en las escuelas o sus alrededores.
La violencia tiene graves consecuencias para la salud y el bienestar de niñas y niños, sus familias, el ambiente escolar y sus comunidades. EstÔ bien documentado el efecto negativo que el acoso tiene en la salud mental y el rendimiento académico. El bullying genera ausentismo, pobres resultados educativos y abandono escolar. Otras consecuencias perniciosas de la violencia sexual son los embarazos adolescentes, infecciones y enfermedades de transmisión sexual como el VIH y SIDA. También se ha relacionado con suicidios y homicidios, alcoholismo y adicción a otras drogas, problemas graves de salud sexual y reproductiva, lo cual incrementa las posibilidades de desempleo y pobreza.
Las niƱas sufren mƔs de acoso escolar
Dentro de este preocupante panorama y para entender mejor la dinÔmica que subyace al fenómeno de la violencia, es preciso analizarlo con enfoque de género, porque en el Ômbito escolar se replica el mismo patrón de dominio, control y violencia asociada a estereotipos masculinos que se vive en la calle, en la familia y en cualquier organización social patriarcal. Por ello, en múltiples investigaciones se detecta mayor frecuencia de acoso y victimización en niñas mÔs que en varones, quienes muestran un riesgo superior de intolerancia hacia las chicas y una mayor propensión a la fuerte presión grupal por imponerse y mostrar poder y fuerza.
La violencia escolar por razones de gĆ©nero (School related gender based violence– SRGBV por sus siglas en inglĆ©s) es un fenómeno que afecta a millones de niƱos de ambos sexos. Esta violencia implica maltrato sexual, fĆsico o psicológico dentro y alrededor de las escuelas cometido contra quienes no se ajustan a las normas sexuales y de gĆ©nero predominantes, y tiene su origen en la dinĆ”mica de relaciones desiguales de poder: āEsta modalidad de violencia es perpetrada por los diferentes actores insertos en el Ć”mbito educativo, asĆ como aquellos que se ubican en el contexto inmediato al entorno escolar y estĆ” basada en la discriminación, las relaciones de poder desigual entre mujeres y hombres, en los estereotipos de gĆ©nero y en patrones culturales basados en el control, dominio, sumisión y devaluación de las mujeresā.
La directora de la Iniciativa de las Naciones Unidas para la Educación de las NiƱas (UNGEI) Nora Fyles, pide que se tomen medidas urgentes para combatir la violencia de gĆ©nero relacionada con la escuela seƱalando que: āDurante los 25 aƱos que han transcurrido desde que se adoptara la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing sobre el empoderamiento de la mujer, las actividades y el interĆ©s por acabar con la violencia de gĆ©nero han ido en aumento, pero la violencia de gĆ©nero en las aulas y en sus alrededores ha pasado mayormente desapercibidaā. El Ć”mbito escolar no escapa a la realidad de la violencia perpetrada en contra de las mujeres.
Asà lo documenta la Organización Panamericana de la Salud (OPS): en el mundo, unos 150 millones de niñas y 73 millones de niños han sufrido violencia sexual. Casi la mitad de las agresiones sexuales en el mundo se cometen contra niñas menores de 16 años. Un 28% de las niñas nunca se siente segura en el camino al colegio, y una de cada cuatro niñas nunca se siente cómoda usando los baños de las escuelas.
Se ha encontrado que el acoso fĆsico es mĆ”s comĆŗn entre los niƱos, mientras que el psicológico es mĆ”s frecuente entre las niƱas, siendo la apariencia fĆsica la causa mĆ”s comĆŗn de intimidación, seguida por la etnia, la nacionalidad y el color de la piel. Las niƱas con discapacidades, refugiadas y lesbianas, experimentan con frecuencia altos niveles de violencia y acoso escolar.
Violación, abuso sexual, explotación sexual, trato negligente u omisión por parte de los pares, de las autoridades educativas o el personal docente y el castigo corporal, son formas habituales como la violencia basada en género se vive en muchos planteles educativos, recibiendo poca atención debido a las actitudes discriminatorias y perjudiciales prevalecientes que perpetúan el silencio y la impunidad. Según la organización Human Rights Watch (HRW), muchas niñas admitieron que no denunciaron los casos de violencia sexual porque los funcionarios escolares no les creen, especialmente cuando los responsables son maestros.
Ciberacoso y gƩnero
La educación a distancia y en lĆnea, como opción de emergencia ante la pandemia por Covid19, trajo beneficios, pero al mismo tiempo nuevos retos en este terreno de la protección infantil. Prueba de ello es que el 60% de las niƱas y adolescentes de todo el mundo han vivido alguna experiencia de acoso y discriminación en lĆnea, de acuerdo con el informe ā(In)seguras online: experiencias de las niƱas y las jóvenes en torno al acoso onlineā, elaborado por la ONG Plan International.
Recepción de mensajes explĆcitos, imĆ”genes con contenido sexual, amenazas de violencia, comentarios racistas y anti-LGTBI, humillaciones o ataques por su aspecto fĆsico, son las agresiones que reporta el documento. La mĆ”s habitual son los insultos y el lenguaje ofensivo, que el 77% de las encuestadas dice haber recibido āmuy frecuentementeā; les siguen las humillaciones pĆŗblicas y los ataques relacionados con su fĆsico (64%), la intimidación (61%) y el acoso sexual (58%).
Siendo que el entorno online es ya parte habitual de la vida de esta y las nuevas generaciones en el Ć”mbito educativo y en vista de estos resultados, la ONG pide a los gobiernos de todo el mundo una legislación especĆfica para luchar contra la violencia online por motivos de gĆ©nero que garantice a las vĆctimas el acceso a la justicia. Por otro lado, es preciso desde la sociedad civil idear y conducir campaƱas sobre ciudadanĆa digital con el objeto de sensibilizar sobre los riesgos a los que se enfrentan la infancia y la adolescencia en Internet, especialmente las niƱas.
QuƩ hacer
Muchos gobiernos todavĆa no legislan en torno a esta forma de violencia ni tienen mecanismos para proteger a su alumnado contra la violencia sexual, el acoso escolar y la violencia en el Ć”mbito educativo. Igualmente, muchas escuelas carecen de medidas de protección especĆficas para garantizar la seguridad de los niƱos mĆ”s vulnerables, entre ellos, las niƱas. Contar con un sólido marco jurĆdico y normativo que aborde la violencia contra las niƱas y mujeres y en las escuelas, es fundamental para hacer frente a este problema.
En Venezuela, la Ley OrgĆ”nica de Protección del NiƱo, NiƱa y Adolescente en su artĆculo 32 establece que āEl estado, las familias y la sociedad deben proteger a todos los niƱos, niƱas y adolescentes contra cualquier forma de explotación, maltrato, torturas, abusos o negligencias que afecten su integridad personal. El Estado debe garantizar programas gratuitos de asistencia y atención integral a los niƱos, niƱas y adolescentes que hayan sufrido lesiones a su integridad personalā. Esto quiere decir que todos los niƱos, niƱas y adolescentes tienen derecho al buen trato y que el Estado aboga por una educación no violenta, con sanciones penales para quien incurra en tortura, trato cruel o maltrato (en sus ArtĆculos 253 y 254). Contar con este Ley es positivo por la plataforma que brinda, pero como vemos no es sensible al tema del gĆ©nero, invisibilizando la realidad que hemos venido describiendo.
TambiĆ©n es necesario promover polĆticas inclusivas de acceso a Internet y asegurar la igualdad de gĆ©nero en los espacios online. āLos gobiernos deberĆan intensificar urgentemente sus esfuerzos por garantizar la seguridad de los estudiantes en las escuelas y en los espacios en lĆneaā, dijo HRW el DĆa Internacional contra la Violencia y el Acoso en la Escuela, incluido el Ciberacoso. Asimismo, deben investigar mĆ”s a fondo lo que ocurre en las escuelas, proporcionando data completa para diseƱar polĆticas pĆŗblicas dirigidas a corregir esta situación.
En los paĆses subdesarrollados la educación sexual es inexistente o la que se imparte es de baja calidad, con maestros y orientadores desinformados, sin herramientas conceptuales o psicológicas que les permitan entender la problemĆ”tica estructural de la violencia, sin formación feminista que les dĆ© una perspectiva diferente a sus intervenciones ni brinden la protección infantil en tan delicada materia. Por ello la capacitación de docentes para prevenir y atender casos de violencia escolar es una de las primera acciones que se debe emprender.
Ante casos de niƱas abusadas, las escuelas deben contar con programas especĆficos de ayuda en materia de salud y protección, anticoncepción de emergencia y servicios de salud mental y emocional que se centren en recuperar la confianza y les permita mantenerse en el medio educativo con pleno respeto y garantĆa de cumplimiento de sus derechos bĆ”sicos.
A pesar de estas desalentadoras estadĆsticas, hay experiencias puntuales que han demostrado eficacia en la reducción o mantenimiento de una baja prevalencia de la violencia y el acoso escolar. Entre ellas estĆ”n el compromiso desde el mĆ”s alto nivel para promover un clima escolar y un entorno de aula seguro y positivo, sistemas eficaces de denuncia y seguimiento de la violencia y el acoso escolares, formación y apoyo a los docentes, respaldo y orientación de los alumnos afectados, empoderamiento para las niƱas y adolescentes para que conozcan sus derechos.
La escuela es el espacio idóneo para transformar culturas violentas y patriarcales de relacionamiento social en mecanismos mĆ”s inclusivos, pacĆficos y armónicos entre todos los actores del sistema educativo. Con medidas de intervención integral como las que se proponen aquĆ, entre la escuela, la familia y el Estado, es posible entender que la violencia de gĆ©nero escolar es una violación de los derechos humanos y del derecho a la educación, y limita la participación y el acceso de las niƱas a un futuro seguro y de calidad. Por ello debe ser erradicada con firmeza y determinación.