La represión, el consenso y el conformismo de “la criada”

La represión, el consenso y el conformismo de “la criada”
mayo 21, 2020 Maria Jose Bermudez Rojas
cuentos de la criada

La Criada, es el personaje principal de ā€œEl cuento de la Criadaā€ de la escritora Margaret Atwood, publicada en 1985, es una denuncia a la sociedad patriarcal. Esta novela es un recordatorio de todo lo que aĆŗn nos falta por avanzar en la conquista de nuestros derechos ciudadanos, nos hace reflexionar que las demandas de las feministas de la Revolución Francesa, despuĆ©s de mĆ”s de 200 aƱos de lucha siguen teniendo vigencia; y, es una invitación a cuidar el derecho a la vida pĆŗblica que hoy gozamos, en occidente, ya que siempre se pueden perder, como lo perdieron progresivamente las mujeres de Gilead.

ā€œLa verdad estĆ” ligada circularmente a los sistemas de poder que la producen y la mantienen, y a los efectos de poder que induce y que la acompaƱanā€[1]AsĆ­, el orden en el Cuento de la Criada se establece por un rĆ©gimen totalitario, que no posee clases sino capas sociales, donde no hay separación entre sociedad civil y Estado, este Ćŗltimo, encarnado en el Comandante, quien tiene acceso a todos los privilegios posibles del orden y a mayor cantidad de cuerpos femeninos a su disposición: una esposa, marthas, y dependiendo de las posibilidades reproductivas de la Esposa: una Criada, y un prostĆ­bulo secreto: el JezebelĀ“s.

El contexto de la novela es, un territorio en guerra donde se sufre de una crisis demogrĆ”fica por la infertilidad de las mujeres, partiendo de la premisa de que ellas son las Ćŗnicas culpables posibles, por ello el cuerpo femenino con capacidades reproductivas es un bien escaso, colocado a disposición del Estado para su administración. La biblia justifica el rĆ©gimen de veridicción (posee la verdad), se hizo ley y pretende para sĆ­ la hegemonĆ­a ideológica. Las relaciones se establecen alrededor del gĆ©nero, los hombres tienen el poder y las mujeres pueden tener o no acceso a privilegios, segĆŗn, el rol que le sea asignado y la capa social en la que se encuentra gracias a ā€œsu dueƱoā€.

En Las Calles, Los Guardianes, estĆ”n desplegados vigilantes por toda la ciudad. Ellos no tienen acceso a cuerpos femeninos, pero, pueden ascender a Ɓngeles. Hay un muro, un recurso que sirve mĆ”s para los vivos que para los muertos, en el figuraban personas colgadas por haber atentado contra ā€œel bien comĆŗnā€: la maternidad (como mĆ©dicos que practican abortos).

Existen Centros de Educación Especial para las criadas, donde se enseña fundamentalmente: La palabra de Dios, el arte de permitir sistemÔticamente la violación, vigilar y desconfiar siempre de las otras compañeras. Las encargadas del trabajo educativo son las Tías, el único grupo de mujeres que en el ejercicio de sus funciones, sus privilegios inmediatos no les vienen dados de la autoridad del hombre sino de las posibilidades que su cargo les brinda, como: el acceso a la lectura (son las únicas que pueden leer). Quienes se nieguen a ser criadas o a adaptarse al nuevo orden, son categorizadas o reclasificadas como No Mujeres, y son enviadas a realizar trabajos forzados a un lugar donde nadie quiere ir: Las Colinas.

La Familia estĆ” conformada por: un  Ángel, que es el escolta del comandante y puede casarse; Una Esposa (del comandante), poseedora de los mayores privilegios, dentro del hogar respecto a su gĆ©nero, la Ćŗnica con potestad para ejercer violencia fĆ­sica en contra de la criada, siempre y cuando no atente contra la maternidad, su poder disciplinario le permite la reclasificación de la Criada a una ā€œNo Mujerā€ y viste de color azul; Dos Marthas, encargadas de lo domĆ©stico, dar de comer, limpiar, cuidar a la familia. Ellas, deben evitar enfermarse o mostrar cansancio, pues siempre estĆ”n en riesgo de convertirse en No Mujeres, y visten de color verde; y, una Criada, mujer educada para ser violada, desprovista de su identidad y su familia, es ocupada exclusivamente para la procreación, su cuerpo es un objeto estatizado, administrado por una burocracia con privilegios. Es parte de la reserva nacional. Sus nombres se forman con la preposición ā€œdeā€ seguido del nombre del Comandante que le tocó, usan vestidos rojos.

Aunque son perturbadores los elementos que componen esta historia, si uno se pasea por el mundo y su historia, puede encontrarse con hechos que superan esta distopía: mujeres víctimas de acoso y violación sexual no solo por parte de hombres, sino también por parte de perros; otras que sufrieron la introducción de ratas dentro de sus úteros con el fin de destrozar sus órganos reproductivos. Y cotidianamente en la actualidad se realizan mutilaciones genitales, bodas entre adultos o ancianos y niñas, femicidios y feminicidios, explotación sexual, etc. Todavía seguimos sin acceso a todos los derechos humanos, siendo víctimas de una cultura machista que a partir del género hace normas biológicas que oprimen a los hombres y a las mujeres. Defred, la Criada de este cuento, es una representación de uno de los distintos rostros golpeados por un modelo de patriarcado.

           La Represión a Defred:

ā€œLo que temen no es que nos escapemos – al fin y al cabo no llegarĆ­amos muy lejos – sino esas otras salidas, las que puedes abrir en tu interior si tienes una mente aguda.ā€[2]

La consolidación de un nuevo orden, se sustenta sobre un régimen de represión y facilitamiento selectivo, es decir, a unos grupos se le exige consenso a través del dolor y a otros por medio del placer de los privilegios. Estos grupos de represión diferencial, estÔn determinados por la aceptación y el papel que el sujeto tiene ante la reproducción del orden. Defred es considerada como una vida importante porque puede tener hijos, así, la represión para ella no involucran la desaparición sino la coaptación. Ella, es una no creyente del nuevo orden matricentrado, pues viene del viejo orden y eso la convierte en un sujeto reprimible.

La represión inicia cuando el nuevo orden naturaliza el secuestro de las mujeres que pueden ser madres para darle hijos al Estado (comandante) dejĆ”ndola sin posibilidades para elegir. Se le mantiene viva sólo para cumplir tareas sexuales, es lo Ćŗnico que tiene permitido hacer, la han convertido en un objeto. La ceremonia de la violación, donde la familia estĆ” presente, logra que se consolide como un hecho ā€œpĆŗblicoā€ y en complicidad de la manada. Defred relataba:

ā€œTengo la falda roja levantada, pero sólo hasta la cintura. Debajo de Ć©sta, el Comandante estĆ” follando. Lo que estĆ” follando es la parte inferior de mi cuerpo. No digo haciendo el amor, porque no es lo que hace. Copular tampoco serĆ­a una expresión adecuada, porque supone la participación de dos personas, y aquĆ­ sólo hay una implicada.ā€[3]

Los Comandantes, logran un pacto de poder en el que los cuerpos femeninos, territorios simbólicos con capacidad de sembrar la vida, estÔn a su completo servicio y ya no necesitan matar en términos materiales, el Estado necesita colonizar asesinar simbólicamente al sujeto naturalizando la condición de violador, exhibiendo su poder a través de los cuerpos femeninos. Defred, en principio se niega recordando su nombre, atesorando los recuerdos de la familia que tuvo, las libertades de elegir que eran mucho mÔs amplias entre ser una Criada o una No Mujer. Y ante la resistencia a la colonización ella desearía que hubiesen espacios para el suicidio.

autora el cuento de la criada

Margaret Atwood

El Consenso entre La Criada y el poder:

ā€œLo que hace que el poder agarre, que se le acepte, es simplemente que no pesa solamente como una fuerza que dice no, sino que de hecho la atraviesa, produce cosas, induce placer, forma saber, produce discursos; es preciso considerarlo como una red productiva que atraviesa todo el cuerpo social mĆ”s que como una instancia negativa que tiene como función reprimir.ā€[4]

Para Arendt, H., según Grüner, E., es: la labor (de satisfacer nuestras necesidades para vivir), el trabajo (de transformar la naturaleza), y la acción (de la conquista de la libertad); las actividades a través de las cuales los sujetos tomamos una posición en el mundo[5]. Ahora bien, en este caso cuando la racionalidad no surge a partir de un consenso (que también puede ser manipulable), sino, de la racionalidad instrumental del poder (de la que habla Marx Weber) estamos frente a un poder totalitario que logra la unión entre Estado y sociedad civil, para imponer su dominio sobre el resto, ya no sólo desde las posibilidades físicas, sino inclusive desde las posibilidades intangibles del sujeto dominado.

Dentro de la familia, en el Cuento de la Criada, hay una serie de consensos que sirven para administrar eficazmente la violencia, para ello se construye un nuevo sujeto comprometido con el orden, que en un consenso activo, le hace capaz de movilizarse para defender aquello que lo oprime. AhĆ­ es donde estĆ” el verdadero triunfo de la dominación profunda: la intelectual y la moral. Defred, La Criada, lo afirma diciendo: ā€œSi mi vida es llevadera, tal vez lo que ellos estĆ”n haciendo es lo correcto, despuĆ©s de todo.ā€[6]

El comandante, para crear un consenso con La Criada, empezaba a ofrecerle espacios de goces prohibidos: leer, hablar, salidas nocturnas. Esto le funcionaba para dos cosas: establecer relaciones de menos hostilidad e inclusive de armonĆ­a; y, para demostrar sin lugar a dudas quien ostentaba el poder. Mientras ella, se conforma con el acceso a privilegios que, antes del nuevo orden eran derechos que ella podĆ­a darse por cuenta propia y, ahora le eran administrados por terceros.

Serena Joy (La Esposa), llega a entablar una relación de complicidad con Defred y le permite verse con el Ɓngel Nick para que intimen, pues ella sospecha que el infĆ©rtil es El Comandante. Es decir, el rĆ©gimen de verdad se pone en duda, pero incluso asĆ­ el fin Ćŗltimo es lograr que La Criada cumpla el rol materno que el Estado le demanda. Y Defred, luego de tanta austeridad emocional cuando tiene la oportunidad para poder sentir y ser tocada ā€œde verdadā€, descubre que estĆ” dispuesta a quedarse en ese orden, en esa casa y en esas condiciones sólo por el privilegio de intimar con alguien.

Ella pensaba: ā€œQuizĆ” no se trata realmente de quiĆ©n puede poseer a quiĆ©n, de quiĆ©n puede hacer quĆ© a quiĆ©n… QuizĆ” no se trata de quiĆ©n puede sentarse y quiĆ©n tiene que arrodillarse o estar de pie o acostarse con las piernas abiertas. QuizĆ” se trata de quiĆ©n puede hacer quĆ© a quiĆ©n y ser perdonado por ello. No me digĆ”is que significa lo mismo.ā€[7] Efectivamente es un asunto de poder que se convierte en acción a travĆ©s del perdón, los hombres de este cuento son perdonados sistemĆ”ticamente por las mujeres, creando un Ć”rea de consensos alrededor de la negociación de intereses propios. Por ello, los hombres tienen mayor facilidad de acceso al perdón femenino, pues ellos tienen privilegios que dar para negociar, la retribución es mĆ”s clara y circula con mayor facilidad.

El Conformismo de La Criada:

ā€œNo se trata de la expansión de la hegemonĆ­a, sino de su retirada… el poder trabaja directamente sobre los cuerpos en la vida cotidiana, que alguna vez pareció ser el refugio de la polĆ­tica. De este modo… la poshegemonĆ­a es paradójicamente el triunfo de la hegemonĆ­a: la hegemonĆ­a estĆ” en todo y por todos lados.ā€[8]

Los sujetos se convierten en soldados de su propia dominación, asĆ­ se explica que Defred diga, finalizando la novela: ā€œDebo olvidarme de mi nombre secreto y del camino de retorno. Ahora mi nombre es Defred, y aquĆ­ es donde vivo… Tengo ovarios sanos. Me queda una posibilidad.ā€[9]

Ella asume el sistema de veridicción que se le impuso, y se reconoce como pecadora por cuestiones que  en un principio no habría reconocido como tal, ahora estÔ dispuesta a entregar su cuerpo, por miedo a la muerte, con todo y pensamiento. (No parece muy distante de la vida de muchas mujeres víctimas de violencia del mundo material y simbólico en el que vivimos).

En Defred se buscaba, y se logró con Ć©xito, la instauración de un habitus, que Bourdie, Pierre, define como:ā€œuna capacidad infinita de engendrar, con total libertad (controlada), unos productos – pensamientos, percepciones, expresiones, acciones – que siempre tienen como lĆ­mite las condiciones histórica y socialmente situadas de su producción, la libertad condicionada y condicional que Ć©l asegura estĆ” tan alejada de una creación de novedad imprevisibles como de una simple reproducción mecĆ”nica de los condicionamientos iniciales.ā€[10] Pero el habitus, no parecĆ­a haberse consumado, hasta que la Criada dice: ā€œDios mĆ­o, pienso, harĆ© lo que quieras. Ahora que me has perdonado, meĀ  destruirĆ© si eso es lo que realmente deseas; me vaciarĆ© realmente, me convertirĆ© en un cĆ”liz. RenunciarĆ© a Nick, me olvidarĆ© de los demĆ”s, dejarĆ© de lamentarme. AceptarĆ© mi destino. Me sacrificarĆ©. Me arrepentirĆ©. AbdicarĆ©. RenunciarĆ©...ā€[11] y dice esto, porque sabe que no es un habitus razonable en el orden, y debe desmarcarse de ā€œtodas las ā€œlocurasā€, es decir, todas las conductas condenadas a ser sancionadas negativamente por incompatibles con las condiciones objetivas.ā€[12] Para, luego asumir que desea la vida aunque sea como un mero objeto.

Hay que reconocer el papel del sentido comĆŗn cuyos elementos principales estĆ”n ā€œprovistos por las religiones; por lo tanto, la relación entre sentido comĆŗn y religión es mucho mĆ”s Ć­ntima que entre el sentido comĆŗn y los sistemas filosóficos de los intelectuales.ā€[13] Defred, no es mĆ”s que un sujeto que cumple con un rol determinado dentro del sistema, es superada por las condiciones históricas de su existencia, ella se aleja progresivamente de su sentido comĆŗn para adoptar uno nuevo en consonancia con la filosofĆ­a necesaria para la nueva Ć©lite en el poder. En El Cuento de la Criada se renunció al esfuerzo de convivir con la otredad en el campo de las diferencias con la posibilidad de construir espacios de equidad, al menos, ante la ley. Y se despojó a las mujeres de la posibilidad de escoger cualquier cosa.

Nota Final:

ā€œFraternizar significa comportarse como un hermano. Me dijo Luke. Dijo que no existĆ­a ningĆŗn equivalente de comportarse como una hermana. SegĆŗn Ć©l, tenĆ­a que ser sororizar, del latĆ­n.ā€[14] Esta es una de las moralejas en ā€œEl Cuento de la Criadaā€, es que la construcción de sororidad es la Ćŗnica opción de sobrevivencia. Un ejemplo es, la complicidad que surge de la necesidad que se tienen mutuamente una de la otra: Serena y Defred; Deglen y Defren; a pesar de que las estructuras las hayan creado para hacerlas enemigas, logran generar empatĆ­a entre ellas. Pero, recordemos: ā€œUna rata que estĆ” dentro de un laberinto es libre de ir a cualquier sitio, siempre que permanezca dentro del laberinto.ā€[15]

Ante la escasez de recursos y de privilegios, la relación entre mujeres estÔ construida para competir entre ellas, pues, cada una en su rol tiene algo que envidiarle a la otra haciendo difícil el reconocimiento y la posibilidad de la empatía entre el género femenino. En el espacio público, son Las Tías quienes encarnan la base de esta traición al grupo, ellas prestan su servicio para garantizar las posibilidades de sumisión y vejamen a sus pares de género.

Reconozco que, la reproducción de la vida requiere del relacionamiento con otros, y esta relación estarĆ” determinada por las diferentes caracterĆ­sticas de un momento histórico, que hasta ahora siempre han sido de: dominación, dominados y de resistentes al poder. QuizĆ”, sea esta necesidad del otro, la otra, les otres, lo que nos hace tan difĆ­cil la lucha ante el patriarcado, pues los feminismos y quienes que reconozcan la desigualdad social que le viene asignada por un gĆ©nero construido binariamente tienen que: trabajar, ir a la cama, hacer polĆ­tica, etc. muchas veces, con el ā€œenemigoā€: esa persona que sabe de sus privilegios y que decide no ser empĆ”tico y mucho menos transformarse.

BibliografĆ­a:

  • Atwood, Margaret. El Cuento de la Criada. 1984.
  • Beasley-Muray, Jon. PoshegemonĆ­a. TeorĆ­a polĆ­tica y AmĆ©rica Latina. Paidós. Buenos Aires. 2010. Recuperado de: https://www.academia.edu/874004/Poshegemon%C3%ADa_Teor%C3%ADa_pol%C3%ADtica_y_Am%C3%A9rica_Latina
  • Bourdieu, Pierre. El sentido prĆ”ctico. Siglo veintiuno editores. Buenos Aires. 2007.
  • Butler, Judith. MarcoĀ  de guerra. Vidas lloradas. Paidós.Ā  MĆ©xico D.F. 2010
  • Foucault, Michel. Verdad y Poder.
  • GonzĆ”lez Calleja, E. Asalto al Poder. La violencia polĆ­tica organizada y las ciencias sociales. Siglo XXI. Madrid. 2017.
  • Gramsci, A. El materialismo histórico y la filosofĆ­a de Benedetto Croce. Ediciones Nueva Visión. Buenos Aires. 1971.
  • Grüner, Eduardo. Las formas de la Espada. Miseria de la teorĆ­a polĆ­tica de la violencia. Recuperado de: https://books.google.co.ve/books?id=mFzbUT-QWZAC&pg=PA31&hl=es&source=gbs_toc_r&cad=4#v=onepage&q&f=false
  • Segato, Rita. La guerra contra las mujeres. Traficantes de SueƱos. Madrid. 2016.

****
[1]Foucault, Michel. Verdad y Poder. PƔg. 89

[2] Atwood, Margaret. PƔg. 9

[3]Atwood, Margaret. PƔg. 79

[4]Foucault, Michel. Verdad y Poder. PƔg. 182.

[5]Grüner, Eduardo. Las formas de la Espada. Miseria de la teoría política de la violencia. Recuperado de: https://books.google.co.ve/books?id=mFzbUT-QWZAC&pg=PA31&hl=es&source=gbs_toc_r&cad=4#v=onepage&q&f=false . PÔg. 41

[6]Awood, Margaret. PƔg.156

[7]Atwood, Margaret. PƔg. 112

[8] Beasley-Muray, Jon. Poshegemonía. Teoría política y América Latina. Paidós. Buenos Aires. 2010. Recuperado de: https://www.academia.edu/874004/Poshegemon%C3%ADa_Teor%C3%ADa_pol%C3%ADtica_y_Am%C3%A9rica_Latina . PÔg. 14

[9]Atwood, Margaret. PƔg. 119

[10]Bourdieu, Pierre. El sentido prƔctico. Siglo veintiuno editores. Buenos Aires. 2007. PƔg. 90

[11]Atwood, Margaret. PƔg. 236

[12]Bourdieu, Pierre. PƔg. 90-91

[13]Gramsci, A. El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce. Ediciones Nueva Visión. Buenos Aires. 1971. PÔg. 126

[14]Atwood, Margaret. PƔg. 12

[15]Atwood, Margaret. PƔg. 150

Las opiniones expresadas de los columnistas en los artĆ­culos son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no necesariamente reflejan los puntos de vista de Feminismoinc o de la editora.

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