āMi sobrina estĆ” afuera, en Ecuador, es enfermera, pero no encontró trabajo en eso, ahora estĆ” trabajando como dama de compaƱĆa,Ā es duro, pero al menos gracias al dinero que nos manda podemos alimentarnos y alimentar a sus hijos que quedaron a nuestro cuidado, varias veces ha querido regresar, pero si lo hace todos nos morimos de hambre, porque aquĆ los sueldos y la pensión no alcanzan para nadaā¦ā
āMi mama ya me mandó el pasaje para que me vaya a trabajar con ella como dama de compaƱĆa en RepĆŗblica Dominicana, tiene 5 aƱos allĆ”, yo solo estaba esperando cumplir los 18 para irme con ellaāĀ“
āEl esposo se quedó aquĆ con los hijos para que ella se fuera a trabajar para Colombia; ella les manda dinero porque supuestamente estĆ” trabajando limpiando casas, pero una vecina que estĆ” en la misma ciudad me contó que la muchacha trabaja en un burdelā
La mayorĆa hemos escuchadoĀ en algĆŗn momento este tipo de historias, rumores o cuentos de pasillo, que cada vez se hacen mĆ”s frecuentes en Venezuela. Si bien la prostitución no es nueva o desconocida, nunca antes habĆa sido un tema del que se hablara con tanta normalidad y es que Ćŗltimamente pareciera que todo el mundo conoce o sabe de alguien queĀ se encuentra fuera del paĆs, āejerciĆ©ndolaā.
¿Por qué estÔ ocurriendo esto?
Para entender un poco mejor el fenómeno de la prostitución y su estrecha relación con la trata de mujeres con fines de explotación sexual, es importante estudiar los factores que intervienen en el proceso, como lo son el género, la feminización de la pobreza, las migraciones y el poder económico de la industria sexual.
Para nadie es un secreto que el paĆs estĆ” atravesando por una terrible crisis polĆtica, económica, ecológica, social y cultural. Crisis que ha empujado a millones de personas a abandonar el paĆs para probar suerte en otras tierras, convirtiĆ©ndose en una de las migraciones masivas mĆ”s grandes en la historia de LatinoamĆ©rica, segĆŗn Naciones Unidas.
Entre los grupos de emigrantes de mĆ”s bajos recursos se encuentran muchas de estas mujeres, que al no conseguir trabajo en un paĆs extraƱo, donde no conocen a nadie y desesperadas por encontrar dinero para alimentar a sus familiares y cubrir sus necesidades bĆ”sicas, acaban siendo vĆctimas de trata o explotación sexual.
Muchas son engaƱadas por redes organizadas, que lesĀ ofrecen Ā trabajo (que a menudo no estĆ” muy claro) y les proporcionanĀ pasajes, alimentación y estadĆa. Ā Terminan contrayendo una deuda con elevados intereses y al no poderse hacer cargo de ella, son amenazadas y coaccionadas para que ejerzan la prostitución.
Otras aceptan algĆŗn tipo de ācontrataciones temporalesā que terminan convirtiĆ©ndose en permanentes, debido a la imposibilidad de salir de estas redes sin enfrentar ciertas consecuencias.
TambiĆ©n estĆ”n aquellas que deciden ejercer la prostitución no organizada, que en teorĆa seĀ diferencia de la esclavitud sexual y la trata, porque se hace de manera āvoluntariaā, es decir, una decisión personal de quienĀ la ejerce con el finĀ de conseguir un beneficio económico, sin que exista la coacción de un tercero. Pero cuando esta actividadĀ es la Ćŗnica opción viable de supervivencia a una situación completamente precaria, Āæhasta quĆ© punto podrĆa considerarse voluntaria?
Resulta preocupante la evidente normalización con que se estÔ tratando un tema tan delicado y profundo como la prostitución en cierto sector de la sociedad venezolana y mucho mÔs la poca voluntad de los Estados latinoamericanos de crear estrategias eficientes para frenar este fenómeno que se ha incrementado a pasos agigantados, debido a la crisis migratoria en Venezuela y que estÔ afectando de una u otra manera a todo el continente.



