La ilusión del emprendimiento femenino
Por Susana Reina
Desde hace unos aƱos existe un boom por el estĆmulo al emprendimiento económico femenino como medio alterno para ganarse la vida. Clubes, talleres, charlas, seminarios, lanzamientos, webinars, startups y otros creativos mecanismos se usan para promover la idea de que siendo independiente te va mejor que siendo empleada. Es una muy buena polĆtica toda vez que, de acuerdo con estudios del Banco Mundial, la productividad en AmĆ©rica Latina y el Caribe podrĆa aumentar un 25% y la pobreza extrema reducirse en un 30%, si se impulsara la capacidad emprendedora de las mujeres.
Sin embargo, en lo personal me temo que tanto entusiasmo a veces es engaƱoso. BĆ”sicamente porque no es cierto que al ser autónoma tus problemas de sostenimiento financiero se resuelven y que ser empleada sea una esclavitud. Hay una especie de romanticismo y apasionada defensa por la idea de no tener jefe, o tener tu propio horario, o ser āla dueƱa de tu vidaā, que acompaƱa la venta de este modelo de trabajo, junto a promesas asociadas a frases motivadoras como querer es poder, el cielo es el lĆmite, ponlo en tu mente y estarĆ” en tu vida, etc, etc.
Esta idea de montar un negocio propio se ofrece como la alternativa para evitar el consabido ātecho de cristalā presente en las organizaciones, ese conjunto de obstĆ”culos invisibles pero reales que limitan el ascenso de las mujeres al poder. Es como la solución a los problemas asociados a la brecha salarial, o a la conciliación laboral-familiar, incluso al acoso sexual. Estudios de la OCDE (2013) encontraron que 40% de las mujeres en Estados Unidos emprenden por conciliar sus actividades laborales y familiares.
Pienso que los proyectos orientados a fomentar el emprendimiento femenino como vĆa para el empoderamiento económico, pudieran caer en el terreno de las ilusiones, por muchas razones. En primer lugar, una cosa es emprender porque se tiene una idea o producto o servicio innovador en la mente, y otra muy distinta, es emprender por necesidad.
SegĆŗn un reciente estudio mexicano, son mĆ”s las mujeres que los hombres quienes inician un negocio por necesidad: āExiste una relación aparente entre falta de empleo o niveles bajos de remuneración económica y el inicio de una empresa por parte de las mujeres, entendiendo que las mujeres en los estratos mĆ”s pobres son las mĆ”s afectadas por la desigualdad de gĆ©nero y la discriminación en el acceso al empleo, diferenciales de salarios y posibilidad de un desarrollo empresarial exitoso⦠Por lo que la vĆa de convertirse en empresaria es vista como una alternativa ante la falta de oportunidades para obtener un salario igual al del hombre o desarrollar una carrera en una empresa, como lo hacen los hombres. (Camarena, 2015)
Las mujeres latinoamericanas, en especial las mayores de 55 años, inician estos emprendimientos para subsistir, por la falta de seguridad social y las pocas oportunidades para emplearse. La Fundación Microfinanzas BBVA en América Latina ha indicado del mÔs del millón de emprendedoras a las que apoya, el 11% tiene mÔs de 60 años, y el 78% de estas mujeres tienen personas dependientes a su cargo.
Por otro lado, las habilidades o destrezas que se requieren para triunfar en el mundo de los negocios autodirigidos son muy distintas a las que se precisan para triunfar en una organización ya consolidada. Son mĆ”s las historias de fracasos que las de Ć©xito (contadas excepciones) en este tema de pasar de una idea a un negocio próspero, y de una microempresa a una empresa consolidada. Hay muchos consultores ayudando con esto, ofreciendo formación para cerrar dĆ©ficits cognoscitivos que impiden a las mujeres pedir crĆ©ditos, o negociar o imponerse en contextos altamente competitivos, contactologĆa y soft skills, pero el acceso a esta capacitación toma tiempo y dinero y no siempre se logra con Ć©xito el cometido.
En la actividad empresarial independiente se mantienen los consabidos estereotipos de gĆ©nero, asociando emprendimiento, competencia, agresividad para cerrar negocios, capacidad para asumir riesgos y estilos gerenciales exitosos, a la figura del varón, por lo que las mujeres emprendedoras se tropiezan con estas barreras, no siempre fĆ”ciles de sortear. SegĆŗn el Ćndice de Emprendimiento Femenino (FEI)Ā producido por el Instituto GEDI (Global Entrepreneurship and Development Institute) de Washington, D.C., EE.UU, que mide la habilidad de mujeres para crear emprendimientos de āalto-impactoā, el 61%, 47 de los 77 paĆses analizados, recibieron una nota inferior al 50% en competitividad de emprendimiento femenino. El Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe (SELA) concluye en un estudio: āEllas representan mĆ”s del 40% de la población económicamente activa en la región, pero su aporte como emprendedoras se reduce al 15%ā. Las asimetrĆas de gĆ©nero empresarial son evidentes y reproducen las que observamos en medios laborales tradicionales.

Y esto para mĆ ocurre porque las temidas barreras del techo de cristal existen aĆŗn fuera de las organizaciones formales. Algunos autores le han puesto el nombre de ātecho de cementoā, enfocando las limitaciones en la baja creencia que tienen las mujeres en sĆ mismas, pero la verdad es que las hay muy seguras y formadas, con dificultades reales para dedicarle el tiempo que requiere su emprendimiento: la carga domĆ©stica sigue siendo de ellas. Muchas descubren con asombro, luego de dejar sus empleos, que su nuevo negocio exige mĆ”s tiempo que la labor que hacĆa antes. Se ha demostrado una correlación negativa entre el cuidado infantil y el trabajo del hogar y tamaƱo de la empresa propiedad de mujeres y su desempeƱo (SELA, 2010).
El panorama se complica cuando el emprendimiento se monta adicional al trabajo a tiempo completo o parcial en una empresa, como una manera de redondear el ingreso global. Salir cansadas del trabajo habitual, dedicar noches y fines de semana al negocio, usualmente operando en sectores bajo de rendimiento ā bisuterĆa, reposterĆa, piƱaterĆa, costura-, al mismo tiempo que se mantiene la responsabilidad y los cuidados a niƱos, adultos mayores, cocina, casa, estudios, etc., suena a menos calidad de vida, menos libertad, menos empoderamiento.
De no intervenir la comunidad, el Estado y las empresas privadas, y generar las condiciones sociales y económicas bÔsicas para que los problemas asociados a sesgos culturales de género muy arraigados acerca de la división sexual del trabajo sean abordados con éxito, el emprendedurismo económico femenino vendido como panacea, seguirÔ siendo una ilusión.
Comment (1)
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QuĆ© triste historia! Muy desesperanzadora! Es el sistema el q estĆ” mal! De cualquier modo, un artĆculo muy bien sustentado. Con mucha data muy Ćŗtil. Gracias por eso



