Siempre supe de ella, como buenas adecas que Ă©ramos. Una mujer imponente. Ministra. Senadora. Con un vozarrĂłn envolvente. Imposible no advertirla, sentirla, notarla. Trabajamos cerca pero no juntas en los 80. Fue solo en 2015, reciĂ©n empezando yo en estas lides, que nos encontramos. Ella daba una charla en CEDICE sobre participaciĂłn polĂtica. Me marcĂł el desenfado con el que hablĂł ese dĂa, desmontando mitos, contrariando a quienes hablaron antes que ella, con argumentos imbatibles, con la seguridad de quien se sabe sĂłlida referencia en la materia. Enseguida supe que querĂa ser como ella.
Luego vino a una actividad en la sala de la empresa donde trabajo, invitada por otra gente. Se enterĂł ahĂ de que yo estaba ofreciendo un taller a las Mujeres de Miranda: “Hablemos de Feminismo”. Enseguida se auto invitĂł y me dijo: “yo he trabajado mucho por el feminismo en este paĂs para que cualquiera venga a decir lo que sea en su nombre. Voy a ir y te voy a supervisar”. AsĂ, sin anestesia.
Fue precedida de su bastón. Tomó nota de cada palabra, me vio sin abrir la boca durante 4 horas y al finalizar mi trabajo me dijo en su estilo directo y sin tapujos “manejas bien tu asunto… tienes algunos sesgos de género, pero eso se corrige con formación. Cuenta conmigo, hagamos cosas juntas”. Guao. Yo elevada al cielo de escuchar a tal figura hablar bien de mi taller.
Y asĂ fue. Promovimos cursos sobre habilidades para el liderazgo, solidaridad femenina, polĂticas pĂşblicas en gĂ©nero. Hicimos presentaciones de libros, cine foros. Fuimos hasta Maracaibo a trabajar con las mujeres de allá. Le dio la bendiciĂłn a AVEM y estuvo en los dos foros grandes, como conferencista principal, siendo la sensaciĂłn de la jornada. Aplausos de pie. Toda sensibilizaciĂłn, toda creadora de conciencia de gĂ©nero, toda generaciĂłn de emociones.
“Párate desde la abundancia y págame como me merezco” me decĂa cuando preguntaba cuánto le iba a pagar por sus servicios. Porque lo cierto es que ella estaba decepcionada y frustrada por la forma como se infravaloraba su trabajo en nuestro paĂs. Y con toda razĂłn. Siempre me dijo con profundo dolor, que la envidia por el poder entre mujeres era un tema difĂcil de combatir. Ella era invitada obligada a eventos de altĂsimo nivel fuera del paĂs. Pero acá, como dice el resabio popular, no era profeta en su tierra. HacĂa mucha sombra a tanto supuesto experto, que la reacciĂłn natural era dejarla de lado.
Evangelina rezumaba confianza en sĂ misma, seguridad, carácter. Todo en ella reflejaba poder. Esto no era del agrado de muchas y muchos. RecibiĂł no pocas crĂticas por la forma de plantear sus ideas. Me hablaba de los celos profesionales. “Con Evangelina no se puede trabajar”, advertĂan algunos. Se desesperaba al constatar cĂłmo la falta de formaciĂłn en gĂ©nero en mucha gente que se decĂa defensora de Derechos de mujeres, les hacĂa llegar a conclusiones y polĂticas erráticas en la materia.
Me hizo llorar un par de veces por su forma dura y directa, aunque no cruel, de señalarme los vacĂos, las disonancias, los agujeros. Gracias a ella, leĂ con ánimo de alumna novel sus documentos, sus escritos, sus libros, sus aportes y el de las autoras clásicas en la historia del feminismo. Revisamos juntas en su casa llena de papeles, el borrador de su libro no publicado aun (tarea pendiente para los prĂłximos meses en su honor). Nos conocimos tarde en la vida, pero fueron los mejores 4 años de mi formaciĂłn profesional. Ella me hizo mejor persona, ella me hizo feminista.
Mi Evan, viajera incansable, hoy emprendes el Ăşltimo de los caminos. Pero vete tranquila, porque nos enseñaste a mĂ y a muchas, que no hay que ser perfectas para lograr lo que se anhela. Que hay que hacer lo que sea para defender aquello en lo que se cree, siendo solamente una misma, sin pararse a considerar el juicio que inevitablemente otros harán de tĂ.
¡Qué gran enseñanza! ¡Qué liberadora!
Gracias maestra.



