Género en la pantalla: “La Boda de Rosa” y la insumisión al amor romántico.

Género en la pantalla: “La Boda de Rosa” y la insumisión al amor romántico.
febrero 14, 2026 Esther Alfonzo Rivera

“No es que no os quiera, es que me quiero más a mí.”

Rosa (Candela Peña), en La boda de Rosa.

En un mundo que insiste en que las mujeres sólo deben amar, cuidar y sostener a todos menos a sí mismas, “La boda de Rosa” irrumpe como un acto de insumisión luminosa. Esta no es una historia de amor en el sentido tradicional, sino que es una historia sobre la ruptura con el mandato romántico, que se ha convertido en un mandato cultural que ha enseñado a las mujeres que su valor depende de cuánto entregan, cuánto renuncian y cuánto sacrifican.

“La boda de Rosa”, es una película que está dirigida por Icíar Bollaín, una de las cineastas españolas más comprometidas con la perspectiva de género directora también de “Te doy mis ojos”. El guion fue coescrito junto a Alicia Luna, logrando un equilibrio perfecto entre la comedia agridulce y la crítica social. Actualmente, la película está disponible en plataformas de streaming como RTVE Play, Movistar+, Disney+.

Rosa encarna lo que Marcela Lagarde denomina “cautiverio amoroso”, una forma de subordinación afectiva donde las mujeres son socializadas para vivir para otros (Los cautiverios de las mujeres, 1990).

“Las mujeres no han vivido para sí mismas, sino para los otros: para los hijos, para el marido, para la familia. El cautiverio es la privación de la libertad de decidir sobre la propia vida.”

Rosa, es interpretada por la brillante actriz Candela Peña, y ella está a punto de cumplir 45 años y se da cuenta de que ha vivido siempre para los demás; y de manera impulsiva, abandona su trabajo, y regresa a su pueblo natal, al taller de su madre, para retomar las riendas de su vida y cumplir el sueño de tener un negocio propio, simbolizando su liberación mediante una “boda” con su propio ser.

“He estado toda la vida tratando de que todo el mundo esté bien a mi costa, y ahora me toca a mí.”  Rosa (personaje)

Esta película desmonta con sutileza y humor la idea de que el amor romántico es destino, salvación o plenitud; y en cambio, muestra cómo este mito puede hasta operar como una forma de violencia simbólica, pero también como una relación afectiva desigual, y no tiene que ser necesariamente en parejas, también puede pasar en el núcleo familiar.

La protagonista, Rosa, (que puede ser cualquier nombre, incluso quien ahora lee estas líneas) vive atrapada en la expectativa de ser útil, disponible y abnegada; su familia bienintencionada pero profundamente patriarcal la ha convertido en el eje invisible de todas las tareas afectivas y domésticas; por ende su vida no le pertenece, y su tiempo tampoco; sus anhelos y deseos, menos; nunca tiene tiempo para ella, no puede hacer lo que planificó, nunca se cumple.

Es menester destacar que cuando Rosa decide “casarse consigo misma”, el gesto no es extravagante ni narcisista; es un acto de reapropiación del cuerpo, del tiempo y del proyecto de su vida; es la afirmación radical de que las mujeres no nacen para ser soporte emocional de nadie, ni para sostener vínculos que las desgastan, ni para encarnar la fantasía de disponibilidad infinita que el patriarcado exige y que la invisibiliza; por eso “Rosa” se elige a sí misma, y en esa elección se produce una ruptura con siglos de mandato romántico; y esta decisión dialoga con el feminismo decolonial de Ochy Curiel, quien sostiene que las mujeres deben “desobedecer los mandatos de género que sostienen la colonialidad del poder” (Descolonizando el feminismo, 2009).

También resuena con la propuesta de Rita Segato, cuando señala en “La guerra contra las mujeres” (2016), que:

“La autonomía de las mujeres es la mayor amenaza al patriarcado, porque un cuerpo que no está disponible para el mandato de los demás es un cuerpo que ha recuperado su soberanía.” 

Para esta autora el patriarcado exige cuerpos femeninos dóciles y disponibles, y que la autonomía femenina es un acto de desobediencia; por ello, en “La boda de Rosa”, ella decide amarse y no es que deja de amar a su familia, sino que se da el lugar que nunca se dio, así como el amor hacia sí misma que refuerza la seguridad y confianza en ella.

Sumado a esto, es importante resaltar que “La Boda de Rosa”, dialoga con una de las conquistas más recientes del feminismo global, como lo es el reconocimiento del Derecho humano al cuidado; porque gracias a la lucha de las mujeres, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó la importancia de la economía del cuidado y el apoyo, subrayando que el autocuidado es un derecho fundamental.

Rosa, al rebelarse, está reclamando su derecho a no ser la única cuidadora y a ser ella misma objeto de su propio cuidado; este autocuidado no es autoindulgencia; es un acto de preservación y, por tanto, un acto de oposición contra un sistema que nos quiere agotadas e invisibilizadas, porque exige a sacrificio y renuncia; que es una crítica de Alda Facio, quien en su obra “Con los lentes del género se ve otra justicia” 1993, denuncia que el derecho y la cultura han sido construidos desde una mirada masculina que exige a las mujeres sacrificio y renuncia.

La fuerza de esta película radica en que Rosa es una mujer común; puedes ser tú, yo, alguna en nuestra familia, nuestras amigas, las vecinas; ser como Rosa no implica necesariamente una boda simbólica contigo misma este 14 de febrero o cualquier otros día del año, sino autodeterminación; nombrar el cansancio, reconocer que el agotamiento no es una falla personal, sino consecuencia de la carga mental y afectiva que el patriarcado asigna a las mujeres, una imposición que nos han hecho desde pequeñas-

Hoy en día es común escuchar un “dale que tú puedes” o “el cansancio es mental”, y en ciertas ocasiones no es así, es una exigencia del sistema a nosotras las mujeres y por ello es indispensable aprender a poner límites, porque cuánto nos cuesta decir “no” a las exigencias familiares y sociales sin sentir culpa.

Así como exigir que las tareas de cuidado, de sostenimiento de la vida sean compartidas, en aras de esa anhelada corresponsabilidad, nosotras, tal y como hizo Rosa, podemos reapropiarnos del tiempo, reservar espacios para el deseo propio y hasta en ocasiones desobedecer ese mandato social impuesto a las mujeres. Podemos entender que el amor propio es el vínculo más estable y necesario que tendremos, por lo tanto hay que aprender a elegirnos, tomar decisiones que prioricen el bienestar personal, sin pedir permiso y además entender que el amor no debe doler, desgastar ni exigir renuncia a una misma.

Cabe destacar que Rosa no rechaza el amor, rechaza la desigualdad afectiva. No renuncia a su familia, renuncia a ser su servidumbre emocional. No huye del compromiso, ella redefine con quién quiere comprometerse. Y todo esto en un contexto que romantiza la entrega total, es en definitiva un acto de insumisión feminista.

Rosa nos recuerda que el amor, si no es libre y recíproco, es cautiverio y que no hay nada más gratificante que vivir con libertad en un contexto donde las películas suelen reproducir relaciones tóxicas como si fueran pasión y donde la cultura popular romantiza el control, los celos y la renuncia femenina a ser. Esta película deja una alternativa ética y es el amor como libertad, no como obligación; porque las mujeres no nacen para ser soporte emocional de nadie, sino para ser dueñas de su propio tiempo, de su propio cuerpo y de su propia historia.

“El cuidado es una actividad fundamental sin la cual no podríamos sobrevivir, pero que históricamente ha recaído sobre los cuerpos y el tiempo de las mujeres. El cuidado sostiene la vida, pero también refleja las desigualdades más profundas de nuestra sociedad”

Sandra Villalobos Nájera

Investigadora del Centro Regional de

Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM) de la UNAM

 

 Referencias bibliográficas

 La boda de Rosa. Película. Bollaín, I. (Directora). (2020). España: Tandem Films.

Curiel, O. (2009). Descolonizando el feminismo: una perspectiva desde América Latina y el Caribe. Buenos Aires: Primer Coloquio Latinoamericano sobre Praxis y Pensamiento Feminista.

Illouz, E. (1997). El consumo de la utopía romántica. Buenos Aires: Katz.

Lagarde, M. (1990). Los cautiverios de las mujeres. UNAM.

Segato, R. (2016). La guerra contra las mujeres. Madrid: Traficantes de Sueños.

Las opiniones expresadas de los columnistas en los artículos son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no necesariamente reflejan los puntos de vista de Feminismoinc o de la editora.

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