A pesar de los avances en derechos y el aumento de la conciencia colectiva, las mujeres con discapacidad siguen enfrentando obstáculos que aumentan según su edad, raza o condición social. Esto hace que el acceso a la educación, empleo, servicios de salud y, en muchos casos, a la justicia sea mucho más difícil.

En España, según cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE) había en 2022 casi tres millones de mujeres con discapacidad. Con el objetivo de ayudarles a tener una vida digna, plena y autónoma a mujeres adultas con discapacidad intelectual o del desarrollo, nació en Madrid hace 120 años la Fundación Astier.

Isabel Hidalgo, responsable de comunicación y alianzas, explica que lo que inició a finales del siglo XIX como un proyecto personal ha crecido hasta la institucionalización manteniendo siempre la visión y misión de trabajar para que cada mujer sea reconocida como un ser con derechos, dignidad y capacidades.

“En ese momento doña Sofía Astier observó una realidad que era prácticamente invisible, mujeres con discapacidad intelectual que vivían en situaciones de enorme vulnerabilidad y exclusión. Ella entendió que sufrían una doble discriminación, por ser mujeres y por tener una discapacidad, y decidió abrirles las puertas de su propia casa. Lo que comenzó como un gesto profundamente humano y familiar fue creciendo poco a poco hasta convertirse en un proyecto organizado y profesionalizado. Más tarde, en 1912, doña Sofía legó su obra a las Hermanas Mercedarias de la Caridad, que hoy continúan formando parte activa de la fundación desde su patronato”.

Hasta no hace muchos años las mujeres con discapacidad eran víctimas de esterilizaciones forzadas, encierro, violencia sexual e incluso, exhibición pública como espectáculo. Desde la Fundación Astier detallan que son muchos los riesgos que las mujeres con discapacidad todavía pueden afrontar a lo largo de su vida y su forma de abordarlo no es solo desde la intervención sino también desde la prevención, el acompañamiento, la formación y promoviendo la autonomía de cada una de ellas.

“Trabajamos para que cada mujer tenga herramientas para expresar sus deseos, ejercer sus derechos y participar activamente en las decisiones que afectan a su vida. También fomentamos entornos seguros, relaciones basadas en el respeto y una cultura organizativa centrada en la escucha y el buen trato. Creemos que la mejor protección comienza por reconocer a cada persona como protagonista de su propia vida”, manifiesta.

Más que una residencia

Hidalgo comparte que uno de los proyectos en los que están trabajando ahora mismo es el Villa Delta, el cual está enfocado en dejar atrás la idea tradicional de residencia para avanzar hacia un modelo de hogares y de vida en comunidad.

“Estamos inmersos en un proceso muy profundo de transformación, no solo física o arquitectónica, sino también cultural. Toda la organización trabaja bajo el enfoque de Atención Centrada en la Persona, lo que significa que las decisiones se toman pensando en los proyectos de vida, los deseos y las preferencias de cada mujer. Por eso, el día a día está lleno de vida. Hay actividades formativas, de ocio, de participación comunitaria, espacios para desarrollar habilidades, para crear vínculos y para tomar decisiones sobre cuestiones tan cotidianas como qué hacer, cómo organizar el tiempo o qué desayunar. Lo que más me llama la atención desde que llegué es la cantidad de historias, sueños y capacidades que hay detrás de cada persona. Cuando una mujer entra en Astier descubre que aquí no se acompaña únicamente una necesidad, se acompaña una vida. Y ellas nos lo devuelven con todo el amor del mundo”.

Búsqueda del propósito

La comunicadora y experta en RRHH explica que su llegada a la Fundación Astier coincidió con un momento muy importante de su vida, el regreso al mundo laboral tras una pausa para dedicarse a su familia y a sus hijos.

“Fue mucho más que encontrar un trabajo. Fue descubrir un proyecto con alma, propósito y una historia extraordinaria detrás. Cada día me sigue impresionando pensar que formo parte de una organización con más de cien años de trayectoria, que ha sabido evolucionar sin perder su esencia. A lo largo de mi trayectoria he tenido la suerte de trabajar en proyectos muy distintos, pero todos compartían algo en común: la búsqueda del propósito. Hoy, en Fundación Astier, siento que ese propósito cobra un sentido muy especial. Porque cada alianza que construimos, cada historia que contamos y cada persona que se acerca a conocernos puede contribuir a mejorar la vida de mujeres extraordinarias con discapacidad intelectual. Mi objetivo es contribuir a que más personas conozcan esta historia, se sumen a ella y nos ayuden a seguir construyendo futuro para las mujeres que acompañamos. Porque cien años de historia son admirables, pero lo más emocionante es todo lo que todavía queda por hacer”, afirma.

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Alejandra Watts

Autor/a Alejandra Watts

Periodista | Generadora y editora de contenidos | Productora | Comunicadora estratégica

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