El mal manejo de las emociones tambiƩn es una pandemia

El mal manejo de las emociones tambiƩn es una pandemia
junio 3, 2020 Susana Reina
ansiedad pandemia

He dado no menos de diez charlas en los Ćŗltimos dĆ­as con el tema de manejo de las emociones durante la cuarentena. Lo llamo ā€œManejo de las corona-emocionesā€ y han estado bastante concurridos por gente del Ć”mbito organizacional pero tambiĆ©n particulares en busca de alguna recomendación sanadora. Como le decĆ­a a una amiga, los psicólogos nos estamos cotizando alto por estos dĆ­as, porque muchos directores y altos ejecutivos de empresas grandes, no solo estĆ”n demandando intervenciones de este tipo para su personal, sino que… Ā”AdemĆ”s asisten y participan! Eso antes no era tan comĆŗn.

También he leído diversos protocolos de empresas y gobiernos para atender la emergencia, sobre todo en la modalidad de desconfinamiento o post Covid19 y me llama la atención que no se aborda la gestión de las emociones ni se prevén mecanismos de atención a empleados o ciudadanos que, aunque no tengan la temperatura alta ni síntomas del virus, sí es común que registren trastornos de ansiedad y miedo.

La realidad es que, paralelamente a la crisis sanitaria y la crisis económica y social que genera enfrentar este virus, cursa otra crisis personal y comportamental humana muy ligada a la vida emocional.

Es variada la gama de sensaciones que mucha gente estÔ viviendo en estos días: duelos por la separación producto del distanciamiento social, dolor por fallecimiento de familiares o conocidos que mueren sin poder despedirse de ellos; miedo al contagio, a perder el trabajo o la propia empresa -con implicaciones de responsabilidad sobre los  empleados y sus familias; angustia por no tener acceso a la salud o medicinas o alimentos; incertidumbre sobre posibles reincidencias o aumento de picos de la enfermedad; agobio por presiones económicas y del teletrabajo; pÔnico a salir a la calle después de levantada la cuarentena; ideación suicida; terror de las mujeres que viven confinadas con un maltratador o el agotamiento extremo de las que actúan como jefas de hogar por asumir excesiva carga laboral, parental y doméstica.

La ansiedad es la respuesta global que surge ante la creencia o percepción de un futuro amenazante. Como dice mi profesora de psicologĆ­a de la UCAB, Estrella Pinto: ā€œNo es normal que uno permanezca inalterable frente a circunstancias extraordinarias que golpean duramenteā€. Aunque no todos y todas reaccionamos ante esta pandemia de la misma manera, la verdad es que estamos experimentando mayores niveles de ansiedad.

Aumenta la depresión y ansiedad producto del coronavirus

Un estudio oficial difundido por la Oficina del Censo de los Estados Unidos y publicado por The Washington Post el pasado mes de mayo, destaca que un tercio de los estadounidenses muestra signos de ansiedad o depresión clĆ­nica ā€œel signo mĆ”s definitivo y alarmante hasta el momento del costo psicológico provocado por la pandemia de coronavirusā€. Las tasas de ansiedad y depresión fueron mucho mĆ”s altas entre los jóvenes, las mujeres y los pobres.

En distintos países también se observa un patrón común que da cuenta de un incremento de los casos asociados a trastornos de ansiedad y depresión, ya que la falta de actividad, de espacios recreativos o de distracciones y otros factores, llevan a que algunas personas desarrollen estos síntomas.

No es un asunto menor. Toda amenaza nos confronta con la certeza de que somos vulnerables, frƔgiles, que no todo estƔ garantizado. Nos reta a salir de nuestra zona de confort, del espacio de lo conocido y controlado, sin saber si habrƔ un retorno a la rutina perdida. Nos hace sentir inseguros, no importa cuanta madurez, experticia o dominio tenƭamos antes. Nos enfrenta a la idea de la muerte, a que todo tiene un final para el cual nunca nos sentimos preparados y preferimos evadirlo.

Lo emocional es polĆ­tico

QuizÔs parte del éxito que han tenido las Jefas de Estado donde la pandemia se controló satisfactoriamente, es que abordaron directamente el tema de las emociones desde sus discursos y sus programas de intervención con la colectividad. No usaron lenguaje de guerra ni alentaron actitudes competitivas u hostiles típicas del estilo autoritario y masculino de poder. Abrazaron empÔticamente las emociones que podían estar sintiendo niños, jóvenes y adultos y les hablaron para calmar su ansiedad. Son expresión de un modo feminista de ejercer el poder, que pudiera realizar cualquier hombre, por cierto, si se aproximara mÔs al mundo emocional sin las reservas que el machismo le impone.

En su libro ā€œPolĆ­tica cultural de las emocionesā€, Sara Ahmed, plantea que las emociones no son estados psicológicos, sino prĆ”cticas culturales que se estructuran socialmente a travĆ©s de circuitos afectivos. Ella dice ā€œeso es un problema cultural y no solo psicológico y en cuanto tal, es un problema de todos, porque las emociones no residen ni en los sujetos ni en los objetos, sino que se construyen en las interacciones entre los cuerpos, en las relaciones entre las personasā€.

Para reforzar esto recordemos una característica muy importante de las emociones, que es que ademÔs de ser volÔtiles, son contagiosas. Nuestras neuronas espejo, base fisiológica de la empatía y la solidaridad, registran las emociones de los demÔs, haciendo que copiemos sus reacciones. Y al contrario también ocurre, mis emociones pueden contagiar a quienes me rodean y si soy la líder el efecto es exponencial. Por lo que un estado de Ônimo negativo, aun reflejado desde unos pocos, puede terminar contagiando al resto, bÔsicamente porque las emociones son energía.

Cuando un grupo de personas estÔn contagiadas de impotencia, tristeza, pesimismo, irritabilidad, exasperación, rabia o envidia, los resultados que obtienen son sumamente pobres, porque existe una relación directa entre la emoción y la acción, o la inacción.  El buen liderazgo incorpora este dato a sus estrategias para dar respuestas que acompañen o den soporte a los terribles efectos de una población golpeada anímicamente.

Somos seres emocionales

Hay varios mitos que podemos aprovechar de romper aquí, como el que lo emocional es contrario a lo racional o que las emociones son blandas mientras que la gerencia es dura o que las emociones son femeninas y lo lógico cognitivo es masculino.

Esta es una tremenda oportunidad para tomar conciencia de que las emociones nos constituyen a todos, hombres y mujeres. Es un buen momento para darnos cuenta sobre la forma diferenciada como reaccionamos cuando una mujer demuestra sus emociones, -sobre todo si es para protestar o rebelarse- en contraste a cuando las manifiesta un hombre, por ser un terreno aun lleno de sesgos y estereotipos de gƩnero.

Es un momento de oro para criar varones con mÔs sensibilidad, maestría y libre expresión de la vida emocional, venga de quien venga. Un espacio para darnos cuenta de que las emociones han sido las grandes olvidadas del ejercicio eficaz de la vida pública.

Porque justamente en la fuerza que nos dan nuestras emociones y en la manera como se construyen los espacios sociales, estÔ la respuesta que necesitamos para superar esta situación: somos mÔs fuertes de lo que pensamos. Autoeficacia, se llama eso. Confianza en nuestras propias fortalezas como individuos y como colectivo, para resistir y sobrevivir.

Así que lo mÔs importante para salir de cualquier cuadro ansioso, es conocer nuestra vida emocional, reconocer el miedo, expresarlo y aplicar técnicas de afrontamiento para mitigarlo, junto al estrés y las reacciones somÔticas que vienen aparejadas. Evadir o negar es la peor de las opciones en este momento. Pedir ayuda profesional cuando se sienta que las recomendaciones bÔsicas no hacen efecto, es una excelente decisión.

Pero, mÔs allÔ de las respuestas individuales que cada quien elija para preservar su salud mental, los gobiernos y empresas deben diseñar estrategias dirigidas a mitigar los efectos perniciosos de la depresión, el estrés crónico y el mal manejo de la ansiedad, sin desestimar el impacto que estos cuadros tienen sobre la productividad y el crecimiento de los países, ni en la lucha contra covid19.

Para el coronavirus seguramente se conseguirƔ una vacuna, pero para la pandemia de la ansiedad y para los patrones machistas de comportamiento que limitan el manejo de las emociones, tendremos que seguir fortaleciƩndonos personal y colectivamente.

Las opiniones expresadas de los columnistas en los artĆ­culos son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no necesariamente reflejan los puntos de vista de Feminismoinc o de la editora.

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