El ideal y la noción sobre la individualidad femenina: Una batalla diaria.

El ideal y la noción sobre la individualidad femenina: Una batalla diaria.
diciembre 8, 2018 Aglaia Berlutti

Ser feminista en un paĆ­s tradicionalmente machista, es quizĆ”s la decisión mĆ”s arriesgada que cualquier mujer puede tomar. Se trata de un riesgo que te expone al cuestionamiento diario, sino a la perenne sensación que te encuentras en el lugar equivocado y sin duda, en el momento equivocado para debatir sobre un tema Ć”lgido como la igualdad y la equidad entre gĆ©neros. Por supuesto, no hablo de un riesgo fĆ­sicoā€Šā€”ā€Šaunque hay la posibilidad latenteā€Šā€”ā€Šsino del simple hecho, que la feminista representa un tipo de visión sobre la mujer que transgrede directamente la percepción mĆ”s tradicional que se tiene sobre ella. Una idea no muy agradable y mucho menos cómoda, cuando naces en una cultura que normaliza el menosprecio a lo femenino, que asume cualquier discrepancia sobre la imagen canónica de la mujer desde el desprecio y que, sobre todo, que se resiste con firmeza a la percepción de necesaria destrucción de estereotipos.Ā 

Pues bien, nacĆ­ en uno de esos paĆ­ses. Aunque se suele insistir que Venezuela ā€œno es tan machistaā€ como otros paĆ­ses del hemisferio -como si se tratara de algo que celebrarā€Šā€”ā€Šes lo suficiente como para aĆŗn reflexionar sobre la mujer desde un durĆ­simo punto de vista. En Venezuela, la mujer es madre o estĆ” ā€œexplotadaā€ā€Šā€”ā€ŠtĆ©rmino soez que describe a una imagen hipersexualizada del cuerpo de la mujerā€Šā€”, es ā€œdecenteā€, ā€œechada pa’ lanteā€, ā€œmadre abnegadaā€ pero nunca parece encajar en un estĆ”ndar real que celebre tanto sus virtudes como sus debilidades. La mujer venezolana es la Miss de pasarela, la madre que levanta a solas el hogar, la mujer que intenta sobrevivir a la condición de objeto sexual impuesta con la cultura. ĀæQuĆ© ocurre con el resto? ĀæCon las que no calzamosā€Šā€”ā€Šni deseamos hacerloā€Šā€”ā€Šen ninguna de esas imĆ”genes parciales, irreales y obsoletas sobre la mujer? Es una pregunta a la que me he enfrentado durante buena parte de mi vida. He tenido que lidiar frente al hecho de llamarme feministaā€Šā€”ā€Šsin cortapisas ni mucho menos disimuloā€Šā€”ā€Šen una cultura donde serlo es un anatema contra todo lo que se considera corriente y aceptable.Ā 

ā€Šā€”ā€ŠNo sĆ© quĆ© insistencia tienes de llamarte feminista en voz altaā€Šā€”ā€Šme dijo una de mis amigas meses atrĆ”sā€Šā€”ā€ŠĀæno tienes miedo de lo que piense la gente?

No respondí de inmediato. Antes tomé un sorbo de café de la taza que tenía entre las manos en un intento de ordenar mis ideas. Pensaba en todas las veces en que he recibido llamadas de amigas, conocidas, incluso mujeres desconocidas, que me hablan sobre abusos, acosos, experiencias espantosas y que recurren a mí por el mero hecho que saben que jamÔs pondré en entredicho su credibilidad, que las escucharé con atención, que intentaré en la medida de mis posibilidades buscar ayuda. Pienso en las escandalosas cifras de embarazo adolescente en el país, en el trabajo invisible de todas las organizaciones feministas que conozco realizan para llevar educación sexual y anticonceptivos a lugares que nadie registra en estadísticas, que no parecen formar parte de estudio o de cifra alguna. Pienso en la presión y violencia estética que sufren las mujeres en Venezuela, la necesidad de la belleza como una forma de éxito social. Pienso en las cifras de feminicidio cada vez mÔs altas, en esa cota numérica que no estÔ incluida en ninguna parte y de la que nadie habla sobre violaciones y acoso. Pienso en lo desvalida que se encuentra la mujer en nuestro país, en el trabajo ingente que se realiza a diario, en la intención clara de toda feminista de empoderar a quienes lo necesitan. En esa concisa convicción que toda mujer necesita reconocerse como individuo, antes que como un objeto, un hecho histórico, una premisa social. 

ā€Šā€”ā€ŠJustamente, quiero que la gente se le quite el miedo de pensar cuando escucha que tengo ideas polĆ­ticasā€Šā€”ā€ŠrespondĆ­, por Ćŗltimoā€Šā€”ā€Šser feminista es una forma de dejar claro que toda mujer merece el control sobre lo que piensa.Ā 

No era una discusión para un desayuno entre amigas un domingo cualquiera, por supuesto. Pero en realidad, parece que nunca es el momento correcto para discutir sobre la mujer mÔs allÔ de lo que se supone debe ser en una sociedad como la nuestra, obsesionada con el comportamiento femenino y en esencia, restrictiva y patriarcal. Mi amiga no dijo nada, pero de inmediato, la noté tensa y un poco irritada. Podía comprenderla. Pero ella había preguntado primero ¿no es así?

ā€Šā€”ā€ŠChica, no te lo tomes tan en serio. Lo que quiero decir es que hablas como si las mujeres no estuviĆ©ramos bien en Venezuelaā€Šā€”ā€ŠcomentĆ³ā€Šā€”ā€Šy sabes que la cosa aquĆ­ es mĆ”s tranquila que en otros lugares. Que…

La miro y aguardo que continĆŗe. Y mientras lo hago, recuerdo a P., la chica que me escribió seis semanas atrĆ”s para hablarme que su novio la maltrataba pero que no podĆ­a acudir a nadie. ā€œDicen que son problemas de dosā€ me contó ā€œque son cosas domĆ©sticas. No puedo mudarme, no hay plataā€. De forma que toca aguantar. De modo que P. debe soportar palizas, agresiones sexuales y gritos porque no hay un lugar al cual escapar en nuestro paĆ­s lleno de privaciones. TambiĆ©n recuerdo el caso de la mujer que casi muere estrangulada en el estacionamiento de un cĆ©ntrico centro comercial y a la que nadie ayudó ni escuchó gritar. La vĆ­ctima despertó a solas en su automóvil, lastimada y llorando. Sola. TambiĆ©n recuerdo el caso de la jovencita que acudió a encontrarse con un viejo conocido y terminó siendo violada y asesinadaā€Šā€”ā€Šy luego sepultadaā€Šā€”ā€Šen la casa de un hombre en quien habĆ­a confiado. La cosa es mucho mĆ”s tranquila, pienso con un sobresalto. ĀæEsa es la percepción que se tiene sobre la situación de la mujer en nuestro paĆ­s?Ā 

ā€Šā€”ā€ŠMira, lo que digo es que no hay que tomĆ”rselo muy en serioā€Šā€”ā€Šprosigue mi amigaā€Šā€”ā€Šno como tu te lo tomas, al menos. Puedes ayudar y hacer lo que creas necesario, pero Āællamarte ā€œfeministaā€?

Escucho comentarios parecidos con frecuencia, claro. Lo hacen mujeres y hombres por igual. Y con argumentos muy parecidos. Mujeres que insisten que una mujer ā€œfeministaā€ es una idea contradictoria, vulgar e incómoda. Hombres que no dejan de repetir que una ā€œfeminaziā€ es alguien obsesionado con el comportamiento femenino. En una ocasión, alguien me insistió que era una mujer ā€œmuy mujerā€ para rebajarme a las peleas ā€œfeministasā€. Me quedĆ© tan sorprendida y desconcertada, que no me enfurecĆ­ de inmediato.Ā 

ā€Šā€”ā€ŠĀæUna mujer ā€œmuy mujerā€?ā€Šā€”ā€ŠpreguntĆ©.
ā€”ā€ŠTe lo digo como halagoā€Šā€”ā€ŠinsistiĆ³ā€Šā€”ā€Šeres bonita, educada. ĀæPara quĆ© llamarte ā€œfeministaā€?

Me llevó años asumir que tener ideas políticas sobre género era un anatema en Venezuela, pero no sólo por su proverbial machismo, sino por la idea insistente que la política es una diatriba grosera y exigente para la que nadie tiene respuesta o entra en esa región inclasificable de la trampa y la componenda. En Venezuela, el feminismo secuestrado por la izquierda y convertido en una especie de objeto inanimado dentro de la maquinaria gubernamental, parece sometido a un inmerecido escarnio público en mÔs de una ocasión. ¿Qué ocurre con las mujeres como yo, que trabajamos sin descanso desde nuestras respectivas trincheras y para quienes la palabra feminista es de una importancia capital? ¿Qué ocurre con la percepción insistente que el feminismo es una forma de negación de lo femenino? No se trata de una idea fÔcil de asumir. Mucho menos de manejar. Pero aprendí a hacerlo a medida que se hizo evidente que el feminismo era mÔs necesario que nunca en el país que nací, era imprescindible para entender la coyuntura histórica que padecemos, pero, sobre todo, era una forma de rebeldía. Una evidente, decidida y tenaz contra el autoritarismo. 

ā€Šā€”ā€ŠMe llamo feminista porque lo soyā€Šā€”ā€ŠrespondĆ­ā€Šā€”ā€Šes la manera definir lo que pienso, mi postura polĆ­tica y mi inclinación social. ĀæEso quĆ© tiene de malo?Ā 

Dije lo anterior en voz lo suficientemente alta como para que varios comensales del pequeño restaurante en el que nos encontrÔbamos, nos dedicaran miradas sobresaltadas. Uno de ellos me escudriñó con los ojos entrecerrados y después, inclinó la cabeza hacia su acompañante, una mujer que apretó los labios incómoda. Suspiré. la batalla diaria no serÔ sencilla, dijo una vez Doris Lessing. Ah, querida mía, cuÔnta razón tenías. 

ā€Šā€”ā€ŠBueno, como te sientas mejorā€Šā€”ā€Šdijo entonces mi amiga, nerviosa y a estas alturas, fastidiadaā€Šā€”ā€Špero llamarte así…

Llamarme ā€œasĆ­ā€. Lo pienso mientras conduzco de regreso a casa. En la radio, alguien comenta sobre el cadĆ”ver de una mujer, que alguien encontró en un descampado en las afueras de la ciudad. TenĆ­a las manos quemadas y el rostro tambiĆ©n. MĆ”s tarde, leerĆ© sobre el caso de LucĆ­a PĆ©rez, violada y asesinada de una manera atroz en su natal argentina y cuyo caso fue juzgado como ā€œventas de drogasā€ y no feminicidio por los tres jueces de la causa. TambiĆ©n revisarĆ© la sentencia del caso de una mujer en Cork (Irlanda), vĆ­ctima de violación y cuyo agresor quedó libre y absuelto, debido a que ā€œno pudo demostrarse suficientemente su culpabilidadā€. ĀæUna de las pruebas a favor de su inocencia? La ropa interior de la vĆ­ctima. Un tanga de lazo que segĆŗn la defensa ā€œinvitaba a la relación sexualā€.

Me llamo Feminista en voz alta, claro estÔ. Y seguiré haciéndolo porque quizÔs, esa convicción de crear un espacio de discusión sobre la igualdad y la equidad sea mÔs necesario que nunca. Una lucha a ciegas en un campo minado para alcanzar un ideal de justicia, de poder individual y sobre todo, de cristalizar esa identidad compartida que une a todas las mujeres del mundo de una otra forma. Una forma de sincera sororidad.

Las opiniones expresadas de los columnistas en los artĆ­culos son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no necesariamente reflejan los puntos de vista de Feminismoinc o de la editora.

Comment (1)

  1. Julia 7 aƱos ago

    Esa misma experiencia la tengo cuando “declaro” que soy feminista, en Venezuela. He sentido como juzgan riendo, o desaprobandome y es agotador, pero me alegra saber que en este mismo paĆ­s por lo mĆ”s , hay otra feminista declarada!

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