La parturienta yace con los ojos vendados…

El triunfo del parto/nacimiento como acto médico y la objetivación/desposesión de las mujeres parturientas/parteras ha estado representado a través de la historia en muchas obras de arte. Una muy emblemática es un bajo relieve del Siglo II, tallado en mármol y descubierto en Grecia, el cual representa una escena verdaderamente dramática:

“La parturienta, figura central, yace desnuda, extenuada, mientras la comadrona de rodillas con el recién nacido. Un médico, de pie, exhibe en la mano derecha un instrumento, queriendo significar que gracias a este fue posible el parto, con su mano izquierda trata de levantar un brazo de la recién parida. Otro médico, a la cabecera, procura alentarla tocando su hombro, mientras en su mano derecha empuña también un instrumento”

En este tallado artístico las figuras femeninas, la parturienta desnuda y extenuada, y la partera de rodillas, son una alegoría a la rendición de ellas frente a los hombres médicos, ellos siempre de pie, y en esta escena en particular, con un instrumento en la mano derecha de ambos médicos, detalle de extrema importancia en la concatenación de eventos que se confabularon para desplazar a las mujeres (parturientas y parteras) de la vivencia del parto/nacimiento: el invento del fórceps. El uso del fórceps imprimió una de las primeras huellas al parto intervenido instrumentalmente, convirtiéndose, hasta mediados siglos XX, en el símbolo del obstetra.

Desde la Época Hipocrática los médicos han tenido fascinación por el uso de instrumentos intrusivos del parto, y durante muchos siglos se hace referencia a dichos instrumentos para extraer fetos muertos. Pero, es en el siglo XVI cuando Peter Chamberlen, el Viejo, cirujano-barbero, se ingenió una pinza para extraer al recién nacido, caracterizada -y de aquí su ingenio- por ser de ramas separadas, que podía aplicarse por separado y luego articularse, similar al fórceps que hoy conocemos. Este aparato, lo llevó a la fama en Londres, fundando una dinastía económica familiar junto con su hijo Peter II y con su sobrino Peter III.

Es relevante destacar que el fórceps fue mantenido en secreto, era transportado en carrozas cerradas en cajas de madera muy decoradas y en el momento de su aplicación exigían desalojar la habitación y quedarse con la parturienta en trabajo de parto y a ella se le vendaban los ojos. Ese desconocimiento general y su exclusividad de los Chamberlen, se prestó para una explotación mercantilista inmisericorde.

En un momento de crisis económica, un hijo de Peter III, Hugo Chamberlen, ofreció en París el instrumento a la Academia de Medicina por 10.000 libras. Esta comisionó al afamado obstetra Francois Mauriceu para dar un concepto técnico sobre el aparato, él le exigió a Hugo Chamberlen que demostrara la eficacia del fórceps con una parturienta de pelvis estrecha, luego de usarlo durante tres horas fracasó en su propósito, falleciendo la mujer antes de dar a luz, por lo que Mauriceu no lo compró.

En 1693 Hugo logró negociar el fórceps con un partero de Amsterdam, Roger Roonhuysen. Dado el éxito económico del fórceps, crearon en Holanda “The Medico Pharmacetical College of Amsterdam” que era una especie de compañía comercial más que un Colegio de Médicos para comercializar con el fórceps, dando una especie de curso que comprendía la venta del aparato, obteniendo muy buenos dividendos pues solo se autorizaba a ejercer la obstetricia a aquellos que hubieran pagado generosamente el secreto de los fórceps.

Estos datos históricos son presentados, en la mayoría de los tratados, acompañados de juicios valorativos sobre el maravilloso avance científico de la obstetricia, y sobre el ingenio de los hombres, quienes adquirieron el poder sobre la naturaleza del parto, sobre al cuerpo/psiquis de las parturientas postradas, y sobre la sabiduría de las parteras, sacándolas del camino de su oficio ancestral.

Fueron muchos los fracasos y las muertes de mujeres sometidas al uso del fórceps, pero eso no lo cuenta la historia oficial, como tampoco el enorme beneficio económico que de este instrumento derivaron los hombres.

En nombre de la ciencia los cirujanos pudieron apropiarse de lo ajeno y triunfaron con su instrumentalización del parto y con el correr del tiempo, con todo lo que acontece en la vida reproductiva femenina.

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Foto: https://pie.med.utoronto.ca/TVASurg/project/routine-forceps-delivery/

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Marbella Camacaro Cuevas

Autor/a Marbella Camacaro Cuevas

Feminista militante. Doctora en Ciencias Sociales. Mención: Salud y Sociedad. Universidad de Carabobo. Docente Titular /Investigadora. Facultad de Ciencias de la Salud, Universidad de Carabobo/Aragua. Coordinadora de la Unidad de Investigación y Estudios de Género “Bellacarla Jirón Camacaro”. FCS.UC/Aragua. Autora de libros, compilaciones, artículos en revistas científicas, en el área de la salud desde la teoría feminista. Autora del artículo sobre Violencia Obstétrica contemplado en la Ley orgánica sobre el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia. Conferencista Nacional e Internacional en Congresos, foros, seminarios como experta en salud sexual y derechos reproductivos.

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Únete a la discusión Un comentario

  • Oneida Chirino Ferrer dice:

    Excelente análisis histórico sobre el parto, la parturienta y el papel del médico. Esa práctica desleal de lo que significa la verdadera práctica de la medicina, sigue estando muy vigente en nuestro siglo y oír supuesto las mujeres como principales víctimas. Este tipo de análisis son muy importantes que lleguen a las ciudadanía común, esa que siempre pensamos que al llegar a manos de un médico se rinde confiada a sus prácticas y no es que no sea importante la confianza así como necesaria,también es importante; conocer y hacer cumplir los derechos sobre nuestros cuerpos.

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