Por: Ariadna Bermúdez.

El cuerpo de la mujer constituye una parte importante de lo que significa ser/identificarte como tal en el mundo. La industria de la belleza, organizaciones internacionales y la propaganda constantemente se encargan exitosamente de vender y mostrar la imagen perfecta de cómo “se supone” que el cuerpo de una mujer se debería ver.

Este tópico compone una fuerte carga emocional porque no se trata solo de no cumplir estándares de belleza, sino de desmantelar la manera en que es tratado por la sociedad. La teoría de objetivación (objectification theory) desarrollada por Fredrickson y Roberts (1997) plantea que la cultura en diversas sociedades promueve una percepción aprendida en las mujeres que pone el foco de atención en el aspecto físico como única medida de valor y desarrolla cómo este fenómeno tiene repercusiones importantes en la vida cotidiana y salud mental de las mujeres. La teoría lo considera como una forma de violencia.

Ellos sugieren que “cuando se objetiviza a las mujeres, éstas son tratadas únicamente como cuerpos sin agencia ni personalidad que únicamente existen por y para el placer de otros”. Fomenta el concepto de que las mujeres son pertenecientes a un individuo, idea que es reforzada de muchas maneras a través de la religión, la política y los sistemas socio-económicos que establecen que su único propósito y valor a la sociedad es la reproducción y el cuidado.

La auto-objetivación forma parte del día a día. Es parte de lo que significa ser mujer. El entrenamiento se basa en siempre mirarse desde lo externo, desde las voces que alguna vez dijeron que se era muy grande, pequeña, huesuda, difícil, pesada o que sus caderas no cabían entre los reposabrazos. Estudios demuestran que los efectos negativos de la auto-cosificación en el bienestar físico y psicológico de las mujeres se relacionan usualmente con trastornos de la alimentación y del estado de ánimo, disminución de la autoestima y del rendimiento cognitivo.

El arquetipo de la Mujer Salvaje, en el libro Mujeres que corren con los lobos de Clarissa Pinkola Estes, Ph.D. (1992), explica exactamente cómo la reapropiación del cuerpo crea revolución. Ella escribe sobre el cuerpo de la mujer como este registro vivo de vida—»Es el registro de la vida recibida, de la vida arrebatada, de la vida anhelada y de la vida sanada. Se la valora por su capacidad de registrar la reacción inmediata, de sentir profundamente y de presentir el futuro». Esto que menciona Clarissa al final puede interseccionar con la función de la propiocepción, que se refiere a esta “capacidad de nuestro organismo para percibir de forma continua la posición y el movimiento de los segmentos corporales, sin depender exclusivamente de estímulos visuales u otros sentidos externos” (González, F. 2025). En el ámbito psicológico, el sentir el cuerpo desde dentro permite responder ante estímulos y desarrollar una percepción del Yo integral que no depende del mundo externo, en cualquier nivel.

Pinkola describe al cuerpo como plurilingüe y lo interpreta como sabio cuando se presta atención y cuando se reconoce no por como se ve desde afuera sino por cómo se siente. Lo describe como un amuleto que habla y que recuerda. Es sorprendente leer cómo Clarissa comprende al cuerpo desde esta perspectiva de reapropiación que puede llegar a ser difícil adoptar. Lo esencial a entender es que cuando una mujer reclama el cuerpo como propio y lo ve desde su función no fisiológica pero sensorial y desde lo que es capaz de transmitir es tratado, por lo menos por iniciativa propia, como la perfecta prueba de existencia, de hacerse ver como mujer que está y que es parte de.

Ella escribe: “¿Qué constituye un cuerpo sano en el mundo instintivo? Al nivel más básico —el pecho, el vientre, cualquier lugar donde haya piel, cualquier lugar donde haya neuronas para transmitir sensaciones—, la cuestión no es qué forma, qué tamaño, qué color, qué edad, sino ¿siente?, ¿funciona como debe?, ¿podemos responder?, ¿sentimos una gama, un espectro de sentimientos?». La idea de ver el cuerpo como una escultura o una pieza que se modela condiciona a que si no está dentro del parámetro, no debe mostrarse, porque, de lo contrario, genera vergüenza. ¿Qué pasa si en realidad su propósito no es ser visto sino sentido y apropiado? Y que cuando esto se alcanza, se expresa la fuerza vital que lo compone.

El arquetipo de la mujer salvaje desde una mirada de la psicología junguiana de Clarissa Pinkola enseña que no existe un “como se supone que debe ser” en cuerpos, y que realmente entender esto lleva a las mujeres a la reconciliación no solo con ellas mismas pero con las mujeres precedentes de su vida y con las que componen su entorno. Cuando existe esta reconciliación es más fácil encontrar sororidad y reducir el nivel de competencia que la industria de belleza también refuerza entre mujeres.

Sentir el cuerpo desde dentro se convierte en el antídoto revolucionario para volver a lo que siempre fue propio pero que con exclusión, acoso, violencia sexual y juicio se desintegra. No existe la medicina perfecta que elimine la violencia que el cuerpo recuerda, pero sí existe la posibilidad de redireccionar y reconocer cuando el sistema es la voz de la cabeza que te piensa no valiosa o deseada por el número de la balanza, el color de piel, años de vida o la forma en que se curva tu sonrisa.

Referencias

González, F. (2025). ¿Qué es la propiocepción y cómo funciona?. Mente y Ciencia. https://www.menteyciencia.com/que-es-la-propiocepcion-y-como-funciona/

Moya-Garófano, A. (2016). Piropos hacia las mujeres y auto-cosificación: Las consecuencias perversas de conductas aparentemente halagadoras. Ciencia Cognitiva. https://www.cienciacognitiva.org/?p=1271

Santos-Díaz, E. (2018). Construcción de la identidad digital a través del yo-objeto: proceso de auto-objetivación y su relación con la cosificación del cuerpo de las mujeres. Teknokultura. Revista de Cultura Digital y Movimientos Sociales, 15(2), 335-350. https://revistas.ucm.es/index.php/TEKN/article/view/59724/4564456548855

Pinkola Estés, C. (2001). Mujeres que corren con los lobos (M. Guastavino, Trad.). Ediciones B. (Obra original publicada en 1992).

Ariadna Bermúdez

Redactora creativa (copywriter) independiente dedicada a potenciar las voces de organizaciones sin fines de lucro y marcas sostenibles. Apasionada en investigación de género e igualdad. Especialista en Ciencias Aplicadas a la Comunicación. Fiel creyente de que el trabajo verdaderamente impactante comienza con una mente curiosa e intencional.

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