Este escrito es un acto de contrición.

Por Estafanía Mendoza

Hago vida en el mundo del activismo feminista venezolano desde hace 10 años. En este tiempo he visto a mujeres fundamentales para nuestra lucha necesitar apoyo para la gestión de necesidades básicas de salud, porque vivir en Venezuela significa enfrentar las dificultades sin la debida estructura de soporte gubernamental para la garantía de nuestros derechos básicos.

Mayela tenía una enfermedad. Las personas que la amaban recurrieron a la única alternativa que tenemos desde hace años, la solidaridad. Abrieron una colecta en una plataforma extranjera tan usada que ya se volvió parte de nuestro día a día. Su pedido de ayuda surge un día antes o después del 3 de enero, cuando lo recibí y me preocupé porque no tuviera la difusión requerida en medio del evento canónico que nos tocó atravesar para arrancar el año 2026. Además, recordé la colecta anterior para otra feminista fundamental como lo es la señora Migdalia y la preocupación que me causó pensar que tuviera que vivir con dolor por meses mientras se juntaban los fondos suficientes para operarse de no ser por el esfuerzo incansable de Linda Loaiza para apoyar esa meta y asegurarle el bienestar que se merece. Linda, que es una mujer ejemplar en su compromiso con lo justo, logró su misión.

Así como estos tuvimos otros casos similares antes. Ya había pasado con la profesora Ofelia, y también con Rumi con quien no se hizo suficiente a tiempo, y así con otras feministas que necesitaron apoyo para sí o sus familiares por temas de salud, desde inicios de nuestra peor crisis, con mayor intensidad durante el COVID y después porque seguimos sin sistema de salud digno. Aunque estas mujeres tuvieran familias y amistades que las cuidaran, la complejidad económica es tanta que muchas veces se hace imposible de resolver sin comunidad.

Pensé mucho en si decir sus nombres podía ser inapropiado, pero me atrevo porque es lo que permite entender la importancia de estas mujeres, de sus contribuciones. Quizás las personas que lean esto no las conozcan, pero sepan que muchas mujeres lograron sobrevivir a la violencia de género porque ellas estuvieron allí, dispuestas y comprometidas a salvar vidas, antes de que dijeran que el feminismo era una moda, antes de la asistencia humanitaria y los proyectos de protección. Antes de todo, porque eso es lo que hicieron, salvar a muchas mujeres antes de las estadísticas y los indicadores que ahora parecen gobernar nuestros espacios.

Mi amiga Susana me habló hoy del feminismo como nuestra religión y decidí finalmente expresar esta sensación de culpa por la falta de protección a la que están sometidas nuestras referentes, esas que entregan su vida a una causa que tiene poca popularidad en este momento, porque ya nos comimos las ganancias que generó, porque el agua todavía está tibia y nadamos plácidamente en la idea de que es una locura que nos quiten el voto, nunca respeten nuestros cuerpos y mucho menos nuestros derechos.

No quiero excusarme diciendo que la vida es dura para todo el mundo, pero lo es. Somos seres humanos abrumados con todo lo que está mal en el mundo, y ha sido efectivo para la autopreservación pensar que dar lo que podemos en la colecta es suficiente, que enviar un mensaje de whatsapp nos disculpa y que la esquela de canvas nos da el perdón. Realmente no sé cómo pudiera ser distinta esta situación, esta no es una propuesta para un sistema de previsión social de las feministas, ojalá lo fuera. Mi única idea clara es que necesito exorcizar la idea de que Mayela se sintiera sola y desamparada después de dar tanto, de ir a todas las actividades a la que la invitabas, de aceptar todos los casos, de querer aprender siempre. Todas podemos ser Mayela en algún momento, encontrarnos en una situación de necesidad y si no tenemos una campeona como Linda, si no somos conocidas, si alguien no nos hace un flyer bonito y nos presta un zelle quizás nos vamos a morir y yo no quiero eso para nadie, ninguna persona, pero sobre todo no quiero que le suceda a estas mujeres tan maravillosas que nos han dado tanto.

Quisiera asumir el compromiso de hacer todo diferente si se presenta otro caso, pero hoy después de pasar una madrugada de 5 horas sin luz, en medio de la precariedad que nos ha golpeado tanto, sé que no puedo prometer mucho, pero quiero empezar por dejar por escrito que cuando tu vocación de servicio es incomodar y retar al sistema, te vuelves inadecuada para muchos mercados de trabajo, se generan dinámicas injustas de competición entre muchas para las pocas ofertas y, ser conocida por decir lo que piensas y señalar lo injusto, se vuelve parte de tu “fama” para jugarte en contra. Las feministas en Venezuela están en una situación precaria, pero en ese contexto insistir en el feminismo como parte de las necesidades urgentes para la recuperación de este país es un acto de valentía y es fundamental para la recuperación de la democracia y sus instituciones.

Por lo tanto, mi única propuesta es luchar contra el individualismo y la desconexión que nos quieren imponer. Desde diciembre hemos promovido un espacio de cuidado para activistas, 15 mujeres del estado Zulia, la mayoría más jóvenes que yo, que han tomado en sus hombros esta tarea de hacer un mundo distinto. Las veo frustrarse con la falta de trabajo, con la falta de cuidado de las organizaciones que las emplean, con la falta de proyectos y servicios para dar respuesta a los casos, pero también las veo resolver todo lo que se presenta sin dudar, abrazar a la que necesita, compartir oportunidades con la que no tiene. La solidaridad que vimos ante los terremotos fue poderosa, pero no extraordinaria, está presente en nuestro día a día, incluso cuando no es masiva y no logra ser suficiente para pagar la cuenta exorbitante de una clínica, está allí. Quisiera que hubiera sido suficiente con estas mujeres queridas, pero, aunque no lo fuera no quiero negarla, borrarla y quedarme con lo negativo, porque tampoco es la realidad.

Sigamos luchando por vivir libre de violencias, en especial las de un Estado que nos abandona y no garantiza nuestros derechos, sin dejarnos solas. No hay que apenarse por necesitar y pedir ayuda, decirlo quizás salve vidas. Decirlo es la única forma de sacar la cabeza de nuestros propios problemas y pensar en lo que aún podemos dar a otras. Pedir ayuda es la única forma de recibir el aprecio y apoyo que necesitamos y empezar a generar dinámicas distintas para que las nuevas generaciones logren cuidarse mejor y mantenerse juntas.

***

Estefanía Mendoza Tarache- Activista feminista

Directora general de Mulier

@muliervenezuela

Las opiniones expresadas de los columnistas en los artículos son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no necesariamente reflejan los puntos de vista de Feminismoinc o de la editora.
Feminismo INC

Autor/a Feminismo INC

Más artículos por Feminismo INC

Deja tu respuesta

Share