“No me olviden, falto yo”
Esmeralda Castillo Rincón es una adolescente de 14 años de edad, que se encuentra desaparecida desde el 19 de mayo de 2009, cuando se encontraba camino a la secundaria, en el centro de Ciudad Juárez – México, su historia se convirtió en un emblema de la deuda histórica del Estado mexicano con las niñas, adolescentes y mujeres.
Su padre, José Luis Castillo, desde el mismo momento de la desaparición la busca incansablemente, día a día alza la voz recordando que «No me olviden, falto yo«, como una resistencia política frente a la inacción y negligencia institucional del Estado Mexicano, que busca gestionar la desaparición a través del olvido.
Es así, que la desaparición de Esmeralda Castillo ilustra lo que Segato (2013) denomina la «escritura en el cuerpo de las mujeres«, destacando que las desapariciones en contextos de violencia sistémica no es un error del sistema, sino una función de este, operando como una tecnología de control que despoja a la sobreviviente de su identidad y estatus jurídico, dejando a la familia en un limbo de duelo suspendido.
En el año 2015, las autoridades mexicanas pretendieron cerrar el caso de Esmeralda, tras el hallazgo de un único resto óseo (una tibia), ante ello, la respuesta de la familia fue tajante: un hueso no es un cuerpo, ni explica una vida arrebatada, desafiando la narrativa del Estado que busca reducir a las víctimas a fragmentos biológicos para eludir la investigación de las redes de trata y protección oficial que permiten que estas desapariciones continúen (Cacho, 2014) impunemente hasta el día de hoy.
El lema «No me olviden, falto yo» es una interpelación a la conciencia colectiva y una denuncia a la jerarquización de las vidas. En este sentido, Butler (2006) argumenta que hay vidas que no son consideradas «dignas de ser lloradas» y, por tanto, sus desapariciones no generan una respuesta estatal efectiva.
En cada marcha se porta el rostro de Esmeralda, obligando a la sociedad y al Estado Mexicano a reconocer que el espacio que ella ocupaba en la familia, en su escuela, comunidad, sigue vacío y que su ausencia es un acto de violencia de género permanente.
La desaparición de Esmeralda también pone de manifiesto la violencia institucional descrita por Lagarde (2006), cuando el Estado feminicida no solo es aquel donde se asesinan a las niñas, adolescentes y mujeres, sino aquel que carece de la voluntad política para investigar y que, mediante el maltrato a las familias buscadoras, perpetúa el daño.
A la inacción del Estado, se suma el retiro de la imagen de Esmeralda de los memoriales públicos por parte de las autoridades, lo que representa un intento de borrado simbólico que la familia y el movimiento feminista han combatido mediante la re-apropiación del espacio público.
El caso de Esmeralda Castillo Rincón se enmarca en lo que Monárrez Fragoso (2009) define como feminicidio sexual sistémico, en Ciudad Juárez, la desaparición de mujeres jóvenes y pobres responde a una estructura donde convergen el sistema patriarcal, el capitalismo depredador y la colusión estatal. En la que se evidencia:
- Invisibilización: El intento de dar por muerta a una persona, sin una investigación integral sobre cómo, por qué y quiénes la desaparecieron, no se reconoce la importancia de dar una respuesta a las familias.
- Resistencia familiar: La transformación del dolor privado en protesta pública como única vía para alcanzar la justicia.
- Memoria viva: La negativa a aceptar la «verdad histórica» oficial cuando esta no ofrece respuestas sobre ubicación, responsabilidad o el castigo de las personas culpables.
Todavía se desconoce el paradero de Esmeralda, lo que representa una vergüenza para la justicia mexicana, porque mientras el Estado ofrece fragmentos sin dar una respuesta integral, la lucha feminista exige la verdad de los hechos, alzando las voces para recordar que «No me olviden, falto yo«, siendo una promesa de que, mientras exista una voz que pronuncie su nombre, Esmeralda nunca será borrada ni olvidada y una exigencia para que el Estado de México cumpla con su obligación de búsqueda y justicia para todas las niñas, adolescentes y mujeres que faltan.
Referencias bibliográficas
Butler, J. (2006). Vida precaria: El poder del duelo y la violencia. Paidós.
Cacho, L. (2014). Esclavas del poder: Un viaje al corazón de la trata de mujeres y niñas en el mundo. Debate.
Lagarde, M. (2006). Del femicidio al feminicidio. Desde el Feminismo, (4), 7-12.
Monárrez Fragoso, J. E. (2009). Trama de una injusticia: Feminicidio sexual sistémico en Ciudad Juárez. El Colegio de la Frontera Norte.
Segato, R. L. (2013). La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez. Tinta Limón.
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Foto: El Universal México.

