Por: Viviana González

Hace algunos meses, cuando se especulaba sobre un eventual tercer periodo presidencial de Michelle Bachelet, muchas voces -en medios y redes sociales- dijeron, con tono de supuesto afecto, que la expresidenta debía “irse a descansar”.

Finalmente, Bachelet no fue candidata presidencial. Pero hoy es candidata a dirigir la Organización de las Naciones Unidas. Antes fue directora ejecutiva de ONU Mujeres y Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos.Y obvio, dos veces presidenta de Chile. Es decir: descanso, precisamente, no ha sido la palabra que mejor describe su trayectoria reciente. 

Y ahí está el punto.

Esta columna no trata sobre si Bachelet debió o no volver a una elección presidencial, ni sobre sus posibilidades reales de llegar a la Secretaría General de la ONU. Trata sobre otra cosa: sobre esa costumbre tan instalada de sugerirles a las mujeres mayores que ya hicieron suficiente. Que ya aportaron. Que ya estuvieron. Que ahora corresponde bajar el ritmo, irse a la casa, descansar.

¿Por qué las personas, y especialmente las mujeres mayores, tenemos que retirarnos en algún momento como si fuera un mandato social?

Cada una decide cuándo quiere descansar. No solo cuando el cuerpo lo exige, sino también cuando la vida, el deseo o las circunstancias lo indiquen. Descansar puede ser una necesidad, un derecho, incluso una conquista. Pero no puede ser una orden disfrazada de cariño.

Las mujeres mayores de 60 no tenemos por qué irnos a descansar si no queremos. Jubilemos o no. No tomaremos ese camino porque la sociedad espere de nosotras una actitud pasiva, tranquila o decorativa. La tranquilidad puede interesarnos, claro. Pero debe ser una decisión propia.

Este “mandar a descansar” también es una forma de edadismo. Como si, al llegar a cierta edad, lo único que quedara por hacer fuera sentarse en un sillón, leer un libro y estar calentitas, las que pueden y quieren, claro.

El problema es que nos quedan muchos años por delante. Si a las mujeres de 60 se les empieza a sugerir que descansen ¿Se espera que pasemos 25 años fuera de la conversación pública, laboral, política o intelectual? No, pues.

El debate sobre jubilaciones, cuidados y condiciones materiales da para otra columna. Pero hay algo que sí debiera quedar claro: la decisión sobre cómo queremos vivir nuestras vidas, seguir trabajando, liderando, creando o contribuyendo en distintos espacios, debe ser nuestra y de nadie más.

Descansar puede ser un derecho.
Pero nunca un mandato.

***

Viviana González
Coautora de Meno es +, el podcast y el libro.

Las opiniones expresadas de los columnistas en los artículos son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no necesariamente reflejan los puntos de vista de Feminismoinc o de la editora.
Feminismo INC

Autor/a Feminismo INC

Más artículos por Feminismo INC

Deja tu respuesta

Share